miércoles, 26 de noviembre de 2014

Arqueólogos afirman que hallaron "Esteco", la mítica ciudad colonial perdida

El director de Patrimonio Cultural de Santiago del Estero, Lic. Marcelo Ahumada, calificó el hecho como “el descubrimiento arqueológico colonial más importante de los últimos doscientos años”. Esteco había desaparecido durante un terremoto en 1692.


 Esteco, la ciudad perdida del histórico movimiento fundacional generado desde Santiago del Estero, fue descubierta en territorio salteño, por un equipo de arqueólogos de la Universidad de La Plata, con lo que se devela todo un misterio para los historiadores santiagueños, ya que se decía que esta ciudad era sólo un mito, y hasta se la llegó a negar. 
La noticia fue confirmada a EL LIBERAL por el director de Patrimonio Cultural de la provincia de Santiago del Estero, licenciado Marcelo Ahumada, quien calificó al hecho como “el descubrimiento arqueológico colonial más importante de los últimos 150 ó 200 años”. 
Los estudios preliminares y las excavaciones fueron realizadas por el equipo de expertos del arqueólogo Alfredo Tomasini, de la Universidad de La Plata, en estrecha vinculación con la Dirección de Patrimonio Cultural de Santiago del Estero.

Hecho histórico

“Hace muchísimos años que venimos buscando la posibilidad de encontrar alguna formación que tuviera que ver con Esteco. En teoría sabíamos de dos o tres ciudades que por entonces venían mudando a medida que iban surgiendo dos situaciones fundamentales, una la del río, porque estaban al borde del Salado, y la otra el ataque de las tribus que habitaban Esteco”, destacó Ahumada. 
Precisó el funcionario que entonces se llegó a la conclusión de que hubo dos ciudades. “Podemos decir que encontramos esas ciudades”, Esteco uno y Esteco dos, situadas en los departamentos salteños de Anta y Metán, a una diferencia de 80 kilómetros una de otra, y sobre una misma línea. 
“Se ha descubierto un fortín que tiene una pared de 3,10 metros de alto, de adobe, por 1,20, que es la pared oeste. Esto es muy importante porque hasta el momento todos los descubrimientos arqueológicos que se hicieron eran elementos; no estructuras arqueológicas. Lo que se ha descubierto son estructuras coloniales. En Esteco I se ha descubierto un dedal de plata, porcelana de plata, un zoolito de rapé, que era utilizado para opio o para algún tipo de analgésico, lo que habla de la sofisticación del lugar. El zoolito es básicamente una figura de piedra donde hay un animal, lo cual habla de una estructura organizativa y comunitaria muy importante”, puntualizó.

Desaparición

Según relató el licenciado Ahumada, los asentamientos de Esteco desaparecieron durante un terremoto de grado 8 ocurrido el 13 de septiembre de 1692, lo cual confirmó una teoría que existía por aquellos tiempos, de que una catástrofe ocurriría con esta ciudad ya que era considerada como un paraíso del juego, la prostitución y el vicio. 
“Un obispo de la época había advertido de la inmoralidad que allí imperaba y que por ello se decidió cambiarla de ubicación”, con lo que se funda Esteco II. 
“Ahora sabemos que existen Esteco I y II que quedan sobre el Río de las Piedras. El gran misterio hablaba de que la maldad y la vileza de los habitantes que vivían en Esteco hacían que se profetice su destrucción. Y ocurre el terremoto el 13 de septiembre de 1692 que hace desaparecer Esteco. Y hasta ahora esa ciudad no existía, estaba desaparecida, tanto que hasta han llegado a negarla”, aseguró.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Los aborígenes y la guerra química

Quien piensa que las armas químicas son invención moderna, se equivoca. Existen desde los comienzos de la humanidad y  fueron usadas por los más diversos pueblos, entre otros,  por los aborígenes americanos que eran expertos en ellas.

Se valían de gases letales  y  de púas y flechas envenenadas con  substancias mortíferas.  Entre los gases, el más usado era el de ají, fruto americano algunas de cuyas especies  tienen zumos extraordinariamente irritantes. En las guerras, ciertos pueblos acostumbraban quemar grandes cantidades para producir  humaredas que,  con la ayuda del viento,  empleaban contra sus enemigos como estornudatorio, es decir, como desencadenante de una seguidilla de estornudos  tan violentos, que los dejaban imposibilitados de defenderse. Tan brutal  era el efecto de este humo o gas,  que hacía abortar a las mujeres.

