lunes, 29 de septiembre de 2014

Fundación de San Miguel de Tucumán


...el dicho señor Capitán Diego de Villarroel dijo que en nombre de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad del Rey Don Felipe, segundo de este nombre, Emperador del Nuevo Mundo y de las Indias, y del muy Ilustre señor Francisco de Aguirre, Gobernador y Capitán General de estas provincias de Tucumán, Juríes y Diaguitas por Su Majestad poblada y pobló en este asiento en lengua de los naturales llamado Ibatín esta ciudad a la que ponía y puso nombre de San Miguel de Tucumán y nueva tierra de promisión...
(Acta de fundación de San Miguel de Tucumán, 31 de mayo de 1565)

En el principio no fue más que selva, la famosa vegetación que encandilaría luego a todos, desde los cronistas jesuíticos hasta los viajeros europeos. En sus claros correteaban, desde tiempos antiquísimos, indígenas cuya cultura todavía se estudia, llena de misterios como los impenetrables menhires del valle de Tafí.


Cabildo de Tucumán
Un día, los españoles, tras haber intentado, viniendo del mar -por el Río de la Plata- entradas que terminaban con flechazos y campamentos incendiados, siempre a la búsqueda de la mítica Ciudad de los Césares, llegaron hasta estas comarcas por el oeste, desde el Perú. Su objetivo era geográficamente nebuloso. Una voz sobre cuya etimología se han hecho las más caprichosas interpretaciones, Tucumán, corría desde tiempo atrás en la Ciudad de los Virreyes: vagamente, designaba las tierras que se encontraban más al sur. Pero ellos, sobre todo, buscaban riquezas, y allá fueron. Hombres de hierro, con un coraje a toda prueba y una dureza que atemperaban enarbolando la cruz, los misioneros católicos mezclados en la hueste atravesaron las montañas y cayeron finalmente al llano. Fue la expedición de la Entrada, que habría el camino a todas las que vinieron después.

Penoso les fue comprobar que no había oro, ni piedras preciosas, ni Ciudad de los Césares. Pero igual empezaron a plantar ciudades en ese territorio donde todo aparecía hostil, desde la geografía y el clima hasta habitantes aborígenes que resistían con sus arcos y flechas. Santiago del Estero fue la primera fundación, en 1553. En 1565 instalaron a San Miguel de Tucumán en "el lugar que llaman en lengua de naturales Ibatín". Administrativamente, Santiago era la cabeza de lo que se llamó "Gobernación de Tucumán" y que integraban, además de San Miguel, lo que son actualmente Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba. Durante lo que quedaba del siglo XVI, San Miguel de Tucumán puso el hombro, sin desmayo, a toda la obra de la conquista. Sus vecinos fueron soldados de todas las expediciones fundadoras, mientras sus bosques proveían la madera para el único vehículo de aquellos tiempos, la carreta, que por eso se llamó "carretera tucumana".

No las pasó tranquilas el San Miguel de los precarios días iniciales. La aldea estaba recostada junto a la montaña, asiento de los indígenas calchaquíes, y más de una vez los naturales quisieron incendiarla. Pero los vecinos supieron resistir. Al fin, lo que no pudieron los indios y las privaciones, lo logró la caída en desuso del camino que pasaba por San Miguel y seguía a Buenos Aires, y las aguas palúdicas del río cercano. La ciudad se hizo insalubre y quedó al margen de la ruta comercial. Entonces la transladaron, en 1685, al lugar que actualmente ocupa, y que se conocía entonces como La Toma. Allí, minuciosamente, se repitió el rito de la fundación: como en un calco, se distribuyeron -salvo el Cabildo- los edificios tal como estaban en el sitio viejo, y los vecinos continuaron sus trabajos y sus días, en la ciudad y en los curatos de la campaña, Trancas, Burruyacú, Los Juárez, Monteros, Chicligasta y el Río Chico, como era la nómina a fines del siglo XVIII. Siglo donde la lucha contra los indios mocovíes en el Chaco salteño, las peripecias del clima y de las plagas, parecían ser las únicas novedades que agitaban esa parte del ya Virreinato del Río de la Plata. La Real Ordenanza de Intendentes dividió, en 1783, las siete provincias que formaban la Gobernación de Tucumán, y alejó de la jurisdicción a La Rioja y Córdoba, pasando la cabecera de Santiago del Estero a Salta.

El siglo XIX es el de la Revolución de la Independencia, que para Tucumán significó cambios fundamentales. Por su territorio pasaría el ejército que quiere llevar la liberación hacia el Alto Perú en 1810, y dos años más tarde vuelve, derrotado y en retirada. Es la hora alta de los tucumanos. En lugar de dejarlo pasar, le pedirían que se quede y dé una batalla en la que todos comprometen su apoyo.

