viernes, 31 de octubre de 2014

La Biblioteca del Vaticano digitaliza y comparte en Internet su archivo

La Biblioteca Apostólica del Vaticano ha digitalizado y colgado en Internet su archivo con 4.000 manuscritos de gran valor histórico en alta resolución que podrán visitarse desde cualquier dispositivo electrónico.
   
El archivo digital ya está accesible en el dominio www.vaticanlibrary.va y también puede visitarse desde el portal www.digitavaticana.org, que mantiene Digita Vaticana, una fundación que obtiene fondos para que se lleven a cabo los proyectos de conservación de los archivos históricos de la Santa Sede.

El proyecto para la digitalización de la Biblioteca Apostólica del Vaticano comenzó a finales del mes de marzo con la firma de un contrato de cuatro años de duración con la empresa NTT DATA para digitalizar parte del archivo eclesiástico.

Monseñor Cesare Pasini, prefecto de la Biblioteca Apostólica del Vaticano, ha indicado que con este proyecto "se cumple  la misión de poner a disposición de todo el mundo algunos de los tesoros más conocidos de la humanidad, por medio de la colaboración y puesta en común del conocimiento de instituciones y compañías en todo el planeta".

NTT DATA ha implantado la infraestructura que asegura el almacenamiento a largo plazo, así como la custodia de los archivos digitales. En la actualidad, la empresa está optimizando la gestión de su tecnología de metadatos para desarrollar una función de búsqueda eficiente para el archivo digital de la Biblioteca Apostólica del Vaticano, según ha informado la compañía.

"Estamos verdaderamente emocionados de ver que las imágenes en alta resolución de estos antiguos manuscritos están al alcance de todo el mundo", ha asegurado Toshio Iwamoto, presidente y consejero delegado de NTT DATA.

La compañía tiene previsto continuar con la implantación de otras soluciones tecnológicas "para contribuir a la investigación y el desarrollo en diversas disciplinas académicas, así como para satisfacer la curiosidad que generan estos antiguos documentos".

Fuente: eurorapress

Los López de Vera


El Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, tiene el gusto de invitar a Ud. a la presentación de su publicación especial: “Los López de Vera. 1710 - 2014” libro de los genealogistas Jorge Corominas y Ventura Murga. Presentación a cargo: del Dr. Carlos Paéz de la Torre.
A llevarse a cabo en las instalaciones del Jockey Club de Tucumán, el día lunes 3 de noviembre a horas 20 y 30.


martes, 28 de octubre de 2014

Estudian el movimiento poblacional a partir de los apellidos

Iglesia en Casabindo
Científicos de la Universidad Nacional de Jujuy y el CONICET realizan investigaciones sobre los apellidos de los habitantes de la Puna jujeña para conocer el pasado histórico de las comunidades y el flujo poblacional.


La localidad de Casabindo fue el territorio de un pueblo originario homónimo que pobló el sector central de la Puna de Jujuy en el siglo XVI. Tras la llegada de los conquistadores españoles, el territorio de los Casabindo fue entregado como parte de una encomienda al marqués del Valle de Tojo, conocido por los pobladores como Marqués de Yavi. 

Para los investigadores, esta circunstancia dejó  registros de los nombres de los pobladores originarios de ese territorio desde 1557. Los archivos muestran que los Casabindo carecían de apellidos y contaban exclusivamente con nombres, pero con la evangelización, más de 100 años después de ese primer registro, los indígenas pasaron a tener un nombre de origen español. Y los nombres masculinos autóctonos de Casabindo fueron tomados como apellidos.

Científicos del Instituto de Biología de la Altura de la Universidad Nacionalde Jujuy y de CONICET utilizan desde 1998 la metodología de análisis de apellidos para conocer el flujo y movimiento migratorio de la sociedad y la dinámica poblacional de varias localidades de la Punajujeña.