Lo empleaban no sólo contra los enemigos, sino para ejecuciones: encerraban al condenado en una cámara y le daban humazos de ají hasta que moría. Entre los incas, al culpable de tener amores con alguna Virgen del Sol, lo colgaban por los pies sobre brasas en las que humeaba polvo de ají.  Finalmente, los mexicas lo usaban en cantidades pequeñas  para castigar a  niños desobedientes.
Ciertos aborígenes de una región de Canadá mezclaban venenos provenientes de hojas de árboles, de hierbas y frutos,  y luego  quemaban la mezcla sobre haces de leña untada con grasa de lobo marino lo que producía un humo espeso y pesado que tenía la ventaja de no dispersarse fácilmente en el aire, y que, si no mataba al enemigo, por lo menos lo cegaba dejándolo fuera de combate.

El arma química más difundida era la yerba  venenosa, quizá por ser de más fácil aplicación y no depender de los vientos. Aunque el término yerba  induzca a pensar en substancias de origen vegetal, los componentes del veneno solían incluir  algunas de origen animal.

Cada tribu poseía su fórmula secreta y en la composición se mezclaban jugo y  savia de plantas tóxicas, veneno de hormigas, alacranes, víboras, arañas, medusas,  alimañas ponzoñosas, y todo ello se cocinaba junto. Era requisito fundamental que la operación se realizara en sitio alejado del poblado pues el humo que despedía la cocción era tan letal, que las personas encargadas de prepararla -mujeres esclavas o viejas-, solían  morir de sólo aspirarlo  lo cual era una macabra garantía de calidad del menjunje.

Luego dentro de él se echaban pequeñas púas acanaladas y se dejaban un rato  para que se embebieran, tras lo cual quedaban listas para usar. Las colocaban  entre el follaje que bordeaba las sendas y en las puntas de las flechas. La púa era tan aguda que penetraba profundamente en la carne donde el veneno comenzaba a dispersarse por el torrente sanguíneo.

Había venenos de acción rápida como el curare y el pakurú, que mataban en una hora, pero había otros extremadamente crueles que provocaban una larga y desesperante agonía de hasta una semana de duración. De este tipo fue  el que emplearon contra el capitán Diego de Rojas.

Autor: Teresa Piossek Prebisch
Fuente: Blog de Teresa Piossek Prebisch (blog recomendado)

domingo, 23 de noviembre de 2014

Etimología de apellidos alemanes


El estudio etimológico de los apellidos alemanes se inició a finales de la Edad Media. La mayor parte de los apellidos alemanes se generaron a partir de apodos. Se clasifican en cuatro grupos, con base en el origen del apodo: uno o más nombres de pila, designaciones de oficios, atributos físicos y referencias geográficas (incluso las referencias al nombre de alguna construcción). Además, muchos apellidos describen alguna característica específica en el dialecto correspondiente a la zona en la que se originaron.

Con frecuencia, los nombres de pila se convirtieron en apellidos cuando se identificaba a algunas personas a través del nombre de su padre, es decir, con el patronímico. Por ejemplo, el apellido Ahrend se convirtió, con el tiempo, en Ahrends, al añadirle la terminación -s correspondiente al caso genitivo del alemán (en alemán, la frase Ahrends Sohn equivale en español a "el hijo de Ahrend").

Ejemplos de apellidos: Ahrends, Burkhard, Wulff, Friedrich, Benz. Dado que muchos de los primeros registros urbanos se escribieron en latín, era frecuente que se usara el plural genitivo -i como, por ejemplo, en Jakobi o en Alberti o (escrito con -y) en Mendelssohn Bartholdy.

Las designaciones de oficios son la forma más común de formación de apellidos. Cualquiera que tuviese una ocupación poco usual terminaría por ser identificado con ella. Ejemplos: Schmidt (herrero), Müller (molinero), Meier (administrador de una granja; emparentado con Mayor y Meyer), Schulze (corregidor), Fischer (pescador), Schneider (sastre), Maurer (masón, albañil), Bauer (granjero), Metzger o Fleischer (carnicero), Töpfer o Toepfer (alfarero).

Nombres de características físicas fueron adoptados como apellidos en casos como Kraus (pelo enrulado), Schwarzkopf (cabeza negra), Klein (apodo, pequeño), Groß (grande).

