domingo, 26 de abril de 2015

Hemeroteca Digital "Fray Francisco de Paula Castañeda"

El proyecto Hemeroteca Digital "Fray Francisco de Paula Castañeda" nace en el año 2005, con la realización del proyecto de conservación de los diarios "El Orden" y "Diario Santa Fe" que posee el archivo de la Provincia de Santa Fe. Dichos diarios que abarcan las fechas 1927 a 1955 para el diario "El Orden" y 1911 a 1933 para el diario "Santa Fe". A fines del año 2007 se empieza a trabajar en el proyecto de conservación del Diario "El Litoral" período de 1930 a 1979.

Se elige conservar por medio de la técnica de la restauración y del microfilmado. Se considera que el cambio de soporte al Microfilm, es el único medio que garantiza la conservación de calidad de los documentos, por más de 500 años. Protegiendo de esta manera para las generaciones futuras, este valioso material que es una fuente histórica, patrimonio de todos los Santafesinos. Fuente de consulta de estudiantes de distintos niveles, periodistas, investigadores, archivos, bibliotecas, y centros históricos y culturales del país y del extranjero.

Para poder distribuir la información, y poder acceder a ella de forma más sencilla se realiza una base de datos con la información más destacada de cada uno de los diarios, utilizando la técnica de descriptores y resúmen de noticias. Disponer dicha base de datos, en internet como fuente de información, para que cada uno pueda realizar su consulta. A su vez se digitalizó convirtiendo a imágenes digitales, las páginas de los diarios, con la cual se puede extender la información de la base de datos, o la cual no fué indexada como noticia seleccionada.

El contenido microfilmado se encuentra en las oficinas del archivo general de la provincia, ubicado en Calle Av. Gral Estanislao López 2792 de la Ciudad de Santa Fe. Para el diario El Litoral, también se puede consultar en las oficinas del diario, sección archivo. El microfilm se realizó bajo los estándares y controles de calidad correspondientes. Se dispuso del material original (hoja de diarios) en cajas y se catalogó por fechas. Hoy en día la base de datos de hemeroteca digital contiene más de 30.000 ejemplares de diarios y más de 200.000 hojas indexadas, que se pueden acceder en linea. Además se puede consultar el material microfílmico que contiene dichos ejemplares y más, como el diario La época, La nueva época, El santafesino, etc.

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sábado, 25 de abril de 2015

Revista Caras y Caretas

Subtitulado como “semanario festivo, literario, artístico y de actualidades”, es la reaparición en Argentina del título que el emigrado español Eustaquio Pellicer fundara en Montevideo en 1890. A este periodista y escritor, que aparece aquí como redactor, le acompañan en esta nueva fundación periodística otro compatriota, el dibujante Manuel Mayol, que utiliza el seudónimo “Heráclito”,  y Luis Pardo. Como director aparecerá Bartolomé Mitre y Vedia, que pronto será sustituido por José Sixto Álvarez, conocido con el seudónimo Fray Mocho.

Como su antecesora, la publicación porteña continuará dedicando toda su primera página a una gran caricatura a color de personajes de la vida pública, y sus contenidos estarán divididos en secciones, algunas de ellas recuperadas de su etapa uruguaya, como “Menudencias”, y otras nuevas, como “Sinfonía”, con dibujos, viñetas y textos en prosa y verso sobre cuestiones políticas y sociales. También empezará a incluir fotografías y publicidad comercial.

Al fallecer Álvarez en 1903, Carlos Correa Luna asumirá la dirección de una revista que llegará a ser considerada como la pionera y representante de la madurez del humorismo político argentino, que utilizará la viñeta como arma contra la corrupción y los gráficos costumbristas como crítica de la vida cotidiana. Junto al ya citado Mayol, sus principales ilustradores serán dibujantes excepcionales como José María Cao o Eduardo Álvarez Villalobos.

