lunes, 22 de septiembre de 2014

Un Eterno Atardecer


 
Eustaquio Díaz Vélez
El general Pío Tristán, cuando regresó al campo de batalla con su tropa ya organizada, lo encontró vacío. El escenario era dantesco: cuerpos mutilados, heridos de distinta consideración gritando por ayuda, caballos agonizantes, manchones de sangre por doquier, todo ello envuelto por el humo de la pólvora y los incendios. Se colocó entonces en las afueras y desde allí envió un ultimátum: o se rendían o incendiaba la población. Díaz Vélez contestó que nunca se rendirían. Empezaron así las horas tensas de la noche del 24 al 25 de septiembre. No se sabía si intentaría probar suerte con un ataque.

El general Manuel Belgrano por su parte, se había refugiado en la estancia de Ugarte a unos 12 kilómetros del sangriento escenario, con el objeto de esperar noticias sobre el desenlace de la batalla. En un principio, creyó que habían sufrido una derrota y que la ciudad a esas alturas ya estaría tomada. Pero entonces comenzaron a llegar oficiales y soldados, quienes anunciaban el éxito de las acciones, a lo que Belgrano no quiso dar crédito de entrada. Por ello comisionó al oficial José María Paz, para que se dirigiera a San Miguel e informara de la situación, mientras él seguía reclutando la caballería gaucha dispersa, que se había cebado cazando focos de soldados relistas que habían quedado aislados durante su repliegue. 

El entonces teniente José María Paz ingresó a la ciudad y comprobó que seguía en poder de los patriotas. Narra que: había cerca de 500 prisioneros, 5 cañones, armamento y muchos jefes de nota tomados al enemigo. La plaza estaba fuerte: las azoteas y casas inmediatas estaban ocupadas por nuestras tropas; los fosos y calles, bien artillados y guarnecidos; finalmente, todos resueltos a la más vigorosa defensa . Ello cambió toda la visión que tenía hasta entonces, la posibilidad de un impensado triunfo se manifestaba allí de manera patente. El mayor general Díaz Vélez le encargó informara de todo esto al general Manuel Belgrano, a efectos de que retomara el mando. 

Mientras se preparaba su caballo, cuenta Paz que, se anunció un parlamentario del enemigo, y efectivamente lo vi entrar a casa de Díaz Vélez, conducido del brazo por Dorrego, porque tenía los ojos vendados. Sucedía que el jefe realista Pío Tristán, haciendo un esfuerzo, intimaba rendición a la plaza. Díaz Vélez me hizo llamar para encargarme dijera al general (Belgrano) que la contestación que iba a dar era enérgica y negativa. Tristán amenazaba incendiar la ciudad y, según oí, se le contestó que en tal caso los prisioneros serían pasados a cuchillo. Entre estos estaban los coroneles Barreda, primo de Goyeneche; Peralta, tan mal herido que murió esa noche; el comandante de ingenieros Alcon; el auditor de guerra Medeiros (hijo) y algunos oficiales de nota . 

A todo esto, Belgrano, con los dispersos del ala izquierda en la zona de Los Aguirre, recibió esa noche informes de Díaz Vélez -enviados por medio de los capitanes Apolinario Saravia y el referido José María Paz- acerca de la situación. Con esos datos y habiendo reunido 600 jinetes, rumbeó, la mañana del 25, hacia la ciudad.

Se acercó a los realistas por el flanco derecho y envió un mensajero a Tristán – con quién tenía un lazo de amistad, ya que habían estudiado juntos en España- solicitándole que capitulara. El realista rechazó indignado la propuesta, pero no se atrevió a entrar en la ciudad. Disparó unos cañonazos, uno de los cuales fue a caer a la torre de la Iglesia de Santo Domingo, hizo movimientos de puro aparato y, hacia la medianoche, emprendió su retirada . 

Añadir leyenda
Sin los imprescindibles bastimentos y municiones que habían sido tomados por los patriotas, le era imposible sostener el sitio de una ciudad fortificada. La noche del 25 al 26 de septiembre de 1812, Tristán se retiró rumbo a Salta, dejando tras de sí 453 soldados muertos, 626 prisioneros, además 8 cañones, 350 fusiles y 139 bayonetas, 40 cajones de municiones de artillería y 30 de fusil, 3 banderas y 2 estandartes, en manos de tropas patrias que habían quedado entre otros trofeos .

Belgrano, al entrar en Tucumán encontró un clima de total algarabía: en una batalla imposible, el mismo día del Día de nuestra Señora de las Mercedes, se había vencido a un ejército poderoso que venía a imponer por la fuerza los derechos de un rey allende los mares.

En Tucumán, se salvó entonces la suerte de la revolución emancipadora, grabando para siempre el nombre de Belgrano y de Tucumán, en la historia de la Patria.


