jueves, 21 de mayo de 2015

Los 13 de la fama, los hombres que acompañaron a Pizarro a conquistar el Perú

«Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere», afirmó el conquistador extremeño cuando se encontraba a las puertas del Imperio Inca. Solo 13 de los 112 hombres decidieron ser ricos y pasar a la Historia


Tras dos años y medio de viajes hacia el sur, Pizarro recibió órdenes de cancelar la expedición al Perú y regresar a Panamá. El extremeño, que carecía de la elocuencia de su sobrino lejano Hernán Cortes, el conquistador de México, pero estaba convencido de que era la empresa más importante de su vida, trazó una raya en el suelo y dijo con palabras gruesas: «Por este lado se va a Panamá a ser pobres. Por este otro al Perú a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere». Solo 13 hombres de los 112 supervivientes que componían su expedición decidieron cruzar la línea para «ser ricos en el Perú».

Francisco de Pizarro, nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés de forma lejana, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. Existe el acuerdo historiográfico de considerarle hijo ilegitimo de Gonzalo Pizarro Rodríguez, un destacado hombre del Gran Capitán, pero lo cierto es que incluso su año de nacimiento es motivo de controversia. En 1502, se trasladó a América en busca de fortuna y fama, no siendo hasta 1519 cuando participó de forma directa en un suceso relevante de la Conquista de América. Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico, por orden de Pedro Arias de Ávila, Gobernador de Castilla de Oro. El descubridor fue finalmente decapitado ese mismo año con la ayuda de la versión más oscura de Pizarro, la que alimenta en parte la antipatía histórica que sigue generando este personaje incluso en nuestros días.
Entre 1519 y 1523, Pizarro fue el alcalde de la colonia de Panamá, una insalubre aldea de covachas poblada por una horda de aventureros europeos; algo así como una sala de espera antes de lanzarse a las entrañas del continente en busca de tesoros. Estando en este cargo, el conquistador debió escuchar las historias que llegaban sobre un rico territorio al sur del continente que los nativos llamaban «Birú» (transformado en «Pirú» por los europeos). Frustrado por su mala situación económica y sus pocos logros profesionales, Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente.

La primera expedición partió en septiembre de 1524, pero resultó un completo desastre para los 80 hombres y 40 caballos que la integraban. Hubo que esperar otros dos años hasta que Pizarro tomó contacto, al mando de 160 hombres, con los nativos del Perú. A la vista de que por fin había opciones de cubrirse en oro, Pizarro mandó a Almagro de vuelta a Panamá a pedir refuerzos al gobernador antes de iniciar la incursión final. Sin embargo, no solo le negó los refuerzos sino que ordenó que regresaran de forma inmediata. Fue entonces, en la isla de Gallo, cuando el extremeño trazó una línea en el suelo y, según los cronistas, afirmó: «Camaradas y amigos, esta parte es la de la muerte, de los trabajos, de las hambres, de la desnudez, de los aguaceros y desamparos; la otra la del gusto. Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere».

Los Trece de la Fama, hacia el Impero Inca

Solo 13 hombres, «los Trece de la Fama», decidieron quedarse junto a Pizarro en la isla del Gallo, donde todavía permanecieron otros cinco meses hasta la llegada de los pocos refuerzos que pudo reunir Diego de Almagro y Hernando de Luque, bajo el mando de Bartolomé Ruiz. Cuando estuvieron listos partieron hacia el sur, dejando enfermos en la isla a tres de los 13 al cuidado de los indios naborías venidos en la nave de Ruiz. Así y todo, esta primera expedición que alcanzó el Perú lo hizo a modo de exploración para sopesar las opciones lucrativas del territorio. Hubo que esperar hasta 1532 para que los planes militares del extremeño se materializaran.

Quizás recordando las dificultades que habían tenido Cristóbal Colón e incluso Hernán Cortés para reclamar sus derechos sobre territorios conquistados, Francisco Pizarro se trasladó a España antes de comenzar la incursión armada para obtener derechos de conquista sobre esta zona. La capitulación que Pizarro firmó con la Reina Isabel de Portugal, en nombre de Carlos I de España, en Toledo, le concedió derechos de dominio sobre la zona de Perú que iba desde el Río de Santiago (Río de Tempula) en Colombia, hasta el Cuzco. El documento, además, otorgó el título de hidalgo a «Los 13 de la Fama por lo mucho que han servido en el dicho viaje y descubrimiento». Un hecho que ha permitido a los historiadores identificar –no sin cierta controversia debido a las contradicciones documentales– a esos 13 hombres que quisieron ser ricos en el Perú. Los nombres de estos fueron Cristóbal de Peralta, Pedro de Candía, Francisco de Cuéllar, Domingo de Solaluz, Nicolás de Ribera, Antonio de Carrión, Martín de Paz, García de Jarén, Alonso Briceño, Alonso Molina, Bartolomé Ruiz, Pedro Alcón y Juan de la Torre.

Finalmente, Pizarro zarpó desde la ciudad de Panamá con 180 soldados en 1532 a la conquista del Imperio Inca. Precedida por la viruela traída por los europeos en 1525, que había diezmado a la mitad de la población inca, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el empujón final a un imperio que se tambaleaba a causa de las enfermedades, la hambruna y las luchas internas que enfrentaba a dos de sus líderes (Atahualpa y Huáscar) por el poder.

