sábado, 16 de julio de 2016

Un olvidado Conquistador de la Nueva España: Francisco Flores, Conquistador de Oaxaca y la proyección de su descendencia en Quito

Autor: Hernán Sevilla M.
Ponencia presentada en la Sociedad Amigos de la Genealogía
Sesión del 15 de julio de 2016
Quito
A Horacio Torres,
cuyas conquistas
vuelven realidad
la esperanza.

El lugar de Encinasola es una pequeña villa enclavada en la Sierra Norte de Huelva a 428 msnm, casi en el límite con Extremadura y Portugal. Está regada por los ríos Múrtigas y Sillo, y presenta un clima mediterráneo-continental agradablemente templado, con inviernos fríos y veranos calurosos. A fines del siglo XVI contaba con no más de 700 vecinos, una parroquia y un convento1. Las actividades productivas fundamentales eran la caza, la cría de ganado porcino, el cultivo de algunos olivares y el sembrío de trigo2. En este, hasta ahora sencillo poblado, nació a fines del siglo XV Francisco de Flores y Alonso, hijo de Juan de Flores y María Alonso.

Con seguridad estuvo emparentado con Ramiro Flores, vecino y escribano público de Encinasola, y Alcaide del castillo de la villa entre 1403 y 1406.

De joven aventurero a soldado de Hernán Cortés

La primera noticia que de él tenemos está fechada en 1510 en el listado de pasajeros a Indias:
“124.-.Francisco Flores, hijo de Juan de Flores y de María Alonso, vecinos de Encinasola, de la sierra de Frege nal .-19 Octubre . 1-34”.

Pasó a Indias con rumbo a La Española en 1510. Pensaríamos que tuviera entre dieciocho y veintidós años, lo que marcaría su nacimiento entre 1488 y 1492. Seguramente poco antes pasó su hermano Rodrigo Alonso5, vecino de la isla de Jamaica donde era hacendado, y quien contribuyó con vacas y cerdos para la conquista de México, según propia declaración de Francisco.

De Santo Domingo pasó a la conquista de Cuba, a órdenes de Diego de Velásquez donde estuvo entre 1511 y 1519. Diego de Velásquez había llegado a Jamaica en el segundo viaje de Colón (fines de 1493) y en los siguientes diecisiete años logró relacionarse muy bien con Bartolomé Colón, el Gobernador Nicolás de Ovando y su sucesor Nicolás de Bobadilla. Uno de los 300 hombres que partieron de La Española a Cuba fue Francisco Flores, y estuvo en la fundación de la primera villa en Cuba, llamada Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.

Hernán Cortés había participado también en la pacificación de la isla Juana (como se llamó inicialmente a Cuba), y fue nombrado por Velásquez, a la sazón Gobernador de la isla, como Alcalde de Santiago de Cuba. En los planes de Velásquez estaba la exploración de Yucatán, y para ello había organizado sendas expediciones al mando de Francisco Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Para la tercera pensó en Cortés, no sin reparos pues ya años antes éste había sido acusado de sublevarse contra Velásquez, pero al poco las cosas se calmaron al punto que Cortés se casó con la hermana del Gobernador.
Cortés sin demora, y anticipándose a la poca voluntad que le tenía el Gobernador, organizó la expedición y a fines de 1518 salió de Santiago de Cuba, rodeando las costas para abastecerse. Finalmente la expedición de Cortés pudo dejar la isla y salió hacia la costa continental el 18 de febrero de 1519. En el interin con seguridad pasó por Jamaica donde Rodrigo Alonso, el hermano de Francisco Flores, le proveyó de cerdos para el viaje.
Tenía una flota de 11 barcos, contaba con más de 600 españoles, que servían como soldados, arcabuceros, ballesteros y marinos, en su mayoría andaluces y extremeños, y varios centenares de indios cubanos. Les acompañaban dos sacerdotes, fray Juan Díaz y Fray Bartolomé de Olmedo. Levaban 16 caballos y muchos perros.
Bernal Díaz del Castillo al señalar quiénes pasaron a México con el Capitán don Hernando Cortés, escuetamente consigna:
“Y Francisco Flores pasó asimismo, que fue vecino de Guaxaca, persona muy noble, murió de su muerte”.

