viernes, 24 de octubre de 2014

El 30 de abril de 1779, a instancias del procurador general de la ciudad, el Cabildo de Córdoba encomendó al alguacil mayor, don Nicolás García Gilledo, se trasladara hasta la estancia de Alta Gracia –que tras la expulsión de los jesuitas había sido comprada por el maestre de campo don José Rodríguez–, para interrogar a una negra esclava llamada Lucía Trejo acerca de su edad. Esto por cuanto era tradición común que había pertenecido al obispo fray Fernando de Trejo y Sanabria, quien la habría donado junto con sus bienes para la fundación de la Universidad ¡en el año 1613!

Acompañado de una calificada comitiva, García Gilledo inició su tarea el 15 de mayo. En su informe la describe minuciosamente, destacando “las menudas arrugas y sequedad de su rostro, en el que sólo se toca la figura de los huesos y el pellejo, sin ninguna carnosidad”.
Su cara es larga –sigue diciendo–, su nariz gruesa y chata en el extremo. La boca grande y los labios no muy levantados a causa de la sequedad de la cara (...) las orejas tiene crecidas, la frente espaciosa, el cabello torcido como los demás negros, en el celebro blanco, en lo alto de la cabeza declinando a amarillo. No le falta en la boca más que las cuatro muelas que salen las últimas, con un diente. Todo lo demás tiene cabal, pero tan gastados, que se hallan parejos con las encías.

Cuenta que no puede permanecer de pie por la debilidad de las piernas, a pesar de lo cual hila y tisa lana y algodón, y “aún así se ocupa en el ministerio de partear, ejerciendo con fuerzas suficientes, así sentada”. “Tiene el pulso tan fijo –agrega– que habiéndosele servido con una taza de sopa y caldo de más que media porción, teniendo la taza en el suelo las acabó por su mano con la cuchara sin derramar gota de caldo”.

Tenía la muñeca derecha lesionada a causa de una fractura que sufrió años atrás en la estancia de La Candelaria, a donde la llevaron de cocinera con motivo de la visita de un obispo.
Los brazos tiene bastante robustos, pero tan secos, que no se le encuentra en ellos carnosidad alguna más que los tendones y nervios con el hueso y cutis en menudas arrugas. Las manos igualmente secas y en las coyunturas de los dedos, por la parte de arriba, unos nudillos que parecen descoyuntados.

Su memoria flaqueaba, pero repitiéndole las preguntas y dejándola descansar, respondía correctamente. Aunque no recuerda su edad, dice que nació en Córdoba y que su primer amo fue el obispo Trejo, al que describe como “bastante alto, no muy grueso” y vestido de hábito franciscano. Afirma que cuando Trejo murió –lo que ocurrió en diciembre de 1614– ella tendría unos diez o doce años.

Vivió siempre en Alta Gracia y se casó con el negro Miguel, con el que tuvo cinco hijos, dos de los cuales, llamados Juana Inés y José, se casaron y le dieron nietos, bisnietos y tataranietos, a los que no recuerda bien. Padeció “varias enfermedades violentas” y cuando era moza, casi todos los años la sangraban.

Interrogados varios negros y negras viejos de la misma estancia “que algunos pasan de cien años”, todos coinciden en que ella es mucho más vieja y que siempre la han tenido por esclava del obispo Trejo, de allí su apellido. Una negra llamada Manuela “que no se duda exceda los ciento veinte años, muy cabal en sus sentidos”, asegura que cuando tuvo uso de razón Lucía era ya una mujer mayor. A su vez ésta dice que la Manuela nació en sus manos y es su ahijada “y lo mismo dice de todos los demás viejos”.

El 17 de mayo termina García Gilledo su informe, que firman todos los que lo acompañan, afirmando que Estas son todas las razones que se encuentran para persuadir que se acierta la edad, y que según buena razón, no baja en el día de ciento y setenta y cuatro o ciento y setenta y cinco, que es cuanto se debe exponer con la sinceridad  que pide la buena razón.

Fuente: Adecirverdad.com

jueves, 23 de octubre de 2014

El 56% de los Argentinos tiene antepasado indígena

Lo revela el mapa genético de Argentina, un estudio de expertos de la universidad de Buenos Aires.

