viernes, 3 de julio de 2015

Penurias Revolucionarias

MANUEL BELGRANO Y BERNABÉ ARÁOZ (ENCUENTROS Y DESENCUENTROS ENTRE DOS BALUARTES DE LA REVOLUCIÓN AMERICANA) - Parte III

ALEJAMIENTO DEFINITIVO DE BELGRANO

La supuesta “negación” a Belgrano. Un gesto de honor por parte de Aráoz al insigne vencedor de Tucumán y Salta.

Nuevamente Bernabé Aráoz estaba al frente de una provincia sin recursos y nuevamente tendría que hacer uso de medidas extraordinarias para afrontar gastos urgentes. Su constante desapego a lo propio y el celo extremo por el cuidado de los recursos de la provincia fueron una constante durante su gobierno, lo que el propio Cabildo reconocerá, como veremos más adelante.

Mientras tanto el general Manuel Belgrano, ya ajeno a todos estos sucesos se encontraba muy enfermo y atacado por una gran pena y depresión. Su amigo, el comerciante José Celedonio Balbín recordaba: “ de resultas de la revolución ( del 11 de Noviembre de 1819), se vio abandonado de todos el general Belgrano, nadie lo visitaba, todos se retraían de hacerlo”.

Toda esa cohorte de lisonjeros que lo rodeaba en épocas de su jefatura en el Ejército se había esfumado. Dos razones fundamentales: una la propia naturaleza humana que generalmente abandona al héroe caído y la otra es que sus últimas medidas como gobernante, ordenando la exacción forzosa de fuertes sumas de dinero a una población empobrecida por el sostenimiento de las tropas, habían horadado fuertemente su popularidad.


Para colmo se habían agregado a su casa varios de sus antiguos oficiales caídos en desgracia a los que no podía mantener. 

Desagradado ya por su situación y sintiendo que su salud se agravaba decidió viajar a Buenos Aires y alejarse las inquinas de la ciudad aldea que era por entonces Tucumán.


Fue entonces cuando le solicitó formalmente al gobernador Bernabé Aráoz que le facilitara dinero de la caja provincial para su viaje. El 20 de febrero de 1820 el gobernador Bernabé Aráoz eleva la siguiente nota: “Al oficio del Excelentísimo S. Capitán General don Manuel Belgrano (nótese el trato respetuoso) a este gobierno de fecha 17 del corriente expresándole que desesperando invensiblemente los físicos que asisten a su curación (SIC) de un perfecto restablecimiento sino muda de temperamento con la posible anticipación, a cuyo efecto había dispuesto trasladarse cuanto antes a la ciudad de Buenos Aires, y para verificarlo pide el auxilio de dos mil pesos con concepto a que le será forzoso por las presentes circunstancias alguna detención en alguno de los puntos intermedios, se decretó lo que sigue: “ Tucumán Enero 19 de 1820. Por recibido en esta fecha para contestar y satisfacer el presente oficio del Exmo Cap. Gral. Informe el Ministro de Hacienda acerca del dinero existente en cajas”. Firma el oficio el gobernador don Bernabé Aráoz y el Ministro de Gobierno Dr. José Mariano Serrano.

El Ministro de hacienda responde al día siguiente: “El corte y tanteo de esta caja que V.S. se sirvió practicar por el mes de Diciembre último dio el caudal de seis mil noventa habidos en el y su existencia de cinco reales por razón de haberse invertido en hacienda en común 172 pesos, en gastos de guerra 2610 seis y tres cuartillos; en sueldos militares 2667 cuatro y tres octavos; en los de hacienda 596, y en los políticos 50. Y por lo que respecta al presente hay ingresado hasta la fecha treinta y siete pesos y cinco reales en suscripción voluntaria entregada de esta forma…de modo que para mi subsistencia he tenido que mendigar auxilios particulares mientras mejoraban los ingresos y éste mismo recurso entiendo han adoptado en e día los subalternos de la oficina. He cumplido con este Superior Decreto de ayer traído como a las cuatro y media de la tarde”. ( Página 61 vta, Libro copiador de informes que corresponden desde 1818 hasta 1826, Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán).-

Tal como lo prueba de manera palmaria la documentación referida y que puede consultarse públicamente, las arcas de la provincia estaban en la más completa ruina. Al momento de la solicitud de Belgrano, consta que sólo había CINCO REALES en existencia y que el Ministro de Hacienda debía literalmente “mendigar auxilios” para la subsistencia de la administración. También que el grueso de los gastos eran para atender gastos de guerra y sueldos militares…

Por tanto la acusación que muchos historiadores han proferido en contra de don Bernabé Aráoz, afirmando que NEGÓ auxilio y DESAMPARÓ a Manuel Belgrano, son absolutamente FALSAS. No se puede “NEGAR” lo que no se tiene; no existía dinero en las cajas provinciales, allí están las cuentas públicas a disposición de cualquier investigador.

