lunes, 29 de septiembre de 2014

Fundación de San Miguel de Tucumán


...el dicho señor Capitán Diego de Villarroel dijo que en nombre de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad del Rey Don Felipe, segundo de este nombre, Emperador del Nuevo Mundo y de las Indias, y del muy Ilustre señor Francisco de Aguirre, Gobernador y Capitán General de estas provincias de Tucumán, Juríes y Diaguitas por Su Majestad poblada y pobló en este asiento en lengua de los naturales llamado Ibatín esta ciudad a la que ponía y puso nombre de San Miguel de Tucumán y nueva tierra de promisión...
(Acta de fundación de San Miguel de Tucumán, 31 de mayo de 1565)

En el principio no fue más que selva, la famosa vegetación que encandilaría luego a todos, desde los cronistas jesuíticos hasta los viajeros europeos. En sus claros correteaban, desde tiempos antiquísimos, indígenas cuya cultura todavía se estudia, llena de misterios como los impenetrables menhires del valle de Tafí.


Cabildo de Tucumán
Un día, los españoles, tras haber intentado, viniendo del mar -por el Río de la Plata- entradas que terminaban con flechazos y campamentos incendiados, siempre a la búsqueda de la mítica Ciudad de los Césares, llegaron hasta estas comarcas por el oeste, desde el Perú. Su objetivo era geográficamente nebuloso. Una voz sobre cuya etimología se han hecho las más caprichosas interpretaciones, Tucumán, corría desde tiempo atrás en la Ciudad de los Virreyes: vagamente, designaba las tierras que se encontraban más al sur. Pero ellos, sobre todo, buscaban riquezas, y allá fueron. Hombres de hierro, con un coraje a toda prueba y una dureza que atemperaban enarbolando la cruz, los misioneros católicos mezclados en la hueste atravesaron las montañas y cayeron finalmente al llano. Fue la expedición de la Entrada, que habría el camino a todas las que vinieron después.

Penoso les fue comprobar que no había oro, ni piedras preciosas, ni Ciudad de los Césares. Pero igual empezaron a plantar ciudades en ese territorio donde todo aparecía hostil, desde la geografía y el clima hasta habitantes aborígenes que resistían con sus arcos y flechas. Santiago del Estero fue la primera fundación, en 1553. En 1565 instalaron a San Miguel de Tucumán en "el lugar que llaman en lengua de naturales Ibatín". Administrativamente, Santiago era la cabeza de lo que se llamó "Gobernación de Tucumán" y que integraban, además de San Miguel, lo que son actualmente Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba. Durante lo que quedaba del siglo XVI, San Miguel de Tucumán puso el hombro, sin desmayo, a toda la obra de la conquista. Sus vecinos fueron soldados de todas las expediciones fundadoras, mientras sus bosques proveían la madera para el único vehículo de aquellos tiempos, la carreta, que por eso se llamó "carretera tucumana".

No las pasó tranquilas el San Miguel de los precarios días iniciales. La aldea estaba recostada junto a la montaña, asiento de los indígenas calchaquíes, y más de una vez los naturales quisieron incendiarla. Pero los vecinos supieron resistir. Al fin, lo que no pudieron los indios y las privaciones, lo logró la caída en desuso del camino que pasaba por San Miguel y seguía a Buenos Aires, y las aguas palúdicas del río cercano. La ciudad se hizo insalubre y quedó al margen de la ruta comercial. Entonces la transladaron, en 1685, al lugar que actualmente ocupa, y que se conocía entonces como La Toma. Allí, minuciosamente, se repitió el rito de la fundación: como en un calco, se distribuyeron -salvo el Cabildo- los edificios tal como estaban en el sitio viejo, y los vecinos continuaron sus trabajos y sus días, en la ciudad y en los curatos de la campaña, Trancas, Burruyacú, Los Juárez, Monteros, Chicligasta y el Río Chico, como era la nómina a fines del siglo XVIII. Siglo donde la lucha contra los indios mocovíes en el Chaco salteño, las peripecias del clima y de las plagas, parecían ser las únicas novedades que agitaban esa parte del ya Virreinato del Río de la Plata. La Real Ordenanza de Intendentes dividió, en 1783, las siete provincias que formaban la Gobernación de Tucumán, y alejó de la jurisdicción a La Rioja y Córdoba, pasando la cabecera de Santiago del Estero a Salta.

El siglo XIX es el de la Revolución de la Independencia, que para Tucumán significó cambios fundamentales. Por su territorio pasaría el ejército que quiere llevar la liberación hacia el Alto Perú en 1810, y dos años más tarde vuelve, derrotado y en retirada. Es la hora alta de los tucumanos. En lugar de dejarlo pasar, le pedirían que se quede y dé una batalla en la que todos comprometen su apoyo.

La batalla ocurre el 24 de Setiembre de 1812 y es una victoria de los patriotas, que han luchado invocando la protección de la Virgen de las Mercedes. Han salvado la suerte de la Revolución, porque los españoles vuelven sobre sus pasos y tornarán a parapetarse en el Alto Perú, hasta que la victoria de Ayacucho termine con ellos. San Miguel de Tucumán será entonces cabeza de una nueva provincia, que lleva su nombre, y de la cual dependen Catamarca y Santiago del Estero, mientras Salta y Jujuy se le separan. A todo esto, se convierte en cuartel general del Ejército, que ya no intentará operaciones importantes sobre el Alto Perú. La nueva presencia la trasforma: cambian su sociedad, su economía, su sistema de trabajo. En 1816 será sede de otro acontecimiento memorable: el Congreso de las Provincias Unidas, que afianza jurídicamente el pronunciamiento de 1810, declarando la independencia de España y de toda otra dominación extranjera.

Desde entonces, seguirán las vicisitudes del dramático proceso de consolidación nacional. En las guerras civiles, durante la década de 1820, verá reducido su territorio a la jurisdicción actual, al separársele Catamarca y Santiago del Estero. Toda esa década, y la siguiente, y los dos primeros años de la posterior, serán de luchas y enconos, el tiempo del aprendizaje republicano que hacían los pueblos argentinos librados a sus propias fuerzas, como dice Juan B.Terán.

Escudos de Tucumán en el libro del Centenario
En medio de ese ruido de armas, empero, a 1.200 Km. del puerto, los tucumanos inaugurarán -con el trapiche, la primera máquina que conoció el País- la industria del azúcar, que definirá su prosperidad en los años futuros. Una prosperidad que se afianzará explosivamente desde 1876, cuando la llegada del ferrocarril conecte las provincias con el puerto de Buenos Aires y empiecen a llegar, en sus vagones, las máquinas que reemplazaran al rústico trapiche de palo movido por bueyes.

Junto con los trapiches, vendrán la sangre nueva y las nuevas ideas. La industria traerá inmigrantes, franceses sobre todo, que darán nuevos vientos a la mentalidad del tucumano. Ese pueblo al que un viajero europeo, en 1825, hallará dotado de "un bello espíritu varonil y una elevada noción del honor", empezará a crecer libre de los mitos que retardaron la evolución de otras sociedades de la Argentina. Será la suya abierta a las nuevas ideas, dispuesta a la sociabilidad con el extranjero, ávida de cultura sin dogmatismos, y sabedora de que existía otro mundo más allá del campanario de la aldea. La nueva mentalidad arrasará con muchas cosas viejas, como la edificación colonial, sin respetar siquiera el venerable Cabildo de la plaza principal. Entrará también, a la historia nacional, muchos hijos de su suelo para alentar, como ideólogos o protagonistas, el cambio: Juan Bautista Alberdi, el autor de la Constitución Argentina; Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, los presidentes de la Argentina moderna del desierto conquistado, de los ferrocarriles y de la inmigración, son tucumanos. "Porteños del interior" llamará un cronista a los tucumanos del fin del siglo.

Pero, en las primeras décadas del XX, ya no serán nombres aislados sino toda una generación -la del Centenario- quien movilice la toma de conciencia cultural de la provincia, creando su Universidad. Esa fundación, obra de Juan B.Terán, completa en 1914 el ciclo formativo de la provincia histórica. Su personalidad nacional se dibujará inconfundible, en los años siguientes, a través de la industria que la singulariza en esta parte del país, y la casa de estudios que forma a su juventud y a la de las provincias vecinas, con un fuerte sello de servicio regional.
En la actualidad ha experimentado, en mayor o menor proporción, las alternativas del país que integra. También ella, como el país, ha acaparado en su capital el crecimiento y la modernidad, sin repartirlo parejamente en su interior.

