viernes, 5 de febrero de 2016

«I-span-ya», el misterioso origen de la palabra España y el nombre de otros países europeos


1-Portugal

El origen del término «Portugal» desconcierta a los historiadores desde hace décadas. De hecho, existen múltiples teorías sobre el término del que proviene. Entre ellas, la más mitológica afirma que hay que dar las gracias por este término a Túbal, nieto de Noé. Un personaje que habría fundado la ciudad de Setúbal y, en palabras de algunos historiadores, también la región de Portugal. Con todo, estaq teoría no es considerada más que una mera leyenda. También se afirma que el país pudo tomar su nombre de Porto, una ciudad levantada por el conde Enrique de Borgoña en la región.

Por su parte, el historiador español Juan Cortada hace referencia en su obra «Historia de Portugal: desde los tiempos más remotos hasta 1839» a la posibilidad de que el nombre hubiese sido dado por los galos. Este pueblo, después de desembarcar en la actual Oporto, habría denominado a la zona «Portus Gallorum», vocablo que evolucionaría felizmente hasta el topónimo actual. A su vez, el experto recoge en su obra una teoría que afirma que, cerca del Duero, se edificó una ciudad llamada Cale y, a continuación, un puerto contiguo (Portus). La unión de los dos habría dado como resultado «PortusCale» y, por consiguiente, Portugal.


2-Austria

El origen del término hay que buscarlo en los albores del idioma alemán (el conocido como «Alto alemán antiguo»). Allá por el año 996, el emperador Otón III ordenó elaborar un documento que especificara qué área debía gobernar Enrique I, más conocido por ser el Conde de Babenberg. En dicho texto se refirió a la región que abarcaría el futuro país como «Ostarrichi», cuyo significado es «dominio oriental». Con los años, esta palabra evolucionó hasta convertirse en «Österreich» (de «Öst» -este- y «Reich» -reino o imperio-). Término que, actualmente, se corresponde con la traducción alemana de Austria. Años después, «Öst» se latinizó erróneamente como «austro» o «auster» (austral), lo que derivó en el nacimiento definitivo del topónimo.

Si quisiéramos remontarnos todavía más atrás en el tiempo, habría que decir que existen varias teorías sobre el origen de «Ostarrichi». Las más extendidas afirman que proviene del término «Marcha Orientalis», el nombre con el que se denominó a la marca que dividía el Sacro Imperio Romano Germánico de Hungría. Sin embargo, y tal y como afirma la embajada de este país, el historiador austríaco Friefrich Heer es partidario de que este término nació hace más de cuatro milenios en una zona cercana ocupada por los celtas. Estos habrían llamado a la zona «Norig» (significando «No» oriental y «Rig», reino). «Rig», por su parte, habría derivado posteriormente en Reich (o un vocablo primitivo similar), lo que habría resultado en «Ostarrichi».



3-Irlanda

El origen del nombre de esta región parece estar más claro que otros pertenecientes a la Unión Europea. La primera teoría del mismo, según afirma el historiador del S.XVI Geoffrey Keating en su obra «Foras Feasa ar Éirinn» («Fundación del conocimiento en Irlanda»), es que Irlanda es el decimotercer nombre que pusieron a esta isla los escitas milesios (una de las tres civilizaciones que poblaron la zona en sus más antiguos orígenes). «El primer hijo de Mil enterrado en el suelo de la isla sería Ir [Eire], de quien la isla recibiría su nombre: Ir-fond (“Ir-tierra”)», explica Ramón Sainero, director del Instituto de Estudios Celtas, en el «Diccionario Akal de mitología celta». Con los años, «fond» pasó a convertirse en «land» debido a la llegada del inglés, lo que hizo que esta civilización adoptase este nombre.

Otra teoría explica que Irlanda proviene de «Éire», el nombre oficial del país según su constitución. Este término provendría de «Ériu», y se corresponde con la forma en la que llamaban a la isla parte de sus habitantes en la Edad Media. Dicho vocablo deriva, a su vez, de «Iwerju» (cuyo significado es «fértil», según explica el filólogo Francisco Cortés en su obra «DIC MIHI, MVSA, VIRVM: Homenaje al profesor Antonio López Eire»). Añadiendo a esta sílaba la terminación «land», habría nacido el nombre de este país.



4-Francia

El nombre de la tierra que habitan a día de hoy los galos tiene un origen latino. Concretamente, su significado es el de «tierra de francos» por ser ellos los que se asentaron en esta zona.