Nombres geográficos de los que se derivaron apellidos gentilicios, como Kissinger (de Kissingen), Schwarzenegger (de Schwarzenegg), Busch (bosquecillo), Bayer (de Baviera, en alemán Bayern). Böhm indica que la familia proviene de la región checa de Bohemia.

Un caso particular es el de los apellidos derivados de nombres de lugares o edificios. Antes de la asignación de nombres y numeración a las calles, e incluso mucho después, muchos edificios importantes, tales como posadas, molinos y granjas, tenían nombre. Generalmente eran más conocidos por éste que por la gente que vivía en ellos; los habitantes recibían su apellido del nombre del edificio o zona. Podía estar combinado con una profesión: Rosenbauer (granjero de rosas, por una granja llamada 'la rosa'); Kindlmüller (niño-molinero, de un molino llamado 'el niño de Navidad', 'el hijo pródigo' o 'el hijo [niño] del rey'). También se usaba el nombre tal cual: Bär (oso); Engels (de Engel, ángel).

La inmigración, fomentada a menudo por las autoridades locales, aportó también apellidos foráneos a las regiones de habla alemana. Según cual fuere la historia regional o las condiciones geográficas y económicas reinantes en las diversas épocas, numerosos apellidos tienen un origen francés, holandés, italiano, húngaro o eslavo (p.ej. polaco). En ocasiones han perdurado con su forma original, en otras la ortografía se ha adaptado al alemán (la terminación eslava ic se ha convertido en alemán en -itz o -itsch, pronúnciese "ich"). Con el correr del tiempo, la ortografía se ha modificado frecuentemente para reflejar la pronunciación efectiva en alemán (Sloothaak, del holandés Sloothaag). Sin embargo, en algunos casos, como el de los Hugonotes franceses que emigraron a Prusia, se conservó la ortografía de sus apellidos pero con la pronunciación natural de los nativos alemanes al leerlo: Marquard se pronuncia marcar en francés, pero luego pasó a pronunciarse Markuart como si se tratara de un nombre alemán.

La preposición von ("de") fue utilizada para distinguir la nobleza; por ejemplo, si alguien fue Barón de la villa de Veltheim, su familia será von Veltheim. En tiempos modernos, la gente perteneciente a la nobleza agrega 'von' a su nombre. Por ejemplo, Johann Wolfgang Goethe, su nombre sería Johann Wolfgang von Goethe. Esta práctica termina con la abolición de la nobleza en Alemania y Austria en 1919. En algunas zonas de Suiza, von es usado en nombres geográficos y no nobles, p.ej. von Däniken (del pueblo de Däniken). Lo mismo es válido en los Países Bajos y Flandes, donde se habla flamenco (un idioma muy similar al alemán) y donde este tipo de apellido era muy común. Muchos nombres de ciudades terminaron dando lugar a apellidos flamencos (Van Gogh, Van Keulen, Van Gulik, Van Bon, etc.), pero no así a alemanes.

Los judíos germanoparlantes no adoptaron apellidos hasta los siglos XVIII y XIX. Algunos pudieron escogerlos ellos mismos, creando apellidos con dos nombres que sonaran bien. Ejemplos: Goldblum (flor dorada), Rosenthal (valle de rosas), Rothschild (escudo rojo), Schwarzschild (escudo negro), Silberschatz (tesoro de plata), Stein (piedra). En otros casos la administración les asignaba apellidos a discreción de los funcionarios, que a veces resultaban denigrantes. Algunos adoptaron apellidos alemanes tradicionales para no llamar la atención, como los conocidos Meyer o Löwe, que podría referirse tanto a la palabra alemana 'Löwe' (león) como a la tribu judía de Leví. La terminación alemana -mann debería distinguirse del sufijo judío -man, pero como es lógico esto no puede generalizarse.

En cuanto a los apellidos originariamente locales, son numerosos los que presentan características de dialectos locales, tal es el caso de las terminaciones corrientes de los diminutivos en el sur de Alemania, Austria y Suiza, como -l -el, '-erl, -le o -li como en Kleibl, Schäuble o Nägeli (de 'Nagel', uña, clavo).