Al respecto, la directora del Instituto, doctora en Ciencias Naturales y miembro de la Asociación de Antropología Biológica Argentina (AABA), Emma Alfaro, explica las ventajas de esta metodología frente a los estudios con marcadores moleculares que resultan "más costosos en términos de tiempo y dinero”.
"Los apellidos  nos otorgan información indirecta de los modos de herencia, pero son fáciles de obtener, baratos y están disponibles en innumerables bases de datos”, asegura la investigadora del CONICET que, junto a su equipo, recurre los padrones electorales como punto de partida de sus investigaciones. 

La Dra. Alfaro reconoce, no obstante, que existen algunos inconvenientes al momento de trabajar en el estudio de apellidos y da algunos ejemplos: "Un chico adoptado va a compartir el apellido de la persona que la adopta pero no va a compartir sus genes. Además, en los registros escritos de las migraciones, los apellidos sufrieron mutaciones, como sucedió en los casos de personas que ingresaron al país oriundas de Europa del Este o países árabes especialmente”.

Sin embargo, aclara que el método, que se utiliza para investigar el flujo poblacional, permite cubrir poblaciones actuales grandes y rastrear datos históricos.
En el caso estudiado de los Casabindo, el equipo liderado por la Dra. Alfarodetectó cómo los nombres de personas de las comunidades autóctonas se han preservado y hoy figuran como apellidos en la población actual de la región. "Todavía hoy podemos encontrar al menos 25 de esos nombres autóctonos de 1650 usados como apellidos”, precisa la científica.

Un dato curioso es que todos los nombres de mujeres indígenas se perdieron porque en el bautismo los españoles ponían como apellido el nombre autóctono del padre. "Ese mecanismo empieza a verse alrededor del 1680, donde empiezan a aparecer las primeras mujeres con un apellidos que antes eran nombres exclusivos de los varones”, aclara.


Fuente: Agencia CTyS

lunes, 27 de octubre de 2014

El verdadero origen de la palabra Tarija

Plaza de Armas en Tarija

Se trata de una palabra de origen español y árabe. A este valle le pusieron el nombre de Tarija 39 años antes de que fuera fundada por Luís de Fuentes y Vargas, según Elías Vacaflor. En España hay una ciudad con el mismo nombre.

El historiador Elías Vacaflor Dorakis investigó 12 años para conocer el verdadero significado y origen de la palabra “Tarija”, que es el nombre que tiene el valle del sur de Bolivia. Lo cierto es que se trata de un vocablo español y árabe que significa torre o torrecilla y que era el apellido de un conquistador árabe.

Este trabajo de investigación empezó en mayo de 1998, fruto de una serie de preocupaciones y dudas en torno a un artículo publicado por el historiador Rossel en 1993, en Tarija, que titulaba “El origen histórico de Tarija”, que daba a conocer que el nombre de Tarija, de acuerdo a El Mercurio Peruano, era en homenaje a un “supuesto” conquistador español de nombre Francisco Tarija.



Entonces para constatar esa versión, Vacaflor logró conseguir los ejemplares de El Mercurio Peruano al que se hacía referencia. Efectivamente, en la edición 37, del 8 de mayo de 1791, da inicio al trabajo titulado “Descripción Histórica de la provincia de Chichas y Tarija”. En la página 19 da cuenta que después de los conflictos entre los bandos de Pizarro y Almagro hubo un grupo de españoles que no estaban contentos con los enfrentamientos, y uno de ellos, Francisco Tarija, se instaló al sur del territorio. Sin embargo, en el artículo no se indica cual era su patria, aunque se presumía que era sevillano.

Una vez que el historiador tarijeño obtuvo estos datos,  inmediatamente recurrió a la Biblioteca Nacional de Chile para buscar publicaciones de cronistas de la época, como Pedro Lobera y Cristóbal de Molina, con el objetivo de verificar la expedición de Almagro con el fin de conquistar Chile.
En todos los relatos no aparece el nombre de Francisco Tarija. Luego de revisar los archivos de Sevilla, encontró la lista de pasajeros a las Indias con más de 3 mil nombres españoles que llegaron a la América de 1.520 a 1.612. Después de revisar las láminas y microfilms, en ninguna parte aparece Francisco Tarija. Por lo tanto, según Vacaflor, la teoría que atribuye el nombre de Tarija a ese español se desvirtuó.
Sin embargo, en esa tarea de revisar la historia de Almagro y los nombres de la expedición pudo constatar e identificar las estrategias para la conquista de Chile que inició en enero de 1535. Para tal objetivo, Almagro organizó a siete grupos de españoles que partieron de Cuzco.

