lunes, 30 de marzo de 2015

Hubo más europeos esclavizados por los musulmanes que esclavos negros enviados a América


¡Quién lo había de decir! La trata de esclavos, esa infamia que, según musulmanes, africanos y europeos etnomasoquistas, constituye la mayor lacra de Europa, ahora resulta que fue ampliamente superada, al menos en los siglos XVI y XVII, por la cometida contra los nuestros por parte del islam. Es cierto, es cierto: el “tú más” no justifica nada. La trata de esclavos negros fue una indignidad tan aborrecible como injustificable. Pero hay una pequeña diferencia: nosotros la reconocemos y deploramos (hoy en día hasta exagerando los zurriagazos). Ellos, en cambio —el mundo musulmán—, no reconoce ni deplora nada. Hay otra diferencia además: cuando nos querían arrebatar a los nuestros, los europeos combatimos todo lo que pudimos al enemigo (y así se produjo la victoria de Lepanto, y así tuvo lugar la expulsión de los moriscos, que colaboraban en las razias). Y cuando capturaban a los blancos, los padres terciarios y mercedarios intentaban rescatarlos. Nada de todo ello existió nunca en África.
Pero pasemos a ver lo que nos cuenta el profesor norteamericano Robert C. Davis.
Los historiadores estadounidenses han estudiado todos los aspectos de la esclavización de los africanos por parte de los blancos, pero han ignorado en gran medida la esclavitud de los blancos por parte de los africanos del Norte. Christian Slaves, Muslim Masters [Esclavos cristianos, amos musulmanes]es un libro cuidadosamente documentado y escrito con claridad sobre lo que el profesor Davis denomina "la otra esclavitud", que floreció durante aproximadamente la misma época que el tráfico transatlántico de esclavos y que devastó a cientos de comunidades costeras europeas. En la mente de los blancos de hoy, la esclavitud no juega en absoluto el papel central que tiene entre los negros. Y, sin embargo, no se trató ni de un problema de corta duración ni de algo carente de importancia. La historia de la esclavitud en el Mediterráneo es, de hecho, tan siniestra como las descripciones más tendenciosas de la esclavitud americana.
Un comercio al por mayor
La costa de Berbería, que se extiende desde Marruecos hasta la actual Libia, fue el hogar de una próspera industria del secuestro de seres humanos desde 1500 hasta aproximadamente 1800. Las principales capitales esclavistas eran Salé (en Marruecos), Túnez, Argel y Trípoli, habiendo sido las armadas europeas demasiado débiles durante la mayor parte de este período para efectuar algo más que una resistencia meramente simbólica.
El tráfico trasatlántico de negros era estrictamente comercial, pero para los árabes los recuerdos de las Cruzadas y la rabia por haber sido expulsados de España en 1492 parecen haber motivado una campaña de secuestro de cristianos que casi parecía una yihad.
"Fue quizás este aguijón de la venganza, frente a los amables regateos en la plaza del mercado, lo que hizo que los traficantes islámicos de esclavos fueran mucho más agresivos y en un principio  mucho más prósperos (por así decirlo) que sus homólogos cristianos", escribe el profesor Davis.
Durante los siglos XVI y XVII fueron más numerosos los esclavos conducidos al sur a través del Mediterráneo que al oeste a través del Atlántico. Algunos fueron devueltos a sus familias contra pago de un rescate, otros fueron utilizados para realizar trabajos forzados en África del Norte, y los menos afortunados murieron trabajando como esclavos en las galeras.
Lo que más llama la atención de las razias esclavistas contra las poblaciones europeas es su escala y alcance. Los piratas secuestraron a la mayoría de sus esclavos interceptando barcos, pero también organizaron grandes asaltos anfibios que prácticamente dejaron despobladas partes enteras de la costa italiana. Italia fue el país que más sufrió, en parte debido a que Sicilia está a sólo 200 km de Túnez, pero también porque no tenía un gobierno central fuerte que pudiese resistir a la invasión.
Las grandes razias a menudo no encontraron resistencia
Cuando los piratas saquearon, por ejemplo, Vieste en el sur de Italia en 1554, se hicieron con el alucinante número de 6.000 presos. Los argelinos secuestraron 7.000 esclavos en la bahía de Nápoles en 1544, una incursión que hizo caer tanto el precio de los esclavos que se decía poder "intercambiar a un cristiano por una cebolla".
España también sufrió ataques a gran escala. Después de una razia en Granada en 1556 que se llevó a 4.000 hombres, mujeres y niños, se decía que "llovían cristianos en Argel". Y por cada gran razia de este tipo, había docenas más pequeñas.
La aparición de una gran flota podía hacer huir a toda la población al interior, vaciando las zonas costeras.
En 1566, un grupo de 6.000 turcos y corsarios cruzó el Adriático para desembarcar en Francavilla al Mare. Las autoridades no podían hacer nada, y recomendaron la evacuación completa, dejando a los turcos el control de más de 1.300 kilómetros cuadrados de pueblos abandonados hasta Serracapriola.
Cuando aparecían los piratas, la gente a menudo huía de la costa hacia la ciudad más cercana, pero el profesor Davis explica que hacer tal cosa no siempre fue una buena estrategia: "Más de una ciudad de tamaño medio, llena de refugiados, fue incapaz de resistir un ataque frontal de cientos de asaltantes. El capitán de los piratas, que de lo contrario tendría que buscar unas pocas docenas de esclavos a lo largo de las playas y en las colinas, ahora podía encontrar mil o más cautivos convenientemente reunidos en un mismo lugar a los que tomar."
Los piratas volvían una y otra vez para saquear el mismo territorio. Además de un número mucho mayor de pequeñas incursiones, la costa de Calabria sufrió las siguientes depredaciones graves en menos de diez años: 700 personas capturadas en una sola razia en 1636, 1.000 en 1639 y 4.000 en 1644.
Durante los siglos XVI y XVII, los piratas establecieron bases semipermanentes en las islas de Isquia y Procida, cerca de la desembocadura de la Bahía de Nápoles, elegida por su tráfico comercial.