No en vano, la dificultades que pasó el contingente de españoles, donde el calor y las enfermedades les acosó durante todo el trayecto, alcanzaron la categoría de legendarias cuando tuvieron que abrirse paso entre miles de incas, sin registrar una sola baja, con la intención de capturar al líder Atahualpa en Cajamarca. ¿Cómo fue posible que tan pocos pudieran vencer a tantos?, es la pregunta que ha causado fascinación en la comunidad de historiadores. «En Cajamarca matamos 8.000 hombres en obra de dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa», escribió un miembro vasco de la expedición en una carta destinada a su padre. La superioridad tecnológica y lo intrépido del plan de Pizarro, cuyas intenciones no habían sido previstas por Atahualpa al estimar a los españoles como un grupo minúsculo e inofensivo, obraron el milagro militar.

El secuestro y muerte de Atahualpa, que no llegó a ser liberado pese a que los incas pagaron un monumental rescate en oro y tesoros por él como había exigido Pizarro, marcó el principio del fin del Imperio Inca. Sin embargo, lejos de la imagen de que el extremeño conquistó el Perú en cuestión de días, hay que recordar que la guerra todavía se prolongó durante toda una generación hasta que los últimos focos incas fueron reducidos. Esta guerra se benefició, de hecho, de los conflictos internos entre los conquistadores, que cesaron momentáneamente con la victoria de Pizarro y sus hermanos en 1538 sobre su otrora aliado, Diego de Almagro, que fue decapitado y despojado de sus tierras. Pero en un nuevo giro de los acontecimientos, los partidarios supervivientes de Almagro irrumpieron el 26 de junio de 1541 en el palacio de Pizarro en Lima y «le dieron tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta, relata un cronista sobre el amargo final del conquistador extremeño.

Fuente: abc.es

miércoles, 20 de mayo de 2015

Tres linajes de la Edad del Bronce son «padres» de 6 de cada 10 europeos

Los genetistas creen que en el 2000 a. C. hubo una explosión demográfica

A la pregunta de dónde venimos cada vez se le suman más respuestas. La última, un estudio reciente realizado por la Universidad de Leicester, en Gran Bretaña, en el que también colabora la Complutense de Madrid, junto a otro centenar de organismos, y que desvela que el 64 % de los hombres europeos son descendentes de tan solo tres grupos que vivieron durante la Edad del Bronce en el continente.

De las conclusiones de este estudio se hace eco la agencia Sinc, que sitúa entre el 4.000 al 1.500 antes de Cristo, la existencia de tres linajes ancestrales de los que provienen algo más de seis de cada diez varones europeos. Es decir, tres grupos se convirtieron en dominantes y sus descendientes fueron los mejores en la «repoblación» del continente. Los expertos llegaron a estas conclusiones tras tomar más de 300 muestras de ADN de ciudadanos de muchos de los países de la UE, por lo que el estudio tiene un carácter de multicéntrico.

Eduardo Arroyo-Pardo, investigador del grupo de Genética Forense y Genética de Poblaciones de la facultad de Medicina de la Complutense asegura que estos resultados son una estimación matemática. El proceso fue la secuenciación de parte de una región del cromosoma Y (la MSY). «Hasta ahora, los estudios eran de mucho menor alcance, no por el número de poblaciones, sino por la cantidad de información genética manejada», asegura Ana María López Parra, investigadora y coautora del estudio.

Tras el descubrimiento comienzan las hipótesis. Una de ellas, según los expertos, es que este linaje común pudo ser el origen de una contrastada explosión demográfica acontecida en Europa en el Bronce. Los genetistas, gracias a estos nuevos datos, intentan reconstruir la secuencia de los europeos desde esta edad hasta la actualidad.

La muestra cubrió concretamente a 334 varones, cuya procedencia es de 17 naciones diferentes, incluyendo también muestras de países como Turquía y Palestina. En España, la mayor parte de los análisis provinieron del centro peninsular y del País Vasco. Asimismo, Grecia, Serbia, Hungría, Alemania (Baviera), Países Bajos (Frisia), Dinamarca, Noruega, Italia (región de la Toscana), Finlandia (Sami), Inglaterra (en los condados de Herefordshire y Worcestershire), islas Orcadas e Irlanda, fueron las demás regiones analizadas, a las que se añadió una población general europea, de ascendencia procedente del norte y del oeste del continente.

Además de la sospecha del crecimiento poblacional, los expertos también creen que en una fase anterior se produjeron movimientos migratorios de gran envergadura. Así, sitúan dos centros que irradiaron desde Oriente hacia Occidente a miles de personas. Una primera oleada salió de Oriente Próximo, mientras que el origen de la segunda fue el mar Caspio, según constata el investigador y genetista forense de la UCM Eduardo Arroyo-Pardo. El destino común fue Europa, según los resultados del muestreo del ADN hallado en los varones estudiados.


La investigación, dirigida por el profesor Mark Jobling del centro universitario de Leicester, pone de manifiesto que únicamente un puñado de varones (o machos dominantes) dejaron su huella impresa en el cromosoma Y de más de la mitad de los europeos en la actualidad. Para profundizar en el descubrimiento pueden leerse en la revista Nature Comunications las conclusiones del estudio.