Lo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro.
Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. “Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser”, dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras.

A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho.


El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones.

Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo.

En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. “De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo”, dice Corach.

Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%).

La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo.
La sorpresa para Corach se explica así: “Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo”.

El científico sostiene que “la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal”, explica. “Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo”.

El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso “de dónde venimos” de la humanidad.

En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la “Eva mitocondrial”, una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y.


Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo.

lunes, 20 de octubre de 2014

Censo de 1855

Este censo del año 1855 forma parte de la memoria colectiva de la República Argentina. Es una colorida semblanza de aquéllos que nos precedieron, con todos sus datos personales, oficios y profesiones. Una excelente fotografía de la época, que nos revela cómo estaba compuesta la sociedad del Buenos Aires de entonces. Es un instrumento útil para quien busca sus raíces, sus ancestros, o para demógrafos, sociólogos e historiadores. Y es, sin duda, un documento de inestimable valor. Aporta la presencia de un pasado que nos explica y nos contiene. 

Este particular sitio en sus diferentes secciones nos por porciona información detallada sobre la división eclesiástica en 1855 y también de 1769, también la cantidad de personas por cada parroquia y la composición étnica de la misma.


También nos brinda datos interesantes sobre los personajes ilustres que fueron censados, sobre datos curiosos como soldados de 13 años y de 65 años, entre otros

Sitio: Censo 1855


sábado, 18 de octubre de 2014

Primer matrimonio civil en Argentina

Luis Tabernig
En períodos de tanta discordia uno busca aquellos modelos que sirven para iluminarnos los caminos de salida. Había escuchado hablar de la historia de dos habitantes de la ciudad de Esperanza, Provincia de Santa Fé, que lograron realizar una acción sin violencia, con equilibrio, con razón, con convicción y ahora se la acerco a aquellos que no la conocen. La ilustro con el color de los campos de Esperanza que siempre me han conmovido al pasar por allí. Quizás fuera el nombre del lugar.
Los primeros habitantes de Esperanza fueron inmigrantes de habla alemana y francesa. Junto con su lengua vinieron con sus religiones. Durante el trazado original se dividieron las secciones del trazado en la Este, de habla francesa y en su mayoría católicos romanos, y la Oeste, de habla alemana, de mayoría protestante.
Alrededor de 1870 el herrero protestante Alois Tabernig (viudo con tres niñas) y la católica Magdalena Moritz se enamoran y quieren casarse pero se encuentran impedidos por tener religiones diferentes. No existía el Registro Civil y el único que casaba lo hacía por la iglesia católica y se negaba a hacerlo.
Luis Tabernig recuerda una vieja tradición alemana, y con permiso de la Municipalidad plantó un árbol muy alto, equidistante de las iglesias católica y protestante del pueblo, donde colgó un letrero que decía: Árbol de la libertad. Después, de acuerdo con los padres de Magdalena Moritz, notificó a todos los vecinos de Esperanza invitándolos a reunirse el domingo a la tarde en la plaza donde se tratarían importantes asuntos para la colonia, así decía el mensaje.
A las 5 y media de la tarde apareció Luis, el novio, con traje dominguero, llevando a la novia fuertemente del brazo. Se acercó al árbol, se subió a un banco y contó las causas por las cuales no los dejaban casar. A continuación pidió a los presentes fueran sus testigos para tomar como esposa a Magdalena, asegurando que los hijos que nacieran serían considerados legítimos y reservándose el derecho de celebrar en la iglesia el acto, tan pronto como lo permitiese el señor cura.
Al día siguiente se apersonó el cura en la casa de los novios, para decirles que estaban en pecado ya que el matrimonio no tenía validez. Luis Tabernig lo acompañó hasta la puerta diciéndole: “Padre: no trate de enemistarme con mi esposa, ya que para mí la familia es lo más importante“. El obispo de Paraná debió reconocer al matrimonio y a las pocas semanas la pareja se casó en la iglesia de Esperanza por segunda vez.
Esta es una real historia de Amor que dio Esperanza en sus primeros años de existencia.