Tampoco es cierto que lo desamparó pues cuando Belgrano, gracias a un préstamo de dinero de su amigo Balbín pudo viajar finalmente a Buenos Aires, el gobernador Aráoz mandó una fuerte custodia para que lo acompañara hasta Santiago del Estero, seguramente hasta el límite con Córdoba, pues allí llegaba la jurisdicción de la entonces provincia del Tucumán.

Es entonces inobjetable el hecho que Aráoz, le rinde atenciones y consideraciones especiales a un hombre que estima en verdad, más allá de sus diferencias, cuyas razones ya se explicaron anteriormente. Con el aporte de la custodia, le rendía “honores militares” y el agradecimiento del cabildo que representaba, siendo en ese momento todo lo que podía hacer por él. La provincia estaba quebrada y ningún comerciante capitalista prestaba dinero al gobierno, a no ser a fuerza de embargos o prisión.

Por supuesto que las relaciones entre Belgrano y Aráoz se habían tornado distantes desde los tiempos en que disputaban el manejo de la provincia en 1817, pero siempre se habían mantenido dentro de la cordialidad y las formas.
Insisto: el gesto de enviarle una custodia, seguramente solventada del propio bolsillo de Aráoz, muestra el respeto, agradecimiento y alta estima que sentía por el insigne patriota que marchaba ya hacia un destino incierto, sin poder conocer que ya no volverían a verse.

Autor: José María Posse

jueves, 2 de julio de 2015

Penurias Revolucionarias

MANUEL BELGRANO Y BERNABÉ ARÁOZ (ENCUENTROS Y DESENCUENTROS ENTRE DOS BALUARTES DE LA REVOLUCIÓN AMERICANA) Parte II

EL GOLPE DE 1819, BELGRANO PRISIONERO EN SU PROPIA CASA. Bernabé Aráoz nuevamente elegido gobernador.

Dn. Bernabé Aráoz
Durante todo el año de 1818, los hacendados comerciantes y productores tucumanos, continuaron solventando penosamente el soporte del acantonamiento del ejército en Tucumán.

Manuel Belgrano era muy pulcro en el cuidado de cada centavo de gastos y había ordenado además que los distintos cuerpos del regimiento cultivaran huertas propias para ayudar a su alimentación. Pero era, tal como lo señala el general Tomas de Iriarte, extremadamente duro con la disciplina. No ordenaba nada que él mismo no hiciera o cumpliera. Ningún otro general argentino fue tan frugal en sus necesidades, al punto que vestía un raído y descolorido uniforme de color verde, además del de gala que utilizaba solo en funciones importantes o protocolares. 

Exigía mucho, así como se exigía asimismo. Pero la mayoría de la población no entendía de tantos sacrificios, simplemente querían normalizar sus vidas e ingresos, lo que los apuros de la guerra impedían. Belgrano pedía sacrificios y él mismo, con su ejemplo, mostraba cuanto debía entregarse a la patria naciente.

Recordemos que la inmensa suma de dinero que se le otorgó como premio por las batallas de Tucumán y Salta fue donada por él para la construcción de cuatro escuelas. Lo daba todo a la causa, si hasta su vida personal y amorosa la había relegado por un ideal superior. Por todo ello su autoridad moral era intachable y su sola presencia infundía respeto; pero la población ya murmuraba acerca de cuando se acabaría el pesado yugo que el mantenimiento de la guerra implicaba.

Para colmo de males, a principios de 1819, Belgrano recibió la orden del Director Supremo de las provincias de marchar contra los ejércitos de los caudillos litoraleños López y Ramírez. De inmediato, y a fines de solventar la marcha, impuso dos empréstitos forzosos, uno de veinte mil y otro de cuatro mil pesos al vecindario de Tucumán y una contribución de sangre para organizar un nuevo regimiento. Todo esto terminó, lógicamente, por arruinar la economía de la provincia y crear decididamente un clima adverso a la persona de Manuel Belgrano.