Fuente: José María Posse- "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los Berrotarán de Córdoba

Rama Tercera - Quinta Parte

Don Francisco Javier Berrotarán y Argüello, nacido alrededor de 1798, fallecido en Córdoba el 16-9-1854 casado en 1844 con doña Francisca Borja Celman Argüello, nacida alrededor de 1817, fallecida el 11-4-1892 y enterrada el mismo día en el Cementerio Público, hija de Juan Celman García y de Josefa Argüello Molina, doña Francisca era tía del Presidente Miguel Juárez Celman

Don Francisco Javier y Doña Francisca Borja fueron padres de:

1. Don Manuel Berrotarán y Celman, fallecido de un día de vida 10-11-1845

2. Doña Belisaria del Rosario Berrotarán y Celman, Bautizada por el facultado Marcelino Berrotarán, oleada y crismada el 14-7-1849 en la Catedral de Córdoba. Siendo Testigos: Ángel Ferreyra y Felisa Carrera

3. Don Javier Eulogio Berrotarán y Celman, nacido el 15-11-1851 y bautizado el 17 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos sus tíos don José Pío de León y su esposa doña Saturnina Berrotarán

4. Don Ezequiel Berrotarán y Celman, fallecido de dos años el 18-2-1856

5. Don Daniel Berrotarán y Celman, sin más datos

Anexo

Algunos Berrotarán que no he podido entroncar:

* Ventura Berrotarán casado el 29-1-1790 en la Catedral con Dorotea Zamudio Albarracín, hija de Joseph Zamudio y Gimena Albarracín, Siendo Testigos: don Joseph Antonio de Bustamante y don  Melchor Prado, Padrinos: don Aurelio Escalante y doña Dolores Escalanta, padres de:

1. José María del Jesús Berrotarán Zamudio, bautizado de dos días el 16-10-1796 en la Catedral, siendo padrinos: don Nicolás Luque y doña María Cufré

2. Esteban Berrotarán Zamudio, bautizado de un día el 3-9-1802-9 en la Catedral, madrina: Juana María Cufré, fallecido el 24-6-1840 y enterrado en el Cementerio Público. Casado el 28-5-1828 en la misma iglesia con María Ramírez, siendo Testigos: don Dionisio Lara y María Torres, padres de:
2.1 María Salustiana Berrotarán Ramírez, nacida y bautizada el 8-6-1828 en la Catedral, siendo su madrina: María Gualberta Torres
Esteban contrajo 2das nupcias el 27-11-1837 en la Catedral con María Arrieta Molina, hija de Tomás Antonio Arrieta y Juana Rosa Molina, siendo testigos: doña María del Carmen Ocampo y María del Carmen Arrieta.

3. María Josefa Berrotarán Zamudio, bautizada el 24-1-1805, tuvo tres hijos naturales
3.1 José Inocencio del Corazón de Jesús Berrotarán, nacido el 27-12-1837 y bautizado al día siguiente en la Catedral, siendo su madrina Ramona Antonia Ríos
3.2. Juan Crisóstomo Berrotarán, bautizado el 27-1-1839 en la Catedral
3.3. Fidel Berrotarán, nacido el 24-3-1841 y bautizado al día siguiente en la Catedral, siendo su madrina su tía María Andrea Berrotarán

4. Eugenio Berrotarán Zamudio, bautizado de tres días el 7-9-1807 en la Catedral, siendo padrinos: Francisco Almada y Juana de Dios Pérez

5. María Andrea Berrotarán Zamudio, bautizada el 30-12-1812, casada el 14-9-1840 en la Catedral con Basilio Domínguez, hijo de Asencio Domínguez y Manuela Molina, siendo testigos: don Mateo Pucheta y doña Florencia Villarroel, padres de:
5.1. Eusebia Casimira Domínguez Berrotarán, nacida el 4-3-1843 y bautizada al día siguiente en la Catedral, padrinos: Juan Aguirre y Eusebia Domínguez. Casada el 29-11-1873 en la misma iglesia con Justiniano Almeida y Porcel de Peralta
5.2. Nasario del Corazón de Jesús Domínguez Berrotarán, nacido el 28-7-1845 y bautizado el día siguiente en la Catedral, padrinos: Juan Aguirre y Eusebia Domínguez.
5.3. Esteban de las Nieves Domínguez Berrotarán, nacido el 5-8-1851 y fallecido el 13-10-1895, casado 1ra con Justina xx y luego el 5-4-1875 con Agustina Palacio Miguel
5.4. Edivuges Domínguez Berrotarán, nacido alrededor e 1851, casado el 30-7-1877 en la Catedral con Felisa Sánchez Álvarez, nacida alrededor de 1853
5.5. Juan Fructuoso Domínguez Berrotarán, bautizado el 21-1-1854 en la Catedral, casado el 31-1-1883 en la Catedral con Petrona Domínguez y Ladrón de Guevara, nacida alrededor de 1861
5.6. Andrea Feliciana del Corazón de Jesús Domínguez Berrotarán, bautizada el 5-2-1860

6. María Pabla Berrotarán Zamudio, nacida y bautizada el 24-1-1817 en la Catedral, siendo madrina doña Luis Luque.

* Ramón Berrotarán en su acta de casamiento declara ser hijo de padres no conocidos y criado por don Marcelino Berrotarán (¿quizás se refiere Marcelino Berrotarán y Argüello?), se casa el 1-12-1860 en la Catedral con Rosario Altamino

Autor: Ernesto Álvarez Uriondo (ernestoau@gmail.com)

Fuentes:

1) Arturo G. Lascano Colodrero: Los Berrotarán - Linajes de la Gobernación del Tucumán - Los de Córdoba
2) Archivo Diocesano de Guipúzcoa
3) Archivos Parroquiales de Córboba, Buenos Aires y Mendoza
4) Censo Nacional de 1869 y 1895
5) Censo de la Ciudad de Buenos Aires 1855
6) FamilySearch.org
7) Aporte Fotográfico y documental de Horacio Jesús Berrotarán

sábado, 20 de septiembre de 2014

El Ejército de Langostas

Cuenta la tradición de nuestros mayores, que en ese momento, en el que todo parecía perdido, aconteció un hecho que ha quedado en la leyenda, por lo curioso y casual o causal... en medio de la refriega, se levantó una tromba de viento, común para la época, que llevó consigo un gran tierral que levantó una manga de langostas, sorprendiendo a los realistas . 