Alois de su 1er matrimonio fue padre de: Magdalena, Catalina y Regina; y de su 2do enlace con Magdalena fueron padres de: Margarita, Sofía, David, Juan, Felipe,

Para 1895 el matrimonio Tabernig-Moritz residía en Paraná Entre Ríos con Felipe, en menor de sus hijos


Fuentes:

1. "Quién es Ella en Santa Fe Tomo 1", Gloria de Bertero
2. Censo de 1869
3. Censo de 1895



Diferencia entre la Nobleza y la Hidalguía


Para encontrar la diferencia entre estos dos conceptos tenemos que repetir aquí la definición de la Hidalguía que nos da el rey Sabio: “Hidalguía es Nobleza que viene a los hombres por linaje”.
Esta definición nos da la primera diferencia: La Nobleza es un concepto amplio, la Hidalguía es una parte específica de ella.
El propio Rey nos dice que los soberanos “pueden dar honra de fijosdalgos a los que no los fueran por linaje”, o lo que es lo mismo, que los reyes pueden crear nobles, pero no pueden hacer hidalgos, porque no tienen poder para transformar la calidad de las generaciones anteriores al que pretende honrar; esta es la segunda diferencia que hallamos entre ambos conceptos, la forma de adquirirla.
(Heraldica y genealogía Hispana de Julio de Atienza)

martes, 14 de octubre de 2014

Un francés que fue gobernador en Tucumán

Entre los misteriosos personajes que tuvo Tucumán, se encuentra el francés Juan Bautista Bergiere, quien fue Gobernador de la provincia durante cuatro días

Acta de Bautismo
Don Juan Bautista Bergiere, fue bautizado en Olorón, Francia, el 14-4-1788, siendo hijo legítimo de don François Bergiere Laplace y de doña Elisabet Labrune Camps, no se sabe cuando llegó a Tucumán, ya en 1819 aparece realizando actividades, fue sombrero, alrededor de 1829 se casó con doña Bernabela Villagra Medina, sobrina y una de las herederas del fomoso Cura don José Antonio Medina, revolucionario del Alto Perú, y constituyente nacional en 1826, con quien tuvo los siguientes hijos: Luisa Isabel; Clorinda; Isabel Clorinda; José Manuel;Juan Bautista casado Mercedes Gache Espinosa, son sucesión; Juan Isidro casado con María Josefa Picado, con sucesión; Juan Federico casado con Dolores Rual; y Mercedes Bernabela.

Gregorio Aráoz, era su amigo, quien lo nombró durante su gobernación  en 1826, miembro de la comisión que instalaría en la ciudad la escuela Lancaster, ese año fue diputado a la Sala de Representantes y al año siguiente su presidente, y volvió a ser elegido en 1829 y 1833. En marzo de 1834, la Sala aceptó la renuncia a la banca. Bergiere la presentó alegando sus "pocas luces" y la comisión que la estudió aconsejó aceptarla debido "por la notoria sordera del señor Bergeire, la que lo exponía a errores de conciencia en asuntos graves". En cuanto a su actividad comercial, consta que era un importante fabricante de sombreros, traficaba suelas y tenía una próspera tienda que, por supuesto, sufrió exacciones durante las contiendas civiles. Poseía además bienes en Santiago del Estero, que le incautó el gobernador rosista Juan Felipe Ibarra. A pesar de la sordera, en 1836 fue de nuevo diputado. Y en noviembre de 1838, entre el tumulto producido por el asesinado del Gob. Alejandro Heredia, se reunió la Sala de Representantes para nombrar un nuevo Gobernador. Aspiraban abiertamente al cargo los Generales Gregorio Paz y José Martín Ferreyra, y cada uno en apoyo de sus pretensiones mantenía armadas las tropas de sus respectivos comandos. 

La junta juzgó más prudente descartar a ambos y nombrar a don Juan Bautista Bergiere, el 12 de noviembre de 1838

Elevó su renuncia el 16, y fue aceptada sólo ante la amenaza que hizo, narra Antonio Zinny, de retirarse a su casa sin más trámite. Aunque no volvió a actuar en política, Bergiere ayudó con entusiasmo a la Liga del Norte contra Rosas. Incluso gestionó un empréstito para ella, a través del consulado francés en Bolivia. Derrotada la coalición, se alejó de Tucumán para radicarse desde 1842 en el pueblo bonaerense de Dolores. En en censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855 se registran varios de sus hijos y nietos en dicha ciudad. Allí falleció poco después de la batalla de Caseros.