Pero... ¿De donde provine el término francos? En este punto es necesario señalar que existen varias teorías. El humanista español del S.XIX Pedro Felipe Monlau fue partidario, por ejemplo, de que el sustantivo hace referencia a los pueblos germanos que, allá por el siglo V, se levantaron en armas contra los romanos y se asentaron en la Galia. Estos grupos, de diferentes tribus a pesar de hallarse todos territorialmente en la actual Alemania, habrían decidido denominarse francos de forma común. «La palabra franco proviene del latín francus o de la voz germánica franck y significa libre e independiente», explica el experto en su obra «Diccionario etimológico de la lengua castellana».

El pedagogo Vicenç Joaquín Bastús i Carrera opina de forma similar: «Tomaron el nombre de francos, que en lengua germánica lo mismo que en muchas otras significa hombres independientes». Sin embargo, este autor señala específicamente en su texto que esta afirmación no está, a día de hoy, comprobada totalmente. Existe también una segunda teoría partidaria de que este nombre podría derivar del hacha «francisca», un arma presuntamente utilizada por los francos de forma generalizada durante sus andanzas por la nueva Galia. A día de hoy, en cambio, se desconoce qué fue primero, si el utensilio para quitar vidas, o el pueblo.



5-San Marino

El origen de la república más antigua del mundo está ligado de forma indiscutible a la del religioso que porta su nombre. Según determina el prelado de la iglesia católica Servílio Conti en su obra «El santo del día», existen pocos datos sobre la vida real del santo. Los mismos nos dicen que este personaje nació en Dalmacia allá por el año 257. Picapedrero de profesión, viajó hasta Rímini (una ciudad del norte de Italia) donde participó, junto a un amigo, en la construcción de sus murallas. Unos 13 años después, y cuando era ya un modélico cristiano, Marino tuvo que marcharse hasta el monte Titano (en la actual San Marino) debido, según se cree, a la fuerte persecución religiosa.

En los siguientes meses se dedicó a la oración y a la vida religiosa. Así, hasta que terminó la persecución que el Emperador Diocleciano había iniciado contra los cristianos. «El obispo de Rímini, Gaudencio, reconoció entonces las virtudes de Marino y de su compañero […] y los ordenó diáconos», añade el autor. En lugar de marcharse a otra zona a predicar como hizo su amigo, nuestro protagonista volvió al monte Titano, donde edificó una iglesia dedicada a San Pedro y, con el tiempo, formó una comunidad monástica. Se dice que acabó sus días un 3 de septiembre del año 366, décadas después de que -en el 301- el pueblo le adorara tanto como para poner su nombre a la región. Sin embargo, esta fecha es todo un misterio. Eso sí, el país celebra ese mismo día y ese mismo mes su fiesta nacional y religiosa más destacada.



6-España

La palabra «Hispania» (la romanización de España) tiene su origen en la denominación que servía a la civilización romana para el conjunto de la Península Ibérica, y cuyo significado vinculaban los escritores latinos a «tierra de conejos». Entre ellos Plinio «El Viejo», Catón «El Viejo» y Catulo, quienes citaban las tierras ibéricas como un lugar repleto de conejos, más concretamente de damanes (unos mamíferos parecidos al conejo y muy comunes en África). 

No obstante, la raíz no latina de «Hispania» ha llevado a los historiadores a plantearse que su origen puede ser anterior a los romanos, procediendo en realidad de la denominación fenicia «I-span-ya». Pero, ¿qué significa esta palabra? El misterio está servido. Según expuso Cándido María Trigueros en 1767, el término podría significar «tierra del norte», aduciendo que los fenicios habían descubierto la costa de «Hispania» bordeando la costa africana, y ésta les quedaba al norte. Así, «spn» («sphan» en hebreo y arameo) significaría en fenicio «el norte».

En cualquier caso, la teoría más aceptada en la actualidad sugiere que «I-span-ya» se traduce como tierra donde se forjan metales, ya que «spy» en fenicio (raíz de la palabra «span») significa batir metales. Detrás de esta hipótesis de reciente creación se encuentra Jesús Luis Cunchillos y José Ángel Zamora, expertos en filología semítica del CSIC, quienes realizaron un estudio filológico comparativo entre varias lenguas semitas y determinaron que el nombre tiene su origen en la enorme fama de las minas de oro de la Península Ibérica.