La batalla ocurre el 24 de Setiembre de 1812 y es una victoria de los patriotas, que han luchado invocando la protección de la Virgen de las Mercedes. Han salvado la suerte de la Revolución, porque los españoles vuelven sobre sus pasos y tornarán a parapetarse en el Alto Perú, hasta que la victoria de Ayacucho termine con ellos. San Miguel de Tucumán será entonces cabeza de una nueva provincia, que lleva su nombre, y de la cual dependen Catamarca y Santiago del Estero, mientras Salta y Jujuy se le separan. A todo esto, se convierte en cuartel general del Ejército, que ya no intentará operaciones importantes sobre el Alto Perú. La nueva presencia la trasforma: cambian su sociedad, su economía, su sistema de trabajo. En 1816 será sede de otro acontecimiento memorable: el Congreso de las Provincias Unidas, que afianza jurídicamente el pronunciamiento de 1810, declarando la independencia de España y de toda otra dominación extranjera.

Desde entonces, seguirán las vicisitudes del dramático proceso de consolidación nacional. En las guerras civiles, durante la década de 1820, verá reducido su territorio a la jurisdicción actual, al separársele Catamarca y Santiago del Estero. Toda esa década, y la siguiente, y los dos primeros años de la posterior, serán de luchas y enconos, el tiempo del aprendizaje republicano que hacían los pueblos argentinos librados a sus propias fuerzas, como dice Juan B.Terán.

Escudos de Tucumán en el libro del Centenario
En medio de ese ruido de armas, empero, a 1.200 Km. del puerto, los tucumanos inaugurarán -con el trapiche, la primera máquina que conoció el País- la industria del azúcar, que definirá su prosperidad en los años futuros. Una prosperidad que se afianzará explosivamente desde 1876, cuando la llegada del ferrocarril conecte las provincias con el puerto de Buenos Aires y empiecen a llegar, en sus vagones, las máquinas que reemplazaran al rústico trapiche de palo movido por bueyes.

Junto con los trapiches, vendrán la sangre nueva y las nuevas ideas. La industria traerá inmigrantes, franceses sobre todo, que darán nuevos vientos a la mentalidad del tucumano. Ese pueblo al que un viajero europeo, en 1825, hallará dotado de "un bello espíritu varonil y una elevada noción del honor", empezará a crecer libre de los mitos que retardaron la evolución de otras sociedades de la Argentina. Será la suya abierta a las nuevas ideas, dispuesta a la sociabilidad con el extranjero, ávida de cultura sin dogmatismos, y sabedora de que existía otro mundo más allá del campanario de la aldea. La nueva mentalidad arrasará con muchas cosas viejas, como la edificación colonial, sin respetar siquiera el venerable Cabildo de la plaza principal. Entrará también, a la historia nacional, muchos hijos de su suelo para alentar, como ideólogos o protagonistas, el cambio: Juan Bautista Alberdi, el autor de la Constitución Argentina; Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, los presidentes de la Argentina moderna del desierto conquistado, de los ferrocarriles y de la inmigración, son tucumanos. "Porteños del interior" llamará un cronista a los tucumanos del fin del siglo.

Pero, en las primeras décadas del XX, ya no serán nombres aislados sino toda una generación -la del Centenario- quien movilice la toma de conciencia cultural de la provincia, creando su Universidad. Esa fundación, obra de Juan B.Terán, completa en 1914 el ciclo formativo de la provincia histórica. Su personalidad nacional se dibujará inconfundible, en los años siguientes, a través de la industria que la singulariza en esta parte del país, y la casa de estudios que forma a su juventud y a la de las provincias vecinas, con un fuerte sello de servicio regional.
En la actualidad ha experimentado, en mayor o menor proporción, las alternativas del país que integra. También ella, como el país, ha acaparado en su capital el crecimiento y la modernidad, sin repartirlo parejamente en su interior.

Si un viajero desprovisto de preconceptos llegara hoy a la provincia de Tucumán, lo primero que lo impresionaría sería, por cierto, la magnificiencia del paisaje, que es lo único que los siglos no han podido alterar. Hallaría que el clásico calificativo de Sarmiento, Jardín de la República, no puede ser más justo, en cualquier parte de ese territorio cubierto de verdor y surcado por ríos caudalosos, con el paredón de montañas en su horizonte, el benigno invierno y el torrentoso verano.

Escudos de Tucumán en AGN
Después, el viajero se sorprendería por los contrastes. A poco metros de un niño que pide limosna u ofrece lustrarle los zapatos, podría hallar un universitario que investiga concienzudamente las disciplinas más diversas. Encontraría que su pueblo es tan capaz de apasionarse por el precio de la caña de azúcar, como de llenar los teatros y las salas de conferencias. No entenderá el desorden y el capricho de su arquitectura. El color local le será esquivo: extrañará la música folcklórica, la constante apelación telúrica de otras provincias interiores. Sin embargo, hallaría también que de esa tierra han salido varios de los más importantes compositores e intérpretes de música nativa. Encontraría en los tucumanos una como vergüenza de exaltar sus próceres y sus fechas históricas: un pudor que abandona esos temas al campo de lo sobreentendido.