Llamó la atención que la primera  expedición estaba integrada por tres españoles (Juan de Sedizo, Antonio Gutiérrez y Diego Pérez), además de un séquito inca, que se dirigió al sur del Collasuyo, lo que implicaba la parte de Tupiza. Los expedicionarios tenían la misión de llegar hasta Tupiza y esperar a Diego de Almagro.
Este grupo partió de Cuzco el 12 de junio de 1535 y llegó a Tupiza a inicios de agosto del mismo año. Sin embargo, una vez que arribó a Tupiza, los españoles se enteraron que en el este había un pueblo abandonado, y deciden ir por el camino precolombino, es decir, por el camino del inca.

Al bajar el camino del Inca, los tres españoles llegaron al valle de Rosillas y por una serie de similitudes de orden geográfico e histórico con el Valle de Torija lo bautizaron, a mediados de agosto de 1535, como el “Valle de Tarija”. Ocurrió 39 años antes de que se funde la Villa de San Bernardo de Tarixa por Luís de Fuentes y Vargas.

Esta versión de los hechos puede ser corroborada también con las actas notariales del escribano Juan de Grageda, nombrado por el rey para acompañar la expedición de Paria (Oruro) a Tarija en 1539 (35 años antes de la fundación de Tarija). El objetivo era que a nombre del emperador Carlos V y del gobernador de Perú, Francisco Pizarro, se pueda fundar un pueblo en el Valle de Tarija. Entonces, Vacaflor preguntó: “¿Cómo sabían que en el sur existía un “Valle de Tarija” en 1539?” Por consiguiente la lógica demuestra que había referencias sobre ese lugar previamente.

Esa nueva expedición partió en junio de 1539 y llegó al Valle de Tarija el 6 de septiembre del mismo año a lo que es hoy Rosillas. Sin embargo, la expedición fracasó porque no logró fundar el pueblo. Pasaron 35 años, hasta 1574, para que el virrey Toledo le instruyera a Luís de Fuentes y Vargas para que funde varias villas, y la primera fue en el Valle de Tarija y con el nombre de Villa San Bernardo de Tarixa.

Es decir, que Luís de Fuentes obedeció el mandato del virrey Toledo, que era el representante del rey de España. Ellos estaban debidamente informados del descubrimiento de este lugar. En todo caso, Tarija fue bautizado en agosto de 1535.

Ahora, ¿de dónde viene la palabra Tarija? Vacaflor comenta que la historia muestra que en el año 711 un grupo de árabes derrotó en la batalla de Guadalupe al rey de Asturias en España, y a partir de ese entonces los árabes conquistaron toda la península, y uno de ellos se dirige a buscar la “mesa de Salomón”.

Se trata de Tarik Ben Zeiag, quien según los libros de historia llegó a un Valle que lo nombró Tarij (hoy Torija). Pero la dialéctica menciona que si una palabra termina en la consonante j, se debe poner la vocal a. Al parecer, por ello se llamó a este lugar en España con el nombre de Tarija o Torija.

En este sentido, Vacaflor envió una carta al alcalde del Valle de Torija, de España, que se encuentra en un ayuntamiento del municipio de Guadalajara de la ciudad autónoma de la Castilla de la Mancha para que le brinde mayor información y saber la razón por la cual los tres españoles la bautizaron con el nombre del Valle de Tarija.

Viñedos en Tarija
Dos historiadores españoles, Andrés Pérez y Margarita del Olmo Ruíz, y los concejales de cultura de Torija, ayudaron a identificar cuál de los tres españoles que llegaron a Tupiza tenía un origen de Castilla de la Mancha. El concejal Vicente Aguado mencionó que el apellido de uno de ellos (Sedizo) viene de la cultura árabe. Por ello, este español tomó sus tradiciones para bautizar a Tarija con ese nombre.