7-Grecia

Lo primero que hay que entender sobre el caso griego es que los propios griegos se han designado históricamente como helenos, siendo hoy el nombre oficial del país: la República Helénica. Los filólogos no se ponen de acuerdo sobre la etimología de esta palabra. Entre las posibles teorías está la de que pudiera proceder de sal («rezar»), ell («montañoso»), sel («iluminar») o de una ciudad denominada «Hellás», próxima al río Esperqueo, que todavía se conoce por ese nombre. No existen así los términos «Grecia» o «griegos» en la lengua de esta nación.

Fueron los romanos los que designaron al país como «Graecia», que literalmente significa «la tierra de los griegos». El origen de esta palabra griega está en «Graikós», cuya etimología podría derivar de el nombre de una tribu de Beocia que emigró a Italia en el siglo VIII a. C. Homero recogió a las fuerzas de Beocia dentro de la enumeración de naves que realizó en la «Iliada», donde hace referencia a una ciudad de esta tribu llamada Grea. El contacto de varios colones procedentes de esta tribu con Italia hizo que los romanos generalizasen la denominación a todas las tribus helénicas.



8-Italia

La mayoría de los nombres de países europeos proceden de denominaciones asignadas durante el proceso de conquista y colonización llevada a cabo por los romanos. Lo curioso es que la palabra Italia deriva, al menos según la hipótesis planteada por primera vez por el arqueólogo Domenico Romanelli, de una colonia griega en el Brucio (actual Calabria), la de los italos, que en griego antiguo hacía mención al toro joven. De esta forma, cuando concluyó la hegemonía de los rasena en Italia y comenzó la romana, los pueblos peninsulares se coaligaron contra la incipiente potencia romana y adoptaron como emblema al toro «vitalos», llamándose a partir de entonces italos como se constata en la numismática de esa época.

Pero no es la única teoría. El filólogo Giovanni Semerano llevó el origen del nombre Italia al acadio (lengua de origen semítica), de modo que derivaría de «Atalu», que significaría «tierra del crepúsculo», es decir, donde el sol cae. Tesis frecuentemente criticada por el mundo académico italiano, pero favorablemente recibida en el extranjero y por intelectuales como Umberto Galimberti.



9-Bélgica

La primera vez que aparece mencionada la palabra Bélgica es en «Los Comentarios sobre la guerra de las Galias», de Julio César. En dicho libro, el conquistador romano dividía toda la Galia en tres partes: los galos, los aquitanos y los belgas. Estos últimos estaban separados de los galos por los ríos Sena y Marne. No en vano, la actual Bélgica tiene poco que ver con estas antiguas separaciones tribales y con las posteriores provincias romanas que se establecieron en este territorio. De hecho, el término de Bélgica casi desapareció por completo después de las invasiones bárbaras. Volvieron a usarse en la segunda mitad del siglo IX, después de la escisión del Imperio de Carlomagno y la creación de la Lotaringia. Los clérigos de entonces recuperaron la palabra Bélgica para designar el territorio situado entre la Galia de Carlos «El Calvo» y la Germania de Luis «El Germánico».

El nombre «Belgae» podría provenir del protocelta «belo» («brillante»), que también es el origen etimológico de báltico. O, según el análisis de la palabra belga, «bel-» significaría redondo o inflado, véase «balón», en el sentido figurativo de alianza y «-ga» («guerrero» en galo). Así, «bel-gae» significaría «guerreros de la alianza».



10-Inglaterra

Cuando la parte sur de Gran Bretaña fue invadida por pueblos celtas y pueblos germánicos, los francos designaron con el nombre latino de «Anglae terra» («Tierra de los anglos») a la zona sureste de Britania, controlada por la tribu de los anglos, que más tarde pasó a utilizarse también en la mayor parte de Europa. La palabra derivó en «England», españolizada como Inglaterra.

Pero, ¿de dónde viene la palabra anglo? El nombre de los anglos se registró por primera vez en forma latinizada como «Anglii». Se cree que deriva del nombre de la zona que habitaban originalmente: «Anglia» en alemán moderno, «Ángel» en danés. A través de este nombre, se ha planteado la hipótesis de que su raíz germánica signifique «estrecho», haciendo referencia al estrecho del mar Báltico en Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania. 