Para cerrar diremos que Juan Bautista Bergiere único ciudadano francés que fue gobernador de la Provincia Tucumán, su primo Jaques Santiago Huby Bergiere , se radicó en Lima, Perú, donde se casó con Manuela Prieto Iglesias, el 4-11-1842, con importante descendencia hasta la actualidad

 Por Ernesto Álvarez Uriondo (ernestoau@gmail.com)

Fuentes:

1. Acta de Bautismo de Juan Bautista Bergiere
3. Investigación en Family Search
4. Terán, Justino. "Guía Genealógica para el Milleniun" - Tomo II, Los Bergeire, pág. 200

miércoles, 8 de octubre de 2014

El 8 de octubre: Bicentenario de la Autonomía de Tucumán

Bernebé Aráoz

La historiografía comarcana no ha interpretado en su cabal dimensión que, la autonomía alcanzada por Tucumán el 8 de Octubre de 1814, se debió sólo al reconocimiento de la actuación de sus ciudadanos durante la Batalla de Tucumán y al aporte de los mismos en la posterior Batalla de Salta.
Coincido en que, efectivamente, esos hechos fueron determinantes, pero estos no fueron exclusivos. Correspondían a un plan mucho más ambicioso: el que pergeñaba José de San Martín y que sin duda alguna fue consultado con Manuel Belgrano, los meses que se trataron personalmente en su estancia en Tucumán, desde Febrero a Mayo de 1814, donde coincidieron sus destinos.


San Martín tenía claro que Tucumán era un bastión natural de la Revolución Americana. Para los realistas la sola mención de las jornadas de septiembre de 1812 los llenaba de dudas y temores. 


¿Cómo se podía perder una batalla en esas circunstancias? Un ejército poderoso de 3500 hombres, armados, regimentados y perfectamente adiestrados para la guerra, contra una turba de 1700 gauchos
armados de lanzas precarias, con una rudimentaria instrucción militar. Sin embargo, esos hombres curtidos demostraron una ferocidad inaudita cuando de defender su tierra se trataba.



Estaba claro que el respeto ganado en batalla les daba a los tucumanos un sitial preponderante en el plano estratégico continental. Sobre ello San Martín basaba su plan: el Norte Argentino era esencial para plasmar sus tácticas de guerra. Confiaba en la probada destreza del campesino norteño acostumbrado a lidiar con el espeso monte, que había que “pechar” con los guardamontes; que había que dominar con coraje y determinación pues era allí donde se guarecía el puma. Donde anidaba
el cóndor. Donde se forjaban los hombres y mujeres fuertes, templados en la adversidad que nos darían la Patria.


Gral. Manuel Belgrano

Tucumán entonces debía convertirse en el límite septentrional de la Revolución, como lo manifestaba Manuel Belgrano. Era allí donde debían ser detenidos una y mil veces los avances españoles…si Tucumán caía, el corazón del país quedaba a merced de la furia vengativa de los realistas.



La frontera Norte debía mantenerse “caliente”, la guerra de guerrillas se hacía entonces esencial. Se debía contar con una “plaza fuerte” y además con grupos guerrilleros que hostilizaran a las tropas realistas que amenazaban ingresar por el actual territorio boliviano. Tucumán nutriría asimismo de combatientes, armamentos y vituallas a los gauchos de Jujuy y Salta, quienes conformarían la
primera línea de batalla.



TUCUMÁN PROVINCIA AUTÓNOMA




San Martín y Belgrano se afanaron entonces en la construcción de una fortaleza próxima al Campo de las Carreras, a la que luego los tucumanos llamarían“Ciudadela”. Allí se apostarían tropas en permanente adiestramiento. La idea se centraba en impedir que se conociera el número total de los soldados apostados allí. Se conoce que para tomar una fortifi cación se requieren al menos cinco veces más hombres que los que la defienden. Jamás los españoles supieron a ciencia cierta cuantos reclutas había en su interior. El general Paz relata en sus memorias que cada mañana salía un grupo de soldados marchando con un número de regimiento en el estandarte al que supuestamente pertenecían. Esos mismos hombres regresaban al anochecer, disfrazados de paisanos e ingresaban a escondidas en la fortificación ya a oscuras. A la mañana siguiente, volvían a marchar, con otro número diferente de regimiento. Los espías españoles no podían así calcular el número aproximado
de tropas apostadas. Sus informes hablaban de una cantidad muy superior a la real.