Quedó al mando de Tucumán el gobernador Feliciano de La Mota Botello, quién aplicó al extremo el rigor que exigían estas nuevas exacciones. Las prisiones de vecinos principales, los embargos de bienes, caballares y vacunos se multiplicaron hasta límites nunca antes vistos. Para continuar con las desgracias la campaña culminó en un verdadero desastre, coronada con la rebelión de Arequito.
Mientras tanto, los 300 hombres que quedaron en Tucumán, más los nuevos reclutas forzados, eran tratados con inaudito rigor por el coronel José Domingo Arévalo. Este jefe, nacido en Uruguay, exageraba la severidad de Manuel Belgrano aunque, como señala Ricardo Jaimes Freire, no tenía el prestigio ni la autoridad moral del vencedor de Tucumán y Salta.

Gral. Manuel Belgrano
Los tucumanos entonces fueron sometidos a normativas de severidad inauditas que venían de las antiguas ordenanzas españolas y que, entre otras cosas, disponían el toque de queda por el cual todos los habitantes de la ciudad debían encerrarse en sus casas bajo pena de multa y de cárcel. Los gestores de tantos abusos y atropellos eran el gobernador de la Mota Botello y el jefe del destacamento Arévalo.

Con éste estado de cosas, era lógico que los oficiales de la guarnición tramaran una insurrección, seguramente en connivencia con hombres de importancia de la vida cívica y económica de la provincia.

PRISIÓN DOMICILIARIA DE BELGRANO

En esos días volvió a Tucumán el general Manuel Belgrano, enfermo y abatido al presuponer que los sucesos de Arequito iban a ocasionar un estallido sin precedentes en las antiguas provincias del Río de la Plata. Pudo haberse dirigido a Buenos Aires, pero circunstancias personales lo regresaron a su ciudad adoptiva.

Cansado y deprimido fue a reposar a su humilde casa en las cercanías del Campo de las Carreras. Allí recibía a unos pocos íntimos y a su pequeña hija de meses, fruto de su amor con doña Dolores Helguero. Pero su estrella en Tucumán se había opacado, pues como ya vimos, la severidad de sus últimas medidas al frente del ejército lo habían alejado de la estima popular.


Por ello no es de extrañar que en la sublevación que estalló el 11 de Noviembre de 1819 fuera él uno de los primeros en ser detenido por los insurrectos, todos ellos capitanes de los regimientos acantonados en Tucumán encabezados por Abraham González, Felipe Heredia y Manuel Cainzo. En una rápida maniobra, apresaron también al gobernador de La Mota Botello y al odiado comandante José Domingo Arévalo.

Manuel Belgrano no fue engrillado como era de costumbre en estos casos debido a su enfermedad.Tenía los pies muy hinchados y no representaba peligro alguno para los complotados pues se encontraba en un delicado estado de salud. El médico personal del general porteño hizo entrar en razón a los sediciosos quién en respeto y consideración no le ocasionaron mayores incomodidades. Pero debió pasar por una humillación totalmente inapropiada para un hombre de su entidad. El jefe revolucionario dejó un centinela en la puerta de Belgrano y allí terminó la cosa.

Neutralizados los tres jefes de la plaza, los revolucionarios nerviosamente se dirigieron al Cabildo para deliberar sobre la situación creada en la provincia y garantizar la paz y el orden. 

La mañana del 12 de Noviembre concurrieron el alcalde de segundo voto don José Víctor Posse, junto al regidor de policía don Francisco Javier Avila y el regidor de fiestas José Mur, entre otros, quienes trataron el oficio de los complotados en donde manifestaban que: “ ciertos acontecimientos relativos a los intereses generales de la nación los habían obligado en la noche precedente a separar del gobierno al señor don Feliciano de la Mota Botello y en consecuencia, exigían de la municipalidad que a fin de no dejar al pueblo en anarquía, se encargara ella del mando político, en tanto que se proveía ese empleo en la persona que conviniera”.

La situación era sin dudas muy complicada para esos hombres con conocimientos jurídicos rudimentarios. La casualidad fue que justamente se encontraban en Tucumán los camaristas de Charcas don Silvestre Icazate, con José de Ulloa y don Mariano Serrano. El Cabildo los convocó junto a los abogados tucumanos don Domingo García, don José Serapión de Arteaga y don Juan Bautista Paz a efectos de analizar la situación y buscar una salida legal al asunto. Reunidos los asesores concluyeron dictaminando que, cediendo a las circunstancias y para evitar mayores males y disturbios se debía aceptar la propuesta de los sediciosos y el cabildo debía hacerse cargo del gobierno interino de la provincia. Asimismo se informó de lo sucedido al Congreso de las Provincias Unidas y al Director Supremo del Estado. Se formó una comisión de enlace entre el Cabildo y los complotados, compuesta por Posse, García y Arteaga. También se convino llamar a la ciudad a una serie de ciudadanos importantes que se encontraban en sus campos a efectos de ponerse al tanto de los sucesos que eran de interés común. Entre los convocados estaba por supuesto Bernabé Aráoz, uno de los tucumanos de mayor prestigio de la provincia. Una nota que se conserva en el Archivo Histórico de la Provincia en el libro copiador de oficios del Cabildo (Vol 26, Sec Ad.), dice lo siguiente: “Al Sr. Coronel Mayor Don Bernabé Aráoz. Conviene a la pública tranquilidad y a los intereses de la nación que V.S. tenga la voluntad de apersonarse con la mayor brevedad posible en esta capital y al efecto se le hace una Diputación por medio de un regidor. Dios guarde a Ud. Noviembre 12 de 1819”.