Al desembarcar, los piratas musulmanes no dejaban de profanar las iglesias. A menudo robaban las campanas, no sólo porque el metal fuese valioso, sino también para silenciar la voz distintiva del cristianismo.
En las pequeñas y más frecuentes incursiones, un pequeño número de barcos operaba furtivamente y se dejaba caer con sigilo sobre los asentamientos costeros en mitad de la noche, con el fin de atrapar a las gentes "mansas y todavía desnudas en la cama". Esta práctica dio origen al dicho siciliano "pigliato dai turchi" ("tomado por los turcos"), y se emplea cuando se coge a alguien por sorpresa o por estar dormido o distraído.
Las mujeres eran más fáciles de atrapar que los hombres, y las zonas costeras podían perder rápidamente todas las mujeres en edad de tener hijos. Los pescadores tenían miedo de salir, y no se hacían a la mar más que en convoyes. Finalmente, los italianos abandonaron gran parte de sus costas. Como explica el profesor Davis, a finales del siglo XVII, "la península italiana fue saqueada por corsarios berberiscos durante dos siglos o más, y las poblaciones costeras se retiraron en gran medida a pueblos fortificados en las colinas, o a ciudades más grandes como Rimini, abandonando kilómetros de costa, ahora pobladas de vagabundos y filibusteros".
No fue hasta alrededor de 1700 cuando los italianos estuvieron en condiciones de prevenir las razias, aunque la piratería en los mares pudo continuar sin obstáculos.
La piratería llevó a España y sobre todo a Italia a alejarse del mar y a perder con efectos devastadores sus tradiciones de comercio y navegación: "Por lo menos para España e Italia, el siglo XVII representó un período oscuro en el que las sociedades española e italiana fueron meras sombras de lo que habían sido durante las anteriores épocas doradas".
Algunos piratas árabes eran avezados navegantes de alta mar, y aterrorizaban a los cristianos hasta una distancia de 1.600 kilometros. Una espectacular razia en Islandia en 1627 dejó cerca de 400 prisioneros.
Existe la creencia de que Inglaterra era una potencia naval formidable desde la época de Francis Drake, pero a lo largo del siglo XVII los piratas árabes operaron libremente en aguas británicas, penetrando incluso en el estuario del Támesis para capturar y asolar las ciudades costeras. En sólo tres años, desde 1606 hasta 1609, la armada británica reconoció haber perdido, por culpa de los corsarios argelinos, no menos de 466 buques mercantes británicos y escoceses. A mediados de la década de 1600, los británicos se dedicaron a un activo tráfico de negros entre ambos lados del Atlántico, pero muchas de las tripulaciones británicas pasaron a ser propiedad de los piratas árabes.
La vida bajo el látigo
Los ataques terrestres podían ser muy exitosos, pero eran más arriesgados que los marítimos. Los navíos eran por lo tanto la principal fuente de esclavos blancos. A diferencia de sus víctimas, los buques piratas tenían dos modos de propulsión: además de las velas, los galeotes. Llevaban muchas banderas diferentes, por lo que cuando navegaban podían enarbolar el pabellón que tuviera más posibilidades de engañar a sus presas.
Un buen barco mercante de gran tamaño podía llevar unos 20 marinos en buen estado de salud, preparados para durar algunos años en galeras. Los pasajeros en cambio para servían obtener un rescate. Los nobles y ricos comerciantes se convirtieron en piezas atractivas, así como los judios, que a menudo podían significar un suculento rescate pagado por sus correligionarios. Los dignatarios del clero también eran valiosos porque el Vaticano solía pagar cualquier precio para arrancarlos de las manos de los infieles.
Cuando llegaban los piratas, a menudo los pasajeros se quitaban sus buenos ropajes y trataban de vestirse tan mal como fuese posible, con la esperanza de que sus captores les restituyeran a sus familias a cambio de un modesto rescate. Este esfuerzo resultaba inútil si los piratas torturaban al capitán para sonsacarle información sobre los pasajeros. También era común hacer que los hombres se desnudaran, para buscar objetos de valor cosidos en la ropa, y ver si los circuncidados judíos no estaban disfrazados de cristianos.
Si los piratas iban cortos de esclavos en galeras, podían poner algunos de sus cautivos a trabajar de inmediato, pero a los presos los colocaban generalmente en la bodega para el viaje de regreso. Iban  apiñados, apenas podían moverse entre la suciedad, el mal olor y los parásitos, y muchos morían antes de llegar a puerto.
A su llegada al norte de África, era tradición que los cristianos recientemente capturados desfilaran por las calles para que la gente pudiera hacer burla de ellos y los niños cubrirlos de basura.
En el mercado de esclavos, los hombres estaban obligados a brincar para demostrar que no eran cojos, y los compradores a menudo querían desnudarlos para ver si estaban sanos, lo cual también permitía evaluar el valor sexual de hombres y mujeres; las concubinas blancas tenían un gran valor, y todas las capitales esclavistas poseían una floreciente red homosexual. Los compradores que esperaban hacer dinero rápido con un gran rescate examinaban los lóbulos de las orejas para encontrar marcas de perforación, lo cual era indicio de riqueza. También era habitual examinar los dientes de un cautivo para ver si podía sobrevivir a un régimen esclavista duro.
El pachá o soberano de la región recibía un cierto porcentaje de los esclavos como forma de impuesto sobre la renta. Estos eran casi siempre hombres, y se convertían en propiedad del gobierno en lugar de ser propiedad privada. A diferencia de los esclavos privados, que por lo general embarcaban con sus amos, aquéllos vivían en bagnos, que es como se llamaba a los almacenes de esclavos del pachá. Era común afeitar la cabeza y la barba de los esclavos públicos como humillación adicional, en un momento en que la cabeza y el vello facial eran una parte importante de la identidad masculina.