Para que Tucumán pudiera efectivamente constituirse en la plaza fuerte que la revolución requería, necesitaba imperiosamente ser autónoma de Salta, de quién hasta entonces dependía. 



La vecina provincia tenía en su clase dirigente a demasiados simpatizantes del Rey, quienes creaban recelos e inquinas permanentes. Por tanto no eran confiables para los líderes revolucionarios. Así mismo su capital era continuamente asediada por los realistas que tomaban por las armas su ciudad cabecera, para luego ser repelidos en una contradanza mortal.



Claramente San Miguel de Tucumán debía fortalecerse. No sólo en el orden militar sino también institucionalmente, actuando con independiencia de las decisiones del cabildo salteño. Las urgencias debían ser atendidas con la inmediatez que el caso requiriese. 



Fortalecida Tucumán, esta debía ser comandada por un líder cívico y militar probado, de prestigio y ascendencia social. Ese hombre providencial fue sin duda alguna Bernabé Aráoz, a quién tanto Belgrano como San Martín no dejaron nunca de reconocer, a pesar incluso de algunas disensiones posteriores.



Fue Aráoz y su poderosa familia de comerciantes y hacendados, quienes convencieron a Manuel Belgrano a presentar batalla en Tucumán, en Septiembre de 1812. Ellos aportaron hombres, bastimentos y armas que fueron determinantes para vencer en una batalla imposible. También contribuyeron y marcharon en Febrero de 1813 a Salta, donde combatieron valientemente contra las fuerzas españolas que fueron batidas el 20 ese mes y expulsadas defi nitivamente del actual territorio argentino.



Fue este el motivo por el que Bernabé Aráoz estaba llamado a convertirse en el primer gobernador de la provincia autónoma. No había en Tucumán un hombre de talla superior. Su patriotismo y compromiso con la causa independista eran innegables.



Quedaba asimismo la determinación acerca de quién sería el hombre fuerte en Salta y Jujuy. Fue entonces cuando el genio militar de José de San Martín se fijó en un salteño que no había tomado parte de las batallas de Tucumán y Salta, pues había sido enviado castigado por Belgrano a Buenos Aires por faltas de conducta… Ese hombre, también providencial, fue Martín Miguel de Güemes. 
Güemes ya había demostrado su valor durante las invasiones inglesas, siendo un joven militar por entonces. Luego, durante la primera campaña al Alto Perú, quedó envuelto en el pandemonio que fue la retirada del ejército abatido durante aquella desastrosa campaña.



Belgrano al tomar a su cargo esas tropas, puso férrea disciplina y castigó la más mínima falta. El salteño, quién andaba en amores con una mujer casada, fue sancionado y enviado primero a Santiago del Estero y luego a Buenos Aires, al reincidir en su falta…pero San Martín, en la ciudad portuaria había advertido el innato don de mando y la ascendencia de Güemes sobre los gauchos de tierras
adentro. Entonces le encomendó la difícil tarea de conformar escuadrones de paisanos para hostilizar a las tropas realistas apostadas en la frontera norte.



La idea era desgastarlos con ataques sorpresa, nunca confrontarlos en batallas campales. Incendiar sus vituallas, capturar sus ofi ciales, distraer sus tropas, desorganizándolas. Aquellos montes espesos debían convertirse en el colchón donde se amortiguaría cualquier impulso invasor. 





Martín Miguel de Güemes cumplió cabalmente el cometido de su jefe, convirtiéndose en un engranaje importante del plan sanmartiniano. 



Así las cosas, Aráoz desde Tucumán y Güemes desde Salta, consumaron a rajatabla la tarea encomendada, convirtiéndose en baluartes revolucionarios que la posteridad juzgó de manera muy distinta.