BERNABÉ ARÁOZ GOBERNADOR INTERINO

Si bien quedó al mando de la provincia el regidor José Víctor Posse, quién tomó medidas para comenzar a gobernar, pronto quedó claro que la situación no podía sostenerse sin el sometimiento de los complotados a una autoridad que les garantizara que sus hechos recientes nos les acarrearía mayores dificultades personales. No desconocían la gravedad de las posibles consecuencias de la asonada que habían protagonizado.

Llamados nuevamente los capitulares y vecinos principales al cabildo se tomó la decisión de solicitar a don Bernabé Aráoz, a la sazón el militar de mayor grado en la provincia, que se hiciera cargo del gobierno. Se consideraba que era el único que podía someter a los sediciosos por el peso de su prestigio y del apoyo de los gauchos veteranos de las batallas de Tucumán y Salta, quienes lo veían como su líder natural.

Aráoz en principio no aceptó pues ya había decidido dejar la cosa pública de lado, su fortuna personal se había visto seriamente comprometida y le dolía la ingratitud; pero ante la insistencia aceptó con la única condición de que sería relevado de su cargo en cuanto el supremo gobierno eligiese a otra persona para desempeñarlo.

Con ello queda claro que Bernabé Aráoz llegó nuevamente al gobierno “elegido de manera popular” por los cabildantes y de “manera unánime”, aunque provisoria hasta que la autoridad superior eligiera a su sucesor…lo que nadie contaba por entonces era que poco tiempo después el Directorio caería y no existiría ya una autoridad superior en el país que pudiera nombrar su reemplazante.
Como reflexión cabe entonces establecer que el golpe de 1819 fue la consecuencia de un sinnúmero de situaciones que habían exasperado los ánimos tanto de los tucumanos como de las tropas emplazadas en La Ciudadela. Años de exacciones forzosas a los comerciantes, industriales y hacendados, sumado al trato de rigor de Mota Botello y la brutalidad de Arévalo, tanto a militares como a civiles hicieron eclosión esa noche. 

Pero está claramente establecido por los hechos y probado por la documentación obrante, que en ningún momento Bernabé Aráoz tuvo que ver ni directa ni indirectamente con el movimiento. No se encontraba en la ciudad y aceptó hacerse cargo del gobierno luego de muchos ruegos y de manera transitoria.

Fueron hechos ajenos a él y que nadie podía preveer, como fue la caída del Director Supremo, los que desencadenaron los sucesos posteriores que ocasionaron la ascensión de ésta cuadillo popular, al rango de Presidente de la República del Tucumán.

Tampoco él tuvo nada que ver con el arresto de Manuel Belgrano en su habitación; no comandaba tropas y hacía dos años que había dejado cualquier actividad política, enfrascado en sus haciendas, negocios y en la atención de su familia. Mal podía ordenar medidas tan extremas una persona sin mando directo sobre los capitanes que actuaron esa tumultuosa noche.

Por su parte, Manuel Belgrano pronto recuperó la libertad ambulatoria, pero su autoridad ante la población civil se había deteriorado. Como suele ocurrir en casos similares, se hizo leña del árbol caído y allí surgió evidente aquello tan humano como la envidia y el revanchismo de algunos. Sumado a ello, la enfermedad lo tenía abatido y sin fuerzas. 

Lo que Manuel Belgrano no entendió es que a pesar de su ejemplo, no todos aceptaban los sacrificios que él ofrecía a diario al ideal por la libertad. 

Para concluir, se debe tener siempre presente al momento de interpretar un acontecimiento histórico, el contexto en el cual se desenvuelven los hechos y sus protagonistas. Manuel Belgrano cumplió a rajatabla su labor castrense y Bernabé Aráoz intentó hacer lo mismo como gobernador de Tucumán. Las circunstancias los alejaron, pero nunca se perdieron el respeto y la estima mutua. 