Muchos nombres de familias no poseen una conexión obvia con una comunidad, ocupación o estadio de vida. Uno de ellos es Geier, que se refiere a un ave, a una ciudad o a una historia oral de origen campesino que refiere a un mito - que los bebés humanos fueron robados de un pueblo por aves gigantes que devolvieron a sus captivos una vez que los pueblerinos atacaron y destruyeron sus nidos.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿Donde nació Güemes?¿ Guemes era Jujeño?

Gral. Martín M. de Güemes

¿Donde nació Güemes?¿ Guemes era Jujeño?
Coronel Emilio Bidondo.
En el Nº 37 de la revista-libro Historia, correspondiente a marzo-mayo de 1990, que aparece trimestralmente en la Capital Federal, el coronel (RE) Emilio Bidondo publica un artículo donde sostiene que “no hay prueba evidente sobre el nacimiento de Güemes en la ciudad de Salta”; aportando los siguientes datos documentales:
a) Inserta una Foja de Servicios del cadete Güemes donde consta el siguiente informe: «su país Jujuy». (1)
b) Agrega que don Joaquín de la Pezuela -que fuera virrey del Perú y antes comandante de las fuerzas realistas del Alto Perú, a las que el prócer contuvo en 1814 en su intento de llegar a Buenos Aires para deponer al gobierno central de las Provincias Unidas)-, expresa en su Memoria Militar 1813-1815, que cuadrillas numerosas de gauchos eran «agitadas por un Güemes natal de Jujuy».
Transmisión oral de la familia Ovejero de Salta y Jujuy. (2)
Según esta tradición, Doña María Magdalena de Goyechea y la Corte (n. 1763 – Jujuy), en viaje de retorno a la ciudad de Salta -luego de visitar a su familia jujeña y en particular a su padre, seguramente enfermo pues falleció pocos meses después-(3), ­y embarazada; inicia el trabajo de parto, lo que obliga a detener la marcha. En estas circunstancias, en una vivienda próxima a la localidad de "Perico del Carmen", nace su hijo -el futuro general Güemes-, (“Los Pericos” (4), por entonces jurisdicción de Salta; desde 1834: Provincia de Jujuy). Al día siguiente reanudan la marcha, siguiendo el histórico camino que pasa por Perico de San Antonio, río Perico, río Los Sauces hasta la posta de los Camperos, luego Sala La Angostura, La Caldera y finalmente la ciudad de Salta; un recorrido aproximado de 45 Km.
Debe tenerse en cuenta que los Ovejeros, además de la amistad sostenida entre ambas familias, fueron quienes adquirieron la casa donde paso su niñez el futuro General y que ocupó nuevamente al casarse (calle España).
(1) Los datos volcados en la foja de servicio tienen que haber sido consignados por el propio cadete Güemes: "su país Jujuy" (“13 DE FEBRERO de 1799: Se le da de alta como cadete de la Compañía del 3er. Batallón del Rey. Fixo en Buenos Aires, destacado en Salta”).
(2) Esta tradición oral fue narrada, sin segundas intenciones y en reiteradas oportunidades, por el Dr. Julio Argentino Linares Ovejero (1905 Salta-1989 Córdoba); habiéndola recibido, a su vez, de su abuela materna Doña Ifigenia Serapia Blas Eguren (n. en Jujuy), casada con Don José Gabriel Ovejero Zerda (n. 1836 - Salta); hijo, este último, de D. José Ovejero González, fundador del Ingenio Ledesma (*) y quien adquirió la propiedad de la calle España. Allí funcionaron las oficinas del padre del General, pasó su infancia y posteriormente, después de casarse, volvió a habitarla.
(3) María Magdalena de Goyechea (madre del General), natal de San Salvador de Jujuy (1763); -su primer hijo: Dr. Juan Manuel de Güemes Goyechea, nace en San Salvador de Jujuy-. Padre: Martín Miguel de Goyechea, Teniente Gobernador de Jujuy, nace y muere en San Salvador de Jujuy (1732 – 1785). Madre: Ignacia de la Corte Rosas, nace en San Salvador de Jujuy. Abuelos: Antonio de la Corte Rosas (n. 1625 España.), y María de Palacios Ruiz Llanos (n. 1700 Jujuy). Bisabuelos: Juan de Palacios Martínez de Iriarte (n. 1680 – Jujuy), y Juana Crisóstoma Ruiz de Llanos Albarracín (n. Jujuy – Fall. 1729 Jujuy), etc. Pudiendo llegar hasta la fundación de San Salvador de Jujuy.
(4) “Los Perico”. Llamada de esta forma por la abundancia de loros “pericos” que se encuentran en esa zona. Comprende una amplia región agrícola ganadera –ya presente en aquella época-, desde la actual ciudad de Perico de la Estación, pasando por Perico del Carmen, hasta Perico de San Antonio.
(*) “… José Ramírez Ovejero, quien en 1830 había fundado el Ingenio Ledesma, en la vecina Provincia de Jujuy, que en el siglo siguiente llegaría a ser el ingenio azucarero más grande de Sud América.” (María Fernanda Justiniano. «Poder y riqueza en Salta a fines del siglo XIX: ¿cuánto de vacas y cuánto de azúcar?». Revista Escuela de Historia, Facultad de Ciencias Económicas y Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta).