En las batallas de Tucumán y Salta las fuerzas revolucionarias habían afianzado los territorios del actual Noroeste Argentino; pero la situación en el Alto Perú, la actual Bolivia, era muy diferente. Las ideas liberales no habían echado raíces en el pueblo llano, que desconfi aba de esos generales “porteños” quienes habían cometido todo tipo de excesos durante la primera campaña del Ejército del Norte. 


Los desastres de Vilcapugio en octubre de 1813 y Ayohuma en noviembre del mismo año, descalabraron las posibilidades de penetrar desde el norte hasta el corazón mismo de la dominación española.


Nuevamente la frontera norte estaba en llamas y Salta era amenazada por un poderoso ejército español. Tan expuesta había quedado esa provincia, que el nuevo Gobernador Intendente de Salta del Tucumán, Francisco Fernández de La Cruz, debió asumir su cargo ante el cabildo de la ciudad de San Miguel de Tucumán.



Incluso, cuando éste dejó sus funciones, Bernabé Aráoz su reemplazante, juró ante el cabildo tucumano, puesto que la ciudad de Salta y su jurisdicción estaban controladas por el Ejército Realista. Por dos veces consecutivas, el gobernador debía asumir ante un cabildo extraño a la sede de la gobernación.



A estas alturas resultaba indispensable reestructurar la administración de gobierno de tan extensas jurisdicciones. La realidad de la guerra hacía imperiosa la necesidad de sentar una plaza fuerte, no sólo en lo militar, sino también en lo institucional.



Manuel Belgrano y José de San Martín influyeron mucho en la designación de Aráoz como primer gobernador de Tucumán. Lo que refuerza la idea que era “el hombre elegido” por ellos en Tucumán. En carta al Director Gervasio Antonio de Posadas, fechada el 2 de Marzo de 2014 San Martín escribía: “… don Bernabé Aráoz, sujeto el más honrado y el más completo que se conoce en toda la provincia.” 



Por entonces la fortifi cación de la Ciudadela comenzaba a ser operativa y se convertía en un serio peligro para los realistas apostados en el norte. Se había echado a correr la versión que un poderoso ejército se preparaba en Tucumán para arremeter definitivamente sobre el Alto Perú. Para ello, en la visión castrense de San Martín y práctica de Belgrano, no había mejor candidato que Aráoz. Un hombre probado en la guerra, caudillo popular, hábil político y efi caz administrador. Es por ello que refresca su anterior carta del 23 de Febrero de ese año a Posadas, donde San Martín le manifiesta: “Aráoz es un sujeto que me atrevo a asegurar no se encuentran diez en América que reúnan más virtudes…” Estos conceptos fueron decisivos para su nombramiento. 



El Director Posadas finalmente dicta el Decreto de fecha 8 de Octubre de 1814 que crea la Provincia del Tucumán, desmembrando definitivamente la jurisdicción de Salta, por entonces bajo el poder realista. Santiago del Estero y Catamarca quedaron asimismo bajo la jurisdicción de Tucumán, con asiento de gobierno en la ciudad de San Miguel.



Coincido y hago mías las palabras del Dr. Félix Alberto Montilla Zavalía al respecto: “Sin lugar a dudas el argumento de mayor trascendencia para crear Tucumán era facilitar la administración de un territorio de frontera que permitiera una eficaz contención a las tropas realistas, y así garantizar que la jurisdicción virreinal del Perú no siga extendiéndose hasta el centro de las Provincias del Río de la Plata.”



Finalmente, el 14 de Noviembre de 1814, el Director Posadas designó Gobernador Intendente de la Provincia del Tucumán al coronel de dragones Bernabé Aráoz, quién tomó su juramento de rigor el 1º de diciembre del mismo año ante el cabildo provincial.



Con el tiempo Tucumán adquiriría un estatus político, económico y cultural único en las Provincias del Norte. La Industria Azucarera Tucumana se convirtió en el eje económico gravitacional de la región. Asimismo la Universidad Nacional de Tucumán fue el foco de irradiación de educación superior, un modelo a seguir.



Grandes hombres, forjadores de nuestra nacionalidad fueron tucumanos, desde
siempre al servicio del engrandecimiento de la Patria.


Autor: Dr. José María Posse