lunes, 20 de octubre de 2014

Censo de 1855

Este censo del año 1855 forma parte de la memoria colectiva de la República Argentina. Es una colorida semblanza de aquéllos que nos precedieron, con todos sus datos personales, oficios y profesiones. Una excelente fotografía de la época, que nos revela cómo estaba compuesta la sociedad del Buenos Aires de entonces. Es un instrumento útil para quien busca sus raíces, sus ancestros, o para demógrafos, sociólogos e historiadores. Y es, sin duda, un documento de inestimable valor. Aporta la presencia de un pasado que nos explica y nos contiene. 

Este particular sitio en sus diferentes secciones nos por porciona información detallada sobre la división eclesiástica en 1855 y también de 1769, también la cantidad de personas por cada parroquia y la composición étnica de la misma.


También nos brinda datos interesantes sobre los personajes ilustres que fueron censados, sobre datos curiosos como soldados de 13 años y de 65 años, entre otros

Sitio: Censo 1855


sábado, 18 de octubre de 2014

Primer matrimonio civil en Argentina

Luis Tabernig
En períodos de tanta discordia uno busca aquellos modelos que sirven para iluminarnos los caminos de salida. Había escuchado hablar de la historia de dos habitantes de la ciudad de Esperanza, Provincia de Santa Fé, que lograron realizar una acción sin violencia, con equilibrio, con razón, con convicción y ahora se la acerco a aquellos que no la conocen. La ilustro con el color de los campos de Esperanza que siempre me han conmovido al pasar por allí. Quizás fuera el nombre del lugar.
Los primeros habitantes de Esperanza fueron inmigrantes de habla alemana y francesa. Junto con su lengua vinieron con sus religiones. Durante el trazado original se dividieron las secciones del trazado en la Este, de habla francesa y en su mayoría católicos romanos, y la Oeste, de habla alemana, de mayoría protestante.
Alrededor de 1870 el herrero protestante Alois Tabernig (viudo con tres niñas) y la católica Magdalena Moritz se enamoran y quieren casarse pero se encuentran impedidos por tener religiones diferentes. No existía el Registro Civil y el único que casaba lo hacía por la iglesia católica y se negaba a hacerlo.
Luis Tabernig recuerda una vieja tradición alemana, y con permiso de la Municipalidad plantó un árbol muy alto, equidistante de las iglesias católica y protestante del pueblo, donde colgó un letrero que decía: Árbol de la libertad. Después, de acuerdo con los padres de Magdalena Moritz, notificó a todos los vecinos de Esperanza invitándolos a reunirse el domingo a la tarde en la plaza donde se tratarían importantes asuntos para la colonia, así decía el mensaje.
A las 5 y media de la tarde apareció Luis, el novio, con traje dominguero, llevando a la novia fuertemente del brazo. Se acercó al árbol, se subió a un banco y contó las causas por las cuales no los dejaban casar. A continuación pidió a los presentes fueran sus testigos para tomar como esposa a Magdalena, asegurando que los hijos que nacieran serían considerados legítimos y reservándose el derecho de celebrar en la iglesia el acto, tan pronto como lo permitiese el señor cura.
Al día siguiente se apersonó el cura en la casa de los novios, para decirles que estaban en pecado ya que el matrimonio no tenía validez. Luis Tabernig lo acompañó hasta la puerta diciéndole: “Padre: no trate de enemistarme con mi esposa, ya que para mí la familia es lo más importante“. El obispo de Paraná debió reconocer al matrimonio y a las pocas semanas la pareja se casó en la iglesia de Esperanza por segunda vez.
Esta es una real historia de Amor que dio Esperanza en sus primeros años de existencia.

Alois de su 1er matrimonio fue padre de: Magdalena, Catalina y Regina; y de su 2do enlace con Magdalena fueron padres de: Margarita, Sofía, David, Juan, Felipe,

Para 1895 el matrimonio Tabernig-Moritz residía en Paraná Entre Ríos con Felipe, en menor de sus hijos


Fuentes:

1. "Quién es Ella en Santa Fe Tomo 1", Gloria de Bertero
2. Censo de 1869
3. Censo de 1895



Diferencia entre la Nobleza y la Hidalguía


Para encontrar la diferencia entre estos dos conceptos tenemos que repetir aquí la definición de la Hidalguía que nos da el rey Sabio: “Hidalguía es Nobleza que viene a los hombres por linaje”.
Esta definición nos da la primera diferencia: La Nobleza es un concepto amplio, la Hidalguía es una parte específica de ella.
El propio Rey nos dice que los soberanos “pueden dar honra de fijosdalgos a los que no los fueran por linaje”, o lo que es lo mismo, que los reyes pueden crear nobles, pero no pueden hacer hidalgos, porque no tienen poder para transformar la calidad de las generaciones anteriores al que pretende honrar; esta es la segunda diferencia que hallamos entre ambos conceptos, la forma de adquirirla.
(Heraldica y genealogía Hispana de Julio de Atienza)

martes, 14 de octubre de 2014

Un francés que fue gobernador en Tucumán

Entre los misteriosos personajes que tuvo Tucumán, se encuentra el francés Juan Bautista Bergiere, quien fue Gobernador de la provincia durante cuatro días