La razón principal para que Sedizo bautizara con ese nombre a la región es porque el área de Torija de España cuenta con gran cantidad de castillos. La palabra Tarija significa torre y torrícula.

Cuando Juan de Sedizo terminó de descender  de Tupiza al nuevo Valle, se encontró con una ciudad de piedras que había en Tarija, lo que hoy es el Antigal cerca de Alizos, que era una propiedad de la familia Castellanos. Se caracterizaba por tener construcciones parecidas a torres. En la actualidad hay unas cuantas ruinas de esas fortificaciones en Rosillas.

El arqueólogo Jorge Arellano, en su trabajo titulado “La Cultura de Tarija, aporte al conocimiento de los señoríos del sur de Bolivia”, menciona en la página 74 que son mínimos los antecedentes descriptivos de carácter arqueológico con relación a Tarija. Sin embargo, las primeras noticias fueron dadas por Arturo Posnansky, quien en un artículo publicado en 1947, hace referencia a un descubrimiento al pie de la cordillera oriental de Tarija, una antiquísima población , la del Tulku Marca (ciudad laberíntica), hoy denominada Antigal.

“Antigal es la ciudad que encontraron los primeros tres españoles, y Sedizo hizo alusión a las torres de la Castilla la Mancha del Valle de Torija en España para compararlas con las ruinas de Tarija”, afirma Vacaflor.
Así, Tarija viene de dos orígenes: de un término árabe que significa torre o torrecilla, y del nombre un conquistador árabe llamado “Tarik”. De todas maneras, el historiador tarijeño está convencido de que el Valle de Tarija fue bautizado en agosto de 1535 y  de que su nombre no tiene un origen aymara, quechua o guaraní, como dicen otros investigadores.

“Esto es fruto de un trabajo de 12 años de investigación. Se descarta el nombre de Francisco de Tarija que publicó El Mercurio Peruano porque nunca existió de acuerdo a la bibliografía de todos los españoles que participaron con Almagro en la conquista a Chile. Tarija es una palabra de origen español y árabe”, finalizó.
“Los tres españoles, al bajar el camino del inca, llegaron al valle de Rosillas, y por una serie de similitudes de orden geográfico e histórico con el Valle de Torija, lo bautizaron como el “Valle de Tarija” a mediados de agosto de 1535. Eso ocurrió 39 años antes de que se funde la Villa de San Bernardo de Tarixa por Luís de Fuentes y Vargas”.

viernes, 24 de octubre de 2014

La increíble longevidad de la esclava Lucía Trejo

El 30 de abril de 1779, a instancias del procurador general de la ciudad, el Cabildo de Córdoba encomendó al alguacil mayor, don Nicolás García Gilledo, se trasladara hasta la estancia de Alta Gracia –que tras la expulsión de los jesuitas había sido comprada por el maestre de campo don José Rodríguez–, para interrogar a una negra esclava llamada Lucía Trejo acerca de su edad. Esto por cuanto era tradición común que había pertenecido al obispo fray Fernando de Trejo y Sanabria, quien la habría donado junto con sus bienes para la fundación de la Universidad ¡en el año 1613!

Acompañado de una calificada comitiva, García Gilledo inició su tarea el 15 de mayo. En su informe la describe minuciosamente, destacando “las menudas arrugas y sequedad de su rostro, en el que sólo se toca la figura de los huesos y el pellejo, sin ninguna carnosidad”.
Su cara es larga –sigue diciendo–, su nariz gruesa y chata en el extremo. La boca grande y los labios no muy levantados a causa de la sequedad de la cara (...) las orejas tiene crecidas, la frente espaciosa, el cabello torcido como los demás negros, en el celebro blanco, en lo alto de la cabeza declinando a amarillo. No le falta en la boca más que las cuatro muelas que salen las últimas, con un diente. Todo lo demás tiene cabal, pero tan gastados, que se hallan parejos con las encías.