Fuente: Lavozdegalicia.es

martes, 19 de mayo de 2015

Develan el misterio de un navío español cargado de armas que desapareció en el S.XVII

Un grupo de arqueólogos subacuáticos ha descubierto los restos de la nao «Nuestra Señora de la Encarnación» cerca de Panamá. Se fue a pique debido a una tormenta


Hace más de 300 años que la nao hispana «Nuestra Señora de la Encarnación» se fue a pique en un lugar imposible de determinar cargada de armas y utensilios de uso cotidiano. Objetos que iban a ser entregados a los colones españoles asentados en América. Desde entonces, se desconocía qué había sido de este buque y el por qué de su desaparición. Sin embargo, un grupo de arqueólogos subacuáticos acaba de descubrir que unos restos hallados a 12 metros de profundidad cerca de Panamá en 2011 se corresponden con los de este navío.

Tal y como ha afirmado Frederick Hanselmann, jefe de la expedición y arqueólogo submarino en el «Centro Meadows» de la Universidad de Texas al canal «Discovery News», han podido averiguar que el buque se fue al fondo del mar en 1681 durante una tormenta acaecida en la desembocadura del río Chagres (Panamá). A su vez, el experto ha señalado el buen estado en el que se encuentra el navío a pesar de haberse hundido en aquellas trágicas circunstancias.

De hecho, una buena parte de su carga aún sigue intacta en su interior. «Iba cargado de una amplia variedad de artefactos, aunque destacaban más de 100 cajas de madera que contenían hojas de espada, tijeras, zapatos, herraduras para mulas y cerámica. Todos ellos eran objetos usuales en la corte y también podían servir para los soldados de la Corona. Desde los filos, hasta las tijeras (que podrían haber servido para el tratamiento de heridas por parte de los cirujanos)», ha señalado Hanselmann al «Discovery News».

Parte del convoy de «Tierra Firme»

La nao «Nuestra Señora de la Encarnación» fue construida en Veracruz (México) y pronto comenzó a navegar como parte del convoy de «Tierra Firme» (una de las dos flotas mercantes que, escoltadas por buques militares de la Armada española, viajaban hasta el Nuevo Mundo cargadas de utensilios para los colonos y regresaban hasta los topes de riquezas). Concretamente, el grupo en el que usualmente viajaba este bajel salía de la metrópoli en dirección a América en agosto. Así pues, esta nao formaba parte del entramado comercial entre ambos puntos que enriquecía soberanamente a la Corona.

Sin embargo, su destino quedó sellado en 1681 cuando se fue a pique junto a su cargamento en un lugar desconocido. Ahora, se sabe que el trágico suceso se produjo durante una gran tormenta en la desembocadura del río Chagres (cerca de Portobelo) que, además, se llevó al fondo del mar otros tres navíos. Esto ha asombrado a los expertos, pues no es habitual encontrar barcos españoles en esta zona de América de Sur.

El navío permaneció desaparecido bajo las aguas hasta que, en 2011, Hanselmann y sus colegas tropezaron con sus restos mientras buscaban una serie de buques que se hundieron en 1671 en dicha zona. En principio, sin embargo, no supieron identificar el bajel. Ahora, casi 4 años después, han conseguido finalmente desvelar su identidad gracias a su cargamento (una representación clara de la vida colonial en el S.XVII) y la considerable cantidad del casco que se mantiene intacta. 

Fuente: abc.es

domingo, 17 de mayo de 2015

Esteban de Urizar y Arespacochaga, Gobernador vitalicio de Tucumán

Don Esteban de Urizar y Arespacochaga, n. en Elorrio, señorio de Vizcaya, país vasco, y bautizado en Arrazola el 22-1-1662, Maestre de Campo, Caballero de la Orden de Santiago desde 1692, gobernador vitalicio del Tucumán  1707-1724, Capitán General y Brigadier General de los Reales Ejércitos fallecido soltero en Córdoba 4-5-1724, s.s., hijo de Esteban de Urizar y Uribelarrea, natural de Arrazola y de Catalina de Arespacochaga Itiriozaga, casados en Arrazola el 11-2-1657, nieto paterno de Martin de Urizar Urrutia, b. Arrazola, el 13-8-1619 y de Marina de Uribelarrea Aresti, b. Axpe el 23-3-1619 casados en Arrazola el 29-7-1637, nieto materno de Martín de Arespacochaga y de Domenja Itiriozaga, bisnieto paterno de Martín de Urizar y María de Urrutia

Este caballero desde joven se dedicó a la carrera de las armas, en la que se distinguió por su valor en diferentes campañas. Militó en las  guerras de Italia y Francia al lado de ilustres capitanes de los ejércitos de España, mereciendo en 1699 ser nombrado maestre de Campo de infantería de las tropas que ocupaban el territorio de Milán.

En 1701, como premio debido a su comportamiento le confió el Católico Monarca el gobierno de Tucumán, del que no disfrutó por las razones que dejamos referidas, hasta el 12 de junio de 1701, fecha en que el Cabildo de Córdoba recibió la real Cédula de confirmación de su nombramiento, conteniendo las siguientes expresiones que denotan la gran estima que le profesaba el Soberano:

He resuelto que luego incontinenti que recibáis este despacho, hagáis cese en el gobierno de Tucumán, don Gaspar de Barahona, y déis posesión pronta y efectivamente al maestre de Campo, don Esteban de Urizar, por los motivos que tengo para ello, sin que por ningún accidente, causa o razón dilatéis o embaracéis ni permitáis se embarace, enviando testimonio de haberlo ejecutado, con advertendia, de que lo contrario, me daré por muy deservido, por lo que conviene a mi real servicio y las razones que movieron mi real ánimo a esta elección, habiendo sido muy de mi desagrado lo que en contrario se ha ejecutado por mi virrey y por las audiencias de Lima y Charcas, de que he querido advertiros… y a mi virrey y Audiencias he mandado participar esta mi resolución para lo que tengo entendido y no obren cosa en contrario y vos lo observaréis sin retardación alguna, que así procede de mi voluntad”.