Fuente: ABC.es

jueves, 4 de febrero de 2016

La sonrisa de Tepoztecatl


En el corazón de la provincia central mexicana, en el estado de Morelos, se yergue la imponente silueta del místico cerro del Tepozteco. El pintoresco pueblo de Tepoztlán se resguarda bajo sus graves sombras. Este lugar es un sitio sui géneris, en donde intelectuales, esoteristas, ufólogos , pintores, escritores, intelectuales, indigenistas, turistas mexicanos y de otras varias naciones, encuentran una atmósfera multifacética y rica, en donde la influencia prehispánica, los riqueza arquitectónica colonial, y el ambiente cosmopolita y altamente cultural que impregna el pueblecillo, lo tornan irresistible y mágico en grado sumo.

Y el cerro del Tepozteco, que corona el cinturón de formaciones rocosas de la zona, guarda muchas historias, anécdotas y leyendas desde los tiempos de silvestre sortilegio de los antiguos mexicanos.

Uno de esos relatos cuenta acerca de una doncella que acostumbraba bañarse en una barranca del lugar. En aquel sitio se decía que a las doncellas “les llegaban aires”, y tal fue el caso de esta joven de la leyenda que comentamos: pronto quedó encinta. La familia avergonzada y furiosa, hizo varios intentos por deshacerse del recién nacido. En una ocasión lo arrojaron desde una las alturas contra unas rocas, sin embargo los vientos lo hicieron levitar suavemente hasta una llanura cercana; en otra oportunidad, fue abandonado en una zona de magueyes, pero en un instante las pencas se inclinaron hasta llegar a sus labios demandantes de niño, para dejarle beber el dulce aguamiel. En otra tentativa por acabar con la vida del niño, fue puesto al alcance de las hormigas gigantes, mas éstas bestias, lejos de picarlo, se dedicaron a alimentarlo solícitamente…

Pero un matrimonio de ancianos, que descubrió al bebé, lo adoptó. Este infante milagroso se trataba de Tepoztécatl, el gran patrono del pueblo de Tepoztlán. Próxima a la casa de Tepoztécatl habitaba Mazacuatl, una temida serpiente de Xochicalco, a la que la gente del lugar daba de comer por medio de la ofrenda humana de ancianos.

En cierta infausta ocasión, los señores del pueblo anunciaron al viejo que adoptó a Tepoztécatl que debía ser sacrificado a esta monstruosa serpiente. Tepoztécatl decidió aventurarse sacrificio en lugar de su anciano padre a fin de salvarle la vida. Se dirigió a Xochicalco, y en su ruta fue juntando aiztli, es decir fragmentos filosos de obsidiana, que iba depositando en su mochila. Al arribar a Xochicalco se expuso ante Mazacuatl, el ofidio coloso, que lo engulló sin demora. Poco después, en el interior del estómago de Mazacuatl, el gran Tepoztécatl usó todos los aiztli, para desgarrar las entrañas de la horrida bestia.

Mientras volvía al hogar, se encontró con una fiesta en la que hacían sonar el teponaxtli, tambores prehispánicos, y chirimías, flautas folklóricas. Tepoztécatl anheló tocar estos instrumentos y, al serle vedado, diseminó una tormenta que arrojó arena y guijarros a los ojos de todos. En el momento en el que pudieron reaccionar los celebrantes, el niño se había esfumado con los instrumentos: se oía a los lejos el sonido de ambos.

El niño divino arribó por fin a Tepoztlán y se hizo de los cerros más altos. Se colocó sobre el cerro Ehecatépetl. Tepoztécatl gozó de amplia consideración en su pueblo natal y fue designado Señor de Tepoztlán y sacerdote del ídolo Ometochtli (Dos Conejo). Pero años después desapareció, no se sabe si murió o se fue a otra parte, pero hay quienes dicen que se fue a vivir junto a la pirámide, para siempre.

Y allí sigue la pirámide, en la cima del cerro Tepozteco y sólo los más tenaces y resistentes viajeros logran subir allí, para ver el milagro absoluto del mundo en el espectáculo grandioso de la lejanía y el horizonte jubiloso ondulando al compás de teponaxtles y chirimías con acordes de silencios y enigmas.

Y entonces el dios, oculto en el corazón del mundo, sonríe.

Fuente: Planet of Aztecz

miércoles, 3 de febrero de 2016

3 de febrero 203º Aniversario del Combate de San Lorenzo


203º ANIVERSARIO DEL COMBATE DE SAN LORENZO (1813 - 3 DE FEBRERO - 2016) - BAUTISMO DE FUEGO DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO "GENERAL SAN MARTÍN".


Transcripción del parte del Combate de San Lorenzo suscrito por el Coronel José de San Martín al Superior Gobierno. San Lorenzo, 3 de Febrero de 1813.