Aunque algunos señalan que Flores llegó a México en las tropas de Pánfilo de Narváez y que luego se unió al bando de Cortés, la información de Bernal Díaz del Castillo7 es válida pues como veremos ambos personajes actuaron juntos desde temprano en las tierras de la Nueva España. Y el mismo Flores así lo señalará cuando actúe como testigo en el juicio de residencia instituido contra Hernán Cortés en 1534.

Ahora bien, Flores no partió con Cortés de inicio sino que permaneció en Santiago de Cuba con Francisco Saucedo, partiendo con este en la última embarcación, que llegó a San Juan de Ulúa y luego al puerto de Veracruz a principios de junio de 1519. Saucedo llevaba a Cortés noticias que le preocuparon sobremanera, pues Diego de Velásquez había sido autorizado –él si- a la conquista de Yucatán a título de Adelantado. Los temores de Cortés se fundaban en que Velásquez le había facultado a explorar, mas no a conquistar ni hacer fundaciones. Es por esto que decidió fundar la Villa Rica de la Vera Cruz el 22 de abril 1519. Organizado el Cabildo a mediados de mayo, ante éste renunció Cortés a sus cargos dependientes de Velásquez, y el mismo Cabildo le nombró Capitán General y Justicia Mayor, iniciando así su empresa de conquista y poblamiento, y enviando a España a los alcaldes ordinarios Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo como procuradores para conseguir la confirmación real. Es de anotar que en este Cabildo actuó Pedro de Alvarado como uno de los cuatro regidores, al menos hasta inicios de agosto del año 1519.

Flores fue uno de los firmantes del Pedimento del 20 de junio de 1519, en que el Cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz, los hombres de la armada de Cortés y los vecinos de la recién nacida población ratifican su apoyo irrestricto a Cortés, pidiendo además sea nombrado Conquistador, Capitán General y Justicia Mayor, se le dé la facultad de entregar encomiendas perpetuas –cosa inusual en la conquista-, y se impida a Diego de Velásquez cualquier acción en contrario8. Este es el primer documento conocido escrito en México por los conquistadores españoles, descubierto en el Archivo de Indias en 1989 por el maestro Alfonso Martínez Cabral, Académico de la Historia de México. Constan en el instrumento 314 firmas, entre ellas la de Francisco Flores y curiosamente la del cronista-conquistador Bernal Díaz del Castillo.

¿Qué movía a Cortés a una aventura tan arriesgada, no solo para él sino para quienes le seguían? ¿Fue un ego sobresaliente o la oportunidad propicia de un visionario? Es indudable el genio personal del Conquistador, sin olvidar las circunstancias y el contexto: la fase antillana de la conquista estaba llegando a su fin por dos motivos concomitantes que eran “la catastrófica despoblación indígena, que, junto al agotamiento de los yacimientos de oro, provocó una despoblación española (pues los españoles se iban a otras islas y de regreso a España), poniendo en riesgo el dominio español de las Indias”.

El 8 de agosto inició la marcha hacia Tenochtitlán en busca del gran Moctezuma. En el recorrido, Cortés logró alianzas con totonacas y cempoaleses. En la primera semana de noviembre de 1519 arribaron las tropas de Cortés a Tenochtitlán y el 14 del mismo mes se produjo la prisión de Moctezuma. Durante este secuestro, el mismo Flores acompañó en algunas ocasiones a Cortés a visitar al Tlatoani. Relata Flores que en estas entrevistas, Cortés le hablaba de las grandezas y del poderío del Emperador español, y que Moctezuma respondía que por tradiciones de sus antepasados sabía que habría de llegar un día en que estas tierras fueran “sojuzgadas mandadas e gobernadas de un gran señor que estaba en la parte donde salía el sol”.

El mismo Flores fue uno de los que bajo mandato de Cortés ingresaron a los lugares ceremoniales donde estaban los ídolos de los indígenas y comenzaron a quitar los ídolos y destruirlos, y reemplazarlos con imágenes de La Virgen y de Jesucristo.

Ante la llegada de Pánfilo de Narváez, el enviado de Velásquez para castigar a los rebeldes españoles, Cortés dejó Tenochtitlán enrumbándose a Campoala el 10 de mayo de 1520 a enfrentarle, y lo logró dieciocho días después. Dejó en la capital de los mexicas como su lugarteniente a Pedro de Alvarado, quien no supo hacer frente a la inquietud de los indios. Alvarado, temeroso de una sublevación de los nativos, aprovechó una celebración religiosa –la fiesta de Toxcatl- y ordenó una matanza el 15 de mayo, la “Matanza del Templo Mayor”. Regresando Cortés el 24 de junio, y siendo imposible la pacificación con los indígenas que les tenían sitiados, decidió la retirada de la ciudad por la situación insostenible, pues los mismos indígenas habían matado de pedradas a Moctezuma cuando éste había intentado calmarlos.