La confianza de su majestad en los buenos servicios que esperaba de la gestión de Urizar no fueron defraudadas, pues en los diez y siete años que la ejercitó supo desenvolverse con tal prudencia y acierto que ha merecido pasar a la posteridad como uno de los más ilustres y meritorios gobernantes que tuviera la provincia.

Acreditó su buen criterio con la primera medida que adoptó apenas recibido.


Era práctica establecida por sus predecesores al entrar al gobierno cambiar los tenientes de las ciudades para ocupar a personas de su privanza o que se les recomendaban, lo que traía como era natural, grandes trastornos para la buena administración. En nuevo gobernador no se dejó llevar por ese precedente y confirmó a todos en sus cargos con lo que se captó las simpatías de las personas que los desempeñaban. Ejemplo digno de ser imitado aún ahora por muchos de nuestros gobernantes que por razones políticas remueven de sus puestos a empleados meritorios sin otros motivos fundamentales, que los de los compromisos adquiridos antes o después de su ascensión, en lo que no pocas veces suelen cometer, además de la injusticia que entraña proceder, graves errores de la elección de los sujetos que llevan a cubrir las respectivas plazas, desprovista de experiencia que dan los años de prácticas y del conocimiento de los  asuntos de su incumbencia, echándose encima profundas y numerosas enemistades que fermentando entre los agraviados y los círculos de su relación, producen, el malestar de gran parte de la población.

Por la inhabilidad de Barahona, hallábase el Norte de la provincia como queda referido, infestada por la incursión de bárbaros chaqueños que llegaron hasta pasearse osadamente por la ciudad de Salta, cometiendo toda suerte de fechorías, mientras se hallaba en ella don Esteban de Urizar. Quedó este asombrado de tamaño exceso y sin pérdida de tiempo ordenó se hicieron los aprestos necesarios para llevar la guerra al mismo corazón del Chaco y sujetar a las tribus que lo habitaban. Organizadas las fuerzas que habían de acometer la gran empresa penetraron por varias partes de aquella región, al mando de expertos oficiales y después de rudos encuentras y largas fatigas, lograron recorrer extensas comarcas y dominar a sus feroces moradores, estableciendo varios presidios a medida que se iban internando para asegurar los frutos de la expedición de forma permanente. A los indios del territorio conquistado juntó en una sola reducción que se denominó San Esteban de Miraflores, encargando a los padres de la Compañía de Jesús que la evangelizaran y atendieran lo que efectuaron con tanto celo, que poco tiempo después la había convertido en una floreciente cristiandad.
Dirigía personalmente el gobernador esta conquista, gastando gruesas cantidades de su propio peculio, y con su ejemplo se estimulaban los hombres de guerra y oficiales, emulando entre sí, gloriosas y arriesgadas acciones.

Con tan felices sucesos quedó la provincia tranquila y aseguradas sus fronteras, prosperando en todos los órdenes, a la sombra de su celoso y digno administrador.

Terminando su quinquenio se disponía entregar el mando, cuando un incidente inesperado determinó su permanencia en el cargo. El 12 de junio de 1712 por la noche, víspera de la recepción del nuevo gobernador, la campana mayor de la iglesia matriz de Salta, comenzó a doblar como si una persona principal se hallase en agonía. Extrañado Urizar de aquel toque inesperado, hizo indagar la causa, resultando de sus averiguaciones que algún sujeto desconocido había pretendido con esa demostración significar el placer que  le causaba la expiración de su período. Profundo pesar le causó aquella intención maligna y herido en su amor propio muy justamente, puesto que sólo motivos de gratitud había dado a sus subordinados, trató sucesor y obtuvo de él una suma de dinero, probablemente el cediese su derecho para seguir en el gobierno. Pidió luego al Rey aprobación de aquella transferencia que no sólo vino en confirmarla sino que se la concedió en carácter vitalicio.
Recibió con esto grande alegría todo el Tucumán y no tuve que arrepentirse de ella, pues don Esteban, supo corresponder las esperanzas de sus gobernados y el afecto que le demostraron.

Atendía con amable deferencia a cuantos acudían a él, sin distinción de clases ni de personas. Era recto en su justicia, moderado en sus costumbres y sinceramente cristiano en sus procederes. Atendió con gran celo a la conversión de los infieles, enviándoles misioneros que los doctrinasen y consiguiendo atraer un gran número de ellos a la fé Católica.

Sus bienes no teniendo herederos a quien dejarlos, sino un hijo natural, fruto de sus pasiones juveniles allá en las guerras de Italia, los destinó a obras piadosas y a construir el convento de la Merced y el Colegio de Jesuitas, donde dispuse que lo enterrasen a su muerte que acaeció en 4 de mayo de 1724, sumiendo a todos en gran consternación.

El Gobernador contra el comercio ilegal

El 3 de octubre de 1708, fechado en la ciudad de Salta donde residía, el gobernador de Tucumán, don Alejandro de Urizar y Arespacochaga, emitió un extenso auto, dirigido a los Cabildos de su jurisdicción. El de San Miguel de Tucumán, ni bien recibió el documento, lo hizo publicar en la plaza "a son de caja y pregonero", el día 21.