La mayoría de estos esclavos públicos pasaban el resto de sus vidas como esclavos en galeras. Resulta difícil imaginar una existencia más miserable. Los hombres eran encadenados tres, cuatro o cinco a cada remo, y sus tobillos quedaban encadenados también juntos. Los remeros nunca dejaban su bancada, y cuando se les permitía dormir, lo hacían en ella. Los esclavos podían empujarse para llegar a hacer sus necesidades en un agujero en el casco, pero a menudo estaban demasiado cansados ​​o desanimados para moverse y descargaban ahí donde estaban sentados. No tenían ninguna protección contra el ardiente sol mediterráneo, y sus amos les despellejaban las espaldas con el instrumento favorito del negrero: el látigo. No había casi ninguna posibilidad de escape o rescate, el trabajo de un galeote era el de matarse a trabajar —sobre todo en las razias para capturar más miserables como él—, siendo arrojados por la borda a la primera señal de enfermedad grave.
Cuando la flota pirata estaba en puerto, los galeotes vivían en el bagno y hacían todo el trabajo sucio, peligroso o agotador que el Pachá les ordenara hacer. Solían cortar y arrastrar piedras, dragar el puerto o encargarse de las labores más penosas. Los esclavos que se encontraban en la flota del sultán ruco ni siquiera tenían esa opción. A menudo estaban en el mar durante meses seguidos y permanecían encadenados a los remos incluso en el puerto. Sus barcos eran prisiones de por vida.
Otros esclavos en la costa bereber tenían un trabajo más variado. A menudo hacían el trabajo agrícola que asociamos a la esclavitud en Estados Unidos, pero los que tenían habilidades eran alquilados por sus dueños. Algunos de éstos simplemente aflojaban a sus esclavos durante la jornada con orden de regresar con una cierta cantidad de dinero por la noche, bajo la amenaza de ser golpeados brutalmente en caso de no hacerlo. Los dueños esperaban normalmente una ganancia de un 20% sobre el precio de compra. Hicieran lo que hiciesen, en Túnez y Trípoli los esclavos llevaban un anillo de hierro alrededor de un tobillo y arrastraban una pesada cadena de entre 11 y 14 kg.
Algunos dueños ponían a sus esclavos blancos a trabajar las tierras muy lejos, donde todavía se enfrentan a otra amenaza: una nueva captura y una nueva esclavitud más en el interior. Estos desgraciados probablemente no verían ya más a otro europeo en el resto de su corta vida.
El profesor Davis señala que no existía ningún obstáculo a la crueldad: "No había fuerza que pudiese proteger al esclavo de la violencia de su amo, no existían leyes locales en contra de la crueldad, ni una opinión pública benevolente, y raramente existía una presión efectiva por parte de los Estados extranjeros".
Los esclavos blancos no sólo eran mercancías, sino también infieles, y merecían todo el sufrimiento infligido por sus dueños.
El profesor Davis señala que "todos los esclavos que, habiendo vivido en bagnos, sobrevivieron para contar sus experiencias destacaban la crueldad y la violencia endémica ahí practicada". El castigo favorito era el azotamiento. Un esclavo podía recibir hasta 150 o 200 golpes, lo cual podía dejarlo lisiado. La violencia sistemática convirtió a muchos hombres en autómatas.
Los esclavos cristianos eran a menudo tan abundantes y tan baratos que no había ningún incentivo para cuidarlos. Muchos dueños les hacían trabajar hasta morir y compraban otros para remplazarlos.
Los esclavos públicos también contribuían  a un fondo para mantener a los sacerdotes en el bagno. Era una época muy religiosa, e incluso en las condiciones más terribles los hombres querían tener la oportunidad de confesarse, y, lo más importante, de recibir la extremaunción. Había casi siempre un sacerdote cautivo o dos en los bagnos, pero para estar disponible para sus deberes religiosos, otros esclavos debían contribuir y comprarle su tiempo al Pachá, por lo que a algunos esclavos en las galeras no les quedaba nada para comprar comida o ropa. Sin embargo, durante ciertos períodos, los europeos que vivían libres en las ciudades bereberes contribuían a los gastos de mantenimiento de los sacerdotes de los bagnos.
Para algunos, la esclavitud se convirtió en algo más que soportable. Ciertos oficios, en particular, el de constructor naval, eran tan codiciados que el dueño de un esclavo podía recompensarlo con una villa privada y amantes. Incluso algunos residentes del bagno lograron sacar partido de la hipocresía de la sociedad islámica y mejorar de tal modo su condición. La ley prohibía estrictamente a los musulmanes el comercio de alcohol, pero era más indulgente con los musulmanes que sólo lo consumían. Los esclavos emprendedores establecieron tabernas en los bagnos, y algunos llegaban a tener una buena vida al servicio de los musulmanes bebedores.
Una forma de aligerar la carga de la esclavitud era "tomar el turbante" y convertirse al islam. Esto eximia del servicio en galeras, de los trabajos más penosos y de alguna que otra faena impropia de un hijo del profeta, pero no de ser esclavo. Uno de los trabajos de los sacerdotes de los bagnos era evitar que los hombres desesperados se convirtieran, pero la mayoría de esclavos no parecían necesitar el tal consejo. Los cristianos creían que la conversión podría poner en peligro sus almas, además de requerirse también el desagradable ritual de la circuncisión de los adultos. Muchos esclavos parecían sufrir los horrores de la esclavitud tratándolos como un castigo por sus pecados y como una prueba a su fe. Los dueños les disuadían de la conversión, ya que éstas limitaban el uso de los malos tratos y bajaban el valor de reventa de un esclavo.