La revista irá aumentando su paginación inicial de 24 páginas e incluyendo nuevos contenidos, como biografías y bibliografía, crítica y creación literaria y, sobre todo, crónicas y reportajes del mundo del espectáculo, principalmente el cinematográfico, amparado en una gran industria argentina, y de actualidad universal, dedicándole especial atención a España, hispanoamérica y a la propia Argentina. Su evolución hasta convertirse en una gran revista gráfica o magazine, sobre todo a partir de 1914, es tan espectacular, que se convierte en la publicación más leída en los ambientes urbanos tanto de Argentina como de Uruguay, Chile o Perú en la década de los treinta del siglo veinte, en paralelo al vertiginoso despegue económico argentino. Su evolución la convertirá en un valioso testimonio de la sociedad ilustrada de la época. Llegará a publicar en hojas de gran tamaño y en tirada a parte caricaturas coloreadas.

Si en un principio entre sus colaboradores se encontraban Julio Castellanos o Luis García, conforme evoluciona de revista humorística a gran magazine gráfico de actualidad, irán apareciendo textos de ilustres españoles, como Emilio Castelar, Ramón María del Valle Inclán, o Miguel de Unamuno, junto a traducciones de escritores norteamericanos o europeos (Thomas Mann, etc.), y colaborarán los más cualificados escritores hispanoaméricanos del modernismo, como Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Rubén Darío, José Enrique Rodó o Roberto Payro (Jorge Luis Borges intentó publicar también en ella en 1918). A estos contenidos se unirán crónicas y reportajes de actualidad internacional, de modas, deportes o de sociedad, así como narraciones o novelas cortas. La revista abrirá sus páginas a toda una generación de periodistas y jóvenes escritores que sobresaldrán en las letras argentinas y a firmas como las de Pablo Suero, Antonio Castro Leal, Elvira Ferreira, Raúl P. Osorio, Guillermo de Loja o Sady Zañartu.

Fue una de las pocas revistas del mundo que publicó grandes y numerosos reportajes de actualidad, como la caída de la monarquía y la proclamación de la república española en 1931 o la asunción de Hitler al poder en Alemania y el inicio de la segunda guerra mundial, con un vasto material fotográfico y textos de alta calidad. Su publicidad será abundantísima, reflejo de la sociedad consumista de una Argentina próspera, y su paginación superaba en sus últimos años el centenar de páginas.

De 1898 a 1939 publicó un total de 2.139 números. Se publicó en una segunda época, entre 1951 y 1955.

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jueves, 23 de abril de 2015

Códice Dresde el manuscrito maya más antiguo y mejor conservado

Solo existen cuatro manuscritos mayas en todo el mundo, de los cuales el más antiguo y mejor conservado es el Códice Dresde. Descárgalo completo desde la Biblioteca del Estado de Sajonia y de la Universidad

Descarga Gratuita del Código de Dresde

Archivos Departamentales de Corse du Sud

Para quienes tengan antepasados en Corcega, están publicados los registros hasta 1900, pero he visto algún libro que llega hasta 1912.

El sitio se encuentra en francés, se pueden consultar: bautismos, casamientos, fallecimientos, entre otros documentos


miércoles, 22 de abril de 2015

Archivos que hablan, la huella histórica de la Iglesia de La Serena

El Arzobispado cuenta con una documentación privilegiada que guarda miles de documentos respaldados digitalmente y que dan cuenta del quehacer de la arquidiócesis desde su fundación


Es una verdadera biblioteca que guarda los pasos de la Arquidiócesis de La Serena durante su historia y que da cuenta no solo de archivos de bautizos, casamientos, primeras comuniones, sino que también documentación del quehacer de los arzobispos que han pasado por la iglesia.
Si bien era conocido, como ocurre en la Iglesia Católica en general, que cuentan con un sinnúmero de archivos, acá se dio un paso más adelante al postular a un proyecto que finalmente fue financiado por el Fondart regional denominado “Documentación y Conservación del Archivo Histórico del Arzobispado de La Serena”.

La idea fue conservar el valor histórico y patrimonial, cuyo proceso se cerró con una ceremonia que se realizó el hall principal del arzobispado y que fue encabezado por monseñor René Rebolledo
El objetivo principal fue dar valor a las colecciones históricas del Arzobispado, a través de una intervención integral de documentación, conservación y difusión de los archivos patrimoniales.

El proyecto posibilitó ordenar los documentos, para luego entregar una conservación adecuada mediante un estudio climático de las condiciones del lugar donde se resguardarán los archivos y así poder dar a conocer a la comunidad en general la existencia de la documentación. Todo esto fue posible gracias a la alianza estratégica con el Consejo Nacional de las Culturas y las Artes, mediante su programa de Conservación y Difusión del Patrimonio y el Fondart 2014.