"Exmo. Señor:"

"Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo a las armas de la patria. Los enemigos en numero de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de San Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio San Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por los fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor numero. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial Don Hipólito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este número son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Vélez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo."

"El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros."

"Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores."

"Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo, febrero 3 de 1813."

Referencia: Documentos para la Historia del Libertador General San Martín - Tomo II - Primera Serie - Instituto Nacional Sanmartiniano y Museo Histórico Nacional - Buenos Aires - 1954 - Páginas 9 y 10





Fuente: Instituto Nacional Sanmartiniano

José de San Martín, sus inicios como militar - Parte III

San Martín Uniforme del Batallon de Murcia
Ante esta realidad, el ministro francés Carnot arroja constantemente nuevos contingentes en la balanza militar, en la que se juega la suerte de Francia y de Europa, y donde ya luchan nueve ejércitos franceses con 750.000 hombres. Tolón había sido recuperada, en otro frente, por el acierto táctico de un joven y desconocido Capitán de artillería llamado a ser el ''hombre del destino": Napoleón Bonaparte. En Madrid las estructuras reales crujen agitadas por la corrupción, la cortesanía, las nuevas ideas y la acción de la masonería. El comandante victorioso, Ricardos, acaba de fallecer y toma el comando el conde de la Unión, su lugarteniente. Obviamente las perspectivas, al recomenzar las operaciones, ya no eran las mismas.

Integran ahora ejército de Cataluña, junto con las tropas españolas, una legión San Martín, cadete del Regimiento Murcia, estudio e pastel de Jorge González Moreno. Museo del Regimiento de Granaderos a Caballo, Buenos Aires Nombramiento de San Martín para la segunda subteniencia de la IV Compañía del II Batallón del Regimiento de Infantería de Murcia, 1793. Los franceses, como queda dicho, habían reforzado considerablemente sus efectivos comandados, en esa zona, por el general Dugoumier. Ello obligará al conde de la Unión a repasar los Pirineos, abandonando la masa de su artillería. No obstante, ocupará al sur de la cadena montañosa, ya en territorio español, la línea general de San Lorenzo a la Moga - Llausa, apoyada en su centro sobre la fortaleza de Figueres. De tal modo el frente quedará sustancialmente estabilizado. Simultáneamente, en los Pirineos occidentales, se desarrollaron diversas acciones a cargo del Virrey de Navarra, Martín Alvarez de Sotomayor, por el lado español, y del general Muller, del lado francés, y en las que se distinguió un joven general que sería luego Mariscal del Imperio: Moncey.

Corría el año 1794 y el conde de la Unión ya había decidido replegar sus fuerzas hacia España. Una de estas acciones de retirada es la salida del 2° batallón contra la ermita de Sant Lluc, ataque en el que participa San Martín, según consta en su foja. Más tarde los batallones del Murcia, a órdenes del general Navarro, defienden las plazas de Port Vendrés y Collioure. Se lee en la foja del emancipador que lo hacen "resistiendo el ataque que dan los enemigos al oeste, en mayo de 1794". Luego participa San Martín en el ataque a las baterías francesas del general Dugoumier, en proximidades de San Telmo. Finalmente, los efectivos del Murcia se constituyen en guarnición en Collioure, hasta que el general Navarro capitula, el 26 de mayo de 1794, cesando toda resistencia en la región. San Martín es ahora prisionero de guerra.

Dicen las Ordenanzas Militares Españolas que "ser prisionero sin menoscabo del honor militar, es un acto de servicio". La capitulación permite a San Martín, según era la práctica en la época, el regreso a España, junto con sus compañeros, bajo el compromiso de no hacer armas hasta la firma de la paz.---
En julio de 1794 San Martín es ascendido a primer Subteniente y en mayo del año siguiente, antes de la firma del Tratado de Paz de Basilea, es nuevamente ascendido a 2° Teniente. Su "cursus honorum" militar nos lo muestra a los 17 años como un soldado en brillante tránsito profesional.

La paz, con honor, se hizo. España sólo perdió el actual territorio de Haití, en la isla Santo Domingo, y recuperó todo lo ocupado por los franceses en la península. Al mismo tiempo el Tratado de Basilea constituía al monarca español en árbitro de las cuestiones de Francia con Portugal, Nápoles, Cerdeña y los Estados Papales. La consecuencia decisiva para la marcha de la historia fue, en cambio, que España se convirtió en satélite de Francia.