lunes, 17 de noviembre de 2014

Compilación Histórica de Normas Legales

La Honorable legislatura de Tucumán en su página web nos ofrece una completa compilación de normas legales que se dividen en dos períodos

1. Desde la Revolución de Mayo hasta la Reorganizacón Nacional (1810-1852)

2. Desde la Reorganización nacional hasta la actulidad (1852-2007)

También se pueden visualizar y descargar en PDF la Constitución Provincial, las leyes vigentes y derogadas, etc.

Fuente: Honorable Legislatura de Tucumán

jueves, 13 de noviembre de 2014

Bernabé Aráoz en la jura de la Bandera

Don Bernabé Aráoz
( Días previos a la Batalla de Salta)
El 13 de enero de 1813 empezó a moverse, desde Tucumán y en forma escalonada el Ejército del Norte, con 3.000 hombres dispuestos a caer sobre Tristán en Salta. Primero partió el regimiento de Cazadores, luego todos los de Infantería y por último la caballería de los Dragones, así como las milicias tucumanas que mandaba Bernabé Aráoz.

Antes de salir, Belgrano había hecho rezar funerales por los caídos el 24 de septiembre. Cada oficial y cada soldado recibió, asimismo, uno de los escapularios de La Merced enviados por las religiosas de Buenos Aires. "Vinieron a ser -dice Bartolomé Mitre- una divisa de guerra en la campaña que iba a abrirse".

Campaña que tenía ya un buen auspicio, con el triunfo del general José Rondeau en el Cerrito de Montevideo, el 31 de diciembre de 1812. Y muy pronto tendría otro, con la pequeña pero contundente victoria del coronel José de San Martín sobre los realistas, el 3 de febrero, en las barrancas de San Lorenzo, sobre el Paraná.

La fuerza arribó al río Pasaje. Estaba crecido, pero pudieron cruzarlo en "dos o tres días de maniobras", dice Gregorio Aráoz de la Madrid en sus memorias. Narra que con ese fin, "se construyeron balsas, dos botes o grandes canoas y se colocó una gran cuerda por una y otra banda del río, asegurada por grandes maderas que se fijaron al efecto". Según corrige el realista Mendizábal, el cruce demandó ocho días. De cualquier manera, atravesó las torrentosas aguas del río el Ejército de Norte, con todos sus soldados, sus caballos, sus 10 piezas de artillería y sus 50 carretas, sin que apareciera un solo explorador de Tristán en sus inmediaciones.

Juramento en el Pasaje 

Cumplido el cruce, el 13 de febrero de 1813 (es decir, hace dos siglos), Belgrano dispuso realizar, sobre la margen norte, la ceremonia de juramento a la Asamblea General Constituyente, que el 31 de enero se había instalado, con toda solemnidad, en Buenos Aires.


La tropa formó en cuadro y, tras una corta alocución, se leyó la circular del Triunvirato que ordenaba jurar obediencia a la Asamblea como órgano supremo. Acto seguido, el mayor general Díaz Vélez se presentó trayendo la bandera celeste y blanca, seguido por una escolta y al son de tambores.
Esto porque Belgrano había resuelto aprovechar la ocasión para que, simultáneamente, se jurase tanto la obediencia a la Asamblea como a esa bandera que el Gobierno le había obligado a esconder cuando la creó, y que él reservaba para "una gran victoria". Había sido "gran victoria" la de Tucumán, y estaba seguro de que el nuevo gobierno no lo desautorizaría esta vez.