Todo eso dejará al viajero muchas veces desconcertado. Si hallará coherencia, en cambio, en la franca hospitalidad hacia el recién llegado, que le ahorrará "las horas indeciblemente amargas de la soledad en la multitud": la amistad generosa, espontánea. Encontrará tiempo para conversar, para demorarse discurriendo sobre las cosas de la vida, que corre afuera con la misma celeridad que en las grandes ciudades. Podrá entrar a casa de techos altos, y cruzar patios llenos de macetas y de flores. Podrá caminar por calles plácidas entre árboles llenos de perfume. El pasado no se le brindará directamente, sino que tendrá que buscarlo, en algunas viejas arcadas, en ciertas iglesias, en la humilde Casa de la Independencia, en algunos ángulos de sus villas y ciudades. Pero, en el transcurso de un concierto, o de una obra de teatro, o el frecuentar su singular periodismo, o entrar en alguna facultad de sus universidades, le parecerá que está en cualquier capital del mundo, porque el espíritu sopla intensamente cuando quiere. Una sola cosa es segura : le será difícil olvidarla. 

Fuentes:

1. Sr. Carlos Páez de la Torre (h) -"Tucumán", Lagaceta
2. Albúm del Centenario 1816-1916
3. Archivo General de la Nación - Escudos de la Provincia de Tucumán. Siglo XIX
Mapoteca II-464



sábado, 27 de septiembre de 2014

El Pato, Deporte Nacional



Ya en el siglo XVI se realizaban contiendas o "corridas" donde dos equipos de jinetes intentaban hacerse con un pato vivo (de ahí el nombre del juego). El mismo fue inventado por los gauchos que habitaban la pampa, existiendo testimonios que dan cuenta de su existencia ya en 1610.2 En sus inicios se lo practicaba con un pato muerto, o a veces vivo, colocado dentro de una bolsa, de donde procede su nombre.

Las crónicas mencionan partidos con hasta 200 participantes, disputados de estancia a estancia. El animal usado para el juego solía ser entregado por un pulpero, a veces envuelto en una canasta o dentro de una bolsa de cuero con asas.3

La ausencia de reglas causó que el juego fuera en ocasiones extremadamente violento. Muchos gauchos resultaron muertos durante corridas, al "rodar" su caballo o siendo atropellados por otros caballos. También se dieron casos en que, en el fragor del juego, disputas entre rivales fueron dirimidas a cuchillo. Por esos motivos, las autoridades civiles y eclesiásticas vieron el juego con desagrado. El 20 de agosto de 1790 el Virrey Arredondo prohibió el juego del pato. En 1796 un edicto de la iglesia católica aclaraba que no se debía dar sepultura cristiana a quien moría jugando al pato, y en 1822 el gobierno de la provincia de Buenos Aires prohibió la práctica del juego. Dicha prohibición fue sostenida durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas (quien, se rumoreaba, sentía especial fastidio por el juego).

Es de notar el escaso número de menciones al pato en la literatura gauchesca.

En la década de 1930, el estanciero bonaerense Alberto del Castillo Posse se dedicó a definir y reglamentar la variante moderna del pato, que abreva del polo en ciertos aspectos, y retiene ciertas características del pato tradicional, en particular el elemento de la cinchada, y la ensilladura y estribos propios del gaucho bonaerense.

El juego así definido experimentó un cierto auge, al punto que el 3 de abril de 1941 fue creada la Federación Argentina de Pato. El presidente Juan Domingo Perón decretó en 1953 que el pato es el juego nacional de la Argentina. Esto no bastó para que el pato gane adeptos en las grandes ciudades. Los medios masivos no se ocupan del pato (como sí lo hacen con el polo). Las competencias de pato se hallan más bien acotadas al ámbito rural, muchas veces en conjunción con eventos de doma o música y baile. En Tafí del Valle, en Tucumán por ejemplo, cada verano se celebra un torneo de pato con la concurrencia de deportistas de toda la Argentina.

Muchos observadores han aseverado que la competitividad de los polistas argentinos y de sus caballos tiene su origen en la tradición del pato.

El pato moderno tiene parecidos con el polo: las dimensiones de la cancha son relativamente similares, los equipos constan de cuatro jinetes, y el juego se divide en períodos cortos de gran intensidad (si bien en pato no se usa el vocablo chukker para designar cada tiempo). En pato, cada partido consta de hasta seis "tiempos" de 8 minutos cada uno, separados por entretiempos de 5 minutos.

En esta forma se llegó a 1937 cuando un cultor de nuestras tradiciones don Alberto de Castillo Posse, se dedicó a revivir el antiguo juego transformándolo en el deporte organizado para lo cual redactó el primer reglamento, creó la silla, ideó la pelota de 4 asas y luego la de seis que se usa en la actualidad.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Ecos de la Victoria

En el decreto revolucionario del 20 de octubre de 1812, después del triunfo, Belgrano expresaba: Tucumán más que ningún otro estado argentino, debe manifestar la pureza de su civismo. Porque si en las horas de incertidumbre, en los momentos preñados de tempestades, mientras las demás provincias sólo juntaban las manos para aplaudir el esfuerzo y la constancia, el tesón y el patriotismo de este pueblo noble, siempre entero en las horas de peligro, altivo en los instantes en que la gloria reclamaba la abnegación de sus hijos, Tucumán daba a la República el ejemplo auténtico de las convicciones . 