Si un viajero desprovisto de preconceptos llegara hoy a la provincia de Tucumán, lo primero que lo impresionaría sería, por cierto, la magnificiencia del paisaje, que es lo único que los siglos no han podido alterar. Hallaría que el clásico calificativo de Sarmiento, Jardín de la República, no puede ser más justo, en cualquier parte de ese territorio cubierto de verdor y surcado por ríos caudalosos, con el paredón de montañas en su horizonte, el benigno invierno y el torrentoso verano.

Escudos de Tucumán en AGN
Después, el viajero se sorprendería por los contrastes. A poco metros de un niño que pide limosna u ofrece lustrarle los zapatos, podría hallar un universitario que investiga concienzudamente las disciplinas más diversas. Encontraría que su pueblo es tan capaz de apasionarse por el precio de la caña de azúcar, como de llenar los teatros y las salas de conferencias. No entenderá el desorden y el capricho de su arquitectura. El color local le será esquivo: extrañará la música folcklórica, la constante apelación telúrica de otras provincias interiores. Sin embargo, hallaría también que de esa tierra han salido varios de los más importantes compositores e intérpretes de música nativa. Encontraría en los tucumanos una como vergüenza de exaltar sus próceres y sus fechas históricas: un pudor que abandona esos temas al campo de lo sobreentendido.

Todo eso dejará al viajero muchas veces desconcertado. Si hallará coherencia, en cambio, en la franca hospitalidad hacia el recién llegado, que le ahorrará "las horas indeciblemente amargas de la soledad en la multitud": la amistad generosa, espontánea. Encontrará tiempo para conversar, para demorarse discurriendo sobre las cosas de la vida, que corre afuera con la misma celeridad que en las grandes ciudades. Podrá entrar a casa de techos altos, y cruzar patios llenos de macetas y de flores. Podrá caminar por calles plácidas entre árboles llenos de perfume. El pasado no se le brindará directamente, sino que tendrá que buscarlo, en algunas viejas arcadas, en ciertas iglesias, en la humilde Casa de la Independencia, en algunos ángulos de sus villas y ciudades. Pero, en el transcurso de un concierto, o de una obra de teatro, o el frecuentar su singular periodismo, o entrar en alguna facultad de sus universidades, le parecerá que está en cualquier capital del mundo, porque el espíritu sopla intensamente cuando quiere. Una sola cosa es segura : le será difícil olvidarla. 

Fuentes:

1. Sr. Carlos Páez de la Torre (h) -"Tucumán", Lagaceta
2. Albúm del Centenario 1816-1916
3. Archivo General de la Nación - Escudos de la Provincia de Tucumán. Siglo XIX
Mapoteca II-464



sábado, 27 de septiembre de 2014

El Pato, Deporte Nacional



Ya en el siglo XVI se realizaban contiendas o "corridas" donde dos equipos de jinetes intentaban hacerse con un pato vivo (de ahí el nombre del juego). El mismo fue inventado por los gauchos que habitaban la pampa, existiendo testimonios que dan cuenta de su existencia ya en 1610.2 En sus inicios se lo practicaba con un pato muerto, o a veces vivo, colocado dentro de una bolsa, de donde procede su nombre.

Las crónicas mencionan partidos con hasta 200 participantes, disputados de estancia a estancia. El animal usado para el juego solía ser entregado por un pulpero, a veces envuelto en una canasta o dentro de una bolsa de cuero con asas.3

La ausencia de reglas causó que el juego fuera en ocasiones extremadamente violento. Muchos gauchos resultaron muertos durante corridas, al "rodar" su caballo o siendo atropellados por otros caballos. También se dieron casos en que, en el fragor del juego, disputas entre rivales fueron dirimidas a cuchillo. Por esos motivos, las autoridades civiles y eclesiásticas vieron el juego con desagrado. El 20 de agosto de 1790 el Virrey Arredondo prohibió el juego del pato. En 1796 un edicto de la iglesia católica aclaraba que no se debía dar sepultura cristiana a quien moría jugando al pato, y en 1822 el gobierno de la provincia de Buenos Aires prohibió la práctica del juego. Dicha prohibición fue sostenida durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas (quien, se rumoreaba, sentía especial fastidio por el juego).

Es de notar el escaso número de menciones al pato en la literatura gauchesca.

En la década de 1930, el estanciero bonaerense Alberto del Castillo Posse se dedicó a definir y reglamentar la variante moderna del pato, que abreva del polo en ciertos aspectos, y retiene ciertas características del pato tradicional, en particular el elemento de la cinchada, y la ensilladura y estribos propios del gaucho bonaerense.

El juego así definido experimentó un cierto auge, al punto que el 3 de abril de 1941 fue creada la Federación Argentina de Pato. El presidente Juan Domingo Perón decretó en 1953 que el pato es el juego nacional de la Argentina. Esto no bastó para que el pato gane adeptos en las grandes ciudades. Los medios masivos no se ocupan del pato (como sí lo hacen con el polo). Las competencias de pato se hallan más bien acotadas al ámbito rural, muchas veces en conjunción con eventos de doma o música y baile. En Tafí del Valle, en Tucumán por ejemplo, cada verano se celebra un torneo de pato con la concurrencia de deportistas de toda la Argentina.

Muchos observadores han aseverado que la competitividad de los polistas argentinos y de sus caballos tiene su origen en la tradición del pato.

El pato moderno tiene parecidos con el polo: las dimensiones de la cancha son relativamente similares, los equipos constan de cuatro jinetes, y el juego se divide en períodos cortos de gran intensidad (si bien en pato no se usa el vocablo chukker para designar cada tiempo). En pato, cada partido consta de hasta seis "tiempos" de 8 minutos cada uno, separados por entretiempos de 5 minutos.

En esta forma se llegó a 1937 cuando un cultor de nuestras tradiciones don Alberto de Castillo Posse, se dedicó a revivir el antiguo juego transformándolo en el deporte organizado para lo cual redactó el primer reglamento, creó la silla, ideó la pelota de 4 asas y luego la de seis que se usa en la actualidad.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Ecos de la Victoria

En el decreto revolucionario del 20 de octubre de 1812, después del triunfo, Belgrano expresaba: Tucumán más que ningún otro estado argentino, debe manifestar la pureza de su civismo. Porque si en las horas de incertidumbre, en los momentos preñados de tempestades, mientras las demás provincias sólo juntaban las manos para aplaudir el esfuerzo y la constancia, el tesón y el patriotismo de este pueblo noble, siempre entero en las horas de peligro, altivo en los instantes en que la gloria reclamaba la abnegación de sus hijos, Tucumán daba a la República el ejemplo auténtico de las convicciones . 


En su Ensayo de 1882, Paul Groussac recuerda que aquel día Belgrano, con la serenidad y rapidez del que ya siente que se ha vuelto un hombre del destino, toma su pequeño y mal armado ejército y sale al campo transfigurado, como si un anuncio misterioso le asegurara que va a fijar la suerte de la patria. Sí, ese hombre fue grande en aquel día, escribe Groussac. Lo que aconteció aquí el 24 de setiembre, fue la lucha decisiva, el encuentro estrepitoso de dos ideas. Se vio la espada de la Conquista estrellarse en el escudo de la Libertad. En resumen, lo que engrandece a Belgrano no es un plan estratégico que no pudo preparar maduramente, sino la fe que tuvo en la idea cobijada debajo de esa bandera flamante, que iba a estrenarse en la batalla. De ese modo, la batalla del 24 de setiembre es algo más que un glorioso hecho de armas: es la toma de posesión del continente sudamericano por la revolución. Es el primer día de la hégira republicana. Porque desde entonces, la independencia argentina se volvió un hecho indestructible: los patriotas conocieron su fuerza y los realistas su debilidad. La batalla de Tucumán es el primer canto de la epopeya que, desde Panamá hasta Buenos Aires, escribirán con su espada Belgrano, Bolívar y San Martín. Ella no anuncia un general de genio a los pueblos del Plata, sino una nación de fibra y valor a sus hermanas del continente .



La victoria de Tucumán y su consecuencia, el triunfo de Salta, son las dos únicas batallas campales que se libraron en el actual territorio argentino, durante la guerra de la independencia. La de Tucumán fue fundamental para la gesta pues se detuvo el avance realista. Sin ese hecho, las consecuencias habrían sido otras, la mitad de nuestro territorio hubiera sido dominado por los españoles, como prolongación del control del Alto Perú, que ya ejercían tras el desastre de Huaqui. Hubieran podido conectarse los centros realistas altoperuanos con los de Montevideo, cortando en dos los territorios del antiguo virreinato. 