La noche del 30 de junio al 1 de julio, los españoles sigilosamente abandonaron Tenochtitlán, pero fueron descubiertos y los indígenas atacaron a matar en las calzadas y desde las canoas. Desde la plaza salió a caballo Cortés, seguido de Alvarado, y “Francisco Flores, que iba en la capitanía de Alvarado, quedó en la rezaga con treinta de caballo; fué de los postreros en pasar el puente, y no vido á Alvarado hasta que llegaron donde estaba Cortés”. Se encontraron en el llamado “Puente de la Matanza”.

La conquista de Oaxaca. Amistad y parentesco con Pedro de Alvarado

Vencido el imperio azteca llegaron las glorias para Flores. La conquista de Oaxaca se dio en 1521, resultando relativamente pacífica. Francisco Flores y Diego de Coria estuvieron al mando de la invasión de los chontales de Oaxaca (la invasión de la costa del Pacífico y el sometimiento de las poblaciones desde la costa hacia el interior), con todo éxito.

Enseguida, la región baja de los mixtecas, llamada Tecomaxtlahuaca, le fue otorgada en encomienda a Flores.

En 1522, por mandato de Cortés, Francisco de Flores pasó con Pedro de Alvarado a la región de Huaxyacac (Oaxaca), que había sido pacificada un año antes, para disuadir a Francisco de Garay de la ocupación de esos territorios, pues en el proyecto de Cortés estaba ya la conquista de las tierras del sur de México, es decir avanzar en campaña de descubrimiento y conquista hacia lo que hoy es Guatemala y El Salvador. En efecto, Alvarado y Flores con sus hombres llegaron a la región de Panuco, lograron disuadir a Garay y pacificaron las tierras de Tututepec.

Los aztecas llamaba a Alvarado “Tonatiuh”, que quiere decir “el hijo del sol”, por sus cabellos rubios. Flores partió hacia el sur con Alvarado el 6 de diciembre de 1523 con un ejército de unos 300 hombres, la mitad a caballo y el resto escopeteros y fusileros. Les acompañaba un millar de indios tlaxclatecas, cholutecas y mexicas. Flores señala que en la Batalla del Pinar en febrero de 1524 estuvo en la entrada a Utlatán, y que Alvarado castigó duramente “a los señores de Utatlán, llamados Oxib-Quieh y Belejeb-Tzi, porque estos tramaban la perdición de los españoles y que perdonó a Tepepulpor que fue éste quien le dio a conocer o le revelo las intenciones de los dos jefes o señores de los quichés”. Luego de una recia campaña, fundó finalmente la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala el 25 de julio de 1524. Francisco Flores estuvo presente en dicha fundación.
Eventualmente Francisco de Flores regresó a México y obtuvo de Cortés –que desde el 15 de octubre de 1522 era Gobernador y Capitán General de México por gracia del Rey- como merced el Señorío de Iguala, en el actual Estado de Guerrero, relativamente cerca de las tierras de Cortés en Cuernavaca, donde éste se retiraría en su decadencia política hacia 1526.

La región de Iguala habría de ser conquistada por las fuerzas de Cortés entre 1521 y 1522. Podríamos pensar que el mismo Flores lideró esta pacificación, pues fue el primer encomendero de la zona. Para pesar de Flores, el territorio de Iguala regresaría a poder de la Corona en 1536 al anularse el Señorío que recibió años atrás, para limitar el poder de los encomenderos y dar paso al Corregimiento de Iguala.

Flores se asentó en Antequera (Oaxaca de Juárez), junto con Cortés. En dicha ciudad las casas de Flores estaban sobre las casas del Tlacatecutli, el cacique de Oaxaca. Antes había residido en casa de un indio llamado Peola, y a través de éste se servía de los indios de Zoquitlán quienes le construyeron su casa. En esta casa de Oaxaca residiría luego su viuda y sus hijos.
El viernes 20 de setiembre de 1527 fue recibido por el Cabildo como vecino de la ciudad de para gozar de las libertades y exenciones de ella y se le otorgó también un solar. En los registros del Cabido consta como vecino de la ciudad de Santiago de Guatemala un Francisco Flores en inscripción del 6 de julio de 1528.
Mientras esto sucedía, su amigo y antiguo capitán Pedro de Alvarado estaba en la Corte del Emperador Carlos recibiendo los títulos y facultades de Adelantado, Gobernador y Capitán General de Guatemala.