En su Ensayo de 1882, Paul Groussac recuerda que aquel día Belgrano, con la serenidad y rapidez del que ya siente que se ha vuelto un hombre del destino, toma su pequeño y mal armado ejército y sale al campo transfigurado, como si un anuncio misterioso le asegurara que va a fijar la suerte de la patria. Sí, ese hombre fue grande en aquel día, escribe Groussac. Lo que aconteció aquí el 24 de setiembre, fue la lucha decisiva, el encuentro estrepitoso de dos ideas. Se vio la espada de la Conquista estrellarse en el escudo de la Libertad. En resumen, lo que engrandece a Belgrano no es un plan estratégico que no pudo preparar maduramente, sino la fe que tuvo en la idea cobijada debajo de esa bandera flamante, que iba a estrenarse en la batalla. De ese modo, la batalla del 24 de setiembre es algo más que un glorioso hecho de armas: es la toma de posesión del continente sudamericano por la revolución. Es el primer día de la hégira republicana. Porque desde entonces, la independencia argentina se volvió un hecho indestructible: los patriotas conocieron su fuerza y los realistas su debilidad. La batalla de Tucumán es el primer canto de la epopeya que, desde Panamá hasta Buenos Aires, escribirán con su espada Belgrano, Bolívar y San Martín. Ella no anuncia un general de genio a los pueblos del Plata, sino una nación de fibra y valor a sus hermanas del continente .



La victoria de Tucumán y su consecuencia, el triunfo de Salta, son las dos únicas batallas campales que se libraron en el actual territorio argentino, durante la guerra de la independencia. La de Tucumán fue fundamental para la gesta pues se detuvo el avance realista. Sin ese hecho, las consecuencias habrían sido otras, la mitad de nuestro territorio hubiera sido dominado por los españoles, como prolongación del control del Alto Perú, que ya ejercían tras el desastre de Huaqui. Hubieran podido conectarse los centros realistas altoperuanos con los de Montevideo, cortando en dos los territorios del antiguo virreinato. 



En esas condiciones, es forzoso pensar que difícilmente se habría declarado la independencia en 1816, como tampoco armarse la posterior campaña libertadora de San Martín. 
Sin duda, la liberación estaba en el alma de los pueblos y se habría logrado finalmente. Pero sin el triunfo del 24 de septiembre hubiera costado muchos más años y mucha más sangre.




Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán" Tucumán 2012.-

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Los Martínez de Córdoba

Joaquín Martínez, natural de Villajoyosa, en la provincia de Alicante, comunidad Valenciana, casado con Rosa mayor de la misma naturaleza, padres de:

I. Joaquín Martínez Mayor, natural de Villajososa, se casó con Josefa da Touza, natural de villa de Marín, provincia de Pontevedra, comunidad Gallega, hija de José da Touza y de Dominga Antonia Caeiro, padres de:

1. José Antonio Martínez Touza, que sigue en II

2. Manuel Martínez Touza casado con Carmen Álvarez

II. José Antonio Martínez Touza, nacido el 13-2-1834 en la villa de Marín, bautizado al día siguiente en la Iglesia Santa María, siendo su padrino don Pedro Lloref y fallecido en la misma villa, Alcalde de la villa de Marín en 1891 y 1897. Se casó en 9-7-1856 en la Iglesia Santa María con Rosa Garzón y Martínez, hija de José Agustín Garzón y Manuela Martínez, siendo testigos: Joaquín Martínez y José María Álvarez
José Antonio y Rosa fueron padres de:

1. Manuel Martínez y Garzón, nacido el 12-11-1856 y bautizado el día siguiente en la iglesia Santa María, al igual que todos sus hermanos, siendo padrinos don Manuel Arrufana y Esperanza Martínez.

2. Rogelio Martínez y Garzón, que sigue en Rama Primera

3. Heriberto Agustín Martínez y Garzón, que sigue en Rama Segunda

4. Helena Antonia Martínez y Garzón, nacida el 12-8-1868 y bautizada al día siguiente, siendo sus padrinos su tío paterno Manuel Martínez y su tía materna Antonia Garzón. Fallecida de 3 años el 28-3-1872

5. Otilia Irene Martínez y Garzón, nacida y bautizada el 27-2-1870, siendo sus padrinos: don Juan Martínez y su mujer Irene Fonseca

6. Eulalia del Carmen Clementina Martínez y Garzón, nacida el 22-11-1872, bautizada el día siguiente, siendo sus padrinos: don Santiago Tuoza y Carmen Álvarez, fallecida de 9 meses el 9-9-1873

7. María Esperanza Basilia, nacida el 9-1-1876 y bautizada el 12 del mismo mes y año siendo padrinos don Manuel Santiago y Cuozo y su mujer doña Esperanza Boullosa