En la relación de causas y efectos que determinan los procesos históricos, queda también como consecuencia relevante de esta guerra, la promoción de Godoy, ahora Príncipe de la Paz, a un nivel de autoridad importantísima. Su influencia habrá de ser uno de los factores negativos y de deterioro determinantes en los sucesos que llevaron primero, al motín de Aranjuez y luego, a la abdicación de Carlos IV y, consecuentemente, a los sucesos de Bayona. Estos traerán la guerra llamada de la Independencia de España y, necesaria y naturalmente, los graves problemas políticos y militares en América que provocarán, al final, su emancipación.

La alianza con Francia significará la lucha contra Inglaterra y, después del 2 de mayo de 1808, y al enfrentarse entonces España contra Napoleón, el poder naval inglés, dueño de los mares desde Trafalgar, tendrá fundamental importancia en el apoyo a la insurrección americana.

Cuando San Martín arribó al Plata llegó un hombre maduro plenamente, y forjado en muchas, difíciles y muy complejas vicisitudes; con claras y sólidas ideas y con la experiencia vital sensible, recogida como actor de conflictos desarrollados con la violencia de las armas . Traerá también en el espíritu las lecciones que da el conocimiento de muchas de las figuras del drama bélico en Europa, a quienes conoció y admiró el joven oficial San Martín. Surgen así los nombres de Wellington, Antonio Malet, el marqués de Coupigny; los generales Ricardos, Urrutia y Castaños; el brigadier Francisco Solano y Ortiz de Rosas, de quien fuera edecán militar y testigo de su vil asesinato en Cádiz. 

Aparecen, igualmente, los nombres de los Mariscales de Francia: Augereau, Duque de Castiglione, de quien dijo Desaix que era un soldado como pocos; Moncey, Duque de Conegliano, de quien afirmó Napoleón que era un hombre honesto, respetado, experto montañés, firme y metódico comandante; Lannes, Duque de Montebello y príncipe de Sieves, de quien opinó también el emperador cuando lo hallé era un espadachín, cuando lo perdí, un paladín; el más bravo entre los bravos, el ideal de un comandante de la vanguardia.
San Martín combatió largos años contra los ejércitos que cantaban "La Marsellesa ": en la guerra de la Independencia española combatió contra Bessieres, aquel que vivió como Bayardo y murió como Turena; contra Soult, el de la mano de hierro y contra el famoso Ney.

San Martín llegará al Río de la Plata siguiendo "el destino que lo llama", cuando a la colosal empresa de Conquistadores y Adelantados la sustituyen simples funcionarios que ya no llegan a América para fundar, civilizar y ganar honras ni conquistar nuevos pueblos para la fé y para el provecho y grandeza de la corona española. El trono de los Reyes Católicos será sólo una simple metrópoli y una frívola corte y, finalmente, será ocupado por un Rey usurpador. Entonces, el pueblo español, aquel 2 de Mayo de 1808, se pondrá de pie, tizona en mano, para recoger sus estandartes caídos en el polvo; para asumir sus derechos y recuperar su independencia, su honor y su gloria.

También eso ocurrió el 25 de Mayo de 1810, a orillas del Plata, cuando el pueblo de Buenos Aires, hermano de los pueblos de Madrid, de Cádiz o de Sevilla, asumió como ellos el poder que revertía al pueblo.

Fuentes:
1. Movimiento Sanmartiniano Nacional - Autor: Julio César Marchini

martes, 2 de febrero de 2016

2 de febrero de 1813: Llegan los centauros a San Lorenzo

Habiendo salido de los Cuarteles de Retiro el 28 de enero de 1813, y luego de seis días de marcha, los 150 Granaderos a Caballo comandados por el Coronel San Martín llegan al Convento de San Carlos Borromeo, en la noche del 2 de febrero.

Entran por las puertas traseras del Convento, e inmediatamente el Coronel ordena no encender fuegos, para evitar que los barcos realistas anclados frente al Convento descubriesen la presencia de los recién llegados.

"...Tras los muros, sordos ruidos, oir se dejan de corceles y de aceros...".

A doscientos tres años de aquel hecho, nuestra mente vuela a través del tiempo, tratando de meterse en los pensamientos de aquellos hombres que velaban sus armas, sabiendo que apenas despuntara el sol sobre el horizonte, cabalgarían con sus corceles alados en busca de la Victoria o la Muerte...

Catorce de aquellos Granaderos vivirán sus últimas horas, para entrar en la Gloria Eterna de la Patria..