El 14 de abril de 1529 actuó como testigo en el proceso que contra Pedro de Alvarado había iniciado Nuño de Guzmán, respondiendo favorablemente en beneficio de su amigo, pero tratando de no faltar a la verdad: “lo oyó dezir pero que lo non sabe” es frase de respuesta recurrente en la treintena de preguntas.
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Descargar el Trabajo Completo con referencias y bibliografía: El Conquistador Francisco Flores

viernes, 15 de julio de 2016

El Gral. Manuel Eduardo Arias

Extracto del libro Calles de mi Ciudad de Felix Infante

El coronel, don Manuel Eduardo Arias, nació en el pueblo de Humahuaca. Su padre, don Francisco Arias Rengel, era nieto de guerreros y conquistador del Gran Chaco. Su madre, una mujer de pueblo, apodada la Coya. Esto es todo lo que sabemos por los datos biográficos que sobre él nos da el historiador salteño, don Bernardo Frías, en su obra tan importante que tituló “Historia de Güemes y de la provincia de Salta”.

Ya joven, recorría los abruptos senderos, entre valles y cerros, por San Andrés ―su hacienda en el Valle― y su casa humahuaqueña. En este continuo marchar a caballo, Arias se hizo un gaucho de todas veras, un insigne jinete, cuya simpatía sobresalía sobre los habitantes de tan vasta región.
Incorporado a las fuerzas combativas, pronto fue tomando el ascendiente militar que lo llevaría al lugar de privilegio que su inteligencia, arrojo y capacidad le depararían en las filas del ejército y, de manera preferente, en la guerra de recursos, llevada a cabo con tanta genialidad por Güemes. Él fue su Jefe de Vanguardia, su lanza de choque.

Infinidad de entreveros y combates lo hacen célebre en este tremendo año de 1817, cuando el más poderoso ejército español invade, trayendo a su frente nada menos que al general La Serna, vencedor de Napoleón en España. Pero los hombres, como la tierra toda, supieron encontrar en su aparente debilidad y flaqueza militar, la indómita fuerza indispensable para arrojar al invasor. Por ello fueron más de cien los combates. Y Arias obtiene, un primero de marzo en Humahuaca, el más puro laurel de su cadena de triunfos. Huacalera, Tilcara, Maimara, Hornillos; son otros donde la sangre de un puñado de héroes se derrama sin alardes.

En la guerra de recursos, tal vez tan importante como la otra, campea como un habilísimo estratega, que sorprende y quita cuanta vitualla pretende llevar para sí el invasor. Son miles y miles de cabezas de ganado ―ovejas, cabras, vacas, llamas y hasta burros― los que con singular pericia logra arrebatar al enemigo, dejándolo sin lo necesario para llevar adelante sus planes de invasión y predispuestos a las peores contingencias por falta de raciones de boca.

Arias es un jujeño leal a su terruño. En esto no ha de transigir jamás. Por ello en años venideros, estarán en conflictos con Güemes, como lo estuvieron jujeños ilustres, como Dávila, Soria, Iriarte, Portal, Sánchez de Bustamante, Mena y otros. Más tarde la lucha sería contra el general Gorriti, gobernador de Salta, y por iguales principios autonómicos que los sindicarían como un rebelde y hasta ―algunos salteños lo afirman― traidor. ¿Traidor un hombre que luchó denodadamente por la libertad de su patria y que le dio, entre otros triunfos importantes, nada menos que el de la batalla de Humahuaca? Todo se debe a una cuestión político-militar.