Para los esclavos, resultaba imposible escapar. Estaban muy lejos de casa, a menudo eran encadenados, y podían ser identificados de inmediato por sus rasgos europeos. La única esperanza era el rescate. A veces la suerte no tardaba en llegar. Si un grupo de piratas había capturado tantos hombres como para no tener ya espacio bajo el puente, podía hacer una incursión en una ciudad y luego regresar a los pocos días para vender los cautivos a sus familias. Por lo general, ello se hacía a un precio mucho menor que el de alguien que se rescataba desde África del Norte, pero con todo era mucho más de lo que los agricultores se podían permitir. Los agricultores generalmente no tenían liquidez, ni bienes al margen de la casa y la tierra. Un comerciante estaba por lo general preparado para comprarlos a un precio bajo, pero significaba que el cautivo regresaba a una familia completamente arruinada.
La mayoría de los esclavos dependían de La labor caritativa de los trinitarios (orden fundada en Italia en 1193) y de los mercedarios (fundada en España en 1203). Estas órdenes religiosas se establecieron para liberar a los cruzados en poder de los musulmanes, pero pronto cambiaron su trabajo por el de la liberación de los esclavos en poder de los piratas berberiscos, recaudando dinero específicamente para esta labor. A menudo ponían cajas de seguridad fuera de las iglesias con la inscripción "por la recuperación de los pobres esclavos", y el clero llamaba a los cristianos ricos a dejar dinero. Las dos órdenes se convirtieron en hábiles negociadoras, y por lo general lograron comprar esclavos a mejores precios que los obtenidos por libertadores sin experiencia. Sin embargo, nunca hubo suficiente dinero para liberar a muchos cautivos, y el profesor Davis estima que no más de un 3 o un 4% de los esclavos fueron rescatados en un solo año. Esto significa que la mayoría dejaron sus huesos en las tumbas anónimas de cristianos, fuera de las murallas de la ciudad.
Las órdenes religiosas llevaban cuentas exactas de los resultados obtenidos. En el siglo XVII, los trinitarios españoles, por ejemplo, llevaron a cabo 72 expediciones para el rescate de esclavos, con una media de 220 liberaciones por ​​cada una de dichas expediciones. Era costumbre llevarse con ellos los esclavos liberados y hacerlos caminar por las calles de la ciudad en las grandes celebraciones. Estas procesiones, que tenían una profunda connotación religiosa, se convirtieron en uno de los espectáculos urbanos más característicos de la época. A veces los esclavos marchaban en sus antiguos hábitos de esclavos para enfatizar los tormentos que sufrieron; otras veces llevaban trajes blancos especiales para simbolizar su renacimiento. Según los registros de la época, muchos esclavos liberados no se reinsertaron por completo después de sus vivencias, especialmente si habían pasado muchos años en cautiverio.
¿Cuántos esclavos?
El profesor Davis señala que las numerosas investigaciones efectuadas han logrado que se determine con la mayor precisión posible el número de negros traídos a través del Atlántico, pero no existe ningún esfuerzo similar para determinar la extensión de la esclavitud en el Mediterráneo. No es fácil conseguir cifras fiables. Los árabes no suelen conservar los archivos. Pero a lo largo de sus diez años de investigación, el profesor Davis ha logrado desarrollar un método de estimación.
Por ejemplo, el registro indica que desde 1580 hasta 1680 hubo un promedio de unos 35.000 esclavos en países berberiscos. Contando con la pérdida constante a través de la muerte y del rescate, si la población se mantuvo constante, entonces la tasa de captura de nuevos esclavos por los piratas era igual a la tasa de desgaste. Hay una buena base para la estimación de las tasas de mortalidad. Por ejemplo, sabemos que de los cerca de 400 islandeses capturados en 1627, sólo hubo 70 supervivientes ocho años después. Además de la desnutrición, el hacinamiento, el exceso de trabajo, y los castigos brutales, los esclavos sufrieron epidemias de peste, que por lo general eliminaban entre el 20 y el 30% de los esclavos blancos.
A través de diversas fuentes, el profesor Davis estima que la tasa de mortalidad fue de aproximadamente un 20% al año. Los esclavos no tenían acceso a las mujeres, por lo que la sustitución se realizaba exclusivamente a través de las capturas.
Su conclusión: entre 1530 y 1780 hubo, con casi total seguridad, un millón y tal vez hasta millón y cuarto de cristianos blancos europeos esclavizados por los musulmanes de la costa bereber. Esto supera con creces la cifra generalmente aceptada de 800.000 africanos transportados a las colonias de América del Norte y más tarde a los Estados Unidos.
El profesor Davis explica que, a finales de 1700, se controló mejor este comercio, pero hubo un renacimiento de la trata de esclavos blancos durante el caos de las guerras napoleónicas.
La flota norteamericana no quedó libre de la depredación. Fue sólo en 1815, después de dos guerras contra ellos, que los marinos estadounidenses se libraron de los piratas berberiscos. Estas guerras fueron importantes operaciones para la joven república; una campaña que se recuerda en las estrofas de "a las orillas de Trípoli", en el himno de la marina. Cuando los franceses tomaron Argel en 1830, todavía había 120 esclavos blancos en el bagno.
¿Por qué hay tan poco interés por la esclavitud del Mediterráneo, mientras que la erudición y la reflexión sobre la esclavitud negra nunca termina? Como explica el profesor Davis, los esclavos blancos con dueños no blancos simplemente no encajan en "la narrativa maestra del imperialismo europeo." Los patrones de victimización tan queridos por los intelectuales requieren de la maldad del blanco, no del sufrimiento del blanco.
El profesor Davis también señala que la experiencia europea de la esclavitud a gran escala muestra el engaño en que consiste otro tema favorito de la izquierda: que la esclavitud negra fue un paso crucial en la creación de los conceptos europeos de raza y jerarquía racial.
No es así. Desde hace siglos, los propios europeos han vivido con en el miedo del látigo, y un gran número asistieron a procesiones celebradas por el rescate de los esclavos liberados, todos los cuales eran blancos. La esclavitud era un destino más fácilmente imaginable para ellos mismos que para los lejanos africanos.