El archivo digital ha quedado respaldado debidamente, en tanto que el material original, que componen carpetas, documentos, hojas y libros, están dispuestos en una dependencia especial con doble puerta al interior del arzobispado.

Hay personas encargadas de continuar con los archivos, como el quehacer de monseñor Manuel Donoso en su larga estadía encabezando los destinos de la arquidiócesis, en cuya documentación se trabaja en la actualidad y que incluso aún no tiene rol.

En este espacio hay importante documentación de los arzobispos que han pasado por esta ciudad, siendo la documentación más antigua la que corresponde a monseñor José Agustín de la Sierra, cuyo período abarcó entre 1844 y 1851. Aunque estos no son los documentos más antiguos, ya que estos archivos conservan partidas de bautismo, por ejemplo, del año 1645.

Pero también se encuentran documentos de monseñor Justo Donoso, quien encabezó la Iglesia entre 1858 y 1868, siendo sucedido, según los registros, por monseñor Manuel Orrego Salas, quien se hizo cargo desde 1868 hasta 1887. Posteriormente asumiría monseñor Florencio Fontecilla Sánchez, entre 
1890 y 1909.



INCENDIO DEL ARZOBISPADO
Si bien se puede constatar, los períodos de todos los arzobispos, a partir de 1844, antecedentes que no están registrados en estos escritos, como el incendio del arzobispado, que se transformó en todo un misterio.

Según antecedentes que se han transmitido como historia oral y que no pueden ser corroborados, señalan que el 31 de marzo de 1936, cuando era arzobispo de La Serena monseñor José María Caro, ocurrió un incendio que dio cuenta del edificio del arzobispado y que terminó extendiéndose por casi toda la cuadra, afectando a los Tribunales de Justicia y al edificio municipal.

Ese día las llamas se habrían iniciado precisamente en el espacio donde se guardaban los archivos, sin que se pudiera comprobar cómo efectivamente ocurrió, aunque rondó siempre la presunción de que el incendio había sido intencional, con el objeto de ocultar un robo que se estaba planificando o para dejar en evidencia de que en el recinto había joyas valiosas, ya que allí se guardaban piezas de oro que eran parte de la Iglesia de Andacollo.

Juan Arancibia, encargado de propiedades y archivos del arzobispado, corrobora lo del incendio y confirma que sólo hubo “presunciones” de que fue intencional. Lo que sí confirma es que el edificio terminó completamente destruido y que el fuego dio cuenta de parte del tribunal y de la municipalidad.

Según la historia oral, las presunciones de que fue intencional se basarían en que había unos habitantes de La Serena, que después que ocurrió el siniestro, estas personas bajaban la mirada cuando se cruzaban con el arzobispo o con los sacerdotes.

Lo que sí está registrado es que el edificio demoró dos años en reconstruirse y se levantó gracias a un préstamo de 800 mil pesos de la época y un donativo de otros 200 mil pesos de la Caja de Auxilio.
De todas formas en ese incendio los sacerdotes lograron rescatar alguna parte de los archivos, los que en la actualidad han sido seleccionados, guardados y debidamente clasificados.



LOS ARCHIVOS LA DIÓCESIS
Gracias al trabajo que se realiza, se puede tener acceso a la bóveda donde se reúnen los ejemplares, conocer detalles de cómo es la intensa labor para ordenar la documentación y su conservación. Conocer de antiguas actas bautismales y de matrimonio y conocer los archivos que fueron rescatados del fuego.

Se trata de más de 2.500 volúmenes, con archivos de antigüedad, que datan del siglo XVII y XVIII, como otros documentos muy importantes y que dan cuenta no sólo de algún aspecto en particular, sino también del contexto eclesial, social y político en que fue emitido.

Como dato, es válido señalar que la diócesis de La Serena fue creada por la Bula “Apostolicae Sede Fastigium” del 01 de julio de 1840 y a partir de ese año se fue generando documentación eclesiástica variada que permitió la creación del archivo institucional que fue incrementándose con los años.
Pero el incendio de 1936 destruyó una parte de la documentación; no obstante, a partir de esa fecha y 
en particular a raíz de la elevación al rango de arquidiócesis de La Serena en 1939 siguió aumentando la producción del material histórico.