La clase “pensante” de Salta, Tarija y Jujuy, como la de Tucumán, veían en el general Güemes a un caudillo que arremetía ―es claro que por razones de la propia guerra― contra sus intereses de dueños de fincas que no les permitían trabajarlas por carencia de la mano de obra, ya que los arrenderos y la peonada era seguidora incondicional de Güemes, ya que éste les había asegurado, mediante decreto compulsivo, la propiedad de las tierras que trabajaban, no interesaba quién fuera el dueño real de las mismas. Los hombres de la llamada sociedad se sintieron tremendamente afectados. Además, y a cada rato, se les exigía “contribuciones forzosas” en dinero y que venía a hacer más odioso el gobierno de Güemes que, según ellos, no paraba en medios para perjudicarlos y hasta sumirlos en la ruina. Contra él, una conspiración tomó cuerpo. Estaban en ella figuras trascendentes de la sociedad salteña y jujeña. Y hasta las pasiones llegaron a tal punto que se trató de asesinar al Caudillo. Como mano ejecutora se lo compró a uno de los más allegados a Güemes y que contaba con toda su confianza, al extremo de que entraba y salía libremente por su casa. Se lo conocía por el apodo de “Panana”. Entre los comprometidos en Jujuy estaban, nada menos, que Arias y don Pablo Soria. El proyecto “abortó” justo en el instante de su ejecución, por la presencia imperturbable de Güemes. Llevado a presidio Panana, se lo hizo “cantar”. Así se pudo saber quiénes estaban más comprometidos o eran los dirigentes en la revolución. Los nombres de Arias y Soria eran los más comprometidos. Y se los sentenció a la última pena. Pero Güemes, en atención a los grandes servicios que ambos habían prestado a la patria, se mostró humanitario y conmutó las penas. Destierro al Tucumán, al primero. Una gran multa y destierro a las fronteras del Chaco, al segundo.

El gobernador tucumano, adversario político y personal de Güemes, lo recibió al coronel Arias con todos los honores del caso y, conociendo sus grandes dotes militares, le dio el comando de las tropas que, precisamente en esos momentos, iniciaban la guerra declarada entre Tucumán y Salta. Y allí se demostró la capacidad militar de Arias que venció a Güemes en los encuentros de Trancas, Acequiones y Rincón de Marlopa. Éstos deben ser, seguramente, los motivos para calificar de traidor al coronel Arias. A mi juicio, y luego de estudiar, exhaustivamente, la documentación existente en archivos y obras consultadas, no hay otra.

Vuelto a su tierra jujeña, luego de la muerte de Güemes y no habiendo ya causas para su confinamiento en las fronteras tucumanas, Arias ―amigo y compañero de don Agustín Dávila en la Guerra Grande y en la actualidad en la gobernación jujeña dependiente de Salta, desde fines del siglo anterior―, se ve envuelto en un nuevo conflicto por las arbitrariedades reiteradas del gobernador salteño, doctor y general, don José Ignacio de Gorriti, hermano del Canónigo, pero de tendencias absolutamente contrarias; marcha desde Humahuaca a Orán, con el propósito de reunir fuerzas y frente a ellas, agregando tropas puneñas y quebradeñas, invadir Salta, vencer a Gorriti y lograr la autonomía política de Jujuy. Con este designio ―y desoyendo consejos de su amigo y compadre el coronel Pastor, jefe de Humahuaca― marcha a caballo hacia el Zenta y por la quebrada de Calete. Es nomás cierto que la gente está “alzada” contra él, por cuestiones de arriendos que no quieren pagarle aleccionados por las promesas anteriores de pasar a ser dueños, desde los tiempo del general Güemes. Así llega a Cianzo, un pequeño villorrio en las alturas. No hay nadie. En el camino se encuentra con otro compadre, Velázquez, que lo pone al tanto de la situación en su contra. Arias no lo quiere cree, dado que toda la gente de esos lugares habían sido sus amigos y hasta combatido bajo su mando en tantísimos encuentros contra los españoles. El jefe de los amotinados es un tal Mariano Abán. Sin mayores problemas pasaron el inmenso cerro de Zenta y llegan a San Andrés al anochecer, alojándose en casa de Velázquez. Estaban saboreando unos mates, cuando desde el exterior, ya en plena oscuridad, llegan unos ruidos extraños. Es indudable que se trata de gente armada y que no son amigos. Las voces airadas así lo ponen en evidencia. Cierran puertas y ventanas con pesadas trancas y se aprestan a la lucha. No queda otro recurso. Pronto se oyen disparos de armas contra la casa. Y los gritos de Abán, pidiendo la rendición incondicional. Hay algunas armas para la defensa, y Arias y Velázquez las empuñan. Los de afuera han de ser muchos, calculan; mas no importa. La superioridad numérica, no los acoquina. Por el contrario, se sienten con el valor suficiente para demostrarles que no son unos cobardes y que no se entregarán. Hacen fuego por unas rendijas de la casa. Se escuchan algunos ayes, que demuestran que se ha dado en los cuerpos de los asaltantes. Pasan los minutos y también las horas. Entonces, Abán cambia de táctica. Es preciso obligarlos a salir. Para ello prende fuego al techo de la casa ―palos, cañas y torta de barro― que en un instante arde por los cuatro costados. Viendo que la cumbrera es una masa de fuego y que amenaza caer, no les queda otro recurso que abandonar lo que había sido su refugio. Abán, armado de un pesado garrote, espera tras la puerta, y en el instante que se abre para dar paso a los hombres, con todas sus fuerzas golpea la cabeza de Arias que, con el tremendo golpe, cae hacia atrás, junto a la cumbrera que se desprende y arde sobre su cuerpo toda la noche. Es el 16 de junio de 1822. Así concluyó la vida de esta gloria de Jujuy.