En esas condiciones, es forzoso pensar que difícilmente se habría declarado la independencia en 1816, como tampoco armarse la posterior campaña libertadora de San Martín. 
Sin duda, la liberación estaba en el alma de los pueblos y se habría logrado finalmente. Pero sin el triunfo del 24 de septiembre hubiera costado muchos más años y mucha más sangre.




Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán" Tucumán 2012.-

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Los Martínez de Córdoba

Joaquín Martínez, natural de Villajoyosa, en la provincia de Alicante, comunidad Valenciana, casado con Rosa mayor de la misma naturaleza, padres de:

I. Joaquín Martínez Mayor, natural de Villajososa, se casó con Josefa da Touza, natural de villa de Marín, provincia de Pontevedra, comunidad Gallega, hija de José da Touza y de Dominga Antonia Caeiro, padres de:

1. José Antonio Martínez Touza, que sigue en II

2. Manuel Martínez Touza casado con Carmen Álvarez

II. José Antonio Martínez Touza, nacido el 13-2-1834 en la villa de Marín, bautizado al día siguiente en la Iglesia Santa María, siendo su padrino don Pedro Lloref y fallecido en la misma villa, Alcalde de la villa de Marín en 1891 y 1897. Se casó en 9-7-1856 en la Iglesia Santa María con Rosa Garzón y Martínez, hija de José Agustín Garzón y Manuela Martínez, siendo testigos: Joaquín Martínez y José María Álvarez
José Antonio y Rosa fueron padres de:

1. Manuel Martínez y Garzón, nacido el 12-11-1856 y bautizado el día siguiente en la iglesia Santa María, al igual que todos sus hermanos, siendo padrinos don Manuel Arrufana y Esperanza Martínez.

2. Rogelio Martínez y Garzón, que sigue en Rama Primera

3. Heriberto Agustín Martínez y Garzón, que sigue en Rama Segunda

4. Helena Antonia Martínez y Garzón, nacida el 12-8-1868 y bautizada al día siguiente, siendo sus padrinos su tío paterno Manuel Martínez y su tía materna Antonia Garzón. Fallecida de 3 años el 28-3-1872

5. Otilia Irene Martínez y Garzón, nacida y bautizada el 27-2-1870, siendo sus padrinos: don Juan Martínez y su mujer Irene Fonseca

6. Eulalia del Carmen Clementina Martínez y Garzón, nacida el 22-11-1872, bautizada el día siguiente, siendo sus padrinos: don Santiago Tuoza y Carmen Álvarez, fallecida de 9 meses el 9-9-1873

7. María Esperanza Basilia, nacida el 9-1-1876 y bautizada el 12 del mismo mes y año siendo padrinos don Manuel Santiago y Cuozo y su mujer doña Esperanza Boullosa

Rama Primera

Rogelio Martínez y Garzón
Rogelio Martínez y Garzón, nacido y bautizado el 9-2-1858 en la villa de Marín, siendo sus padrinos: Juan Antonio Álvarez y Rosa Nantes, fue el primero de los hermanos el llegar a la Argentina en 1873, junto a su tío materno Antonio Garzón, para el cual trabajó y luego de unos años de convirtió en su socio, luego su hermano Heriberto también trabajaría para dicha firma. Rogelio falleció en Córdoba el 20-4-1912 y fue enterrado el mismo día en el Cementerio Público de dicha ciudad. Se había casado el 27-4-1881 en la Catedral con su parienta Isabel Emilia Berrotarán y Garzón, con quien compartía un 4to grado de consanguinidad. Padres de:
1. José Rogelio Martínez y Berrotarán, nacido el 23-2-1882 y bautizado el 1-3-1882, siendo sus padrinos José Antonio Garzón y Saturnina Garzón, casado con María del Carmen Díaz Usandivaras (punto 5.2), padres de:
1.1. Guillermo Martínez Díaz, casado con María Elpidia Agüero Díaz (5.5.1), padres de:
1.1.1. Elpidia Martínez Agüero casada con Mario Eduardo Firmenich, Líder Montonero, hijo de Víctor Enrique Firmenich y Zarina Elvira Sagreras

Isabel E. Berrotarán
2. Isabel Martínez y Berrotarán (1884-1947) casada en 1903 con Antonio Sixto Nores y Bas, con descendencia que se tratará en Los Nores. Destacamos que una de las nietas de este matrimonio Pilar Nores Bodereau fue  Primera Dama de la República del Perú por ser al ex-esposa del entonces Presidente Alan García Pérez

3. Horacio Martínez y Berrotarán, nacido el 8-3-1885 y  fallecido 2-5-1971, casado el 6-11-1909 en la Catedral  con Elisa Deheza Pinto (ver Los Deheza), siendo testigos sus padres Rogelio e Isabel Emilia. Padres de:
3.1. José Alberto Martínez Deheza
3.2. Horacio Martínez Deheza, casado con Blanca Gómez Pizarro, con sucesión
3.3. Elisa Martínez Deheza (1910-1922) casada con Enrique Martínez Paz, con sucesión
3.4. Susana Martínez Deheza, nacida en 1915, casada con Ignacio Maldonado Allende

4. Enrique Martínez y Berrotarán, nacido el 14-8-1887, bautizado 23 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos: Heriberto Martínez y María Virginia Arteaga. Médico, Político Radical, Gobernador de Córdoba en desde el 17-5-1928 hasta 14-8-1928, por fallecimiento del Vicepresidente electo Francisco Beiró, el colegio electoral lo designó para el cargo que asumió el 12-10-1928. Falleció el 28-2-1938 en Villa María. Se había casado el 27-10-1912 en la Catedral de Córdoba con María Teresa Fernández, hija de Bernardo Fernández y Teresa Voglio. Siendo testigos su suegro Bernardo y su madres Isabel Emilia.

5. Oscar Antonio Martínez y Berrotarán, nacido el 17-1-1889 y bautizado el 25 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Agustín Patiño y Adela Garro de Cafferatta. Se casó con Silvia Costa

6. Alfredo Marcelino del Corazón de Jesús Martínez y Berrotarán, nacido el 26-4-1890 y bautizado el 16-5-1890, siendo sus padrinos Manuel Martínez y Dolores Maceda. Abogado, casado con Olga Minetti

7. Juana Martínez y Berrotarán, nacida alrededor de 1892 en Córdoba, se casó con Francisco Bernardo Ferrer Echenique, su descendencia de se tratará en Los Ferrer.

8. Rodolfo Secundino Martínez y Berrotarán, nacido el 21-5-1894 y bautizado 24 del mismo mes y año, siendo padrinos: José de León y Saturnina Berrotarán, casado con Rita Achával Deheza, padres de:
8.1. Rodolfo Martínez Achával (1919-2012) casado con Susana García Montaño Pizarro (ver Los García de Robes)
8.2. Justiniano Martínez Achával
8.3. César Martínez Achával

9. María del Pilar Martínez y Berrotarán, fallecida el 1-11-1897 en Córdoba

Rama Segunda

Heriberto Agustín Martínez y Garzón, nacido el 30-9-1866 en Marín, bautizado el día siguiente en la iglesia Santa María, fallecido el 26-5-1929, al llegar a la Argentina se radicó en Córdoba, donde se empleó en el comercio en la sociedad  que era de su tío José Antonio Garzón y Rogelio, en 1885, Garzón deja la sociedad y Heriberto se integra denominándose “Rogelio Martínez y hermano”, varios años después la firma se disolvió cuando Heriberto abrió su propio negocio
Fue miembro de la Asociación Española de Socorros Mutuos (la cual llegó a presidir), socio fundador del Centro Gallego de Córdoba, y, junto con su hermano, uno de los fundadores del Hospital Español (actualmente ubicado en el barrio Rogelio Martínez). Tuvo además, mucha vinculación con diferentes entidades financieras como el Banco Hipotecario Nacional, del cual fue consejero. En el campo político no trascendió más allá de las fronteras de la ciudad: fue concejal municipal en 1907 y en 1922, elector de gobernador
Fue condecorado por servicios prestados en varias ocasiones: Caballero (1915) y Comendador (1920) de la Orden de Isabel la Católica; Caballero de Mérito de la Orden Constantiniana de San Jorge (1925) y Medalla de Felipe V
Heriberto se casó el 25-4-1890 en la Catedral con Manuela Carranza Yofré (ver Los Carranza), siendo testigos: su hermano Ro gelio Martínez y se suegra Manuela Yofré. Padres de:

1. Raúl Victorino Martínez Carranza, bautizado el 25-4-1897 en la Catedral, casado el 4-10-1919 en la misma iglesia con Fausta Amelia Martinoli (ver Martinoli), padres de:
1.1. Corina Martínez Martinoli casada con Luis Sánchez Sarmiento, con sucesión
Víctor H. Martínez
1.2. Víctor Hipólito Martínez Martinoli, nacido el 21-11-1924, abogado, intendente de la ciudad de Córdoba (1963-1966), Vicepresidente de la República Argentina (1983-1989) casado con Fanny Munté, con sucesión. Fallecido el 20-11-2017
1.3. Raúl Heriberto Martínez Martinoli, con sucesión
1.4. Marta Martínez Martinoli casada con Norma Zamboni, con sucesión
1.5. Eugenia Martínez Martinoli casada con Jorge Nistal, con sucesión
1.6. Jorge Martínez Martinoli, casado con Chela Oddone
1.7. Graciela Martínez Martinoli casada con Octavio Seguí, con sucesión
1.8. Fausta Martínez Martinoli

2. José Heriberto Martínez Carranza, nacido el 28-4-1895 y fallecido en 1985, casado el 17-7-1922 con Elivira Udaondo Leloir, padres de:
2.1. Josefina Martínez Udaondo
2.2. Teresa Martínez Udaondo
2.3. Guillermo Martínez Udaondo
2.4. Elvira Martínez Udaondo

3. Elena del Carmen Martínez Carranza, casada el 22-7-1914 en la Catedral con Jorge Echegoyen Ramos, hijo de Antonio Echegoyen Ponce de León y Catalina Ramos Lazcano, padres de:
3.1. Elena del Carmen Echegoyen Martínez, casada el con Fernando Eugenia Aliana García Montaño

4. Manuel Ernesto Leoncio Martínez Carranza, bautizado el 23-9-1902 en la Catedral, siendo sus padrinos sus primos Antonio Nores e Isabel Martínez

La "Casa da Veiguiña" construida 1838, en donde nacieron los hermanos Rogelio y Heriberto Martínez y Garzón, fundadores de su linaje en Córdoba fue declarada patrimonio histórico y artístico de la villa de Marín y es la actual sede del Partido Nacionalista Gallego.


Fuentes:
1. Archivos Parroquiales de Galicia
2. Archivos Parroquiales de Córdoba
3. Censo nacional de 1895
4. FamilySearch.org
5. Aporte Documental fotográfico de Juan Facundo Ferrer
6. XVII Reunión Americana de Genealogía, Rogelio y Heriberto Martínez, estrategias de inmigrantes españoles y sus descendientes en Argentina y Perú. Por Jorge E. Ferreyra 

martes, 23 de septiembre de 2014

El Testamento de José de San Martín

Gral. José de San Martín
Después de haberlo encontrado en la página de facebook del Archivo General de la Nación, lo tuve unos días en computadora, pensando como podría comentarlo, al no encontrar la forma, simplemente comparto es testamento de una persona que a pesar de haber logrado enormes hazañas, nunca se dejó encandilar por el poder y hasta último momento pensó en lo más importante.

En copia realizado por su yerno Mariano Balcarce. Boulogne Sur Mer. 28 de septiembre de 1850. Sala VII. Legajo 191.


Transcripción:



En el nombre de Dios Todopoderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su Libertad, Capitán General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente testamento lo siguiente:

Primera hoja
Primero. Dejo por mi absoluta heredera de mis bienes habidos y por haber, a mi única hija, Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce.

2º. Es mi expresa voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales y, a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta su muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste, de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta, mi voluntad.

3º. El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla.

4º. Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral y, desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

5º. Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.
Segunda hoja

6º. Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz, y le ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón), si es que, a su vez, quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido. Igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

7º. Todo otro testamento o disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.
Hecho en París, a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro y escrito, todo él, de mi puño y letra. José de San Martín



Tercera hoja

ARTÍCULO ADICIONAL:
Es mi voluntad el que el Estandarte que el bravo español Don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú, sea devuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía), siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso. 



José de San Martín 



Es copia del original, que queda depositado en el archivo de esta Legación.
París, 28 de septiembre de 1850.



Mariano Balcarce.





Fuente: Archivo General de la Nación (página de facebook)

lunes, 22 de septiembre de 2014

Un Eterno Atardecer


 
Eustoquio Díaz Vélez
El general Pío Tristán, cuando regresó al campo de batalla con su tropa ya organizada, lo encontró vacío. El escenario era dantesco: cuerpos mutilados, heridos de distinta consideración gritando por ayuda, caballos agonizantes, manchones de sangre por doquier, todo ello envuelto por el humo de la pólvora y los incendios. Se colocó entonces en las afueras y desde allí envió un ultimátum: o se rendían o incendiaba la población. Díaz Vélez contestó que nunca se rendirían. Empezaron así las horas tensas de la noche del 24 al 25 de septiembre. No se sabía si intentaría probar suerte con un ataque.

El general Manuel Belgrano por su parte, se había refugiado en la estancia de Ugarte a unos 12 kilómetros del sangriento escenario, con el objeto de esperar noticias sobre el desenlace de la batalla. En un principio, creyó que habían sufrido una derrota y que la ciudad a esas alturas ya estaría tomada. Pero entonces comenzaron a llegar oficiales y soldados, quienes anunciaban el éxito de las acciones, a lo que Belgrano no quiso dar crédito de entrada. Por ello comisionó al oficial José María Paz, para que se dirigiera a San Miguel e informara de la situación, mientras él seguía reclutando la caballería gaucha dispersa, que se había cebado cazando focos de soldados relistas que habían quedado aislados durante su repliegue. 

El entonces teniente José María Paz ingresó a la ciudad y comprobó que seguía en poder de los patriotas. Narra que: había cerca de 500 prisioneros, 5 cañones, armamento y muchos jefes de nota tomados al enemigo. La plaza estaba fuerte: las azoteas y casas inmediatas estaban ocupadas por nuestras tropas; los fosos y calles, bien artillados y guarnecidos; finalmente, todos resueltos a la más vigorosa defensa . Ello cambió toda la visión que tenía hasta entonces, la posibilidad de un impensado triunfo se manifestaba allí de manera patente. El mayor general Díaz Vélez le encargó informara de todo esto al general Manuel Belgrano, a efectos de que retomara el mando. 

Mientras se preparaba su caballo, cuenta Paz que, se anunció un parlamentario del enemigo, y efectivamente lo vi entrar a casa de Díaz Vélez, conducido del brazo por Dorrego, porque tenía los ojos vendados. Sucedía que el jefe realista Pío Tristán, haciendo un esfuerzo, intimaba rendición a la plaza. Díaz Vélez me hizo llamar para encargarme dijera al general (Belgrano) que la contestación que iba a dar era enérgica y negativa. Tristán amenazaba incendiar la ciudad y, según oí, se le contestó que en tal caso los prisioneros serían pasados a cuchillo. Entre estos estaban los coroneles Barreda, primo de Goyeneche; Peralta, tan mal herido que murió esa noche; el comandante de ingenieros Alcon; el auditor de guerra Medeiros (hijo) y algunos oficiales de nota . 

A todo esto, Belgrano, con los dispersos del ala izquierda en la zona de Los Aguirre, recibió esa noche informes de Díaz Vélez -enviados por medio de los capitanes Apolinario Saravia y el referido José María Paz- acerca de la situación. Con esos datos y habiendo reunido 600 jinetes, rumbeó, la mañana del 25, hacia la ciudad.

Se acercó a los realistas por el flanco derecho y envió un mensajero a Tristán – con quién tenía un lazo de amistad, ya que habían estudiado juntos en España- solicitándole que capitulara. El realista rechazó indignado la propuesta, pero no se atrevió a entrar en la ciudad. Disparó unos cañonazos, uno de los cuales fue a caer a la torre de la Iglesia de Santo Domingo, hizo movimientos de puro aparato y, hacia la medianoche, emprendió su retirada . 


Sin los imprescindibles bastimentos y municiones que habían sido tomados por los patriotas, le era imposible sostener el sitio de una ciudad fortificada. La noche del 25 al 26 de septiembre de 1812, Tristán se retiró rumbo a Salta, dejando tras de sí 453 soldados muertos, 626 prisioneros, además 8 cañones, 350 fusiles y 139 bayonetas, 40 cajones de municiones de artillería y 30 de fusil, 3 banderas y 2 estandartes, en manos de tropas patrias que habían quedado entre otros trofeos .