Cabe destacar y aclarar que las invasiones de langostas se sucedieron hasta bien entrado el siglo XX, cuando el DDT y otros insecticidazas erradicaron a los dañinos insectos. Estos fenómenos naturales eran desconocidos para los soldados de Tristán, quienes en su gran mayoría venían del Alto Perú. En aquella aridez, es claro que las langostas no prosperan, por tanto el portento les pareció dantesco. 

Según la tradición oral transmitida por nuestros mayores, los zurrones al estrellarse en sus cuerpos, les hacían sentir que eran atacados a balazos o pedradas, con lo cual pararon en seco su avance.

Fue el momento más crítico. El ala izquierda española, librada de la caballería y apoyada por el batallón extra, arrolló a la columna de infantes patriotas de José Superí. Sobre la izquierda, formó los cuadros y se dispuso a atacar. Por su parte Tristán, antes arrollado por sus fugitivos hasta El Manantial, reorganizaba a toda prisa su tropa para embestir con la caballería, con lo cual destrozaría el centro, partiendo en dos el ejército rebelde, cuyo flanco izquierdo apenas ya se sostenía.

Entonces, el mayor general Eustaquio Díaz Vélez, segundo al mando, tomó una inteligente decisión. Sus hombres habían capturado la mitad de la artillería enemiga, tenían más de 500 prisioneros y en su momento habían roto en tres puntos la línea española. Pero avizoraba las consecuencias que podía tener el martillo formado sobre la izquierda, y con sus catalejos, de seguro ya advertía el reagrupamiento de la caballería enemiga. Para colmo de males no podía conectarse con Belgrano. 
Resolvió entonces replegarse a la ciudad, para poner a buen recaudo la artillería y los presos. Confiaba en resistir desde la plaza fortificada, lo que era ajustarse al plan inicial. Como pudo arrastró tras de sí a aquél tropel de hombres y animales que se separaban de sus líneas.

En esos momentos ocurrió algo bastante curioso, el resto del convoy de bastimentos, parque, víveres y municiones de los realistas, entró pacíficamente a San Miguel de Tucumán por el otro extremo, creyendo que ya estaba tomada. Los defensores de la ciudad los capturaron de inmediato en medio de la lógica algarabía .


Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

viernes, 19 de septiembre de 2014

Tiempo de Morir

De reacción rápida, Belgrano decidido a aprovechar el factor sorpresa ordenó que el ala derecha de su caballería (compuesta por más de cuatrocientos hombres de los “Decididos” de Tucumán), y de Dragones comandada por Balcarce, atacara de inmediato.


La atropellada de los gauchos, quienes salían sorpresivamente por imperceptibles senderos del monte circundante dando de alaridos y haciendo sonar los guardamontes, fue mortal. El ímpetu de la carga puso en fuga la caballería de Tarija y desbarató la de Arequipa, que custodiaba los bagajes. Batallones enteros se perdieron en la confusión, siendo lanceados sin piedad por esa turba enloquecida que penetró hasta las cercanías mismas del Estado Mayor de Pío Tristán.

Los realistas huyeron dejando atrás una enorme cantidad de bastimentos, cañones, armas y municiones. Incluso el tesoro del ejército y hasta el coche personal del general.

De inmediato los milicianos gauchos se obstinaron a saquear metódicamente todo lo que pudieron, por lo cual esta tropa terminó perdiéndose para el resto de la acción, aunque desde los montes cercanos se dedicaron a cazar todo grupo disperso de realistas, como lo relata José María Paz en su mencionado libro .

Mientras, avanzaban disparando los cuadros de infantería de Belgrano, a tiempo que el barón de Holmberg hacía tronar los cañones. Unida esta acción a la eficacia de la artillería derecha y a la de la infantería de Carlos Forest, habían logrado desarmar y hacer retirar a toda el ala izquierda enemiga, en total desorden hacia el puente de El Manantial.

En el centro, las cosas también se mostraban felices en un primer momento para los patriotas. El único peligro estaba en que parte de la infantería realista, al avanzar resueltamente, puso en apuros a Ignacio Warnes, quién capitaneaba las milicias de infantes, pero pronto la reserva, a cargo del intrépido Manuel Dorrego, acudió en su auxilio. La hueste de Tristán comenzó entonces a ceder terreno, desamparada como estaba por la derrota de la caballería del ala derecha.



Impensadamente, aquella columna que el general Pío Tristán había desprendido para bloquear por el sur, volvió para participar en el combate: cómodamente desplegada, acudió en apoyo del ala izquierda realista, que había logrado desorganizar a la caballería patriota de José Bernaldes Palledo, que tenía a su frente. 

No debemos olvidar que los partidarios del rey eran profesionales y con los refuerzos, pronto rearmaron sus cuadros, quienes acudían al toque de los clarines y a la voz de mando de sus jefes, en formación a cada regimiento al que pertenecían. La sorpresa había pasado. La hora de la verdad se acercaba, ya que sincronizadamente comenzaron a encolumnarse en una formación conocida como “martillo” para rodear y neutralizar la infantería patriota. 