Manuel Eduardo Arias, en espíritu, seguirá como Jefe de Vanguardia, recorriendo altivo en su brioso 
caballo de pelea y a la cabeza de sus gauchos de San Andrés, Iruya y Humahuaca, los caminos polvorientos de la Quebrada, de la Puna y de los Valles. Allí lo verán pasar enhiesto, avizorando lejanías de libertad para su pueblo. Sable en mano, entre huaicos y laderas, entre montes y cañadas, entre el ruido fragoroso de cien cascos de batalla y entre el estrépito infernal del batir de guardamontes. Lo verán desde el Zenta majestuoso, dominando las abras a lo lejos, el cuerpo hecho roca también, firme en la defensa del solar nativo, eterno en el impulso de luchar. Y esa será, por siempre, la estatua colosal levantada a su memoria ¡!...

Fuente: Historia de Jujuy

domingo, 10 de julio de 2016

600 fotos del siglo XIX sin identificar

Este álbum o libro de trabajo, contiene 103 páginas y 600 retratos de estudio a la albúmina.


Como álbum de trabajo llama la atención la ausencia absoluta de referencias con relación a los retratados; lamentablemente ninguna fotografía se encuentra identificada. Sin sus nombres y apellidos, sin el registro numérico que remita a mayores informaciones, centenares de damas, caballeros y niños perdieron definitivamente su identidad al conformarse este especial álbum del siglo XIX.

Sin embargo, la principal característica de este libro de trabajo y que permite reconstruir perfectamente la trayectoria comercial de los socios Benitez y Pagés entre los años 1871 a 1876, es la preocupación de encabezar cada página escribiendo el nombre de la localidad, provincia y país, con 
la fecha de sus arribos y partidas.

Gracias a esas anotaciones manuscritas podemos comprobar el derrotero de estos pioneros fotográficos, especializados en regentear esporádicos estudios fotográficos en localidades del interior del país, ahora sabemos que trabajaron durante un lustro ininterrumpido en las provincias de Buenos Aires (Buenos Aires y San Fernando), Entre Rios (Diamante y La Paz), Corrientes (Esquina y Goya), Santa Fe (Santa Fe) y en la República Oriental del Uruguay (Porongos, Mercedes y Nueva Palmira).


sábado, 9 de julio de 2016

Carta de José de San Martín a Tomás Godoy Cruz

CARTA DE JOSÉ DE SAN MARTÍN A TOMÁS GODOY CRUZ, DIPUTADO POR CUYO AL CONGRESO DE TUCUMÁN, DONDE EXPLICA LA NECESIDAD DE DECLARAR LA INDEPENDENCIA DE ESPAÑA.

"PARA LOS HOMBRES DE CORAJE SE HAN HECHO LAS EMPRESAS" José de San Martín.



"¿Hasta cuándo esperamos nuestra independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cocarda nacional y por ultimo hacer la guerra al soberano de quien dependemos? ¿Qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos, y con mucha razón, nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos.

Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación, y por otra parte el sistema ganaría un 50% con tal paso. Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito."

Mendoza, 12 de abril de 1816. San Martín.

Fuente: Granadores Bicentenario

viernes, 8 de julio de 2016

El día que Belgrano lloró

Era el 6 de julio de 1816. Apenas había transcurrido un día desde que Manuel Belgrano había llegado a Tucumán, viniendo desde Buenos Aires. Hacía poco tiempo también que había estado en Europa, y los Diputados reunidos en el Congreso, deseaban escuchar fervientemente las frescas noticias llegadas del Viejo Mundo.