domingo, 29 de marzo de 2015

Nobiliario del Reino de Navarra

El Archivo Real y General de Navarra, con el objetivo de hacer más accesibles sus fondos a la ciudadanía, da un paso más y colabora con la Biblioteca Navarra Digital (BINADI) aportando un ejemplar anotado del Nobiliario del Reino de Navarra: Nobleza ejecutoriada en los Tribunales Reales de Corte y Consejo de Navarra (1519-1832).

Este Nobiliario, publicado por José María de Huarte y de Jáuregui y José de Rújula y de Ochotorena en 1923, es en realidad la edición de un libro manuscrito existente en el Archivo de Navarra, recopilado por Francisco Huarte, Escribano de la Corte, en el que se recogieron las sentencias de hidalguía despachadas por los tribunales navarros entre los años 1519 y 1805. Huarte organizó su trabajo en 12 secciones: una por cada secretario del Consejo o escribano de la Corte Mayor, más otra sección complementaria, que comprende los casos en que la sentencia resultó negativa en todo o en parte para los pretendientes.


Por su parte, Huarte y Rújula incluyeron un apunte biográfico del citado Francisco Huarte y un breve pero interesante estudio sobre la nobleza y forma de probarla en el antiguo Reino de Navarra. Aparte de esto, completaron los datos del manuscrito con una sección adicional que incluía las hidalguías obtenidas entre 1805 y 1832, tomadas de los libros de Mercedes Reales, y elaboraron unos completos índices onomásticos y toponímicos que facilitan la consulta de la obra.

viernes, 27 de marzo de 2015

Europeana.eu, un buscador de contenidos digitales en bibliotecas y museos de Europa

Europeana es la biblioteca digital europea, de acceso libre, cuyo prototipo comenzó a funcionar el 20 de noviembre de 2008,1 que reúne contribuciones ya digitalizadas de reconocidas instituciones culturales de los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Sus fondos incluyen libros, películas, pinturas, periódicos, archivos sonoros, mapas, manuscritos y otros archivos.
Desde el punto de vista técnico, Europeana es el portal del patrimonio cultural europeo que comenzó con dos millones de objetos digitales y cuya colección alcanzó los 29 millones de documentos en el año 2013, aportados por unas 2300 instituciones formadas por Bibliotecas, Archivos, Galerías y Museos. La colección está formada por una gran variedad de documentos de 45 idiomas: libros, periódicos, revistas, cartas, diarios, documentos de archivo, cuadros, pinturas, mapas, dibujos, fotografías, música, tradición oral grabada, emisiones de radio, películas y otros programas televisivos.

Fuente: http://www.europeana.eu/portal/

jueves, 26 de marzo de 2015

Las informaciones relativas a 15.000 emigrantes vascos hacia Argentina entre 1856 y 1913

La retranscripción de los manuscritos Apheça

Los archivos de Guillaume Apheça contienen informaciones inestimables, en particular los registros de salidas y los pagos para Argentina de 1856 a 1913. La asociación Euskal Argentina ha retranscrito los datos.

Los registros de Guillaume Apheça
Un testimonio elocuente

Entre los documentos del agente de emigración se encontraban entremezclados cuadernos, archivadores, cartas, numerosas hojas sueltas que pertenecieron a Guillaume Apheça.
La fuente más importante en estos archivos es el conjunto de registros que contienen las listas de embarque de los emigrantes.