Autor: José María Posse

miércoles, 1 de julio de 2015

La Encrucijada de Burruyacú, lugar histórico en el "Camino Belgraniano"

En los primeros días de Septiembre de 1812 Manuel Belgrano, con el Ejército del Norte, venía en retirada desde Jujuy con rumbo a Córdoba, con la orden del Triunvirato porteño de abandonar las provincias del norte a la ira de los realistas, quiénes avanzaban ajusticiando de manera cruel a los revolucionarios.

Los jujeños, en su éxodo, habían abandonado sus posesiones más preciadas y acompañaban a su General en esa penosa marcha.

La situación para Tucumán era de extremo peligro, ya que era conocido el apoyo del Cabildo y del pueblo tucumano al Movimiento de Mayo.En ninguna otra parte sería tan duro el escarmiento como en San Miguel de Tucumán; por ello muchos abandonaban la población, rumbo a sus estancias o a provincias vecinas.

En 1869, el general Rudecindo Alvarado en carta a una de las hijas de Bernabé Aráoz, narraría lo ocurrido en esos días. Alvarado estaba en Tucumán, cuando se supo de la retirada de Belgrano, por ello evocaba:

"envolvía la convicción de la superioridad de las fuerzas realistas, de la debilidad de las independientes y, lo que era más afligente, se desconocía el punto hasta donde podría ausentarse nuestro pequeño ejército, con lo cual se temía que la retirada fuera hasta la propia Buenos Aires y no hasta Córdoba. Fue en esos momentos de nerviosismo general que llegó a Tucumán el teniente coronel Juan Ramón Balcarce, enviado por Belgrano. A poco de arribar dispuso que todos presentaran las armas que tuviesen. Se le entregaron las escopetas, sables, pistolas y hasta espadines de los cabildantes, de lo que se apoderó el señor Balcarce sin más excepción de mi sable y pistolas, que como oficial me fueron devueltas. La requisa, añade la carta, exaltó a los ánimos de los patriotas tucumanos, y muy notablemente el del señor Bernabé, padre de usted, en cuya casa se practicó una reunión de vecinos y se acordó por unanimidad nombrar una comisión cerca del comandante Balcarce. Esa comisión formada en casa de Aráoz, debía manifestarle el disgusto del vecindario por el hecho de desarmarlo e inutilizarle así los esfuerzos generosos que ofrecerían, si el ejército se resolvía a ayudarlos en la defensa. Al encontrarse con el general porteño, ( EN EL PARAJE DE LA ENCRUCIJADA, ACTUAL DEPARTAMENTO DE BURRUYACU), éste pidió mil hombres montados y una suma de dinero, y el señor don Bernabé contestó que en lugar de mil serían dos mil lo que ofrecía, y en cuanto a la suma de dinero, dijo que sería llenada inmediatamente. Ello fue en sí, lo que decidió a Belgrano a presentar batalla". 

(ACOMPAÑABAN A BERNABÉ ARÁOZ, EL SALTEÑO RUDECINDO ALVARADO, PEDRO MIGUEL Y CAYETANO ARÁOZ, TAMBIÉN SE ENCONTRABA EUSTAQUIO DÍAZ VÉLEZ ARÁOZ).

Alvarado terminaba su misiva con la siguiente reflexión: "el patriotismo tan puro como heroico del padre de usted, su bien merecida influencia y los medios que nunca economizó en defensa de la patria, le dieron títulos de honor que ojala hubieran sabido apreciarse."

Fue entonces en LA ENCRUCIJADA, donde Belgrano tomó la histórica determinación de desobedecer las órdenes de Buenos Aires y jugarse al todo o nada en una batalla imposible de ganar. 
Ese día comenzaba una gesta que, tras las Batallas de Salta y Tucumán, concluirían cuatro años más tarde en la Declaración de la Independencia Argentina, un 9 de Julio de 1816, en Tucumán, DÍA DEL NACIMIENTO DE NUESTRA PATRIA COMO NACIÓN SOBERANA ANTE LAS DEMÁS NACIONES DEL MUNDO.

Autor: José María Posse

martes, 30 de junio de 2015

Penurias Revolucionarias

MANUEL BELGRANO Y BERNABÉ ARÁOZ (ENCUENTROS Y DESENCUENTROS ENTRE DOS BALUARTES DE LA REVOLUCIÓN AMERICANA) Parte I.

Entre los años 1816 y 1817 el gobernador Bernabé Aráoz tuvo que encausar todos los recursos provinciales para atender la costosa atención al Ejército del Norte, que había sido acantonado en Tucumán en su totalidad y a la Fábrica de Fusiles que funcionaba al este de la ciudad. 