El ímpetu inicial se paró en seco y las tropas de Belgrano, -comenzando por los bisoños-, retrocedieron desordenadamente en medio de aquel escenario humeante, regado por la sangre de griegos y troyanos. 

Esto creó un desbande general, lo que motivó que Belgrano, poniendo en riesgo de su vida se corriera él mismo para tratar de reordenar el caos circundante, lo que en parte consiguió. Desde la derecha, galopó hacia esa crítica izquierda para mandar que cargaran, pero cuando llegó, los soldados ya estaban en tumultuosa retirada. No pudo contenerlos y el ímpetu arrastró al general hacia el sur, sacándolo del campo de batalla, la que creyó perdida .

Fuente: José María Posse. "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-

jueves, 18 de septiembre de 2014

Patriotas y Realistas en el Tucumán de 1812

Don Manuel Posse

El Cabildo de Tucumán, que se había pronunciado dos años atrás a favor de Buenos Aires en los sucesos de mayo de 1810, en el mes de agosto de 1812 se encontraba ante una grave disyuntiva. Sus miembros, en su mayoría pertenecían a la clase española, por ser hijos o nietos de peninsulares. Los españoles en sí, conformaban un grupo social privilegiado, nunca se habían sentido iguales a los criollos, aunque sus hijos ya lo fueran. Se consideraban depositarios de la tradición hispánica, señores de la tierra y tenían además pasión por su rey . 