Convento San Carlos Borromeo

Fuente: Granaderos Bicentenario

José de San Martín, sus inicios como militar - Parte II

Expondremos sintéticamente el desarrollo de las operaciones de guerra hasta la paz de Basilea, indicando la presencia que, en cada caso, tuvo la unidad en que revistaba San Martín.

Los españoles desplegaron, inicialmente, tres ejércitos sobre la línea de los Pirineos. El principal, de 50.000 hombres, llamado Ejército de Cataluña, se escalonaba desde Barcelona hacia el norte, hasta Figueres, al mando del general Antonio Ricardos. Debía operar ofensivamente sobre el Rosellón, a favor de la superioridad numérica con que contaba inicialmente. En el oeste, un ejército de 15.000 hombres debía proteger las fronteras de Navarra y Guipúzcoa y se hallaba a las órdenes del general Ventura Caro, marqués de la Romana. Cubiertas las dos zonas principales de acceso transpirenaico, se destacó un cuerpo de 5.000 combatientes al mando del general príncipe de Castelfranco, para proteger los flancos y actuar como reserva del ejército de Cataluña.

San Martín, de guarnición en Málaga, es trasladado, en 1793, con su batallón a Zaragoza, donde entra inicialmente en jurisdicción y autoridad del Ejército de Aragón. Poco después su compañía, la cuarta, es adelantada a La Seu d'Urgell, en dirección norte hacia Andorra. Mientras tanto los franceses se habían desplazado a su vez a Puigcerda, bajo el mando del general Dagobert. Por su parte, Ricardos debe operar sobre el Rosellón, defendido por el general La Ouliere. Para ello eludió lo que Lidell Hart llama la "línea de menor espera" y escogió la "aproximación directa", evitando penetrar en territorio francés por La Junquera-Le Perthus. Para asegurar su flanco oeste, ocupó la margen del río Tech y operó en dirección a Le Boulou con toda la masa de sus fuerzas, logrando su captura en una semana. De esta forma quedó en manos del jefe español el nudo de las comunicaciones terrestres que, rápidamente, se convirtió en un campo atrincherado. Finalmente decide, el general Ricardos, eliminar las amenazas que en el otro flanco, el este, significaban los fuertes de Collioure, Saint Elme y Port Vendrés, ya sobre el Mediterráneo.

El 17 de junio de 1793, en el palacio de Aranjuez, el Rey Carlos IV de Borbón, firmaba el despacho de ascenso a segundo Subteniente de la 4a compañía de fusileros, del 2° batallón del Regimiento de Murcia, del hasta entonces cadete José Francisco de San Martín. El 8 de julio, en su cuartel general de Thuir, el general Ricardos dispone el cúmplase de la real voluntad. El futuro Libertador es así, a los quince años, oficial en el famoso ejército de los grandes caudillos militares.

A fines de octubre el general Ricardos dispone que el 2° batallón del Murcia se desplace a Prats de Molló, sobre el río Tech, para subordinarse al Conde de Molina. El nuevo agrupamiento debía atacar en dirección a Torre Batera y La Creu de Ferro, eludiendo por el oeste las posiciones enemigas de Peraldá y Mont Boulou. En estas acciones interviene con todo éxito San Martín.

Pasado un período de inactividad, por la inclemencia del tiempo, Ricardos se sintió asediado por efectivos franceses cada vez más numerosos. La movilización "en masa" les había proporcionado 300.000 ciudadanos para marzo, y 500.000 para agosto de ese año. Frente a estas fuerzas el general español opera con sus 40.000 hombres con acciones ofensivas, apoyadas en el área atrincherada de Boulou.

A la sazón, el ministro Godoy propuso al monarca español un plan, que había sido inspirado por Doumouriez al zar Pablo I, destinado a desembarcar en Normandía, Francia, un ejército aliado ruso-dinamarqués de 36.000 hombres, con el apoyo naval inglés y español. Siguiendo estos propósitos estratégico operacionales y con el fín de asegurar el control del litoral marítimo del Mediterráneo, que permitiera aprovechar el poder naval, el general Ricardos resolvió adueñarse de los fuertes de Banyuis-sur-Mer, Port Vendrés y Saint Elme. Con tal fín se constituyó una agrupación de combate bajo las órdenes del general Curten con el resultado de la captura de las alturas de Mont Boulou, Saint Marsall y las baterías de Villalonga. En todas estas acciones San Martín revistó en la 4a columna del general Carbajal.