Belgrano, al entrar en Tucumán encontró un clima de total algarabía: en una batalla imposible, el mismo día del Día de nuestra Señora de las Mercedes, se había vencido a un ejército poderoso que venía a imponer por la fuerza los derechos de un rey allende los mares.

En Tucumán, se salvó entonces la suerte de la revolución emancipadora, grabando para siempre el nombre de Belgrano y de Tucumán, en la historia de la Patria.


Fuente: José María Posse- "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los Berrotarán de Córdoba

Rama Tercera - Quinta Parte

Don Francisco Javier Berrotarán y Argüello, nacido alrededor de 1798, fallecido en Córdoba el 16-9-1854 casado en 1844 con doña Francisca Borja Celman Argüello, nacida alrededor de 1817, fallecida el 11-4-1892 y enterrada el mismo día en el Cementerio Público, hija de Juan Celman García y de Josefa Argüello Molina, doña Francisca era tía del Presidente Miguel Juárez Celman

Don Francisco Javier y Doña Francisca Borja fueron padres de:

1. Don Manuel Berrotarán y Celman, fallecido de un día de vida 10-11-1845

2. Doña Belisaria del Rosario Berrotarán y Celman, Bautizada por el facultado Marcelino Berrotarán, oleada y crismada el 14-7-1849 en la Catedral de Córdoba. Siendo Testigos: Ángel Ferreyra y Felisa Carrera

3. Don Javier Eulogio Berrotarán y Celman, nacido el 15-11-1851 y bautizado el 17 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos sus tíos don José Pío de León y su esposa doña Saturnina Berrotarán

4. Don Ezequiel Berrotarán y Celman, fallecido de dos años el 18-2-1856

5. Don Daniel Berrotarán y Celman, sin más datos

Anexo

Algunos Berrotarán que no he podido entroncar:

* Ventura Berrotarán casado el 29-1-1790 en la Catedral con Dorotea Zamudio Albarracín, hija de Joseph Zamudio y Gimena Albarracín, Siendo Testigos: don Joseph Antonio de Bustamante y don  Melchor Prado, Padrinos: don Aurelio Escalante y doña Dolores Escalanta, padres de:

1. José María del Jesús Berrotarán Zamudio, bautizado de dos días el 16-10-1796 en la Catedral, siendo padrinos: don Nicolás Luque y doña María Cufré

2. Esteban Berrotarán Zamudio, bautizado de un día el 3-9-1802-9 en la Catedral, madrina: Juana María Cufré, fallecido el 24-6-1840 y enterrado en el Cementerio Público. Casado el 28-5-1828 en la misma iglesia con María Ramírez, siendo Testigos: don Dionisio Lara y María Torres, padres de:
2.1 María Salustiana Berrotarán Ramírez, nacida y bautizada el 8-6-1828 en la Catedral, siendo su madrina: María Gualberta Torres
Esteban contrajo 2das nupcias el 27-11-1837 en la Catedral con María Arrieta Molina, hija de Tomás Antonio Arrieta y Juana Rosa Molina, siendo testigos: doña María del Carmen Ocampo y María del Carmen Arrieta.

3. María Josefa Berrotarán Zamudio, bautizada el 24-1-1805, tuvo tres hijos naturales
3.1 José Inocencio del Corazón de Jesús Berrotarán, nacido el 27-12-1837 y bautizado al día siguiente en la Catedral, siendo su madrina Ramona Antonia Ríos
3.2. Juan Crisóstomo Berrotarán, bautizado el 27-1-1839 en la Catedral
3.3. Fidel Berrotarán, nacido el 24-3-1841 y bautizado al día siguiente en la Catedral, siendo su madrina su tía María Andrea Berrotarán

4. Eugenio Berrotarán Zamudio, bautizado de tres días el 7-9-1807 en la Catedral, siendo padrinos: Francisco Almada y Juana de Dios Pérez

5. María Andrea Berrotarán Zamudio, bautizada el 30-12-1812, casada el 14-9-1840 en la Catedral con Basilio Domínguez, hijo de Asencio Domínguez y Manuela Molina, siendo testigos: don Mateo Pucheta y doña Florencia Villarroel, padres de:
5.1. Eusebia Casimira Domínguez Berrotarán, nacida el 4-3-1843 y bautizada al día siguiente en la Catedral, padrinos: Juan Aguirre y Eusebia Domínguez. Casada el 29-11-1873 en la misma iglesia con Justiniano Almeida y Porcel de Peralta
5.2. Nasario del Corazón de Jesús Domínguez Berrotarán, nacido el 28-7-1845 y bautizado el día siguiente en la Catedral, padrinos: Juan Aguirre y Eusebia Domínguez.
5.3. Esteban de las Nieves Domínguez Berrotarán, nacido el 5-8-1851 y fallecido el 13-10-1895, casado 1ra con Justina xx y luego el 5-4-1875 con Agustina Palacio Miguel
5.4. Edivuges Domínguez Berrotarán, nacido alrededor e 1851, casado el 30-7-1877 en la Catedral con Felisa Sánchez Álvarez, nacida alrededor de 1853
5.5. Juan Fructuoso Domínguez Berrotarán, bautizado el 21-1-1854 en la Catedral, casado el 31-1-1883 en la Catedral con Petrona Domínguez y Ladrón de Guevara, nacida alrededor de 1861
5.6. Andrea Feliciana del Corazón de Jesús Domínguez Berrotarán, bautizada el 5-2-1860

6. María Pabla Berrotarán Zamudio, nacida y bautizada el 24-1-1817 en la Catedral, siendo madrina doña Luis Luque.

* Ramón Berrotarán en su acta de casamiento declara ser hijo de padres no conocidos y criado por don Marcelino Berrotarán (¿quizás se refiere Marcelino Berrotarán y Argüello?), se casa el 1-12-1860 en la Catedral con Rosario Altamino

Autor: Ernesto Álvarez Uriondo (ernestoau@gmail.com)

Fuentes:

1) Arturo G. Lascano Colodrero: Los Berrotarán - Linajes de la Gobernación del Tucumán - Los de Córdoba
2) Archivo Diocesano de Guipúzcoa
3) Archivos Parroquiales de Córboba, Buenos Aires y Mendoza
4) Censo Nacional de 1869 y 1895
5) Censo de la Ciudad de Buenos Aires 1855
6) FamilySearch.org
7) Aporte Fotográfico y documental de Horacio Jesús Berrotarán

sábado, 20 de septiembre de 2014

El Ejército de Langostas

Cuenta la tradición de nuestros mayores, que en ese momento, en el que todo parecía perdido, aconteció un hecho que ha quedado en la leyenda, por lo curioso y casual o causal... en medio de la refriega, se levantó una tromba de viento, común para la época, que llevó consigo un gran tierral que levantó una manga de langostas, sorprendiendo a los realistas . 


Cabe destacar y aclarar que las invasiones de langostas se sucedieron hasta bien entrado el siglo XX, cuando el DDT y otros insecticidazas erradicaron a los dañinos insectos. Estos fenómenos naturales eran desconocidos para los soldados de Tristán, quienes en su gran mayoría venían del Alto Perú. En aquella aridez, es claro que las langostas no prosperan, por tanto el portento les pareció dantesco. 

Según la tradición oral transmitida por nuestros mayores, los zurrones al estrellarse en sus cuerpos, les hacían sentir que eran atacados a balazos o pedradas, con lo cual pararon en seco su avance.

Fue el momento más crítico. El ala izquierda española, librada de la caballería y apoyada por el batallón extra, arrolló a la columna de infantes patriotas de José Superí. Sobre la izquierda, formó los cuadros y se dispuso a atacar. Por su parte Tristán, antes arrollado por sus fugitivos hasta El Manantial, reorganizaba a toda prisa su tropa para embestir con la caballería, con lo cual destrozaría el centro, partiendo en dos el ejército rebelde, cuyo flanco izquierdo apenas ya se sostenía.

Entonces, el mayor general Eustaquio Díaz Vélez, segundo al mando, tomó una inteligente decisión. Sus hombres habían capturado la mitad de la artillería enemiga, tenían más de 500 prisioneros y en su momento habían roto en tres puntos la línea española. Pero avizoraba las consecuencias que podía tener el martillo formado sobre la izquierda, y con sus catalejos, de seguro ya advertía el reagrupamiento de la caballería enemiga. Para colmo de males no podía conectarse con Belgrano. 
Resolvió entonces replegarse a la ciudad, para poner a buen recaudo la artillería y los presos. Confiaba en resistir desde la plaza fortificada, lo que era ajustarse al plan inicial. Como pudo arrastró tras de sí a aquél tropel de hombres y animales que se separaban de sus líneas.