En sesión secreta se reúne el Congreso. para escuchar al creador de la bandera, vencedor de la Batalla más importante de la Historia Argentina, lograda ahí mismo, en Tucumán.

Manuel Belgrano, subido al estrado, efectuó uno de sus más bellos discurso de toda su vida, discurso que sin duda definiría la suerte de una Nación...

Habló desde el corazón, como sólo él podía hacerlo. Contestó primero algunas preguntas de algunos diputados para luego explayarse sobre la situación europea. Dijo que los tiempos habían cambiado. Dijo que el apoyo europeo que alguna vez pudimos haber tenido al iniciar nuestra guerra emancipadora, había sido cambiado por el descrédito causado por nuestras luchas internas. No se nos tomaba en serio. Y que no debíamos esperar ayuda de nadie. Textualmente dijo:

"...Aunque la resolución de América en su origen mereció un alto concepto de los poderes de Europa por la marcha majestuosa con que se inició, su declinación en el desorden y anarquía continuada por tan dilatado tiempo ha servido de obstáculo a la protección, que sin ella se habría logrado; así es que, en el día debemos contarnos reducidos a nuestras propias fuerzas...."

Palabras de Belgrano dichas hace exactamente doscientos años...
Y luego prosiguió su bello discurso, diciendo que cómo era posible, que después de seis años de luchas por nuestra Libertad e Independencia, desde aquel 25 de mayo de 1810, aún en 1816 no habíamos logrado crear un sistema de gobierno fuerte, serio, creíble y civilizado.
Dice Mitre:

"Su palabra era sencilla y elocuente y su acento conmovedor; al terminar su discurso, su rostro estaba humedecido por las lágrimas y su auditorio lloraba con él, convencido por sus razones, y cautivado por su sinceridad".

Manuel rompió en llanto aquel seis de julio de 1816, contagiando sus lágrimas a muchos de aquellos congresales, que lloraron juntos a puertas cerradas en aquella sesión secreta.
Pocos años después, Belgrano recordaría:

"Yo hablé, me exalté, lloré e hice llorar a todos, al considerar la situación infeliz del país. Les hablé de monarquía constitucional con la representación soberana de la casa de los Incas; todos adoptaron la idea".

Sin lugar a dudas, aquel discurso de Belgrano terminó de persuadir a los indecisos, y apenas tres días después, el Congreso de Tucumán declaraba la Independencia Argentina.
Todo eso sucedió en uno de los peores momentos de la Historia Nacional, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata corrían serio riesgo de diluirse en luchas intestinas.
Quizás las lágrimas del Prócer lograron lo que las palabras no pudieron, y así la unión de aquellas voluntades comprendieron el mensaje.

El llanto de Manuel, también es artífice de nuestro destino como Nación.

Fuente: Granaderos Bicentenario

jueves, 7 de julio de 2016

“Claro que Belgrano era masón, por eso no está enterrado en una iglesia”

El gran maestre Breglia destacó que la masonería propone un plan de pacificación nacional 
Un secreto que se comparte deja de ser secreto. Y la masonería es conocida por mucha gente, por eso mismo de sociedad secreta no tiene nada. “Más bien es una sociedad discreta”, insiste el historiador Nicolás Breglia, gran maestre de la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, quien participó del XVI Congreso de Simbolismo de esa sociedad.


Apasionado por la historia argentina (“la verdadera”, aclara), Breglia habló con LA GACETA no sólo de la participación decisiva de la masonería en la Declaración de la Independencia, sino que también aclaró algunos puntos álgidos que caracterizan a la institución, como su relación con la Iglesia y el papa Francisco y su propuesta para el Bicentenario.

- ¿Qué alcance tuvo este congreso para la masonería?

- Una gran trascendencia porque celebramos los 200 años de la Declaración de la Independencia. Queremos testimoniar esa situación y, además, marcar cuál ha sido la presencia de la masonería en todo este proceso independentista. Porque la masonería fue, precisamente el nervio motor de todo ese desarrollo en América y aportó sus mejores hombres para luchar en contra de los privilegios enquistados y a favor de una sociedad mucho más integrada e igualitaria.