El gobernador llamaba la atención sobre diversas "desordenes" acaecidos en sus ámbitos. Algunos infringían el estricto sistema de monopolio establecido por la corona. Percibía, por ejemplo, "muchos excesos en el comercio de géneros prohibidos", ya que se introducían al Tucumán mercancías llegadas en "las naves francesas, por los puertos del Sud o por cualesquiera partes".
En consecuencia, mandaba que aquellas introducciones ilegales "se declaren por perdidas, con más las penas en tales casos impuestas a los mercaderes dueños de recuas, carretas, arrieros, carreteros y conductores".

Ordenaba que, en adelante, los comerciantes que vengan del Perú no usarán "más camino que el que viene derecho a la ciudad de Jujuy, en cuya Real Aduana se presentarán". Y los que vinieran del Río de la Plata y Paraguay, no usarán más que "el camino real de carretas y el que llaman de la puerta de Choromoros, que viene derecho a la ciudad de Salta".

Allí, mandaba, "se presentarán ante mí, y en mi ausencia ante mi lugarteniente, antes de tomar casa, tienda ni aposento". Esto, bajo "pena de perdimiento de los bienes que trajesen y de las mulas y recuas que los condujeran".

Fuentes:
1. Archivo Diocesano de Bilbao
2. Álbum General de la Provincia de Tucumán 1816-1916
4. PARES - ES.28079.AHN/1.1.13.8.4//OM-CABALLEROS_SANTIAGO,Exp.8345 – 1692
5. PARES - ES.41091.AGI/23.15.123//INDIFERENTE,123,N.161 – Méritos
6. Andrés A. Figueroa, Revista de la Universidad Nacional de Córdoba,año 8, nº 2 abril de 1921
7. Actas de la XI Reunión Americana de Genealogía

lunes, 4 de mayo de 2015

Las actas del Cabildo de Santa Fe

Fotografía del Cabildo de Santa Fe, antes que fuera demolido

La institución y los documentos

Las actas capitulares integran una de las series del Fondo Documental del Cabildo de Santa Fe y ellas dan cuenta de las atribuciones que tuvo la institución desde la fundación de la ciudad, el 15 de noviembre de 1573, y el rol que jugó en el proceso de formación y desarrollo de este núcleo urbano

[Transcripción del acta original de fundación]

Fotografía del acta de fundación que posee
el archivo de la provincia
"Juan de Garay , capitán y justicia mayor en esta conquista y población del Paraná y Rio de la Plata, digo que, en el nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la universidad de todos los Santos, y en nombre de la real majestad del rey don Felipe, nuestro Señor, y del ilustre señor Juan Ortíz de Zárate , gobernador, capitán general y alguacil mayor de todas las provincias del dicho Rio de la Plata, y por virtud de los poderes que para ello tengo de Martín Suárez de Toledo , teniente de gobernador que al presente reside en la Ciudad de la Asunción, digo que, en el dicho nombre y forma que dicho tengo, fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe en esta provincia de calchines y mocoretaes, por parecerme que en ellas hay las partes y Cosas que conviene para la perpetuación de la dicha ciudad, de aguas y leña y pastos, pesquería y cazas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella, y repartirles, como su majestad lo manda, y asiéntola y puéblola con aditamento que todas las veces que pareciere o Se hallare otro asiento más conveniente y provechoso para la perpetuidad, lo pueda hacer, con acuerdo y parecer del cabildo y justicia que en esta dicha ciudad hubiere, como pareciere que al Servicio de Dios y de su majestad más convenga. Y porque su majestad manda a los gobernadores y capitanes que así poblaren o fundaren nuevos pueblos o ciudades, les da poder y Comisión para que puedan nombrar, en su real nombre, alcaldes y regidores, y para que tengan en justicia y buen gobierno y policía las tales ciudades O pueblos, así yo, en nombre de su majestad y del dicho señor gobernador, nombro y señalo por alcaldes a Juan de Espinosa y a Ortuño de Arbildo , y por regidores a Benito de Morales y a Hernando de Salas y a Mateo Gil y a Diego Ramírez y a Lázaro Benialvo y a Juan de Santa Cruz , y así, en nombre de su majestad y del dicho señor gobernador, les doy poder y facultad para que usen y ejerzan los dichos oficios de alcaldes y regidores en aquellas causas y cosas convenientes y a ellos tocantes, conforme a las ordenanzas que su majestad tiene hechas para las ciudades y pueblos de las Indias, para que usen así de alcaldes ordinarios como de la hermandad en todos los negocios a ellos tocantes, y no obstante que su majestad, por sus reales provisiones, manda que sean cadañeros, y así, cumpliendo sus reales mandamientos, por tales los nombro y señalo, pero pareciéndome que la elección que se ha de acostumbrar hacer sea un día señalado, como es uso y costumbre en todas la ciudades y reinos de su majestad, digo que les doy poder y facultad, en nombre de su majestad, para que ejerzan y usen los dichos oficios y cargos desde el día de la fecha de ésta hasta el día de año nuevo que vendrá, que es el principio del año que vendrá de mil y quinientos y setenta y cinco, y así mando, y por ordenanza, que aquel día, antes de misa, todos los años tengan de costumbre de juntarse en su cabildo los alcaldes y regidores con el escribano de cabildo y hacer su nombramiento y elección, como Dios mejor les diere a entender, en la manera y forma que se acostumbran en todos los reinos del Perú.