En esos momentos ocurrió algo bastante curioso, el resto del convoy de bastimentos, parque, víveres y municiones de los realistas, entró pacíficamente a San Miguel de Tucumán por el otro extremo, creyendo que ya estaba tomada. Los defensores de la ciudad los capturaron de inmediato en medio de la lógica algarabía .


Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

viernes, 19 de septiembre de 2014

Tiempo de Morir

De reacción rápida, Belgrano decidido a aprovechar el factor sorpresa ordenó que el ala derecha de su caballería (compuesta por más de cuatrocientos hombres de los “Decididos” de Tucumán), y de Dragones comandada por Balcarce, atacara de inmediato.


La atropellada de los gauchos, quienes salían sorpresivamente por imperceptibles senderos del monte circundante dando de alaridos y haciendo sonar los guardamontes, fue mortal. El ímpetu de la carga puso en fuga la caballería de Tarija y desbarató la de Arequipa, que custodiaba los bagajes. Batallones enteros se perdieron en la confusión, siendo lanceados sin piedad por esa turba enloquecida que penetró hasta las cercanías mismas del Estado Mayor de Pío Tristán.

Los realistas huyeron dejando atrás una enorme cantidad de bastimentos, cañones, armas y municiones. Incluso el tesoro del ejército y hasta el coche personal del general.

De inmediato los milicianos gauchos se obstinaron a saquear metódicamente todo lo que pudieron, por lo cual esta tropa terminó perdiéndose para el resto de la acción, aunque desde los montes cercanos se dedicaron a cazar todo grupo disperso de realistas, como lo relata José María Paz en su mencionado libro .

Mientras, avanzaban disparando los cuadros de infantería de Belgrano, a tiempo que el barón de Holmberg hacía tronar los cañones. Unida esta acción a la eficacia de la artillería derecha y a la de la infantería de Carlos Forest, habían logrado desarmar y hacer retirar a toda el ala izquierda enemiga, en total desorden hacia el puente de El Manantial.

En el centro, las cosas también se mostraban felices en un primer momento para los patriotas. El único peligro estaba en que parte de la infantería realista, al avanzar resueltamente, puso en apuros a Ignacio Warnes, quién capitaneaba las milicias de infantes, pero pronto la reserva, a cargo del intrépido Manuel Dorrego, acudió en su auxilio. La hueste de Tristán comenzó entonces a ceder terreno, desamparada como estaba por la derrota de la caballería del ala derecha.



Impensadamente, aquella columna que el general Pío Tristán había desprendido para bloquear por el sur, volvió para participar en el combate: cómodamente desplegada, acudió en apoyo del ala izquierda realista, que había logrado desorganizar a la caballería patriota de José Bernaldes Palledo, que tenía a su frente. 

No debemos olvidar que los partidarios del rey eran profesionales y con los refuerzos, pronto rearmaron sus cuadros, quienes acudían al toque de los clarines y a la voz de mando de sus jefes, en formación a cada regimiento al que pertenecían. La sorpresa había pasado. La hora de la verdad se acercaba, ya que sincronizadamente comenzaron a encolumnarse en una formación conocida como “martillo” para rodear y neutralizar la infantería patriota. 

El ímpetu inicial se paró en seco y las tropas de Belgrano, -comenzando por los bisoños-, retrocedieron desordenadamente en medio de aquel escenario humeante, regado por la sangre de griegos y troyanos. 

Esto creó un desbande general, lo que motivó que Belgrano, poniendo en riesgo de su vida se corriera él mismo para tratar de reordenar el caos circundante, lo que en parte consiguió. Desde la derecha, galopó hacia esa crítica izquierda para mandar que cargaran, pero cuando llegó, los soldados ya estaban en tumultuosa retirada. No pudo contenerlos y el ímpetu arrastró al general hacia el sur, sacándolo del campo de batalla, la que creyó perdida .

Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

jueves, 18 de septiembre de 2014

Patriotas y Realistas en el Tucumán de 1812

Don Manuel Posse

El Cabildo de Tucumán, que se había pronunciado dos años atrás a favor de Buenos Aires en los sucesos de mayo de 1810, en el mes de agosto de 1812 se encontraba ante una grave disyuntiva. Sus miembros, en su mayoría pertenecían a la clase española, por ser hijos o nietos de peninsulares. Los españoles en sí, conformaban un grupo social privilegiado, nunca se habían sentido iguales a los criollos, aunque sus hijos ya lo fueran. Se consideraban depositarios de la tradición hispánica, señores de la tierra y tenían además pasión por su rey . 