Por todo ello, su situación era peligrosa: si las fuerzas realistas conquistaban Tucumán, mucho tendrían que explicar de su postura en 1810; pero si el Ejército del Norte se estancaba en la ciudad, no tendrían más que tomar partido a riesgo de ser considerados traidores al viejo régimen de gobierno. Sus vidas y fortunas pendían de un hilo y se vigilaban permanentemente las actividades que desplegaban. Así las cosas, era lógico suponer que optarían por un discreto status quo a efectos de comprometer lo menos posible sus intereses. Lo cierto es que, como señala la historiadora Elena Perilli de Colombres Garmendia, Belgrano ordenó que salieran de la ciudad, en los días previos a la batalla, aquellos españoles que pudieran ser sospechados de espías, tal el caso del Teniente Tesorero del Cabildo Manuel Antonio Pereyra, quién fue despachado junto a los demás europeos rumbo a Santiago del Estero .
Cuando se supo de la cercanía del ejército de Belgrano, el Teniente Gobernador, Francisco Ugarte solícito ofreció a Balcarce las armas de la ciudad, mientras el resto de los cabildantes comenzaban a empacar sus bagajes para retirarse junto a sus familias a la vecina provincia de Santiago del Estero. El único de ellos que se quedó y formó parte del ejército patrio fue Cayetano Aráoz, como lo consignó el propio Belgrano .
Doña Agueda Tejerina de Posse
En sí, fueron pocos los realistas que tuvieron la valentía de jugarse abiertamente por su rey. 
El gallego don Manuel Posse, quién era el comerciante más acaudalado de la provincia, envió un convoy de carretas con alimentos y bastimentos en auxilio de las tropas realistas comandadas por Pío Tristán. Belgrano se enteró del hecho y ordenó tomar prisionero a Posse, quién debió ser fusilado de inmediato, sin embargo fue enviado a Córdoba, lugar de destino final del derrotado ejército patriota. Allí se resolvería su destino, aunque la decidida actuación de su mujer, doña Agueda Tejerina, dama patricia de gran predicamento en la ciudad, logró dar vuelta la opinión del general. Al perdonar la vida de don Manuel, se granjeó la simpatía de muchos, quienes valoraron ese gesto de magnanimidad, lo que constituyó un golpe político a su favor. Así Posse salvó su vida, aunque tuvo que pagar una cuantiosa suma para el sostenimiento de las fuerzas criollas .
Otro importante comerciante español, don Juan Ignacio Garmendia amigo personal de Tristán, fue más cauto y prefirió esperar el desenlace de los hechos en la ciudad, lo que por algún motivo se le permitió. Al punto que en la mañana de la batalla el general realista pagó a un aguatero para que le llevara una pipa de agua a casa de Garmendia, frente a la plaza de la ciudad, ya que quería darse un baño caliente antes del almuerzo . Tan seguro y ensoberbecido estaba el general realista de que Belgrano no le haría frente en Tucumán, que no tomó mínimas prevenciones, lo que terminaría siendo su perdición.
Gral. Bernabé Aráoz
Las divisiones entre patriotas y realistas eran muy marcadas en el seno mismo de las estirpes tucumanas. En el caso de los referidos Posse, mientras don Manuel, cabeza de la familia, era un activo partidario de la causa realista, no lo era así su mujer doña Agueda quién donó sus joyas y dio ingentes sumas de dinero en apoyo del Ejército del Norte. De sus hijos: Francisco y Simón apoyaban la postura paterna, mientras José Víctor y Vicente prestarían invalorables servicios a Manuel Belgrano y luego al General San Martín en sus estadías en Tucumán, cuando el ejército se acantonó en la Ciudadela. Uno de los vástagos menores del matrimonio, Luis, estuvo entre las tropas de reserva que quedaron en la ciudad el 24 de Septiembre .
En el caso de Garmendia, su mujer, doña María Elena Alurralde, al enterarse que Tristán pretendía almorzar en su casa, según tradición familiar exclamó: Además del baño le voy a preparar una horca, cuya cuerda y dogal serán trenzados con los cabellos de las tucumanas…
Posteriormente, tres de las hijas del matrimonio Garmendia Alurralde contraerían casamiento con oficiales de Belgrano, quién apadrinó la boda, la que se realizó en una sola ceremonia dadas las prisas del ejército. Destaco entre ellas a doña Crisanta Garmendia, quién casó con Jerónimo Helguera, integrante del círculo íntimo del general.
Otro caso conocido ocurrió en el seno de la familia Laguna Bazán. El cura Miguel Martín Laguna era un prestigioso sacerdote y hombre público, nacido a fines del Siglo XVIII. Durante los sucesos de mayo de 1810 fue un realista convencido, oponiéndose a la facción criolla. En 1812 Laguna apoyó decididamente a Pío Tristán mientras se acercaba con su ejército a Tucumán, lo que le costó quedar prisionero por orden de Belgrano. Como muchos sacerdotes de la época, creía que los rebeldes cultivaban filosofías anticatólicas y los combatía con vehemencia inusitada. De manera opuesta pensaba su hermano, el Dr. Nicolás Laguna, quien fue un patriota de la primera hora jugado a favor de la causa independentista. Cuando ocurrieron los sucesos de Mayo, desde el cabildo él propuso que se llamara a representantes de toda la provincia para discutir un sistema de gobierno representativo a los intereses generales .
Así las cosas, no existía mucho margen de acción entre los habitantes de ese pequeño núcleo poblacional que no llegaba a 6.000 almas. Fue por ello que el cabildo no apoyó abiertamente a las fuerzas españolas en marcha, ya que se arriesgaban a sufrir el escarnio público de la mayoría que se había declarado a favor de romper vínculos con España. 
Queda imaginar el nerviosismo de aquellos tucumanos: la suerte había sido echada y sus destinos se encontraban ligados al éxito o al fracaso de la causa, con consecuencias probablemente dramáticas.
En sí, los partidarios de la revolución no podían tener muchas esperanzas en ese grupo desmoralizado y derrotado que comandaba un abogado sin experiencia militar y que las circunstancias lo habían convertido en General. ¿Cómo podría enfrentar a ese ejército profesional, que avanza prácticamente sin oposición desde el Alto Perú?
El Combate de Las Piedras vino a cambiar sustancialmente el cuadro de situación: de pronto la vanguardia realista había sufrido una humillante derrota, demostrando que no eran invencibles. 
Seguramente ello dio esperanzas para aquellos que temían que si Tristán alcanzaba a Belgrano en Tucumán, lo inevitable sería una masacre, que liberaría a todos los demonios de una guerra que ya tocaba a sus puertas.
A estas alturas, queda claro que no fueron los cabildantes quienes fueron a conferenciar con el General Belgrano en el camino que ya tomaba hacia Córdoba. No eran los representantes del pueblo tucumano quienes le pidieron al general que se quedara a dar batalla en Tucumán. Muy por el contrario, quienes salieron al encuentro de Belgrano fueron las cabezas de la criolla familia de los Aráoz, comerciantes, clérigos y hacendados de gran ascendencia entre el pueblo llano de la provincia. Patrones de cientos de hombres rudos, fogueados en las faenas del campo, quienes trabajaban en sus fincas, especialmente en la zona de Monteros, donde tenían grandes extensiones de tierras.
Esa fue la fuerza real con la cual los tucumanos apoyaron al Ejército del Norte. La embajada, compuesta por Bernabé y Cayetano Aráoz, (que si bien ocupaba un lugar en el cabildo, no fue en su representación), su pariente, el cura Pedro Miguel Aráoz (luego congresal de nuestra Independencia, en 1816), y el oficial salteño Rudecindo Alvarado. Fueron ellos, como grupo representativo del sentir de la mayoría de comprovincianos, quienes lograron convencer a Belgrano, que existía una mínima esperanza. Era el lugar y el momento para jugarse el todo por el todo. 
En aceptar el desafío, desafiar la orden de Buenos Aires y dar batalla estuvo la genialidad de Belgrano y esto marcó el destino de la patria naciente. 
Mientras, muchos optaron por dejar sigilosamente la ciudad, en Septiembre de 1812, el pueblo llano de Tucumán, animado por sus líderes cívicos fue quién sostuvo al ejército patrio conduciéndolo a una improbable victoria. 
Tenían tan poca fe en el General Belgrano
y en el triunfo de sus armas, que con conocimiento y consentimiento de él, el gobernador Domingo García y D. Francisco Ugarte echaron en el pozo de sus respectivas casas una gran cantidad de plomo necesario para la fabricación de balas, que estaba en la maestranza pero que no se pudo llevar a Santiago del Estero, por su gran cantidad y peso. En honor a la verdad, García se ocupó de juntar provisiones para los soldados, pero estos sólo fueron hechos aislados . El Cabildo de Tucumán, como institución, no tuvo injerencia alguna en la prédica patriótica que inflamó los pechos y despertó el coraje con el cual Tucumán se convirtió en el sepulcro de la dominación hispánica.