Otro sí, mando a los alcaldes y regidores vayan conmigo y en el conmedio de la plaza de esta Ciudad me ayuden a alzar y enarbolar un palo para rollo, para allí, en nombre de su majestad y del señor gobernador Juan Ortíz de Zárate , se pueda ejecutar la justicia en los delincuentes, conforme a las leyes y ordenanzas reales.

Otro si, nombro y señalo por jurisdicción de esta ciudad: por la parte del camino del Paraguay hasta el cabo de los anegadízos chicos, y por el río abajo camino de Buenos Aires, veinte y cinco leguas más abajo de Sancti Spiritu, y hacia las partes de Tucumán cincuenta leguas a la tierra adentro desde las barrancas de este rio, y de la otra parte del Paraná otras cincuenta.

Otro si, mando que el asiento y repartimento de los solares casas de los vecinos de esta ciudad, se edifiquen y asienten y se guarden conforme una traza que tengo señalado en un pergamino, que es hecho en este asiento y ciudad de Santa Fe, hoy domingo a quince de noviembre de 1573 años.

Otro si, en la traza de esta ciudad tengo señalados dos solares para iglesia mayor, la cual nombro la vocación de Todos Santos.

Testigos que a todo lo susodicho fueron presentes: Francisco de Sierra , maese de campo de esta conquista, y Antonio Tomas y Hernán Sánchez . Fecha día, mes y año.

Juan de Garay
Por mandamiento del señor capitán

Pedro de Espinosa
Escribano nombrado por la justicia

Por testigo Francisco de Sierra
Por testigo Antonio Tomas
Por testigo Hernán Sánchez


Y luego el Señor capitán mandó llamar las personas en este nombramiento nombrados y señalados para alcaldes y regidores y les tomó juramento en forma, por Dios y por Santa María y por la señal de la cruz † que usarían bien y fielmente sus oficios en todo aquello que Dios les diere a entender, y ellos así lo juraron y prometieron poniendo sus manos en la †, en presencia de mi el escribano y testigos de yuso escrito.

Y luego el señor capitán les entregó las varas a los Señores alcaldes, en nombre de su majestad y del muy ilustre señor Juan Ortiz de Zárate, gobernador y capitán general y alguacil mayor de estas provincias y gobernación del Rio de la Plata. Y ellos dijeron que así la recibían y recibieron, y de todo lo susodicho yo, el dicho escribano, doy fe. Testigos que se hallaron presentes: Francisco de Sierra, maese de campo de esta conquista, y Antonio Tomas y Hernán Sánchez. Y los dichos señores alcaldes y regidores lo firmaron de sus nombres. Yo el dicho escribano firmé por mí y a ruego de Mateo Gil, regidor, porque dijo que no sabia firmar. Hecha en esta ciudad de Santa Fe, hoy domingo a quince días del mes de noviembre de mil y quinientos y setenta y tres años.

Juan de Espinosa
Ortuño de Arbildo
Benito de Morales
Hernando de Salas
Diego Ramírez
Lázaro Benialvo
Juan de Santa Cruz
Pedro de Espinosa (Escribano nombrado)

Y luego en presencia de mi el escribano, fué el señor capitan con los dichos señores alcaldes y regidores y enarboló en el conmedio de la plaza de esta ciudad un palo por rollo, y mandó que, so pena de muerte, ninguno sea osado a quitarle ni a mudarle de allí sin su licencia o de otra justicia de su majestad O del muy ilustre Señor Juan Ortíz de Zárate, gobernador de estas provincias por su majestad. Hecho día, mes y año susodicho. Testigos los susodichos, y yo el dicho escribano doy fe que pasó ante mi. Francisco de Sierra y Antonio Tomas y Hernán Sánchez.

Pedro de Espinosa
Escribano nombrado

Otro si, señalo y nombro y doy para ejido de esta ciudad, yendo camino de los Chupiacas, por este rio arriba, hasta donde hace una vuelta redonda la barranca de este rio, y por la parte de los Calchines hasta donde está un algarrobo sobre la barranca de una laguna que hace este anegadizo que está junto a esta dicha ciudad, que es hasta donde empieza mi heredad de labor, que tengo señalado y tomado para mí, y ésto se entiende que ha de ser el ejido por la tierra firme, y por la tierra adentro hacia la parte del Salado, Señalo y nombro por ejido hasta una legua de aquí, y todo esto se entiende que, dentro de este ejido y alrededor de esta dicha ciudad, tengo señalados y he de señalar cuadras y solares para los vecinos y pobladores de esta dicha ciudad, que en ella están y vinieren a servir a su rnajestad, lo cual dejo libre y desembarazado para que yo lo pueda dar y señalaren nombre de su majestad y del dicho señor gobernador. Que es hecha día, mes y año susodicho.

Juan de Garay

Pedro de Espinosa
Escribano público

Hecho y sacado, corregido y concertado fué este testimonio con el original que está en mi poder, a pedimento de la parte del licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, para presentarlo ante el Consejo Real de Indias, y por mandato del señor general Juan de Garay, teniente de gobernador y capitán general, justicia mayor de esta provincia del Río de la Plata, la hice sacar y escribir por mi, el presenté escribano, siendo testigos Alonso Fernández el Romo y Pedro de Espinosa , vecinos de esta Ciudad; que es hecho en esta ciudad de Santa Fe postrero de enero de mil y quinientos y ochenta y tres años.