Más de 15.000 personas, en su mayoría originarias de Baja Navarra y Zuberoa partieron por mediación de los servicios de Guillaume Apheça.

La modernización de los métodos de navegación, influyó en las sucesivas olas de emigración. Desde mediados del siglo XIX, los agentes de emigración se fueron multiplicando y por supuesto, haciéndose la competencia.

La más importante en el País Vasco norte era la casa Apesteguy de Bayona que empleaba a once agentes. La agencia Etchebarne de Saint Jean Pied de Port, con dos agentes, cubría el territorio del interior del País Vasco.

A pesar de la reducción de la duración de la travesía, debido al paso de la vela al vapor, las condiciones del viaje seguían siendo muy difíciles.
Más información: 

Trascripción de manuscritos

La asociación Euskal Argentina a retranscrito los registros Apheça en un fichero informático Excel. Cada entrada o referencia de viajero contiene los siguientes campos, (que pueden no estar clasificados):
  • El número de registro
  • La fecha de salida de la persona
  • Su localidad de origen
  • Sus apellidos (eventualmente apellido de soltera) y nombre)
  • La edad
  • Sexo
  • Número de emigrantes
  • Vínculo familiar
  • El plazo (pago a plazos)
  • El importe debido
  • El recibo
  • El adelanto
  • El haber
  • Los plazos de pago
  • Las notas del agente Apheça
  • El destino del barco
  • El agente de emigración (o el subagente)
  • El barco (nombre del barco)
  • El puerto de salida
  • El capitán

Un ejemplo:

En 1866, la familia Sangla de Amorots-Succos embarcó en Burdeos en el Saint Jacques (cuyo capitán era Hiriart. Jean el padre, Marie la madre y 3 hijos de 8, 4, y 2 años. G. Apheça les prestó el dinero del viaje, (300+300+450) que los cobraron los intermediarios Rodes & Hiriart en Argentina.

Versión adaptada de la retranscripción

Para la puesta en línea de este trabajo se ha creado una base de datos que se puede consultar gratuitamente en www.eke.org
La base de datos en línea constituye una versión adaptada del fichero original en la medida en que solamente una parte de los campos descriptivos del registro de cada pasajero es accesible al público, es decir:
  • El número de registro
  • El número que tiene el emigrante en este registro
  • El apellido (eventualmente apellido de soltera) y el nombre del emigrante
  • Sexo (útil cuando no se menciona el nombre o que éste se presta a cofusión)
  • La fecha de salida (o de pago)
  • La localidad de origen (o de residencia en el momento de partir)
  • Los eventuales vínculos de filiación (con otros emigrantes)
  • El nombre del barco
  • El puerto de partida
Los internautas que deseen acceder a los datos complementarios que no son accesibles en la base de datos, pueden contactar directamente con la asociación Euskal Argentina.

Fuente: eke.org                 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Los conquistadores vascos dejaron una herencia genética en los mayas que perdura hasta hoy


Un nuevo estudio ha desvelado las coincidencias genéticas que existen en la actualidad entre los habitantes de una buena parte del globo.

¿Han influido las migraciones realizada durante siglos en la herencia genética de los habitantes de América? Esta es la pregunta que ha intentado resolver la Universidad de Oxford en uno de sus últimos estudios. Como era de esperar, sus resultados no sólo han arrojado una respuesta positiva, sino que han desvelado algunas conclusiones muy llamativas. Entre las mismas, la que más destaca por estos lares es la que afirma que los conquistadores españoles (y, entre ellos, los vascos) dejaron una huella genética que perdura en la actualidad en los habitantes de muchas regiones de América del Sur.

Concretamente, la zona en la que se distingue de forma más clara la huella genética de los vascos se corresponde con la región en la que habitaban los mayas antes de la llegada de los «demonios barbudos» en México. «Encontramos una contribución genética clara de los vascos de hoy en los mayas de hoy en día en México. Esto sugiere que el euskera también participó en la colonización de las Américas, llegando con los conquistadores españoles o en oleadas posteriores de la migración», explica el profesor de la Universidad de Oxford Cristian Capelli, del Departamento de Zoología.

El estudio

La investigación (que ha contrastado además el origen genético de los habitantes de multitud de regiones de todo el mundo) ha sido realizada además por un equipo de investigadores de la «University College London» (ubicada en Gran Bretaña) y la «Universitá del Sacro Cuore» (en Roma, Italia). Para hallar sus conclusiones, estos expertos han comparado más de 4.000 muestras de ADN recogidas de 64 poblaciones diferentes que, según han señalado los responsables, abarcan múltiples localizaciones en Europa, África y las Américas.

Además de desvelar la impronta que dejaron los conquistadores vascos que partieron hacia América del Sur, el estudio también ha comparado la relación genética que existe entre los actuales norteamericanos y sudamericanos, y las poblaciones africanas y europeas. Todo ello, a sabiendas de que las tendencias migratorias han fluido en los últimos siglos de África y Europa, hacia las regiones ubicadas al otro lado del Atlántico. Así pues, y en conclusión, la investigación ha analizado las muestras genéticas de unos continentes y otros para saber si existe algún resto en el ADN de los emigrantes que llegaron hasta las dos Américas.