Desenvainando su espada, el general prestó el juramento; lo tomó luego a los jefes de cuerpo -a los cuales se incorporó, recién llegado de Buenos Aires, el coronel Martín Rodríguez- y finalmente a la tropa, que respondió con un cerrado "Sí, juro". Luego, narra Mitre, "colocando su espada horizontalmente sobre el asta de la bandera, desfilaron sucesivamente todos los soldados y besaron, uno por uno, aquella cruz militar, sellando con su beso el juramento que acababan de prestar".

Paz recordaba que, dado lo largo del trámite, Belgrano fue reemplazado en el sostén de la espada, primero por Rodríguez y luego por otros oficiales superiores. Al terminar el acto, el general hizo grabar con un escoplo, sobre el gran árbol que se alzaba en la margen, la inscripción "Río del Juramento". Fue el nombre que desde entonces reemplazó al antiguo de Pasaje.


Fuente: Dr. José María Posse - Tucumanos en la Batalla de Tucumán. Tucumán 2012.-

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Juan de Zamudio, Gobernador del Tucumán 1696-1701


No es frecuente hallar a los Zamudio en la documentación histórica de Barakaldo y, a pesar de ello, este municipio fue la cuna de varios personajes de este apellido que en el siglo XVII emigraron a la Argentina donde dejaron profunda huella.

El primer Zamudio de quien tenemos noticias se llamaba Juan de Zamudio y había casado con María de Garabeitia. De este matrimonio nació Domingo de Zamudio, que fue bautizado en la parroquia de San Vicente de Barakaldo en 14 de septiembre del año 1573. Fue el primer señor de la casa de Bagaza (Bagatza). Contrajo matrimonio con Antonia de Arbeiza (o Arbaiza) y López de Aguirrazu, bautizada en Barakaldo en 3 de abril de 1582, hija de Martín de Arbeiza y de María López de Aguirrazu, dueños de la casa y casería de Aguirrazu.


Domingo de Zamudio y Antonia de Arbeiza fueron padres de Juan de Zamudio Arbaiza, bautizado en Barakaldo en 17 de febrero de 1608 quien casó en dos ocasiones. En primeras nupcias, el año 1631, con Catalina de Arteaga y Susunaga, hija de Antonio de Arteaga y Catalina de Susunaga. Fueron padres, el año 1637, de Antonia de Zamudio y Arteaga, quien casó en la iglesia de Santiago de Bilbao, el año 1679, con el bilbaino Tomás de Dizido y la Quintana, hijo de Juan de Dizido y María de la Quintana (sin embargo, en la partida de matrimonio se cita como Tomás de Dizido Amati, el cual había casado en primeras nupcias con María Antonia de Mendieta y Lexarmendi). Fueron padres de Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio (Barakaldo 1676, Buenos Aires 1735) al cual volveremos a citar más adelante. Juan de Zamudio Arbaiza contrajo segundas nupcias el año 1649 con Sebastiana de Tellitu, hija de Juan de Escauriza de Tellitu (Barakaldo 14-IV-1578) dueño de la casa este apellido, y de María Sáez de Urcullu; era nieta paterna de Domingo de Tellitu y María de Urcullu y biznieta de Martín de Tellitu, dueño de la citada casa de Tellitu; y nieta materna de Pedro de Urcullu y de Josefa, y biznieta de Domingo de Urcullu. Del matrimonio Zamudio-Tellitu nació Juan de Zamudio y Tellitu, bautizado en Barakaldo en 15 de febrero de 1653, quien heredó la casa de Bagaza.