JUAN DE GARAY 
En fe de lo cual y testimonio de verdad, hice aquí mi firma que es a tal."

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domingo, 3 de mayo de 2015

Archivo Histórico de Santiago del Estero

Plano de Santiago del 1874
Este Archivo tiene como uno de sus principales objetivos ser una fuente de información para aquellos que están interesados en conocer la historia de Santiago del Estero.

El mismo fue creado el 05 de febrero de 2008 mediante decreto Nº 110/08, por el Gobierno de la provincia de Santiago del Estero.
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sábado, 2 de mayo de 2015

Méndez Núñez o cómo la Armada se batió ante los cañones inexpugnables del Callao

«Más vale honra sin barcos que barcos sin honra», espetó este gallego antes de iniciar el asedio de Valparaíso y luego El Callao

Hay una célebre sentencia entre marinos de bien en España: «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra». Una reflexión que la Armada española debe a uno de sus más ilustres marinos, aunque no tan conocido como los Gravina, Churruca o Alcalá Galiano, y que restableció el honor marino de la dividida España del siglo XIX.
Ese fue el gallego Casto Méndez Núñez (Vigo, 1824-Pontevedra 1869), héroe de la Guerra Hispano-Sudamericana en el mal llamado Pacífico en la que la Marina de la Corona se batió contra buques y fortificaciones de Chile y Perú, principalmente, y también Ecuador y Bolivia. Corrían los años 1865-1866 y en la flaca España todo eran pulgas.

Retrato de Núñez Méndez
«Nació Don Casto Méndez Núñez en la perla de los mares, la poética y hospitalaria Vigo, cuyo aspecto hidrográfico y majestuoso es a propósito para imprimir en el alma sensaciones que despierten amor a las empresas marítimas que dan fama inmortalizando a los que las acometen», describe sobre su partida de nacimiento una biografía firmada por «Tres paisanos suyos» que data de 1866 con el objeto de relatar los hechos recién acaecidos en el Pacífico.
Méndez Núñez comenzó su carrera en la Armada con los 16 años aún sin cumplir, en la clase de Guardia Marina en el Departamento de Ferrol, siendo ordenado embarcar ese mismo año de 1840 en el bergantín «Nervión».

Su primera gran singladura llegó dos años más tarde, cuando partió hacia los dominios africanos de Fernando Poo (actual Guinea Ecuatorial) en una expedición que, bajo el mando del marino Juan José Lerena y Barry, tenía como objetivo afianzar los derechos españoles en aquellas tierras que los ingleses anhelaban. Por sus servicios prestados en aquella campaña en el «Nervión» consiguió ascender a alférez de navío un año antes de lo reglamentado.
Su primera experiencia americana, cuentan los relatos de la época, fue ya heroica. Embarcado en el bergantín «Volador» partió a Uruguay en diciembre de 1846, tras el reconocimiento español de la independencia uruguaya y el consecuente traslado del representante diplomático de la Corona ante Montevideo.

Rifirrafe en Buenos Aires

Estando en una escala en Buenos Aires, cuenta su biografía anónima, que unos españoles se refugiaron en la falúa del «Volador». Cuando las autoridades argentinas quisieron poner pie en el bergantín español, Méndez Núñez desenvainó su espada y dijo: «El primero que se atreva a poner la mano sobre un español, caerá atravesado por mi espada», ante tal reacción los militares argentinos disistieron de detener a los quince españoles que se encontraban en el «Volador».

Entre 1848 y 1850 a Méndez Núñez el rumbo le llevó a puertos de la hoy Italia, donde una expedición española -junto a Austria, Francia y las Dos Sicilias- acudió al auxilio del Papa Pío IX y los Estados Pontificios, cuya independencia estaba amenazada por las incipientes fuerzas unificadoras de la península italiana. Era una escuadra de nueve buques de guerra que transportaba un Ejército de 5.000 hombres bajo el mando de Fernando Fernández de Córdoba. Sin embargo, la escuadra española no entró en lid pues a su llegada Francia y sus 30.000 hombres restablecieron el «statu quo».

Teniente de navío en 1950 se le vino otorgando el mando de diversos buques como la goleta «Cruz», el vapor de ruedas «Narváez», la fragata de hélice «Berenguela» y la urca «Niña» donde demostró su pericia en diversas misiones marinas. Trasladado en 1855 a la Secretaría del Ministerio de Marina, donde destacó su carácter y, dado su aburrimiento (era un hombre de mar, ante todo), llegó a dedicar su tiempo a traducir del inglés el «Tratado de Artillería Naval», publicado por el general inglés sir Howard Douglas.

De nuevo en la mar, ya en 1859, le fue encomendada su primera gran misión en ultramar: Filipinas. Allí tuvo que vigilar las costas y luchar contra los piratas de las islas Joló y sirviendo como jefe de las fuerzas navales en la toma de la Cotta de Pagalungán (1861). «En 1862 fue ascendido a capitán de navío en atención a su distinguido comportamiento en la brillante acción sostenida contra los piratas mahometanos [...] en la toma de la Cotta Pagalungán los moros hicieron una resistencia tenaz, demostrando su arrojo y bizarría».