Rama Primera

Rogelio Martínez y Garzón
Rogelio Martínez y Garzón, nacido y bautizado el 9-2-1858 en la villa de Marín, siendo sus padrinos: Juan Antonio Álvarez y Rosa Nantes, fue el primero de los hermanos el llegar a la Argentina en 1873, junto a su tío materno Antonio Garzón, para el cual trabajó y luego de unos años de convirtió en su socio, luego su hermano Heriberto también trabajaría para dicha firma. Rogelio falleció en Córdoba el 20-4-1912 y fue enterrado el mismo día en el Cementerio Público de dicha ciudad. Se había casado el 27-4-1881 en la Catedral con su parienta Isabel Emilia Berrotarán y Garzón, con quien compartía un 4to grado de consanguinidad. Padres de:
1. José Rogelio Martínez y Berrotarán, nacido el 23-2-1822 y bautizado el 1-3-1882, siendo sus padrinos José Antonio Garzón y Saturnina Garzón, casado con María del Carmen Díaz Usandivaras, padres de:
1.1. Guillermo Martínez Díaz, casado con María Elpidia Agüero Díaz, padres de:
1.1.1. Elpidia Martínez Agüero casada con Mario Eduardo Firmenich, Líder Montonero, hijo de Víctor Enrique Firmenich y Zarina Elvira Sagreras

Isabel E. Berrotarán
2. Isabel Martínez y Berrotarán (1884-1947) casada en 1903 con Antonio Sixto Nores y Bas, con descendencia que se tratará en Los Nores. Destacamos que una de las nietas de este matrimonio Pilar Nores Bodereau fue  Primera Dama de la República del Perú por ser al ex-esposa del entonces Presidente Alan García Pérez

3. Horacio Martínez y Berrotarán, nacido el 8-3-1885 y  fallecido 2-5-1971, casado el 6-11-1909 en la Catedral  con Elisa Deheza Pinto (ver Los Deheza), siendo testigos sus padres Rogelio e Isabel Emilia. Padres de:
3.1. José Alberto Martínez Deheza
3.2. Horacio Martínez Deheza, casado con Blanca Gómez Pizarro, con sucesión
3.3. Elisa Martínez Deheza (1910-1922) casada con Enrique Martínez Paz, con sucesión
3.4. Susana Martínez Deheza, nacida en 1915, casada con Ignacio Maldonado Allende

4. Enrique Martínez y Berrotarán, nacido el 14-8-1887, bautizado 23 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos: Heriberto Martínez y María Virginia Arteaga. Médico, Político Radical, Gobernador de Córdoba en desde el 17-5-1928 hasta 14-8-1928, por fallecimiento del Vicepresidente electo Francisco Beiró, el colegio electoral lo designó para el cargo que asumió el 12-10-1928. Falleció el 28-2-1938 en Villa María. Se había casado el 27-10-1912 en la Catedral de Córdoba con María Teresa Fernández, hija de Bernardo Fernández y Teresa Voglio. Siendo testigos su suegro Bernardo y su madres Isabel Emilia.

5. Oscar Antonio Martínez y Berrotarán, nacido el 17-1-1889 y bautizado el 25 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Agustín Patiño y Adela Garro de Cafferatta. Se casó con Silvia Costa

6. Alfredo Marcelino del Corazón de Jesús Martínez y Berrotarán, nacido el 26-4-1890 y bautizado el 16-5-1890, siendo sus padrinos Manuel Martínez y Dolores Maceda. Abogado, casado con Olga Minetti

7. Juana Martínez y Berrotarán, nacida alrededor de 1892 en Córdoba, se casó con Francisco Bernardo Ferrer Echenique, su descendencia de se tratará en Los Ferrer.

8. Rodolfo Secundino Martínez y Berrotarán, nacido el 21-5-1894 y bautizado 24 del mismo mes y año, siendo padrinos: José de León y Saturnina Berrotarán, casado con Rita Achával Deheza, padres de:
8.1. Rodolfo Martínez Achával (1919-2012) casado con Susana García Montaño Pizarro (ver Los García de Robes)
8.2. Justiniano Martínez Achával
8.3. César Martínez Achával

9. María del Pilar Martínez y Berrotarán, fallecida el 1-11-1897 en Córdoba

Rama Segunda

Heriberto Agustín Martínez y Garzón, nacido el 30-9-1866 en Marín, bautizado el día siguiente en la iglesia Santa María, fallecido el 26-5-1929, al llegar a la Argentina se radicó en Córdoba, donde se empleó en el comercio en la sociedad  que era de su tío José Antonio Garzón y Rogelio, en 1885, Garzón deja la sociedad y Heriberto se integra denominándose “Rogelio Martínez y hermano”, varios años después la firma se disolvió cuando Heriberto abrió su propio negocio
Fue miembro de la Asociación Española de Socorros Mutuos (la cual llegó a presidir), socio fundador del Centro Gallego de Córdoba, y, junto con su hermano, uno de los fundadores del Hospital Español (actualmente ubicado en el barrio Rogelio Martínez). Tuvo además, mucha vinculación con diferentes entidades financieras como el Banco Hipotecario Nacional, del cual fue consejero. En el campo político no trascendió más allá de las fronteras de la ciudad: fue concejal municipal en 1907 y en 1922, elector de gobernador
Fue condecorado por servicios prestados en varias ocasiones: Caballero (1915) y Comendador (1920) de la Orden de Isabel la Católica; Caballero de Mérito de la Orden Constantiniana de San Jorge (1925) y Medalla de Felipe V
Heriberto se casó el 25-4-1890 en la Catedral con Manuela Carranza Yofré (ver Los Carranza), siendo testigos: su hermano Ro gelio Martínez y se suegra Manuela Yofré. Padres de:

1. Raúl Victorino Martínez Carranza, bautizado el 25-4-1897 en la Catedral, casado el 4-10-1919 en la misma iglesia con Fausta Amelia Martinoli (ver Martinoli), padres de:
1.1. Corina Martínez Martinoli casada con Luis Sánchez Sarmiento, con sucesión
Víctor H. Martínez
1.2. Víctor Hipólito Martínez Martinoli, nacido el 21-11-1924, abogado, intendente de la ciudad de Córdoba (1863-1966), Vicepresidente de la República Argentina (1983-1869) casado con Fanny Munté, con sucesión.
1.3. Raúl Heriberto Martínez Martinoli, con sucesión
1.4. Marta Martínez Martinoli casada con Norma Zamboni, con sucesión
1.5. Eugenia Martínez Martinoli casada con Jorge Nistal, con sucesión
1.6. Jorge Martínez Martinoli, casado con Chela Oddone
1.7. Graciela Martínez Martinoli casada con Octavio Seguí, con sucesión
1.8. Fausta Martínez Martinoli

2. José Heriberto Martínez Carranza, nacido el 28-4-1895 y fallecido en 1895, casado el 17-7-1922 con Elivira Udaondo Leloir, padres de:
2.1. Josefina Martínez Udaondo
2.2. Teresa Martínez Udaondo
2.3. Guillermo Martínez Udaondo
2.4. Elvira Martínez Udaondo

3. Elena del Carmen Martínez Carranza, casada el 22-7-1914 en la Catedral con Jorge Echegoyen Ramos, hijo de Antonio Echegoyen Ponce de León y Catalina Ramos Lazcano, padres de:
3.1. Elena del Carmen Echegoyen Martínez, casada el con Fernando Eugenia Aliana García Montaño

4. Manuel Ernesto Leoncio Martínez Carranza, bautizado el 23-9-1902 en la Catedral, siendo sus padrinos sus primos Antonio Nores e Isabel Martínez

La "Casa da Veiguiña" construida 1838, en donde nacieron los hermanos Rogelio y Heriberto Martínez y Garzón, fundadores de su linaje en Córdoba fue declarada patrimonio histórico y artístico de la villa de Marín y es la actual sede del Partido Nacionalista Gallego.


Fuentes:
1. Archivos Parroquiales de Galicia
2. Archivos Parroquiales de Córdoba
3. Censo nacional de 1895
4. FamilySearch.org
5. Aporte Documental fotográfico de Juan Facundo Ferrer
6. XVII Reunión Americana de Genealogía, Rogelio y Heriberto Martínez, estrategias de inmigrantes españoles y sus descendientes en Argentina y Perú. Por Jorge E. Ferreyra 

martes, 23 de septiembre de 2014

El Testamento de José de San Martín

Gral. José de San Martín
Después de haberlo encontrado en la página de facebook del Archivo General de la Nación, lo tuve unos días en computadora, pensando como podría comentarlo, al no encontrar la forma, simplemente comparto es testamento de una persona que a pesar de haber logrado enormes hazañas, nunca se dejó encandilar por el poder y hasta último momento pensó en lo más importante.

En copia realizado por su yerno Mariano Balcarce. Boulogne Sur Mer. 28 de septiembre de 1850. Sala VII. Legajo 191.


Transcripción:



En el nombre de Dios Todopoderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su Libertad, Capitán General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente testamento lo siguiente:

Primera hoja
Primero. Dejo por mi absoluta heredera de mis bienes habidos y por haber, a mi única hija, Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce.

2º. Es mi expresa voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales y, a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta su muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste, de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta, mi voluntad.

3º. El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla.

4º. Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral y, desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

5º. Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.
Segunda hoja

6º. Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz, y le ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón), si es que, a su vez, quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido. Igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

7º. Todo otro testamento o disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.
Hecho en París, a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro y escrito, todo él, de mi puño y letra. José de San Martín



Tercera hoja

ARTÍCULO ADICIONAL:
Es mi voluntad el que el Estandarte que el bravo español Don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú, sea devuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía), siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso. 



José de San Martín 



Es copia del original, que queda depositado en el archivo de esta Legación.
París, 28 de septiembre de 1850.



Mariano Balcarce.





Fuente: Archivo General de la Nación (página de facebook)

lunes, 22 de septiembre de 2014

Un Eterno Atardecer


 
Eustaquio Díaz Vélez
El general Pío Tristán, cuando regresó al campo de batalla con su tropa ya organizada, lo encontró vacío. El escenario era dantesco: cuerpos mutilados, heridos de distinta consideración gritando por ayuda, caballos agonizantes, manchones de sangre por doquier, todo ello envuelto por el humo de la pólvora y los incendios. Se colocó entonces en las afueras y desde allí envió un ultimátum: o se rendían o incendiaba la población. Díaz Vélez contestó que nunca se rendirían. Empezaron así las horas tensas de la noche del 24 al 25 de septiembre. No se sabía si intentaría probar suerte con un ataque.