MUERTE DEL ARZOBISPO
Otro hecho amargo que golpeó duramente a la arquidiócesis de La Serena, fue la muerte del arzobispo Juan José Subercaseaux, la única autoridad eclesiástica de la zona fallecida en pleno ejercicio.

Su trágica muerte ocurrió el 9 de agosto de 1943. Ese día, monseñor Subercaseaux había sido invitado por una empresa minera a celebrar a su patrono en la localidad de Condoriaco. Sin embargo, antes de que viajara se le advirtió que no lo hiciera ya que las condiciones del tiempo cambiaron y llovía copiosamente. Tanto es así, que la visibilidad era escasamente de dos metros por la cortina de agua que caía. Pero a pesar de esos datos, el arzobispo decidió ir de todas formas a acompañar a los mineros para celebrar a San Lorenzo, que es su patrono.

Ese día, el automóvil que guiaba, chocó con una gran piedra y se volcó, yéndose a un barranco que había en ese lado del camino, pasando el vehículo por encima y aplastándolo.
Debido a las escasas comunicaciones con las que se contaba en la época, no se supo que había sufrido un accidente hasta que pasó por el lugar un camión de la mina donde lo habían invitado, donde lo subieron y lo trasladaron hasta el retén de Condoriaco, donde trataron de reanimarlo, pero ya estaba muerto.

Se presume que el largo tiempo que permaneció en el lugar accidentado le costó la vida al no recibir asistencia médica oportuna.

En el retén de Carabineros se le administró la Santa Unción y el 10 de agosto, a las 17:00 horas, sus restos fueron traídos al arzobispado, procediendo a su velatorio en la capilla del lugar, para ser sepultado el 12 de agosto en la Catedral de La Serena. Desde entonces hasta la actualidad, en esa fecha se abre su cripta para que los fieles la puedan visitar.




AUTORIDAD ECLESIÁSTICA
Monseñor René Rebolledo, arzobispo de La Serena, destacó el trabajo que se ha realizado con el archivo eclesial, indicando que el proyecto es de trascendencia, puesto que se posee documentación histórica muy valiosa, que data del siglo XVII en adelante. “Gracias a la colaboración del Fondo Nacional del Desarrollo Cultural y las Artes, Fondart, Región de Coquimbo, se ha podido ordenar el archivo mediante una técnica, como también un uso de materiales que resguarden y conserven este patrimonio, para el presente y el futuro”, dijo.

También destacó en este proceso el concurso de la directora del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Lenka Rivera; de la gestora cultural del archivo, Gabriela Alt y de Juan Arancibia, colaborador de parte del Arzobispado para el proyecto. Monseñor Rebolledo sostuvo que “el anhelo es que este archivo sea una fuente de consulta para quienes manifiesten interés por tal o cual documento histórico, por el entorno social y cultural en que el hecho o acontecimiento se puso por escrito. Estoy cierto que el archivo, con su puesta al día, representa para la Arquidiócesis de La Serena, como también para la región, un verdadero patrimonio”.

martes, 21 de abril de 2015

La primera imprenta de Tucumán

La nuestra fue la primera ciudad del interior que contó con ese adelanto, traído por Belgrano en 1817. Produjo impresos durante casi cuatro décadas



La primera imprenta que funcionó en la actual Argentina, a comienzos del siglo XVIII, fue armada en Misiones por los padres jesuitas, según informan las obras de referencia. Manejada por los nativos, se imprimieron allí numerosos libros y folletos. 

La segunda imprenta llegó también gracias a los jesuitas. La importaron en 1766 para su colegio de Córdoba, donde funcionó hasta la expulsión de la Compañía. Quedó ociosa una docena de años, y en 1779 el virrey Juan José de Vértiz dispuso trasladarla a Buenos Aires, y la instaló en la Casa de Niños Expósitos. Allí empezó a prestar sus largos e históricos servicios a la cultura nacional, luego de ser debidamente reparada. En 1824, por gestión del gobernador Juan Antonio Álvarez de Arenales, el presidente Bernardino Rivadavia donó esa máquina a la provincia de Salta.