El Mariscal de campo De la Cuesta, que había de ganar sólida reputación en las luchas contra Napoleón, reemplaza ahora al general Curten y toma a su cargo las acciones a lanzar contra los fuertes de Port Vendrés, Collioure y Saint Elme. En sus fuerzas están los batallones del Regimiento de Soria y también los del Murcia: en ellos revistan, precisamente, los tres hermanos San Martín. Nuevamente el ejército español conquista sus objetivos y obtiene una victoria.

Simultáneamente se desarrollan otras acciones que empujan a las fuerzas francesas a encerrarse en Perpiñán, cambiando radicalmente la situación: los ejércitos franceses han vuelto a sus fronteras del norte y del este.
Uniforme de Cadete del Regimiento de infantería Murcia, usado por José de San Martín entre 1791 y 1793. Hasta 1791, los vivos del uniforme eran azules, cambiando en ese año al celeste. Las polainas negras se usaban con el uniforme de servicio; en el de gala eran reemplazadas por blancas.


lunes, 1 de febrero de 2016

José de San Martín, sus inicios como militar - Parte I

Gral. José de San Martín
Con sólo 15 años de edad nuestro padre de la patria era un joven oficial del ejército español

Las campañas del Rosellón ejercieron gran influencia sobre la preparación militar de San Martín para combatir y operar en ambientes montañosos y lo prepararon para su hazaña en el escenario gigantesco de los Andes.

Los Pirineos constituyen la frontera natural entre España y Francia. Se trata de una cordillera central, axil, y dos cordones paralelos, con alturas de 1.500 metros en su parte occidental, 3.500 en la central y 2.500 en la oriental. Dos grandes ríos discurren a su largo: el Garona en el norte, en Francia, que desemboca en el Atlántico; el Ebro al sur, en España, que va al Mediterráneo. Dos importantes ciudades son la llave para el control de los valles principales de acceso y tránsito de la región: Zaragoza, en España y Tolosa, en Francia.

Varios caminos principales superan los Pirineos y convergen hacia Perpiñán, la capital del Rosellón. En su itinerario, cruzados por diversas vías transversales, se tocan numerosas localidades pirenaicas, de las que destaca Boulou, que controla los accesos principales del área. Desde Perpiñán y a lo largo del río Tet y desde Boulou y a lo largo del río Tech, discurren sendos caminos hacia otros pasos de los Pirineos. El primero llega a un tercer acceso que une Bourg Madame, en Francia, con Puigcerda, en España.

Como en toda acción bélica a través de montañas, las exigencias básicas iniciales estaban referidas a la cobertura de los desemboques que permitieran actuar, en este caso, en el norte de los Pirineos y a su control, para impedir las acciones enemigas hacia el sur. Las operaciones con efectivos importantes reclamaban, a su vez, el control de zonas de recursos, y la naturaleza tan particular del conflicto ideológico-político que se desarrollaba exigía la pronta captura de los sitios, en particular, en este caso, de la capital Perpiñán. El mar, sobre uno de los flancos de los contendientes, mostraba 
las perspectivas ciertas de grandes ventajas para aquel que lo controlara.

En este escenario el cadete San Martín, del segundo batallón del regimiento Murcia "El Leal", hizo sus primeras armas en la guerra y conquistó los primeros ascensos de su carrera de oficial.

Francia vivía el drama de la revolución política más importante de su historia. España, gobernada por Carlos IV de Borbón, sufría el nadir de su decadencia. La Francia revolucionaria enfrentaba a las monarquías coaligadas e inicialmente vencidas en Valmy y Jemappes. España, a su vez, había concretado una alianza con Austria, Prusia, Rusia, Suecia e Inglaterra y desarrollaba gestiones para obtener la libertad de los monarcas franceses que se encontraban presos.

En 1792, ante las amenazas que se cernían sobre la revolución y con el territorio de Francia invadido, Luis XVI es condenado a muerte por el voto decisivo de su primo, Felipe. Las gestiones de Godoy para la liberación del Rey y su familia quedaron así totalmente invalidadas y el 7 de marzo de 1793, finalmente, y en respuesta a la declaración de guerra de los franceses, España hacía lo propio y concentraba sus fuerzas en la frontera pirenaica para iniciar las acciones bélicas.

Continúa en Parte II

Fuentes:
1. Movimiento Sanmartiniano Nacional - Autor: Julio César Marchini
2. San Martín Cadete por Gral. Br. (R) Diego Alejandro Soria, Colegio Militar