Gobernación del Tucumán - 1600

Las citas documentales que he podido hallar referentes a Juan de Zamudio Tellitu relatan que navegó en la marina real desde el año 1666, con apenas trece años, en compañía del general Mateo de la Haya, y que asistió a la expedición a cargo del príncipe de Monte Santo a Tierra Firme en 1667 y a la de Francisco de Avaria en 1669, sirviendo como cartógrafo. Navegó por Buenos Aires y realizó servicios en el Perú. Fue caballero de Santiago desde el año 1688. Se trasladó definitivamente a Indias el año 1696 para hacerse cargo de la gobernación y capitanía general del Tucumán, empleo que cumplió hasta el año 1701. En su gobierno se trasladó, en el año 1700, la silla epistolar "que estaba en Santiago del Estero a la ciudad de Córdoba, y cuando lo hubo terminado, fijó su residencia en Buenos Aires, donde sirvió en el desalojo de la Colonia del Sacramento de los portugueses hasta que estos abandonaron la plaza. Murió en la ciudad de Buenos Aires" (cita tomada del "Diccionario histórico y biográfico de la República Argentina", autor, Julio A. Muzzio, año 1920). Se puede puntualizar que en realidad -según consta en AGI, Buenos Aires, 5, L.4.-, el obispado se trasladó por el gobernador Zamudio y por el obispo de la diócesis desde Santiago del Estero a la ciudad de Córdoba en el año 1699 y aquí se erigió desde el 24 de junio de ese año. Cabe destacar que la catedral se levantó gracias a las limosnas de los vecinos, los cuales tenían el propósito hacer de ella una de las mayores y mejores de las entonces existentes, razón por la que recibieron las muestras de gratitud del propio rey. Unido a esto mencionaré que las malas relaciones entre el obispo y Zamudio llevaron al mismo rey a reprender al gobernador por entrometerse en cuestiones ajenas a su oficio; por ejemplo, en la colecta que se realizaba en las misas.

Una de las tareas principales de la gobernación de Tucumán llevada a cabo por Zamudio consistió en reconocer la frontera y sostener, como hicieron sus predecesores, la guerra con los mocovi para lograr su pacificación.

Juan de Zamudio llegó al continente americano acompañado de su sobrino Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio y los dos dejaron allí una extensa descendencia. El primero casó en la catedral de Buenos Aires, en 5 de mayo de 1677, con Inés de Salazar-Muñatones y Azoca, natural de Buenos Aires, donde había sido bautizada el 26 de junio de 1659. Su ascendencia paterna, como puede suponerse por sus apellidos, era originaria de Somorrostro. Sus padres fueron Pedro de Salazar Muñatones, natural de Muskiz, y Luisa de Azoca y Hurtado de Mendoza; era nieta paterna de Antonio de Salazar y biznieta de Juan de Salazar y Juana de Salazar Muñatones, que fue señora de la casa de San Martín de Muñatones.  

Del matrimonio Zamudio-Salazar nacieron: 1. Juan Francisco (Buenos Aires 1678),que fue maestre de campo. Casó en primeras nupcias con María Josefa Pessoa y Calvo Arroyo, hija de Luis Antonio Pessoa y María de Arroyo; siendo padres de 1.1. Juan Gregorio de Zamudio Pessoa, que fue teniente coronel, alcalde de Buenos Aires, casado en primeras nupcias con Ana María de Merlos y el Sar, y en segundas con María Josefa de Echevarria Ordóñez y Sarmiento;  y 1.2. Martín Antonio de Zamudio Pessoa, casado con María Isabel Ruiz de Bolaños y Maciel. Parte de su descendencia se puede encontrar fácilmente en internet, con mención especial del coronel Juan Francisco de Zamudio Echevarria. 2. Alonso de Zamudio Salazar. 3. María Antonia de Zamudio Salazar 4. Juana Inés de Zamudio Salazar. Estas dos últimas profesaron monjas en el convento de Santa Teresa de Córdoba  (datos tomados de: "Linajes de la Gobernación de Tucumán", de Arturo Gustavo de Lazcano Colodrero, publicado en Argentina en 1936).

Mariano Acosta
Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio fue alférez real, maestre de campo y capitán de milicias. Casó en primeras nupcias en 1701 con Francisca Ordóñez Herrera, natural de Córdoba, hija de Lucas Ordóñez y Vera Muxica y Jerónima Herrera Velasco y Cabrera. De este matrimonio nacieron Francisco Antonio casado con María del Pilar Echenique Vélez (padres de María  de los Ángeles), Lucas AntonioJuan José casado con Tadea Echenique Garay (padres de Bernardina y Juan Gregorio) y Miguel de Dizido y Ordóñez; contrajo segundas nupcias con Ana Maciel y Cabral, natural de Corrientes, hija del maestre de campo Manuel Maciel, y fueron padres de Juan Manuel, Francisco Javier y María de Dizido y Maciel. También puede encontrarse con relativa facilidad parte de la sucesión de todos ellos, especialmente en la persona de Mariano de Acosta Santa Coloma (1825-1893), que fue vicepresidente de Argentina en 1874-1880.




Fuente:
1. Somorrostro Blog
2. FamilySearch
3.Josefina Matienzo
4. Mapa Wikipedia