Primera del interior

En el caso de Tucumán, la primera imprenta llegó a la ciudad en 1817. La trajo el general Manuel Belgrano, quien meses atrás había reasumido la jefatura del Ejército del Norte. De esa manera, Tucumán vino a ser la única ciudad del interior argentino que contaba con una máquina de imprimir. Así lo informa el historiador Manuel Lizondo Borda en el documentado estudio “La imprenta y el periodismo en Tucumán”, que utilizamos para la mayoría de las referencias de esta nota.

La imprenta venía a servir las necesidades de la fuerza que mandaba el vencedor de Campo de las Carreras. Así, publicó un pequeño periódico denominado “Diario Militar del Ejército Auxiliar del Perú”, cuyo primer número apareció el 10 de julio de 1817.

Tenía el formato “en cuarto”, llevaba el pie “Imprenta del Ejército” y estaba dirigido por el militar chileno Francisco Antonio Pinto. Con los años, Pinto revistaría en el Ejército de los Andes, llegaría a general y terminó siendo presidente de su país natal. 

Militar y civil

El historiador Antonio Zinny expresa que esta publicación periódica “se ocupó de la táctica militar y publicaba los partes del Ejército Unido de Chile y de Los Andes”, además de correspondencia que enviaban los oficiales, entre muy pocos otros temas. 

Cuando el Ejército del Norte se retiró de la provincia, la imprenta quedó entre nosotros como propiedad del Gobierno, no se sabe si comprada o incautada. En tiempos de la “República de Tucumán” (1820), allí se imprimió un periódico llamado “El Tucumano Imparcial”. Lo dirigía el capitán Manuel de la Lama y lo redactaba el doctor Pedro Miguel Aráoz, ex congresal de la Independencia. Fue la primera expresión de periodismo “civil” que conoció Tucumán, y apareció el 14 de agosto de 1820.

Después, con esas prensas, se publicaron otros periódicos, de vida generalmente muy breve: dos años, el que más. Se llamaron “El Restaurador Tucumano” (1821); “Los Amigos del Orden” (1826); “La Estrella Federal” (1841); “El Monitor Federal” (1842); “El Conservador” (1847).

Una Constitución

Pero no sólo para imprimir periódicos servía la imprenta. También se editaban en ella –puesto que era la única- todas las otras publicaciones, como el “Boletín del Ejército Pacificador de la Provincia de Tucumán”, de 1823, o el “Registro Oficial”, que se publicó durante los gobiernos de Gregorio Aráoz de La Madrid y de Alejandro Heredia. Además tiraba, en hoja suelta, ejemplares de decretos, leyes, bandos y proclamas. 

Merece destacarse la excelente edición que hizo de la Constitución de la “República de Tucumán”, de 1820. Lizondo Borda hace notar que, en esa carta, el artículo 3 del capítulo II reconocía, por primera vez en la provincia, que “la libertad de publicar las ideas en la prensa es un derecho tan apreciable como esencial, para la conservación de la libertad civil de un Estado”…

A La Rioja y vuelta

La rudimentaria máquina tuvo una azarosa vida. En 1827, La Madrid fue derrotado por las fuerzas de Juan Facundo Quiroga, en El Rincón del Manantial. Como vencedor del encuentro y siguiendo la costumbre de aquel tiempo, el “Tigre de los Llanos” arreó gran cantidad de ganado hacia La Rioja, y cargó sus alforjas con importantes sumas de dinero extraídas, por vía de empréstito, del bolsillo de los comerciantes de Tucumán. Y además, decidió llevarse la imprenta.

Así, cargada sobre mulas, la vieja prensa con sus cajas de accesorios, viajó rumbo a La Rioja. Allí estaría durante dos años, hasta que el general Javier López, en su expedición a esa provincia luego del triunfo unitario en La Tablada, la rescató y la trajo de vuelta a Tucumán. Corría el mes de octubre de 1829.

Estrago del tiempo

Tras estos sobresaltos, la venerable prensa siguió trabajando en la ciudad. Se sabe que en 1847 ya estaba hecha una calamidad. Un inventario oficial de ese año, la describía como “una prensa completa con su frasquería y sin tímpano, todo de mucho uso y en mal estado; tres galeras de latón; un tintero con pala y muleta; dos cajones de varios tipos inservibles; seis cajas de composición de letra de mucho uso; diecisiete cajas de composición de letra inútil”, y así.