¿Cómo acabó con la rebelión del rajá de Buayán, en Mindanao? Tras un primer intento de desembarco infructuoso ante las murallas de aproximadamente 7 metros de altura, 6 de ancho y con un foso de 15 metros de ancho, con caños de corto alcande a doquier, el todavía capitán de fragata decidió abordar la fortaleza como si de un buque se tratará con su goleta de hélice «Constancia». Fue una maniobra complementaria de un desembarco más lejano que el de la víspera. La Cotta de Pagalungán se rendió finalmente. Su popularidad en la Armada española iba en aumento.

ero si hay un buque que se asocie con la gran gesta de Don Casto Méndez Núñez fue la fragata blindada «Numancia», símbolo de la Guerra del Pacífico que España acometería en los años 1865 y 1866 con dos escenarios principales: la fortificación de El Callao (Perú) y Valparaíso (Chile). Una guerra, por cierto, totalmente desconocida para el imaginario español actual. Una guerra cuyas causas primigenias, y claroscuras, se atribuyen a la disputa entre colonos españoles que trabajaban la tierra del hacendado peruano Manuel Salcedo en Talambo y la posterior ocupación por parte de la Marina española de las islas Chincha (abril, 1964), una acción que no gustó en España pero que sin embargo se tomó la determinación de reforzar dicha posición del Pacífico.

El asedio al puerto chileno de Valparaíso

La escalada del conflicto diplomático entre Perú y España, que por momentos parecía apaciguarse, saltó por los aires cuando Chile se sumó a la contienda en apoyo de los intereses peruanos. El Gobierno del país andino negó todo apoyo logístico a la flota española, también comenzaron las hostilidades contra los ciudadanos españoles en tierras chilenas. España decidió una suerte de bloqueo de la costa chilena (imposible de acometer), Chile declaró la guerra el 25 de septiembre de 1865, tres meses después lo haría Perú. Ecuador y Bolivia se sumarían más tímidamente. La «Guerra del Pacífico» estaba servida.

¿Qué motivó el bombardeo del puerto chileno de Valparaíso? La causa fue el anterior apresamiento de una goleta española, la «Virgen de Covadonga», a manos de los chilenos en el combate de Papudo (26 de noviembre de 1865), una derrota dolorosa que llevó al suicidio al vicealmirante José Manuel Pareja, humillado por una Marina de Chile cuyo poder naval era irrisorio.

Hay que señalar que las crónicas de la época cuentan cómo la corbeta chilena «Esmeralda» se aproximó a la goleta española enarbolando pabellón inglés, solo momentos antes dispuso de la chilena, demasiado cerca ya para que la «Covadonga» pudiera librarse de la pericia de los artilleros chilenos. Una estratagema efectiva. Tras el fallecimiento de Pareja, Méndez Núñez recibe el mando de la flota española en el Pacífico y se marca como objetivo restituir el honor español.

Para recuperar la «Covadonga», Méndez Núñez fijó el rumbo hacia Valparaíso: «El horizonte de la guerra presentó el nubarrón de Valparaíso, cuya mayoría de habitantes estaba muy lejos de desear un bombardeo. Pero el Gobierno de Chile, que no es nada popular como se sabe, y sólo cuenta con el apoyo de las masas turbulentas, desoyó los consejos de la prudencia, preparando así con sangrienta saña el bombardeo de la reina del Pacífico», relata la biografía sobre el gallego Casto Méndez Núñez, quien comandó la flota española a bordo de la fragata «Numancia», habiendo dado un aviso de cuatro días para su evacuación, lo que permitió retirarse a británicos y estadounidenses que se encontraban en el puerto.
Ingleses y, sobre todo, los intermediarios estadounidenses trataron de maniobrar para disuadir a Méndez Núñez de la acción que no sería bien percibida por la diplomacia internacional al ser Valparaíso un puerto indefenso. Pero Méndez Núñez tenía órdenes de España y ante la amenaza británica y estadounidense de intervenir contra la flota española el vigués espetó su famoso: «España, la Reina y yo, preferimos honra sin barcos, que barcos sin honra». Finalmente ni EE.UU. ni el Reino Unido intervinieron.
El 31 de marzo de 1866 se procede al bombardeo. Durante tres horas y media Valparaíso sufrió el azote de los cañones españoles, una acción que no gustó nada en las esferas internacionales y de la que tampoco se sintieron muy orgullosos los españoles, como posteriormente relataron cartas de la época.
Chile, Perú, Ecuador y Bolivia estrechaban aún más su alianza pues temían una reconquista colonial por parte de la Corona española. Así, en todo el Pacífico, la escuadra española no tenía ni una sola base de operaciones. Tras Valparaíso, Méndez Núñez fijó el rumbo hacia la plaza fuerte de Perú: la fortificación cuasi inexpugnable de El Callao. Una batalla, esta sí, digna de los relatos heroicos de la Armada. Un ataque catalogado de temerario.

El combate de El Callao

2 de mayo de 1866. Tras dar el preceptivo ultimátum la flota española, dividida en dos frentes se sitúa frente a El Callao. Por parte española: la fragata blindada «Numancia», cinco fragatas de hélice, una corbeta de hélice y siete buques auxiliares que no participaron en el asedio (en total, unos 270 cañones), divididas en tres divisiones. Por parte peruana: 56 cañones en tierra, dos monitores y tres vapores (69 cañones en total) divididos en la zona sur, norte y muelles. Los peruanos además estaban preparados con una línea defensiva de batallones de infantería y caballería en caso de que las fuerzas españolas desembarcaran, algo que no estaba en los planes de Méndez Núñez.

Fuente: abc,es