Fuente: José María Posse. del libro "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los Berrotarán de Córdoba

Rama Segunda - Cuarta Parte

Marcelino de Berrotarán y Argüello, nacido alrededor 1794, fallecido el 16-10-1857 en Córdoba, se casó con doña Saturnina Garzón, nacida alrededor de 1824, fallecida el 16-10-1908 y enterrada el 17-10-1908 en el Cementerio Público de Córdoba, hija legítima de José Benita Garzón y Tomasa Vázquez Maceda, padres de:

1. Nicolás Manuel de la Concepción Berrotarán y Garzón, que sigue en I            

2. Isabel Emilia Berrotarán y Garzón, nacida 1-7-1854, bautizada el 3 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos: don Manuel Irigoyen y doña Gregoria Garzón, se casó 27-4-1881 en la Catedral con su pariente en cuarto grado don Rogelio Martínez, nacido alrededor de 1857 en Pontevedra,  fallecido el 20-4-1912 y enterrado el mismo día en el Cementerio Público, hijo José Martínez y Rosa Garzón, fueron testigos: su hermano Nicolás de la Concepción y su madre Saturnina. Este matrimonio tuvo destacada descendencia entre la cual estuvo su hijo el Dr. Enrique Martínez Berrotarán (1887-1938), Médico, miembro del Partido Radical, Gobernador de Córdoba en 1928 y Vice-presidente de la República Argentina (1928-1930). Se tratará en el linaje Los Martínez

3. Juana Saturnina Berrotarán y Garzón, nacida el 23-6-1857, bautizada el 25 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos su tíos abuelos Félix Garzón y María del Rosario Rudecinda Vázquez Maceda, falleció a los 15 años el 19-10-1872 siendo enterrada en el Cementerio Público.

I. Nicolás Manuel de la Concepción Berrotarán y Garzón, nacido el 6-12-1851, bautizado el 8 del mismo mes y año en la Catedral, siendo sus padrinos don José Garzón y doña Juana Manuela de Saráchaga, fue abogado, docente universitario, ministro de gobierno y Vice-gobernador de Córdoba entre 1901-1904, falleció el 23-12-1911, siendo enterrado al día siguiente en el cementerio público de Córdoba. Don Nicolás M. contraído matrimonio el 19-12-1879 en la Catedral con doña Rafaela del Rosario Capdevila Amenábar (cuya ascendencia de trató en Los Capdevila), siendo testigos don Rafael Garzón y doña Saturnina Garzón. Fueron padres de:

1. Marcelino Eustaquio Berrotarán y Capdevila, nacido el 20-9-1880 y fallecido el 10-7-1939, casado el 20-10-1910 en la Catedral con Ángela Rosa Lozada, hija de Telésforo Lozada y Rosa Echenique. Siendo testigos sus padres: Nicolás M. Berrotarán y Rafaela Capdevila. Padres de:
1.1. Ángela Rosa Berrotarán Lozada, nacida el 13-10-1911 y bautizada el 16 del mismo mes y año, en la Catedral, casada con Juan Carlos de la Riestra, con sucesión
1.2. Luis Francisco Berrotarán Lozada, nacida el 4-10-1912 y bautizada 7-10-1912 en la Catedral, siendo sus padrinos: Juan Echenique Rosa Echenique, casado en 1940 con Ana María Roque Allende, con sucesión
1.3. Sor Marta Elena Berrotarán Lozada, nacida el 21-5-1914 y bautizada el 30-5-1914 en la Iglesia Inmaculada Concepción de Río Cuarto, siendo sus padrinos: Telésforo Lozada y Rafaela Capdevila. Perteneció a la Orden Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús
Marta A. Berrotarán
1.4. Marta Alicia del Rosario Berrotarán Lozada, nacida el 1-10-1916 y bautizada el 3-10-1916 en Río Cuarto, siendo sus padrinos: José Cristóbal Berrotarán y Valentina Berrotarán, casada con Ernesto Pastrana, con sucesión
1.5. María Ana Elvira Berrotarán Lozada, nacida el 26-7-1918 y bautizada el 29-7-1919 en la Catedral casada con Eduardo Monguillot
1.6. Ester Victoria Berrotarán Lozada, nacida el 25-7-1920 y bautizada el 30-7-1920 en la Catedral, siendo sus padrinos: Manuel Carranza (h) y Carolina Lozada, casada con Juan Bautista Oliva Otero, con sucesión
1.7. Laura Berrotarán Lozada, casada con Guillermo Castellano, con sucesión
1.8. Alcira Berrotarán Lozada casada con Federico Roldán, con sucesión
1.9. Olga Berrotarán Lozada casada con Carlos Torres Bas, con sucesión
1.10. Isabel Berrotarán Lozada casada con Héctor Roldán, con sucesión

2. Nicolás Tiburcio del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, casado con Carlota Carranza, padres de:
2.1. Nicolás Manuel Berrotarán Carranza, nacido el 24-3-1915 y bautizado el 30 del mismo mes y año en la Inmaculada Concepción de Río Cuarto, siendo sus padrinos; Wenceslao Carranza y Josefa Rafaela Berrotarán
2.2. Wenceslao Héctor Alejandro Berrotarán Carranza, nacido el 17-10-1916 y bautizado el 21-10-1916 en la Iglesia Nuestra Señora del Pilar de Córdoba, siendo sus padrinos: su tío Marcelino Eustaquio Berrotarán y su tía Josefa Rafaela.