En La ciudad Arribeña (1920), el historiador Julio P. Ávila transcribe el contenido de oficios que remitía el gobernador de Tucumán, al poder central, en 1816. Ellos testimonian la dramática situación económica de la provincia. 

El 3 de octubre de ese año, por ejemplo, Aráoz decía que no le era posible pagar el préstamo de 10.000 pesos de José María Orueta al general Pueyrredon, cuando este era jefe del Ejército del Norte, para la marcha a Jujuy. "El Ejército absorbe enormes sumas; ya no tengo más recursos, ni con qué contar que los muy exiguos de la provincia, hecha un esqueleto, terminados todos sus haberes y producciones a un solo fin, que ha sido la salvación del país. El empréstito que se había dispuesto, no ha podido llenar los distintos objetos de su inversión, sujeto a este solo ramo. Por eso y porque el tesoro público se halla en nulidad, juzgo dificultoso en estas cajas aquel pago. A pesar de todo, no dejaría de arbitrar todos los medios que caben, en lo posible, para cumplir las órdenes de pagar." El 26 de octubre, reiteraba la imposibilidad del pago a Orueta, a quien se debía aún 9.000 pesos. No quisiera decirlo, pero V.E. es testigo del estado de pobreza en que han caído este pueblo y sus hombres. También considero a V.E. en igual caso de necesidad, por los ingentes gastos que demanda la salvación del país. El interesado clama por el reintegro de su crédito y yo no puedo aliviarlo .

BELGRANO NUEVAMENTE AL FRENTE DEL EJÉRCITO:

Otra situación vino a sacudir la modorra provinciana. Nuevamente Manuel Belgrano se haría cargo del Ejército del Norte y el Congreso de inmediato lo designó “Capitán General” de la provincia, en sesión del 13 de Agosto de 1816. Con ello comenzó a gestarse un conflicto de poderes ya que, al no estar definidas las competencias entre el gobernador de Tucumán y la antigua figura jurídica de “Capitán…” que le asignaron al general porteño, los desencuentros lógicamente comenzaron a manifestarse.

La cuestión era muy clara, Belgrano naturalmente buscaba canalizar los exiguos recursos provinciales en la atención del ejército que comandaba y Aráoz por su parte priorizaba los reclamos de los vecinos, extenuados por tener que soportar el peso de la carga de mantener durante tanto tiempo las tropas acampadas a las puertas de su ciudad.

La tirantez entre Belgrano y Aráoz apenas se disimulaba. El primero exigía prioridad a la atención de las tropas, a las que había que alimentar, vestir y pagar; el segundo debía gestionar pobreza para mantener mínimamente una administración de gobierno. Consta que de su propio peculio encaró la obra del canal que trajo el agua desde el Manantial al centro de la ciudad de San Miguel. Una obra costosa pero a estas alturas de la historia de la ciudad, imprescindible. También comenzó a empedrar las calles, por entonces un colchón de tierra en invierno y un lodazal en verano, mejorar la iluminación de las calles y atender la salud de la población. 

Pero eran otras las cuestiones que apuraban al general Belgrano quién reclamaba incansablemente se diera prioridad a la atención de las tropas a su mando. Tan es así que el 20 de septiembre envió una nota al Director Supremo donde hacía conocer su queja y malestar contra el gobernador Aráoz a quién acusa de privarle de los auxilios con que debiera contar. Incluso llega a amenazar que se veía en la precisión de retirar el Ejército, sino se tomaba la providencia de separar a dicho gobernador. Claro que la respuesta de Bernabé Aráoz no se hizo esperar. En su nota al Director informaba que su negativa de a suministrar el jefe del Ejército se debía al estado ruinoso de la economía de la provincia, también manifestaba que sólo a él como gobernador le cabía la responsabilidad de la distribución del tesoro público, no reconociendo otro jefe que el Director. Advertía, eso sí, que estaba listo para franquear a la Caja Militar todos los fondos que se pidieran. 



Estos sucesos enturbiaron las relaciones entre ellos y es lógico que así ocurriera ya que las esferas de su mando no estaban delimitadas. Asimismo la larga permanencia del ejército en Tucumán se hacía ya insostenible para la población. 

Las asperezas continuaron con el pago del sueldo a los oficiales y temas de como debían conducirse los escasos recursos de los que se disponía.

En el mes de Febrero de 1817 el Congreso celebró su última reunión en Tucumán y se trasladó a Buenos Aires, lo que contribuyó a dar oxígeno económico al gobernador Aráoz.

El 6 de octubre de 1817 don Bernabé terminó su período como gobernador, muy desgastado ya por tantos años de manejar la cosa pública apelando a medidas extremas.