Cuenta que no puede permanecer de pie por la debilidad de las piernas, a pesar de lo cual hila y tisa lana y algodón, y “aún así se ocupa en el ministerio de partear, ejerciendo con fuerzas suficientes, así sentada”. “Tiene el pulso tan fijo –agrega– que habiéndosele servido con una taza de sopa y caldo de más que media porción, teniendo la taza en el suelo las acabó por su mano con la cuchara sin derramar gota de caldo”.

Tenía la muñeca derecha lesionada a causa de una fractura que sufrió años atrás en la estancia de La Candelaria, a donde la llevaron de cocinera con motivo de la visita de un obispo.
Los brazos tiene bastante robustos, pero tan secos, que no se le encuentra en ellos carnosidad alguna más que los tendones y nervios con el hueso y cutis en menudas arrugas. Las manos igualmente secas y en las coyunturas de los dedos, por la parte de arriba, unos nudillos que parecen descoyuntados.

Su memoria flaqueaba, pero repitiéndole las preguntas y dejándola descansar, respondía correctamente. Aunque no recuerda su edad, dice que nació en Córdoba y que su primer amo fue el obispo Trejo, al que describe como “bastante alto, no muy grueso” y vestido de hábito franciscano. Afirma que cuando Trejo murió –lo que ocurrió en diciembre de 1614– ella tendría unos diez o doce años.

Vivió siempre en Alta Gracia y se casó con el negro Miguel, con el que tuvo cinco hijos, dos de los cuales, llamados Juana Inés y José, se casaron y le dieron nietos, bisnietos y tataranietos, a los que no recuerda bien. Padeció “varias enfermedades violentas” y cuando era moza, casi todos los años la sangraban.

Interrogados varios negros y negras viejos de la misma estancia “que algunos pasan de cien años”, todos coinciden en que ella es mucho más vieja y que siempre la han tenido por esclava del obispo Trejo, de allí su apellido. Una negra llamada Manuela “que no se duda exceda los ciento veinte años, muy cabal en sus sentidos”, asegura que cuando tuvo uso de razón Lucía era ya una mujer mayor. A su vez ésta dice que la Manuela nació en sus manos y es su ahijada “y lo mismo dice de todos los demás viejos”.

El 17 de mayo termina García Gilledo su informe, que firman todos los que lo acompañan, afirmando que Estas son todas las razones que se encuentran para persuadir que se acierta la edad, y que según buena razón, no baja en el día de ciento y setenta y cuatro o ciento y setenta y cinco, que es cuanto se debe exponer con la sinceridad  que pide la buena razón.

Fuente: Adecirverdad.com

jueves, 23 de octubre de 2014

El 56% de los Argentinos tiene antepasado indígena

Lo revela el mapa genético de Argentina, un estudio de expertos de la universidad de Buenos Aires.

Lo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro.
Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. “Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser”, dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras.

A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho.


El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones.

Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo.

En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. “De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo”, dice Corach.

Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%).

La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo.
La sorpresa para Corach se explica así: “Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo”.

El científico sostiene que “la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal”, explica. “Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo”.

El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso “de dónde venimos” de la humanidad.

En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la “Eva mitocondrial”, una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y.


Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo.

lunes, 20 de octubre de 2014

Censo de 1855

Este censo del año 1855 forma parte de la memoria colectiva de la República Argentina. Es una colorida semblanza de aquéllos que nos precedieron, con todos sus datos personales, oficios y profesiones. Una excelente fotografía de la época, que nos revela cómo estaba compuesta la sociedad del Buenos Aires de entonces. Es un instrumento útil para quien busca sus raíces, sus ancestros, o para demógrafos, sociólogos e historiadores. Y es, sin duda, un documento de inestimable valor. Aporta la presencia de un pasado que nos explica y nos contiene. 

Este particular sitio en sus diferentes secciones nos por porciona información detallada sobre la división eclesiástica en 1855 y también de 1769, también la cantidad de personas por cada parroquia y la composición étnica de la misma.


También nos brinda datos interesantes sobre los personajes ilustres que fueron censados, sobre datos curiosos como soldados de 13 años y de 65 años, entre otros

Sitio: Censo 1855