Así pues, el equipo de investigación analizó muestras de ADN recogidas de personas en Barbados, Colombia, República Dominicana, Ecuador, México, Puerto Rico y afroamericanos en Estados Unidos y, a continuación, empleó una técnica llamada análisis basado en el haplotipo para comparar el patrón de genes en estas «poblaciones beneficiarias» con las poblaciones donantes en las zonas de América a donde fueron los migrantes.

«En primer lugar, agrupamos subconjuntos de personas en África y Europa que eran genéticamente similares y utilizamos esta resolución para encontrar qué combinaciones de estos grupos resultaron en la tipo de mezclas que ahora vemos en las personas a través de las Américas», relata el autor del estudio, Francesco Montinaro, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford.

Los resultados

La investigación ha arrojado multitud de conclusiones. En primer lugar, los expertos han averiguado que existe una amplia amalgama de herencias genéticas entre los americanos. Para hallar una de las más claras es necesario viajar hasta las islas caribeñas de Puerto Rico y la República Dominicana. Y es que, sus habitantes son genéticamente similares entre sí y distintos de las otras poblaciones, lo que probablemente refleja un patrón de migración diferente entre el Caribe y América continental.

Por otro lado, se ha logrado averiguar que los antepasados de los actuales Yoruba de África Occidental (uno de los mayores grupos étnicos de la zona) contribuyeron de forma muy destacada a nivel genético en todas las poblaciones americanas actuales. Presuntamente, este hecho se podría explicar debido a la ingente cantidad de esclavos que fueron transportados de un continente a otro por los europeos.

Con todo, la proporción de ascendencia africana varía en todo el continente, desde prácticamente cero (en el pueblo maya de México) al 87 por ciento en los actuales habitantes de Barbados.

Más lógica parece la gran contribución (la más grande de Europa) que los habitantes del sur de Italia y Sicilia hicieron a nivel genético en Colombia y Puerto Rico. La causa se debió a la emigración masiva que hubo desde estas zonas a las Américas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX

En este sentido, uno de los grupos afroamericanos de Estados Unidos tenía ascendencia francesa, algo que cuadra perfectamente con la histórica inmigración gala en el sur de Estados Unidos.

La migración y los esclavos, claves a nivel genético

Entre las conclusiones principales a las que han llegado los expertos, la más clara es que la esclavitud influyó de forma determinante a nivel genético. «Podemos ver el enorme impacto genético que la trata de esclavos tuvo sobre las poblaciones americanas. La mayoría de los afroamericanos tienen ascendencia similar a los Yorubas en África occidental, lo que confirma que la mayoría de los esclavos africanos vinieron de esta región», explica otro de los investigadores, Garrett Hellenthal, del Instituto de Genética de UCL.

Otra de las causas es la emigración provocada por la conquista española de América (tanto de hispanos, como de esclavos africanos). «En las zonas de las Américas históricamente bajo el dominio español, las poblaciones también tienen ascendencia en relación con lo que es ahora Senegal y Gambia. Los registros muestran que alrededor de un tercio de los esclavos enviados a la América española en el siglo XVII vino de esta región y podemos ver muy claramente esta evidencia genética en los americanos actuales», añade Hellenthal.

«Las diferencias de ascendencia europea entre la población de las islas del Caribe y del continente estadounidense que encontramos también se desconocían previamente. Es probable que estas diferencias reflejen distintos patrones de migración entre el Caribe y América continental. Estos resultados muestran cómo de poderoso puede ser un enfoque genético cuando se trata de descubrir patrones ocultos de ascendencia. Esperamos usar el mismo método para buscar otras», finalize el experto.

Fuente: abc.es

Al fútbol lo inventaron los ingleses… ¿o no?

Personas jugando “manga ñembosarái”, en una pintura hecha por un jesuita.

“¿Quiénes inventaron el fútbol?”. Todo amante del deporte se ha hecho esa pregunta alguna vez, y la respuesta siempre es la misma: “Al fútbol lo inventaron los ingleses”. Luego, si se quiere profundizar en el tema, se puede conocer la historia de las primeras reglas de Cambridge, de la Football Association y del primer partido internacional entre Inglaterra y Escocia. Todo, aparentemente, ha sido cocinado en las islas británicas. En gran medida, esta historia es cierta: las reglas del fútbol moderno fueron ideadas por ingleses y rápidamente comenzó a jugarse en todo el imperio británico, es decir, en casi todo el mundo.

Por eso es que resulta sorprendente la afirmación del sacerdote jesuita Bartomeu Meliá, quien asegura que los primeros en jugar al fútbol no fueron ingleses, ni siquiera europeos: fueron guaraníes. Meliá se basa en textos de los siglos XVII y XVIII, en donde misioneros jesuitas radicados en territorio guaraní describen los pasatiempos de los pobladores nativos; se destaca entre ellos un juego de pelota que requería gran destreza con los pies llamado manga ñembosarái, cuya referencia más antigua se encuentra en el diccionario de la lengua guaraní escrito por Antonio Ruiz de Montoya, en el año 1639.

La pelota que fabricaban los guaraníes para jugar a este deporte estaba hecha del caucho extraído de un árbol al que denominaban Mangai. Así la describía el jesuita Juan Manuel Peramás, en su obra La República de Platón y los Guaraníes:

“Los Guaraníes jugaban también a la pelota, una pelota de goma compacta, tan botadora y ligera, que recibido un primer impulso, sigue dando botes por mucho tiempo sin pararse y sin conocer pausa ni descanso, repitiendo al caer por su propio peso los grandes saltos.”