- ¿Y qué es la masonería?

- Es una escuela de conducta y conocimiento, porque les exigimos a nuestros miembros llevar una conducta ética y asumir el solemne compromiso de adquirir conocimiento hasta el fin de sus días. Por eso mismo, la masonería es producto del iluminismo y adhiere a toda esa corriente filosófica y política.

- ¿Cuál fue concretamente la participación de la masonería en la Declaración de la Independencia?

- Los que firmaron el acta independentista fueron masones. Pero, en realidad, la Declaración de la Independencia es la culminación de todo un proceso que se da como consecuencia de la lucha en la vieja Europa entre quienes pretendían democratizar la sociedad y los que querían mantener el statu quo, con una justificación divina del poder. Era una sociedad completamente discriminatoria. Y la independencia americana no es un fin en sí misma, sino que es una consecuencia de esa lucha. Una lucha ideológica que entró primero al imperio español y luego se trasladó a América.

- ¿Cuándo aparece la masonería en la Argentina?

- Su presencia en el Río de la Plata se detecta en 1795, cuando aparece la Logia Independencia. En esa logia se iniciaron Manuel Belgrano y Juan José Castelli, al igual que Juan Bautista Alberdi. De hecho, la Constitución Nacional está hecha en base a los 33 grados de la masonería.

- ¿Es decir que Belgrano era masón? Porque hay toda una corriente que lo niega...

- Claro que Belgrano era masón. La prueba está en que no se encuentra enterrado dentro de una iglesia. Estaba condenado por haber participado del movimiento emancipador y, además, por ser masón. Si uno lee el testamento de Belgrano puede advertir que pide que lo entierren con el hábito de los dominicos y en la cripta familiar, en la iglesia de los dominicos. ¿Y por qué no lo enterraron ahí? Porque fue condenado por la Iglesia.

- ¿En su estadía en Tucumán Belgrano fundó alguna logia?

- Si, fundó la logia Argentina, que después se llamó Nueva Argentina y funcionó en la casa de la familia Padilla, cerca de la plaza Independencia. Muchos masones se iniciaron en esa casa y el mismo José de San Martín participó de varias tenidas.

- La masonería se ganó la excomunión de la Iglesia. ¿Cómo está esa relación en estos momentos?

- Con el papa Francisco hubo un poco de acercamiento. El tema es que el enfrentamiento de la masonería con la Iglesia no es por el concepto religioso, porque la masonería hace su trabajo en el ámbito terrenal y temporal; en cambio la Iglesia lo hace en el ámbito espiritual trascendente. En principio, no habría colisión entre uno y otra. El problema apareció hace siglos, cuando las organizaciones religiosas bajaron al ámbito terrenal y temporal y pretendieron aplicar ideas totalitarias y dogmáticas. Pero déjeme decirle que en nuestra institución tenemos a muchos sacerdotes que son masones. Yo, personalmente, cuando fui presidente de una logia, inicié a un sacerdote.

- ¿Qué propone la masonería para el Bicentenario?

- Creemos que la sociedad argentina, desde su nacimiento, tiene una concepción histórica maniqueísta: están los buenos y también están los malos. Y ambos son irreconciliables. Lo que nosotros proponemos es buscar una idea de historia y de concepción política de unidad nacional. Proponemos que Sarmiento y Rosas se den la mano. ¿Y cómo haremos eso? Reconociendo a Rosas como el padre de la soberanía y a Sarmiento como el padre de la educación. Y pedimos que las fuerzas políticas y sociales se pongan de acuerdo. Todos tienen verdades parciales que merecen ser escuchadas.

Fuente: LaGaceta

miércoles, 6 de julio de 2016

443º Aniversario de la ciudad de Córdoba

Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad un 6 de julio de 1573. Natural de Sevilla, al carácter aventurero Jerónimo sumó perseverancia, visión y criterio personal. Tanto fue así que se animó a desobedecer las instrucciones de la corona española de fundar una ciudad, en lo que hoy es jurisdicción de Salta, para hacerlo más al sur, en tierra comechingona.



La historia cuenta que, apenas dos años después, Gonzalo Abreu de Figueroa cobró revancha para la corona y mandó a ejecutar a Jerónimo pero la ciudad de Córdoba ya estaba fundada y grabada a fuego la imagen de su fundador y su compañera Luisa Martel de los Ríos.



Fuente: Córdoba de Antaño