El general Manuel Belgrano por su parte, se había refugiado en la estancia de Ugarte a unos 12 kilómetros del sangriento escenario, con el objeto de esperar noticias sobre el desenlace de la batalla. En un principio, creyó que habían sufrido una derrota y que la ciudad a esas alturas ya estaría tomada. Pero entonces comenzaron a llegar oficiales y soldados, quienes anunciaban el éxito de las acciones, a lo que Belgrano no quiso dar crédito de entrada. Por ello comisionó al oficial José María Paz, para que se dirigiera a San Miguel e informara de la situación, mientras él seguía reclutando la caballería gaucha dispersa, que se había cebado cazando focos de soldados relistas que habían quedado aislados durante su repliegue. 

El entonces teniente José María Paz ingresó a la ciudad y comprobó que seguía en poder de los patriotas. Narra que: había cerca de 500 prisioneros, 5 cañones, armamento y muchos jefes de nota tomados al enemigo. La plaza estaba fuerte: las azoteas y casas inmediatas estaban ocupadas por nuestras tropas; los fosos y calles, bien artillados y guarnecidos; finalmente, todos resueltos a la más vigorosa defensa . Ello cambió toda la visión que tenía hasta entonces, la posibilidad de un impensado triunfo se manifestaba allí de manera patente. El mayor general Díaz Vélez le encargó informara de todo esto al general Manuel Belgrano, a efectos de que retomara el mando. 

Mientras se preparaba su caballo, cuenta Paz que, se anunció un parlamentario del enemigo, y efectivamente lo vi entrar a casa de Díaz Vélez, conducido del brazo por Dorrego, porque tenía los ojos vendados. Sucedía que el jefe realista Pío Tristán, haciendo un esfuerzo, intimaba rendición a la plaza. Díaz Vélez me hizo llamar para encargarme dijera al general (Belgrano) que la contestación que iba a dar era enérgica y negativa. Tristán amenazaba incendiar la ciudad y, según oí, se le contestó que en tal caso los prisioneros serían pasados a cuchillo. Entre estos estaban los coroneles Barreda, primo de Goyeneche; Peralta, tan mal herido que murió esa noche; el comandante de ingenieros Alcon; el auditor de guerra Medeiros (hijo) y algunos oficiales de nota . 

A todo esto, Belgrano, con los dispersos del ala izquierda en la zona de Los Aguirre, recibió esa noche informes de Díaz Vélez -enviados por medio de los capitanes Apolinario Saravia y el referido José María Paz- acerca de la situación. Con esos datos y habiendo reunido 600 jinetes, rumbeó, la mañana del 25, hacia la ciudad.

Se acercó a los realistas por el flanco derecho y envió un mensajero a Tristán – con quién tenía un lazo de amistad, ya que habían estudiado juntos en España- solicitándole que capitulara. El realista rechazó indignado la propuesta, pero no se atrevió a entrar en la ciudad. Disparó unos cañonazos, uno de los cuales fue a caer a la torre de la Iglesia de Santo Domingo, hizo movimientos de puro aparato y, hacia la medianoche, emprendió su retirada . 

Añadir leyenda
Sin los imprescindibles bastimentos y municiones que habían sido tomados por los patriotas, le era imposible sostener el sitio de una ciudad fortificada. La noche del 25 al 26 de septiembre de 1812, Tristán se retiró rumbo a Salta, dejando tras de sí 453 soldados muertos, 626 prisioneros, además 8 cañones, 350 fusiles y 139 bayonetas, 40 cajones de municiones de artillería y 30 de fusil, 3 banderas y 2 estandartes, en manos de tropas patrias que habían quedado entre otros trofeos .

Belgrano, al entrar en Tucumán encontró un clima de total algarabía: en una batalla imposible, el mismo día del Día de nuestra Señora de las Mercedes, se había vencido a un ejército poderoso que venía a imponer por la fuerza los derechos de un rey allende los mares.

En Tucumán, se salvó entonces la suerte de la revolución emancipadora, grabando para siempre el nombre de Belgrano y de Tucumán, en la historia de la Patria.


Fuente: José María Posse- "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los Berrotarán de Córdoba

Rama Tercera - Quinta Parte

Don Francisco Javier Berrotarán y Argüello, nacido alrededor de 1798, fallecido en Córdoba el 16-9-1854 casado en 1844 con doña Francisca Borja Celman Argüello, nacida alrededor de 1817, fallecida el 11-4-1892 y enterrada el mismo día en el Cementerio Público, hija de Juan Celman García y de Josefa Argüello Molina, doña Francisca era tía del Presidente Miguel Juárez Celman

Don Francisco Javier y Doña Francisca Borja fueron padres de:

1. Don Manuel Berrotarán y Celman, fallecido de un día de vida 10-11-1845

2. Doña Belisaria del Rosario Berrotarán y Celman, Bautizada por el facultado Marcelino Berrotarán, oleada y crismada el 14-7-1849 en la Catedral de Córdoba. Siendo Testigos: Ángel Ferreyra y Felisa Carrera