Por todo ello, su situación era peligrosa: si las fuerzas realistas conquistaban Tucumán, mucho tendrían que explicar de su postura en 1810; pero si el Ejército del Norte se estancaba en la ciudad, no tendrían más que tomar partido a riesgo de ser considerados traidores al viejo régimen de gobierno. Sus vidas y fortunas pendían de un hilo y se vigilaban permanentemente las actividades que desplegaban. Así las cosas, era lógico suponer que optarían por un discreto status quo a efectos de comprometer lo menos posible sus intereses. Lo cierto es que, como señala la historiadora Elena Perilli de Colombres Garmendia, Belgrano ordenó que salieran de la ciudad, en los días previos a la batalla, aquellos españoles que pudieran ser sospechados de espías, tal el caso del Teniente Tesorero del Cabildo Manuel Antonio Pereyra, quién fue despachado junto a los demás europeos rumbo a Santiago del Estero .
Cuando se supo de la cercanía del ejército de Belgrano, el Teniente Gobernador, Francisco Ugarte solícito ofreció a Balcarce las armas de la ciudad, mientras el resto de los cabildantes comenzaban a empacar sus bagajes para retirarse junto a sus familias a la vecina provincia de Santiago del Estero. El único de ellos que se quedó y formó parte del ejército patrio fue Cayetano Aráoz, como lo consignó el propio Belgrano .
Doña Agueda Tejerina de Posse
En sí, fueron pocos los realistas que tuvieron la valentía de jugarse abiertamente por su rey. 
El gallego don Manuel Posse, quién era el comerciante más acaudalado de la provincia, envió un convoy de carretas con alimentos y bastimentos en auxilio de las tropas realistas comandadas por Pío Tristán. Belgrano se enteró del hecho y ordenó tomar prisionero a Posse, quién debió ser fusilado de inmediato, sin embargo fue enviado a Córdoba, lugar de destino final del derrotado ejército patriota. Allí se resolvería su destino, aunque la decidida actuación de su mujer, doña Agueda Tejerina, dama patricia de gran predicamento en la ciudad, logró dar vuelta la opinión del general. Al perdonar la vida de don Manuel, se granjeó la simpatía de muchos, quienes valoraron ese gesto de magnanimidad, lo que constituyó un golpe político a su favor. Así Posse salvó su vida, aunque tuvo que pagar una cuantiosa suma para el sostenimiento de las fuerzas criollas .
Otro importante comerciante español, don Juan Ignacio Garmendia amigo personal de Tristán, fue más cauto y prefirió esperar el desenlace de los hechos en la ciudad, lo que por algún motivo se le permitió. Al punto que en la mañana de la batalla el general realista pagó a un aguatero para que le llevara una pipa de agua a casa de Garmendia, frente a la plaza de la ciudad, ya que quería darse un baño caliente antes del almuerzo . Tan seguro y ensoberbecido estaba el general realista de que Belgrano no le haría frente en Tucumán, que no tomó mínimas prevenciones, lo que terminaría siendo su perdición.
Gral. Bernabé Aráoz
Las divisiones entre patriotas y realistas eran muy marcadas en el seno mismo de las estirpes tucumanas. En el caso de los referidos Posse, mientras don Manuel, cabeza de la familia, era un activo partidario de la causa realista, no lo era así su mujer doña Agueda quién donó sus joyas y dio ingentes sumas de dinero en apoyo del Ejército del Norte. De sus hijos: Francisco y Simón apoyaban la postura paterna, mientras José Víctor y Vicente prestarían invalorables servicios a Manuel Belgrano y luego al General San Martín en sus estadías en Tucumán, cuando el ejército se acantonó en la Ciudadela. Uno de los vástagos menores del matrimonio, Luis, estuvo entre las tropas de reserva que quedaron en la ciudad el 24 de Septiembre .
En el caso de Garmendia, su mujer, doña María Elena Alurralde, al enterarse que Tristán pretendía almorzar en su casa, según tradición familiar exclamó: Además del baño le voy a preparar una horca, cuya cuerda y dogal serán trenzados con los cabellos de las tucumanas…
Posteriormente, tres de las hijas del matrimonio Garmendia Alurralde contraerían casamiento con oficiales de Belgrano, quién apadrinó la boda, la que se realizó en una sola ceremonia dadas las prisas del ejército. Destaco entre ellas a doña Crisanta Garmendia, quién casó con Jerónimo Helguera, integrante del círculo íntimo del general.
Otro caso conocido ocurrió en el seno de la familia Laguna Bazán. El cura Miguel Martín Laguna era un prestigioso sacerdote y hombre público, nacido a fines del Siglo XVIII. Durante los sucesos de mayo de 1810 fue un realista convencido, oponiéndose a la facción criolla. En 1812 Laguna apoyó decididamente a Pío Tristán mientras se acercaba con su ejército a Tucumán, lo que le costó quedar prisionero por orden de Belgrano. Como muchos sacerdotes de la época, creía que los rebeldes cultivaban filosofías anticatólicas y los combatía con vehemencia inusitada. De manera opuesta pensaba su hermano, el Dr. Nicolás Laguna, quien fue un patriota de la primera hora jugado a favor de la causa independentista. Cuando ocurrieron los sucesos de Mayo, desde el cabildo él propuso que se llamara a representantes de toda la provincia para discutir un sistema de gobierno representativo a los intereses generales .
Así las cosas, no existía mucho margen de acción entre los habitantes de ese pequeño núcleo poblacional que no llegaba a 6.000 almas. Fue por ello que el cabildo no apoyó abiertamente a las fuerzas españolas en marcha, ya que se arriesgaban a sufrir el escarnio público de la mayoría que se había declarado a favor de romper vínculos con España. 
Queda imaginar el nerviosismo de aquellos tucumanos: la suerte había sido echada y sus destinos se encontraban ligados al éxito o al fracaso de la causa, con consecuencias probablemente dramáticas.
En sí, los partidarios de la revolución no podían tener muchas esperanzas en ese grupo desmoralizado y derrotado que comandaba un abogado sin experiencia militar y que las circunstancias lo habían convertido en General. ¿Cómo podría enfrentar a ese ejército profesional, que avanza prácticamente sin oposición desde el Alto Perú?
El Combate de Las Piedras vino a cambiar sustancialmente el cuadro de situación: de pronto la vanguardia realista había sufrido una humillante derrota, demostrando que no eran invencibles. 
Seguramente ello dio esperanzas para aquellos que temían que si Tristán alcanzaba a Belgrano en Tucumán, lo inevitable sería una masacre, que liberaría a todos los demonios de una guerra que ya tocaba a sus puertas.
A estas alturas, queda claro que no fueron los cabildantes quienes fueron a conferenciar con el General Belgrano en el camino que ya tomaba hacia Córdoba. No eran los representantes del pueblo tucumano quienes le pidieron al general que se quedara a dar batalla en Tucumán. Muy por el contrario, quienes salieron al encuentro de Belgrano fueron las cabezas de la criolla familia de los Aráoz, comerciantes, clérigos y hacendados de gran ascendencia entre el pueblo llano de la provincia. Patrones de cientos de hombres rudos, fogueados en las faenas del campo, quienes trabajaban en sus fincas, especialmente en la zona de Monteros, donde tenían grandes extensiones de tierras.
Esa fue la fuerza real con la cual los tucumanos apoyaron al Ejército del Norte. La embajada, compuesta por Bernabé y Cayetano Aráoz, (que si bien ocupaba un lugar en el cabildo, no fue en su representación), su pariente, el cura Pedro Miguel Aráoz (luego congresal de nuestra Independencia, en 1816), y el oficial salteño Rudecindo Alvarado. Fueron ellos, como grupo representativo del sentir de la mayoría de comprovincianos, quienes lograron convencer a Belgrano, que existía una mínima esperanza. Era el lugar y el momento para jugarse el todo por el todo. 
En aceptar el desafío, desafiar la orden de Buenos Aires y dar batalla estuvo la genialidad de Belgrano y esto marcó el destino de la patria naciente. 
Mientras, muchos optaron por dejar sigilosamente la ciudad, en Septiembre de 1812, el pueblo llano de Tucumán, animado por sus líderes cívicos fue quién sostuvo al ejército patrio conduciéndolo a una improbable victoria. 
Tenían tan poca fe en el General Belgrano
y en el triunfo de sus armas, que con conocimiento y consentimiento de él, el gobernador Domingo García y D. Francisco Ugarte echaron en el pozo de sus respectivas casas una gran cantidad de plomo necesario para la fabricación de balas, que estaba en la maestranza pero que no se pudo llevar a Santiago del Estero, por su gran cantidad y peso. En honor a la verdad, García se ocupó de juntar provisiones para los soldados, pero estos sólo fueron hechos aislados . El Cabildo de Tucumán, como institución, no tuvo injerencia alguna en la prédica patriótica que inflamó los pechos y despertó el coraje con el cual Tucumán se convirtió en el sepulcro de la dominación hispánica.

Fuente: José María Posse. del libro "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los Berrotarán de Córdoba

Rama Segunda - Cuarta Parte

Marcelino de Berrotarán y Argüello, nacido alrededor 1794, fallecido el 16-10-1857 en Córdoba, se casó con doña Saturnina Garzón, nacida alrededor de 1824, fallecida el 16-10-1908 y enterrada el 17-10-1908 en el Cementerio Público de Córdoba, hija legítima de José Benita Garzón y Tomasa Vázquez Maceda, padres de:

1. Nicolás Manuel de la Concepción Berrotarán y Garzón, que sigue en I            

2. Isabel Emilia Berrotarán y Garzón, nacida 1-7-1854, bautizada el 3 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos: don Manuel Irigoyen y doña Gregoria Garzón, se casó 27-4-1881 en la Catedral con su pariente en cuarto grado don Rogelio Martínez, nacido alrededor de 1857 en Pontevedra,  fallecido el 20-4-1912 y enterrado el mismo día en el Cementerio Público, hijo José Martínez y Rosa Garzón, fueron testigos: su hermano Nicolás de la Concepción y su madre Saturnina. Este matrimonio tuvo destacada descendencia entre la cual estuvo su hijo el Dr. Enrique Martínez Berrotarán (1887-1938), Médico, miembro del Partido Radical, Gobernador de Córdoba en 1928 y Vice-presidente de la República Argentina (1928-1930). Se tratará en el linaje Los Martínez

3. Juana Saturnina Berrotarán y Garzón, nacida el 23-6-1857, bautizada el 25 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos su tíos abuelos Félix Garzón y María del Rosario Rudecinda Vázquez Maceda, falleció a los 15 años el 19-10-1872 siendo enterrada en el Cementerio Público.

I. Nicolás Manuel de la Concepción Berrotarán y Garzón, nacido el 6-12-1851, bautizado el 8 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos don José Garzón y doña Juana Manuela de Saráchaga, fue abogado, docente universitario, ministro de gobierno y Vice-gobernador de Córdoba entre 1901-1904, falleció el 23-12-1911, siendo enterrado al día siguiente en el cementerio público de Córdoba. Don Nicolás M. contraído matrimonio el 19-12-1879 en la Catedral con doña Rafaela del Rosario Capdevila Amenábar (cuya ascendencia de trató en Los Capdevila), siendo testigos don Rafael Garzón y doña Saturnina Garzón. Fueron padres de:

1. Marcelino Eustaquio Berrotarán y Capdevila, nacido el 20-9-1880 y fallecido el 10-7-1939, casado el 20-10-1910 en la Catedral con Ángela Rosa Lozada, hija de Telésforo Lozada y Rosa Echenique. Siendo testigos sus padres: Nicolás M. Berrotarán y Rafaela Capdevila. Padres de:
1.1. Ángela Rosa Berrotarán Lozada, nacida el 13-10-1911 y bautizada el 16 del mismo mes y año, en la Catedral, casada con Juan Carlos de la Riestra, con sucesión
1.2. Luis Francisco Berrotarán Lozada, nacida el 4-10-1912 y bautizada 7-10-1912 en la Catedral, siendo sus padrinos: Juan Echenique Rosa Echenique, casado en 1940 con Ana María Roque Allende, con sucesión
1.3. Sor Marta Elena Berrotarán Lozada, nacida el 21-5-1914 y bautizada el 30-5-1914 en la Iglesia Inmaculada Concepción de Río Cuarto, siendo sus padrinos: Telésforo Lozada y Rafaela Capdevila. Perteneció a la Orden Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús
Marta A. Berrotarán
1.4. Marta Alicia del Rosario Berrotarán Lozada, nacida el 1-10-1916 y bautizada el 3-10-1916 en Río Cuarto, siendo sus padrinos: José Cristóbal Berrotarán y Valentina Berrotarán, casada con Ernesto Pastrana, con sucesión
1.5. María Ana Elvira Berrotarán Lozada, nacida el 26-7-1918 y bautizada el 29-7-1919 en la Catedral casada con Eduardo Monguillot
1.6. Ester Victoria Berrotarán Lozada, nacida el 25-7-1920 y bautizada el 30-7-1920 en la Catedral, siendo sus padrinos: Manuel Carranza (h) y Carolina Lozada, casada con Juan Bautista Oliva Otero, con sucesión
1.7. Laura Berrotarán Lozada, casada con Guillermo Castellano, con sucesión
1.8. Alcira Berrotarán Lozada casada con Federico Roldán, con sucesión
1.9. Olga Berrotarán Lozada casada con Carlos Torres Bas, con sucesión
1.10. Isabel Berrotarán Lozada casada con Héctor Roldán, con sucesión

2. Nicolás Tiburcio del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, casado con Carlota Carranza, padres de:
2.1. Nicolás Manuel Berrotarán Carranza, nacido el 24-3-1915 y bautizado el 30 del mismo mes y año en la Inmaculada Concepción de Río Cuarto, siendo sus padrinos; Wenceslao Carranza y Josefa Rafaela Berrotarán
2.2. Wenceslao Héctor Alejandro Berrotarán Carranza, nacido el 17-10-1916 y bautizado el 21-10-1916 en la Iglesia Nuestra Señora del Pilar de Córdoba, siendo sus padrinos: su tío Marcelino Eustaquio Berrotarán y su tía Josefa Rafaela.

3. Diego Estanislao del Corazon de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacido el 12-11-1888 y bautizado el del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Rogelio Martínez Garzón e Isabel Emilia Berrotarán, casado el 3-12-1915 con Nélida Martínez de Betancur, nacida alrededor de 1894, hija de Ramón Martínez de Betancur y Eulogia Martínez de Betancur, siendo testigos su hermano Marcelino y su suegra Eulogia. Padres de:
3.1. José Ignacio Berrotarán Martínez, casado con Aída Isabel Díaz de Olmos, hija de José Manuel Díaz Pizarro y María Aída Olmos Gordillo, padres de:
3.1.1. Horacio Jesús Berrotarán Díaz
3.1.2. María Cecilia Berrotarán Díaz
3.1.3. Marcelo Berrotarán Díaz
3.1.4. María Isabel Berrotarán Díaz
3.1.5. María de las Mercedes Berrotarán Díaz
3.1.6. María de los Ángeles Berrotarán Díaz
3.1.7. Magdalena María Berrotarán Díaz
3.1.8. José Ignacio Berrotarán Díaz
3.1.9. Dolores Berrotarán Díaz
3.1.10. Alicia Berrotarán Díaz
3.1.11. Graciela Berrotarán Díaz
3.1.12. Inés María Berrotarán Díaz
3.1.13. Alejandro José Berrotarán Díaz

3.2. María Nélida Eufemia del Perpetuo Socorro Berrotarán Martínez, nacida el 3-9-1916 y bautizada el 11 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: su tío Rafael Berrotarán y Eulogia Martínez de Betancur, casada en 1940 con Juan Antonio Carlos Iturriza, con sucesión
3.3. Miguel Ángel del Corazón del Jesús Berrotarán Martínez, nacido el 6-1-1919 y bautizado el 11 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: su tío José Cristóbal Berrotarán y Lidia N. de Gil, casado con María Elena Villgara, con sucesión
3.4. Raúl Ernesto Berrotarán Martínez, casado con Delia Rodríguez, con sucesión
3.5. Héctor Andrés Berrotarán Martínez, casado con Ana María Navarre,con sucesión
3.6. Mario Berrotarán Martínez, con sucesión
3.7. Estanislao José Berrotarán Martínez, casado con María Elena García Faure, con sucesión
3.8. Clara Rosa Berrotarán Martínez, casada con Guillermo Klix López, con sucesión

4. María Felisa Berrotarán y Capdevila, nacida el 23-3-1893 y bautizada el 27 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Tomás Bas y Marta Primitiva Capdecila, casada el 10-12-1921 en la Catedral con Luis Guillermo Olmedo Figueroa, con sucesión que de tratará en Los Olmedo

5. Josefa Rafaela del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacida el 28-4-1895 y bautizada el 6-5 del mismo año, en la Catedral, siendo sus padrinos Arturo Bas y Loreta Eusebia Capdevia, casada con Alfredo Silvio Olmedo Figueroa, hermano de Luis Guillermo, con sucesión que de tratará en Los Olmedo

6.  Rafael Berrotarán y Capdevila casado con Cora Vázquez y Ordóñez, padres de:
Mary (Gaby) Berrotarán
6.1. Mary (Gaby) Berrotarán Vázquez casada con Ezequiel Federico Pereyra Zorraquín, cuya descendencia de tratará en los Pereyra
6.2. Rafael Nicolás Berrotarán Vázquez casado con María Rosa Nores Frías, padres de
6.2.1. Gabriela Berrotarán Nores
6.2.2. Florencia Berrotarán Nores
6.2.3. Rafael Ignacio Berrotarán Nores
6.2.4. Martín José Berrotarán Nores

7. María Juana del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacida el 12-1-1887 y bautizada en la Catedral 21 del mismo mes y año, fallecido el 8-12-1887 y enterrado al día siguiente

8. Salvador Martín del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacido en 12-11-1888 y bautizado el 21 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Agustín Garzón y Juana Amenábar, casado en 12-12-1912 con Flora Adela Reschia, nacida alrededor de 1890, hija de Bernardina Reschia y Flora Fosatti, siendo testigos: su hermano Diego Estanislao y y  Bernardino Reschia. Padres de:

8.1. María Lucrecia Berrotarán Reschia casada con Rodolfo Viale
8.2. Salvador Nicolás Berrotarán Reschia casado con Norma Angélica Heredia, padres de:
8.2.1. Carlos Salvador  Berrotarán Heredia
8.2.2. Alejandro Miguel Berrotarán Heredia, con sucesión
8.2.3. José María Berrotarán Heredia
8.2.4. Marcela Berrotarán Heredia
8.3. Carlos Martín Berrotarán Reschia casado con María Lidia Echegaray, padres de:
8.3.1. Carlos Raúl Berrotarán Echegaray, con sucesión
8.3.2. Horacio Martín Berrotarán Echegaray, con sucesión
8.3.3. Ricardo María Berrotarán Echegaray, con sucesión
Rafaela A. Berrotarán de Lozano
8.4. Rafaela Angélica Aurea Berrotarán Reschia, nacida en 24-8-1919 casada con Alberto Lozano Cuny, con descendencia que se tratará en Los Lozano
8.5. Guillermo Esteban del Corazón de Jesús Berrotarán Reschia casado con Dolores Iglesias Gassol, padres de:
8.5.1 Mónica Adriana Berrotarán Iglesias casada con Agustín Justo Ernesto García Terán, con descendencia que será tratada en Los García
8.6. Raquel Berrotarán Reschia, casada con Andrés Maldonado, padres:
8.6.1. Gustavo Maldonado Berrotarán
8.6.2. Fernando Maldonado Berrotarán
8.6.3. Roberto Maldonado Berrotarán
8.6.4. Raquel Maldonado Berrotarán
8.7. María Teresa del Corazón de Jesús Berrotarán Reschia casada con Wenceslao Caballero Lescano, con suceción que se tratará en Los Caballero
8.8. Estela Berrotarán Reschia casado con Pablo Singer, padres de:
8.8.1. Horacio Singer Berrotarán
8.8.2. Patu Singer Berrotarán
8.9. Eduardo Antonio Berrotarán Reschia casado con Leonor Villafañe, padres de:
8.9.1. Liliana Berrotarán Villafañe
8.9.2. Eduardo Berrotarán Villafañe

9. José Cristóbal Berrotarán y Capdevila, nacido el 10-7-1898 y bautizado 16-7-1898 en la Catedral, siendo sus padrinos: don Marcelino B. y doña Isabel Martínez, Estanciero

10. José María Berrotarán y Capdevila