En 1854, el gobernador José María del Campo elevó al Gobierno de la Confederación –a su pedido- un informe sobre la vieja máquina, que seguía siendo la única disponible. Expresó que ya era “inútil”, dado su pésimo estado. Como “treinta años tiene de servicio, manejada por operarios sin inteligencia, sin cuenta ni razón”, la imprenta “ha sufrido las consecuencias del abandono y la desatención de los gobiernos anteriores”, decía.

La imprenta nueva

Agregaba que “hubo una época en que se hicieron municiones de guerra de los tipos; al punto de que, parte por este hecho repugnante, parte por la letra perdida por incuria, hoy apenas sirve para imprimir un medio pliego de papel escrito”. A esto se añadía que “la prensa es de madera, sujeta por su antigüedad a frecuentes accidentes que paralizan o hacen muy lento el trabajo”.

Por todo esto, Campo pedía al Gobierno federal ayuda para adquirir la nueva máquina que le ofrecían. El comerciante tucumano Santiago Palacio había importado una de Valparaíso y la tenía en Salta. La ayuda le fue acordada, por decreto de la Confederación del 17 de agosto de ese año. Se pudo contar entonces con mucho mejores condiciones de impresión.

Ni bien instalada esa máquina, Campo pidió a la Sala de Representantes que lo autorizara a entregar la antigua al gobierno de Santiago del Estero. Esto, para enterar el pago de alguna de esas interminables “indemnizaciones de guerra” que los Taboada exigían a Tucumán cada vez que lo apoyaban en algún conflicto con los “federales”. 

Pasa a Santiago

Entendía Campo que de esa manera se evitaba “una total pérdida de la prensa vieja” que, como decía, “es ahora inútil enteramente”. La Sala sancionó la autorización, por ley promulgada el 28 de julio de ese año 1854. Así, Santiago vino a tener su primera –aunque muy desvencijada- máquina de imprimir. 

Y, a la vez, salió definitivamente de la provincia la imprenta que poseía desde 1817. Había servido para que los guerreros de la Independencia primero y los unitarios y federales después, estamparan –en hojas efímeras, de las que muy pocos ejemplares se conservan- sus periódicos de breve vida, sus proclamas y sus decretos inflamados de pasión política.

Los santiagueños se esmeraron en repararla. El ministro de esa provincia, Ezequiel Paz –narra Zinny- utilizando sus herrajes “hizo construir una prensa de madera de algarrobo, con el único aprendiz regular de carpintero que allí había”. La prensa tenía “una vara de largo por tres cuartas de ancho” y sólo había tipografía “para llenar “poco más de un frente de pliego de papel de oficio”.

Papel de cigarrillos

Con ese armatoste, Paz se las arregló para editar el primer periódico de Santiago, “El Guardia Nacional”, en 1859. 



Añade Zinny que el número inicial se estampó en “papel de cigarrillos” y, como este se agotó pronto en la plaza, imprimió el periódico “en papel de cartas” traído de Tucumán. Cuando Paz quiso darle mayor formato y en mejor soporte, los Taboada se opusieron, “sosteniendo que la provincia tenía bastante con un periódico impreso en papel de cigarrillos”… 

En cuanto a Tucumán, aquella nueva imprenta adquirida en 1854 continuó siendo la única hasta que concluía la década de 1860. Fue por esos años que terminó el monopolio estatal de las ediciones: los particulares empezaron a comprar máquinas para imprimir sus periódicos, con lo que el diarismo independiente hizo su aparición. 


Fuente: Lagaceta.com

lunes, 20 de abril de 2015

La Biblioteca Pública de la ciudad de Nueva York libera 20.000 mapas históricos

La Biblioteca Pública de la ciudad de Nueva York ha liberado en torno a 20.000 mapas históricos, actualmente disponibles para consulta y descarga. Son mapas antiguos, escaneados a una resolución altísima y con licencia Creative Commons de dominio público. Una buena noticia para los amantes de la cartografía, pero también para cualquiera que disfrute de las curiosidades históricas. 

Mapa de 1863

Mapa de México o Nueva España (1701)