3. Diego Estanislao del Corazon de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacido el 12-11-1888 y bautizado el del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Rogelio Martínez Garzón e Isabel Emilia Berrotarán, casado el 3-12-1915 con Nélida Martínez de Betancur, nacida alrededor de 1894, hija de Ramón Martínez de Betancur y Eulogia Martínez de Betancur, siendo testigos su hermano Marcelino y su suegra Eulogia. Padres de:
3.1. José Ignacio Berrotarán Martínez, casado con Aída Isabel Díaz de Olmos, hija de José Manuel Díaz Pizarro y María Aída Olmos Gordillo, padres de:
3.1.1. Horacio Jesús Berrotarán Díaz
3.1.2. María Cecilia Berrotarán Díaz
3.1.3. Marcelo Berrotarán Díaz
3.1.4. María Isabel Berrotarán Díaz
3.1.5. María de las Mercedes Berrotarán Díaz
3.1.6. María de los Ángeles Berrotarán Díaz
3.1.7. Magdalena María Berrotarán Díaz
3.1.8. José Ignacio Berrotarán Díaz
3.1.9. Dolores Berrotarán Díaz
3.1.10. Alicia Berrotarán Díaz
3.1.11. Graciela Berrotarán Díaz
3.1.12. Inés María Berrotarán Díaz
3.1.13. Alejandro José Berrotarán Díaz

3.2. María Nélida Eufemia del Perpetuo Socorro Berrotarán Martínez, nacida el 3-9-1916 y bautizada el 11 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: su tío Rafael Berrotarán y Eulogia Martínez de Betancur, casada en 1940 con Juan Antonio Carlos Iturriza, con sucesión
3.3. Miguel Ángel del Corazón del Jesús Berrotarán Martínez, nacido el 6-1-1919 y bautizado el 11 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: su tío José Cristóbal Berrotarán y Lidia N. de Gil, casado con María Elena Villgara, con sucesión
3.4. Raúl Ernesto Berrotarán Martínez, casado con Delia Rodríguez, con sucesión
3.5. Héctor Andrés Berrotarán Martínez, casado con Ana María Navarre,con sucesión
3.6. Mario Berrotarán Martínez, con sucesión
3.7. Estanislao José Berrotarán Martínez, casado con María Elena García Faure, con sucesión
3.8. Clara Rosa Berrotarán Martínez, casada con Guillermo Klix López, con sucesión

4. María Felisa Berrotarán y Capdevila, nacida el 23-3-1893 y bautizada el 27 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Tomás Bas y Marta Primitiva Capdecila, casada el 10-12-1921 en la Catedral con Luis Guillermo Olmedo Figueroa, con sucesión que de tratará en Los Olmedo

5. Josefa Rafaela del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacida el 28-4-1895 y bautizada el 6-5 del mismo año, en la Catedral, siendo sus padrinos Arturo Bas y Loreta Eusebia Capdevia, casada con Alfredo Silvio Olmedo Figueroa, hermano de Luis Guillermo, con sucesión que de tratará en Los Olmedo

6.  Rafael Berrotarán y Capdevila casado con Cora Vázquez y Ordóñez, padres de:
Mary (Gaby) Berrotarán
6.1. Mary (Gaby) Berrotarán Vázquez casada con Ezequiel Federico Pereyra Zorraquín, cuya descendencia de tratará en los Pereyra
6.2. Rafael Nicolás Berrotarán Vázquez casado con María Rosa Nores Frías, padres de
6.2.1. Gabriela Berrotarán Nores
6.2.2. Florencia Berrotarán Nores
6.2.3. Rafael Ignacio Berrotarán Nores
6.2.4. Martín José Berrotarán Nores

7. María Juana del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacida el 12-1-1887 y bautizada en la Catedral 21 del mismo mes y año, fallecido el 8-12-1887 y enterrado al día siguiente

8. Salvador Martín del Corazón de Jesús Berrotarán y Capdevila, nacido en 12-11-1888 y bautizado el 21 del mismo mes y año, siendo sus padrinos: Agustín Garzón y Juana Amenábar, casado en 12-12-1912 con Flora Adela Reschia, nacida alrededor de 1890, hija de Bernardina Reschia y Flora Fosatti, siendo testigos: su hermano Diego Estanislao y y  Bernardino Reschia. Padres de:

8.1. María Lucrecia Berrotarán Reschia casada con Rodolfo Viale
8.2. Salvador Nicolás Berrotarán Reschia casado con Norma Angélica Heredia, padres de:
8.2.1. Carlos Salvador  Berrotarán Heredia
8.2.2. Alejandro Miguel Berrotarán Heredia, con sucesión
8.2.3. José María Berrotarán Heredia
8.2.4. Marcela Berrotarán Heredia
8.3. Carlos Martín Berrotarán Reschia casado con María Lidia Echegaray, padres de:
8.3.1. Carlos Raúl Berrotarán Echegaray, con sucesión
8.3.2. Horacio Martín Berrotarán Echegaray, con sucesión
8.3.3. Ricardo María Berrotarán Echegaray, con sucesión
Rafaela A. Berrotarán de Lozano
8.4. Rafaela Angélica Aurea Berrotarán Reschia, nacida en 24-8-1919 casada con Alberto Lozano Cuny, con descendencia que se tratará en Los Lozano
8.5. Guillermo Esteban del Corazón de Jesús Berrotarán Reschia casado con Dolores Iglesias Gassol, padres de:
8.5.1 Mónica Adriana Berrotarán Iglesias casada con Agustín Justo Ernesto García Terán, con descendencia que será tratada en Los García
8.6. Raquel Berrotarán Reschia, casada con Andrés Maldonado, padres:
8.6.1. Gustavo Maldonado Berrotarán
8.6.2. Fernando Maldonado Berrotarán
8.6.3. Roberto Maldonado Berrotarán
8.6.4. Raquel Maldonado Berrotarán
8.7. María Teresa del Corazón de Jesús Berrotarán Reschia casada con Wenceslao Caballero Lescano, con suceción que se tratará en Los Caballero
8.8. Estela Berrotarán Reschia casado con Pablo Singer, padres de:
8.8.1. Horacio Singer Berrotarán
8.8.2. Patu Singer Berrotarán
8.9. Eduardo Antonio Berrotarán Reschia casado con Leonor Villafañe, padres de:
8.9.1. Liliana Berrotarán Villafañe
8.9.2. Eduardo Berrotarán Villafañe