El propio general Manuel Belgrano, dejando atrás desencuentros, en un emotivo discurso hizo su elogio en elevados términos cuando entregó Aráoz el gobierno de la provincia a su sucesor el coronel de milicias de Catamarca Feliciano de la Mota Botello; en presencia de los magistrados de la ciudad Belgrano manifestó: "Doy las gracias por mí y a nombre de la nación al gobernador saliente por los distinguidos servicios que ha dispensado al ejército auxiliar y por el empeño, actividad y celo con que ha sabio sostener el orden, la subordinación y respeto a las autoridades constituidas en las más tristes y apuradas circunstancias de verse el país amenazado por ejércitos enemigos y por las interiores oscilaciones, que sin vulnerar el orden de la provincia del Tucumán llegaron a tocar sus límites, por lo que recomiendo al señor gobernador entrante este mérito que lo hace digno de las mayores consideraciones". 

Seguidamente se tomó juramento a su reemplazante el coronel Feliciano de la Mota Botello. 
Hombre de confianza de Belgrano, el nuevo gobernador sumió a los ya atribulados comerciantes y hacendados de la provincia en una pesadilla de impuestos y exacciones al giro comercial que pronto lo volvieron sumamente impopular.

Bernabé Aráoz por su parte se retiró a la vida privada y a rehacer sus intereses económicos descuidados en tantos años de luchas y trajinar en el gobierno de su provincia.
Llevaba consigo la satisfacción de haber dejado sus mejores esfuerzos por la Patria que nacía y un dejo de amargura por el desagradecimiento de muchos y las críticas groseras de otros.
Se le acusa de no haber apoyado de manera aún más eficaz la lucha por la independencia, sin pensar que administraba una provincia totalmente arruinada por tantos años de soportar prácticamente en soledad las cargas económicas que significaba alimentar, vestir y pagar sueldos a un ejército que en cantidad llegó a significar más de la mitad de la población total de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Para la época eran más de 2.500 hombres y animales apostados en La Ciudadela.
Aráoz no podía seguir exigiendo más sacrificios al puñado de vecinos de la ciudad y de la campaña, quienes además eran sus parientes y amigos, sus paisanos de toda la vida y que venían a diario a expresarle que hacían ingentes esfuerzos por sobrevivir ellos mismos. Con ese extraño sinsabor se retiró a su estancia de Monteros, los siguientes dos años se alejó totalmente de la cosa pública y evitó entrometerse en política.

Autor: José María Posse

lunes, 29 de junio de 2015

El significado de los apellidos Mayas en Yucatán


Ac: (Ak), tortuga, enano.
Baas: petaca, baúl.
Bacab: (bakab), comediante.
Bak: (Bak') carne circundante.
Balam: jaguar.
Batún: hacha de piedra, granizo.
Cab: (kab) Tierra, miel.
Camal(Kamal) dos ocasiones.
Can: (kan) serpiente, número cuatro.
Canché: (kanché), serpiente de palo, cama.
Canek: (kanek') estrella del cielo.
Canul: (kanul) rocío del cielo.
Catzim: (katsim), un árbol (Acacia gaumerii).
Cauich: (kawich), dos rostros.
Ceh: (keh), venado.
Cen: (ken), yo.
Cetz: (ketz).
Cex: (kex), exitación, vosotros.
Cimé: (kimé).
Cob: (Kob), maíz picado.
Cocom: (kokom) oidor, planta trepadora con flores amarillas.
Coh: (koh) puma, caro, costoso.
Cool: (kook) maldad, travesura.
Couoh: (kowoh) araña negra ponzoñosa.
Cupul: (kupol).
Cutz: (kutz) pavo montés.
Chablé: lazo extendido.
Chac: (Chak), lluvia, rayo.
Chalé: del verbo lavar.
Chan: pequeño.
Chay: una planta (jathropa aconitifolia).
Chí, nancen, boca, orilla, orla.
Chim, bolsa, escroto.
Chú, calabaza, quemado.
Chuc: (Chuck), carbón.
Chhel (Ch'el) un pájaro.
Ek: (Ek') estrella.
Euan: (Ewan).
Hau, dejar, cesar.
Huchím: (Huchi) del verbo o moler.
Iz (Is) camote.
Kantún (K'antun), piedra amarilla; lecho de piedra.
Keb (K'eb), abrir suavemente; una planta, (Psittacanthus americanus).
Ku (K'u), indio, nido).
Kutz (K'uts) tabaco.
Kuyoc: (K'uyoc).
Matú, regalado u obsequiado de persas o abalorios.
May, casco, terso, espeso.
Maz o Maaz (Maas) grillo.
Mex, barba, pelo.
Miis: barrer, limpiar.
Moh, brasero, dormir junto al fuego.
Mucuy: tortolito.
Na: Casa.
Nabté, lanza, dardo.
Nah, merecer  ser digno de algo.
Nayal, inclinarse, caer, ser olvidado.
Noh, grande, majestad, mano derecha.
Nuch, unir los cabos de algo.
Och, zorro.
Pacab (Pakab) banca, dintel.
Pat, constructor, fabricante.
Peech, duro rígido, sostén.
Pech, garrapata.
Pol, cabeza, cincelar, taller.
Pot o Poot, el que agujera.
Puc (Puk), desmigajar o desmenuzar.
Puch, acción o efecto de despachurrar.
Tah, una planta (Viguiera delante).
Tamay, una planta (Zulania rossovieae).
Tun, piedra preciosa; en voces compuestas significa simplemente piedra.
Tuz (Tus) imitar, mentir, inventar.
Tzab (Tsab), una constelación; el cascabel de la serpiente.
Tzamá (Tsamá), superior.
Tzek (Tsek'), calavera.
Uc (Uk) cabra.
Ucán, árbol no identificado.
Uicab (Wikab).
Uitz (Wits), cerro, montaña.
Uxul, lo último.
Xiu, yerba.
Xol o Xool, báculo, hincar o fijar algo en el suelo.
Xul, término, punta.
Yah, dolor.
Yoc (Yok), agujerear, perforar.
Dzab (Ts'ab).
Dzal (Ts'al) oprimir con la mano.
Dzib (Ts'ib) escritor, pintor.