Pero no sólo en la pelota se parecía este juego al fútbol actual. Al igual que lo que sucede en nuestros días, los domingos eran especiales para el fútbol guaraní. Congregados ya en las misiones jesuitas, los nativos se reunían luego de la misa dominical para practicar su deporte. Cada partido enfrentaba a dos equipos, quienes formaban una ronda y comenzaban a pasarse la pelota, procurando mantenerla siempre en movimiento. No jugaban con arcos ni tenían como objetivo el marcar tantos; el equipo que primero se cansara era el perdedor. Los espectadores apostaban al ganador, por lo que seguramente participaban del juego animando al equipo de su preferencia.


Pero quizá el parecido más notable es la utilización de los pies, considerándose como infracción el uso de las manos. En general, en los juegos con pelota se usan las manos o algún accesorio como palos, guantes o raquetas, por lo que esta coincidencia no es nada despreciable. Así describe este detalle José Cardiel, en un texto escrito en 1771:

“Después de la misa se reparten la faenas de toda la semana, y se van a comer y a jugar a la pelota, que es casi su único juego. Pero no la juegan como los españoles: no la tiran y revuelven con la mano. Al sacar, tiran la pelota un poco en alto, y la arrojan con el empeine del pie del mismo modo que nosotros con la mano: y al volverla los contrarios lo hacen también con el pie: lo demás es falta.”

¿Los guaraníes inventaron el fútbol?

La investigación de Bartomeu Meliá generó gran interés especialmente en Paraguay, desde donde se comenzó a trabajar en la difusión de esta nueva historia del fútbol moderno. Lo que ellos proponen es que, si bien la primera reglamentación fue escrita y practicada por los ingleses, la idea fue tomada del manga ñembosarái. La hipótesis más aceptada es que un grupo de guaraníes llevados a España fueron los primeros en practicar su deporte en el continente europeo, haciéndolo a la vista de un inglés que andaba en la vuelta. El británico quedó tan maravillado por su destreza que se llevó la idea a su país y comenzó a gestarse el football. El deseo de los impulsores de esta historia es lograr el reconocimiento mundial a los guaraníes como auténticos inventores del fútbol.

Esta historia alternativa sobre el origen de este deporte parece, en principio, un poco traída de los pelos. Si bien hay sorprendentes similitudes entre el juego guaraní y el fútbol inventado luego por los ingleses, lo cierto es que casi todos los pueblos del mundo han diseñado algún tipo de juego con pelota. Es muy difícil – por no decir imposible – determinar en qué punto del planeta se jugó por primera vez a la pelota con los pies, con las manos, con un palo, etc. De cualquier manera, el descubrimiento de este deporte del pueblo guaraní merece ser contado para comenzar a comprender que los juegos de pelota fueron, son y serán universales, y que el continente americano no es una excepción: al famoso juego de pelota mesoamericano hay que agregarle el fútbol de los guaraníes.

martes, 24 de marzo de 2015

¿Buscas la casa que dio origen a tu apellido? "Gure Abi Izenak" incluye ahora datos de Araba


Ereño, Bizkaia.  Los oicónimos, los nombres propios de las casas, son la base de la amplia investigación que ha realizado en los últimos años el gernikarra Iñigo Rementeria. Este esfuerzo ha dado como fruto un libro, "Gure Abi Izenak", que reúne nombres de los caseríos y casas solariegas vascas que han dado origen a numerosos apellidos.

En su primera edición la obra recogía los datos de caseríos de Bizkaia y Gipuzkoa; ahora, Rementería ha dado un nuevo paso en su investigación llegando hasta Araba. Desconocemos si le seguirán nuevos pasos con el resto de las provincias del país. En todo caso, no olvidemos que muchos de los apellidos vascos tienen su origen en los nombres de los caseríos y casas. 
La pasión de Rementería por la genealogía nació hace 25 años, cuando este gernikarra residente en Ereño  (Bizkaia) comenzo a elaborar su árbol genealógico. La búsqueda le llevó al Archivo Diocesano de Derio --entonces no había internet-- donde se pasó las mañanas de sus vacaciones de los tres años siguientes. En ese proceso, y gracias al libro "Casas solariegas  de Bizkaia", de Jaime de Kerexeta, se dió cuenta de que muchos apellidos provenían de las casas y de la importancia de estos oicónimos, sobre todo cuando algun apellido era ilegible o dudoso. 

"Por ejemplo, en una partida de nacimiento de Forua no se leía bien un apellido, podía ser Tomelburu, Torrelburu, Tonelburu, a saber. Consulté el libro de Kerexeta y allí estaba: el caserío Tonelburu de Foru. Entonces me di cuenta de la conexión, de que el caserío daba origen al apellido", recuerda.


Rementeria comenzó así a investigar los oicónimos vascos, empezando primero por Ereño, el pequeño pueblo vizcaíno donde reside, y siguiendo por toda Bizkaia y más tarde Gipuzkoa. En este proceso, resultó una ayuda inestimable la digitalización en 2005 de los archivos diocesanos de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, que se publicaron online (pueden consultarse en Dokuklik). Gracias a este adelanto, Rementeria reunió poco a poco los datos de Bizkaia, después Gipuzkoa, y ahora llega a los de Araba; una interesante información para quienes buscan sus orígenes, y que el investigador pone a disposición de los internautas.


Fuente: Euskalkultura