9. José Cristóbal Berrotarán y Capdevila, nacido el 10-7-1898 y bautizado 16-7-1898 en la Catedral, siendo sus padrinos: don Marcelino B. y doña Isabel Martínez, Estanciero

10. José María Berrotarán y Capdevila

martes, 16 de septiembre de 2014

Nubes de sangre al amanecer

Al amanecer del jueves 24 de septiembre de 1812, los realistas se ponen en marcha en perfecta formación. Pero cuando empiezan a moverse desde Los Nogales, el incendio de los pajonales de la Puerta Grande -artimaña armada por una partida del joven oficial criollo Gregorio Aráoz de La Madrid- obliga a Tristán a torcer y tomar el Camino del Perú. Ya para entonces sabe perfectamente que Manuel Belgrano está en la ciudad, a la que ha fortificado . 



En el puente de El Manantial, despachó un batallón hacia el sur para cortar una eventual retirada patriota, con ello encerraba definitivamente a Belgrano. Luego, cruzó el puente y con el grueso de la fuerza rumbeó a la ciudad, con el pensamiento que el general criollo buscaría una solución parlamentaria. En sí, nunca creyó que entraría prontamente en combate.



Cuando los exploradores informaron a Belgrano que Tristán iba a entrar por el oeste, movió sus fuerzas para esperarlo allí, en el llamado Campo de las Carreras. Para defender la ciudad, dejó dos compañías de infantes y las piezas de artillería más pesada. La idea, era dar batalla, y según los resultados, resguardarse en la ciudad en caso de un revés militar. No olvidemos que el general porteño había peleado durante las invasiones inglesas y conocía muy bien la manera más eficaz de combatir desde una urbe en pie de guerra. Conocía del valor que nace en los hombres, al tener que defender el hogar amenazado por fuerzas beligerantes. Es entonces cuando los actos de mayor arrojo y valentía pueden arrancarse, cuando la entrega a un objetivo derriba cualquier límite autoimpuesto. Cada día que pasaba, el general se convencía más que aquella ciudad de valientes, haría pagar caro la vida de sus habitantes. Decididos como estaban, aquellos pacíficos comerciantes, artesanos y agricultores, se convertían en centauros.



Llegado al lugar donde se desarrollaría la batalla, Belgrano dispuso la caballería en ambos flancos y en la primera línea, los infantes al frente, formados en tres columnas. En cada uno de los claros dejados por infantes y jinetes, emplazó una pieza de artillería y una fracción de caballería. 
Así comenzó a desplegarse la línea del Ejército, que ocupaba una decena de cuadras. Una punta llegaba hasta el actual convento de Las Esclavas, y la otra hasta Los Vázquez, en el paraje conocido hasta mediados del siglo XX, como Quema de basuras. 



A mediodía del 24 de septiembre, día de la Patrona de Tucumán: La Virgen de la Merced, los patriotas esperaron en formación en las puertas mismas de la ciudad el ingreso del Ejército del Rey.
El Campo de las Carreras era un sector despejado hacia el oeste de San Miguel, de unos cuatrocientos metros de largo, por unos treinta de ancho. Allí se corrían carreras cuadreras, la gran diversión de los tucumanos de entonces. Hacia el suroeste, estaba la Cancha de las Carreras, que era un descampado aún mayor. Allí fue donde las acciones se hicieron más cruentas . Lo rodeaban espesos bosques de árboles y arbustos, flora típica de la zona que impedían la visión, lo que fue aprovechado por Belgrano para esconder el grueso de su caballería gaucha.



Mientras, la infantería Patria se encolumnaba en perfecta formación con las baterías del Barón Von Holmberg que había construido su prestigio en Europa, secundado por un jovencito José María Paz, que dejó en sus Memorias un excelente relato de la batalla, por ser testigo y partícipe de los hechos. 
Los otros capitanes del ejército patriota eran muchachos jóvenes. Valerosos como voluntariosos, por ahora rescato entre tantos los nombres de los tucumanos: Alejandro y Felipe Heredia, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Diego Aráoz y un hijo de tucumana (también de sangre de los Aráoz) Eustaquio Díaz Vélez.



Ese grupo heterogéneo vio ingresar en la mañana una compacta columna de soldados, seguramente polvorientos, pero en perfecta sincronía con el deber ser de una tropa en marcha. Con los cañones aún sobre las mulas y las armas descargadas, fueron virtualmente sorprendidos en un callejón de tiro al blanco por los patriotas.


Fuente: José María Posse. del libro "Tucumanos en la Batalla de Tucumán". Tucumán 2012.-