3. Don Javier Eulogio Berrotarán y Celman, nacido el 15-11-1851 y bautizado el 17 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos sus tíos don José Pío de León y su esposa doña Saturnina Berrotarán

4. Don Ezequiel Berrotarán y Celman, fallecido de dos años el 18-2-1856

5. Don Daniel Berrotarán y Celman, sin más datos

Anexo

Algunos Berrotarán que no he podido entroncar:

* Ventura Berrotarán casado el 29-1-1790 en la Catedral con Dorotea Zamudio Albarracín, hija de Joseph Zamudio y Gimena Albarracín, Siendo Testigos: don Joseph Antonio de Bustamante y don  Melchor Prado, Padrinos: don Aurelio Escalante y doña Dolores Escalanta, padres de:

1. José María del Jesús Berrotarán Zamudio, bautizado de dos días el 16-10-1796 en la Catedral, siendo padrinos: don Nicolás Luque y doña María Cufré

2. Esteban Berrotarán Zamudio, bautizado de un día el 3-9-1802-9 en la Catedral, madrina: Juana María Cufré, fallecido el 24-6-1840 y enterrado en el Cementerio Público. Casado el 28-5-1828 en la misma iglesia con María Ramírez, siendo Testigos: don Dionisio Lara y María Torres, padres de:
2.1 María Salustiana Berrotarán Ramírez, nacida y bautizada el 8-6-1828 en la Catedral, siendo su madrina: María Gualberta Torres
Esteban contrajo 2das nupcias el 27-11-1837 en la Catedral con María Arrieta Molina, hija de Tomás Antonio Arrieta y Juana Rosa Molina, siendo testigos: doña María del Carmen Ocampo y María del Carmen Arrieta.

3. María Josefa Berrotarán Zamudio, bautizada el 24-1-1805, tuvo tres hijos naturales
3.1 José Inocencio del Corazón de Jesús Berrotarán, nacido el 27-12-1837 y bautizado al día siguiente en la Catedral, siendo su madrina Ramona Antonia Ríos
3.2. Juan Crisóstomo Berrotarán, bautizado el 27-1-1839 en la Catedral
3.3. Fidel Berrotarán, nacido el 24-3-1841 y bautizado al día siguiente en la Catedral, siendo su madrina su tía María Andrea Berrotarán

4. Eugenio Berrotarán Zamudio, bautizado de tres días el 7-9-1807 en la Catedral, siendo padrinos: Francisco Almada y Juana de Dios Pérez

5. María Andrea Berrotarán Zamudio, bautizada el 30-12-1812, casada el 14-9-1840 en la Catedral con Basilio Domínguez, hijo de Asencio Domínguez y Manuela Molina, siendo testigos: don Mateo Pucheta y doña Florencia Villarroel, padres de:
5.1. Eusebia Casimira Domínguez Berrotarán, nacida el 4-3-1843 y bautizada al día siguiente en la Catedral, padrinos: Juan Aguirre y Eusebia Domínguez. Casada el 29-11-1873 en la misma iglesia con Justiniano Almeida y Porcel de Peralta
5.2. Nasario del Corazón de Jesús Domínguez Berrotarán, nacido el 28-7-1845 y bautizado el día siguiente en la Catedral, padrinos: Juan Aguirre y Eusebia Domínguez.
5.3. Esteban de las Nieves Domínguez Berrotarán, nacido el 5-8-1851 y fallecido el 13-10-1895, casado 1ra con Justina xx y luego el 5-4-1875 con Agustina Palacio Miguel
5.4. Edivuges Domínguez Berrotarán, nacido alrededor e 1851, casado el 30-7-1877 en la Catedral con Felisa Sánchez Álvarez, nacida alrededor de 1853
5.5. Juan Fructuoso Domínguez Berrotarán, bautizado el 21-1-1854 en la Catedral, casado el 31-1-1883 en la Catedral con Petrona Domínguez y Ladrón de Guevara, nacida alrededor de 1861
5.6. Andrea Feliciana del Corazón de Jesús Domínguez Berrotarán, bautizada el 5-2-1860

6. María Pabla Berrotarán Zamudio, nacida y bautizada el 24-1-1817 en la Catedral, siendo madrina doña Luis Luque.

* Ramón Berrotarán en su acta de casamiento declara ser hijo de padres no conocidos y criado por don Marcelino Berrotarán (¿quizás se refiere Marcelino Berrotarán y Argüello?), se casa el 1-12-1860 en la Catedral con Rosario Altamino

Autor: Ernesto Álvarez Uriondo (ernestoau@gmail.com)

Fuentes:

1) Arturo G. Lascano Colodrero: Los Berrotarán - Linajes de la Gobernación del Tucumán - Los de Córdoba
2) Archivo Diocesano de Guipúzcoa
3) Archivos Parroquiales de Córboba, Buenos Aires y Mendoza
4) Censo Nacional de 1869 y 1895
5) Censo de la Ciudad de Buenos Aires 1855
6) FamilySearch.org
7) Aporte Fotográfico y documental de Horacio Jesús Berrotarán