Dzul (Ts'ul), noble, extranjero, señor.

Fuente: MeridadeYucatan.com

lunes, 22 de junio de 2015

Revista Historia para Todos, Nº1


HISTORIA GENERAL
11 | Un acercamiento al estudio de la Estructura III (EIII) de Calakmul, Campeche, México.
Víctor Barrera Alarcón
19 | Derribando mitos fundacionales: Mantzikert y Myrio Kephalon.
Guilhem Walter Liberali Martin
29 | Ser y Parecer. La Construcción de una Identidad a través de imágenes y semejanzas.
Francisca Carocca Peñailillo
37 | “A Punta Alta cantemos un himno”: reproducción del discurso histórico hegemónico en la historia
aaaalocal de una ciudad bonaerense.
Gustavo Marcelo Chalier
43 | La Nueva Canción Chilena: “De Canción rebelde a Canción disciplinada, una Historia de Transagresiones
y Subordinaciones”, 1960-1973.
Gabriel Sebastián Veas Román
HISTORIA DE TUCUMÁN
55 | “Vir gravis et prudens et in negotiis magni momenti expertus, magnus concionator: Julián de
Cortázar al servicio de Dios y del Rey en el Tucumán (1616-1621)”
Daniela Alejandra Carrasco
67 | Revolución y conflicto institucional. Jurisdicción y competencia en las disputas entre el Cabildo
y la Junta Subordinada en San Miguel de Tucumán (1811-1812)
Vanesa Alejandra Balcarce
75 | El Tucumán “antiguo” en el presente: intersecciones de calles en dos momentos (1935 y 2015).
Agustín Haro
SECCIÓN RESEÑAS
76 | Villaroel González, Oscar / Los Borgia, Iglesia y poder entre los siglos XV y XVI
Sílex, Madrid, 2005, 361 pp. / ISBN 84-7737144-X.
Ruben Almarza González
80 | Sara Peña de Bascary / “Jesuitas en Tucumán al filo de la expulsión”
Revista de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, número 6, 1994, pp. 113 – 138
Julio Javier Córdoba

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jueves, 18 de junio de 2015

Revista Historia para Todos

El jueves 25 de junio a las 20, en el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, 25 de Mayo 487, se presentará el primer número de "Revista Historia para Todos: claves para entender nuestro tiempo".

La publicación surgió de la inquietud de Agustin Haro, Facundo Chaile y Julio Córdoba, estudiantes de la carrera de Historia de la Universidad Nacional de Tucumán, movidos por la necesidad de brindar un espacio abierto, que permita a estudiantes comenzar a insertarse en el mundo de la investigación, y a la vez darles a profesionales de distintas universidades la posibilidad de difusión de sus trabajos.

El objetivo es publicar en forma periódica una revista de divulgación histórica, con un alcance general, desde una perspectiva provincial y regional.

Página Oficial: Revista Historia para Todos