Acta de Bautismo
Don Juan Bautista Bergiere, fue bautizado en Olorón, Francia, el 14-4-1788, siendo hijo legítimo de don François Bergiere Laplace y de doña Elisabet Labrune Camps, no se sabe cuando llegó a Tucumán, ya en 1819 aparece realizando actividades, fue sombrero, alrededor de 1829 se casó con doña Bernabela Villagra Medina, sobrina y una de las herederas del fomoso Cura don José Antonio Medina, revolucionario del Alto Perú, y constituyente nacional en 1826, con quien tuvo los siguientes hijos: Luisa Isabel; Clorinda; Isabel Clorinda; José Manuel;Juan Bautista casado Mercedes Gache Espinosa, son sucesión; Juan Isidro casado con María Josefa Picado, con sucesión; Juan Federico casado con Dolores Rual; y Mercedes Bernabela.

Gregorio Aráoz, era su amigo, quien lo nombró durante su gobernación  en 1826, miembro de la comisión que instalaría en la ciudad la escuela Lancaster, ese año fue diputado a la Sala de Representantes y al año siguiente su presidente, y volvió a ser elegido en 1829 y 1833. En marzo de 1834, la Sala aceptó la renuncia a la banca. Bergiere la presentó alegando sus "pocas luces" y la comisión que la estudió aconsejó aceptarla debido "por la notoria sordera del señor Bergeire, la que lo exponía a errores de conciencia en asuntos graves". En cuanto a su actividad comercial, consta que era un importante fabricante de sombreros, traficaba suelas y tenía una próspera tienda que, por supuesto, sufrió exacciones durante las contiendas civiles. Poseía además bienes en Santiago del Estero, que le incautó el gobernador rosista Juan Felipe Ibarra. A pesar de la sordera, en 1836 fue de nuevo diputado. Y en noviembre de 1838, entre el tumulto producido por el asesinado del Gob. Alejandro Heredia, se reunió la Sala de Representantes para nombrar un nuevo Gobernador. Aspiraban abiertamente al cargo los Generales Gregorio Paz y José Martín Ferreyra, y cada uno en apoyo de sus pretensiones mantenía armadas las tropas de sus respectivos comandos. 

La junta juzgó más prudente descartar a ambos y nombrar a don Juan Bautista Bergiere, el 12 de noviembre de 1838

Elevó su renuncia el 16, y fue aceptada sólo ante la amenaza que hizo, narra Antonio Zinny, de retirarse a su casa sin más trámite. Aunque no volvió a actuar en política, Bergiere ayudó con entusiasmo a la Liga del Norte contra Rosas. Incluso gestionó un empréstito para ella, a través del consulado francés en Bolivia. Derrotada la coalición, se alejó de Tucumán para radicarse desde 1842 en el pueblo bonaerense de Dolores. En en censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855 se registran varios de sus hijos y nietos en dicha ciudad. Allí falleció poco después de la batalla de Caseros.

Para cerrar diremos que Juan Bautista Bergiere único ciudadano francés que fue gobernador de la Provincia Tucumán, su primo Jaques Santiago Huby Bergiere , se radicó en Lima, Perú, donde se casó con Manuela Prieto Iglesias, el 4-11-1842, con importante descendencia hasta la actualidad

 Por Ernesto Álvarez Uriondo (ernestoau@gmail.com)

Fuentes:

1. Acta de Bautismo de Juan Bautista Bergiere
3. Investigación en Family Search
4. Terán, Justino. "Guía Genealógica para el Milleniun" - Tomo II, Los Bergeire, pág. 200

miércoles, 8 de octubre de 2014

El 8 de octubre: Bicentenario de la Autonomía de Tucumán

Bernebé Aráoz

La historiografía comarcana no ha interpretado en su cabal dimensión que, la autonomía alcanzada por Tucumán el 8 de Octubre de 1814, se debió sólo al reconocimiento de la actuación de sus ciudadanos durante la Batalla de Tucumán y al aporte de los mismos en la posterior Batalla de Salta.
Coincido en que, efectivamente, esos hechos fueron determinantes, pero estos no fueron exclusivos. Correspondían a un plan mucho más ambicioso: el que pergeñaba José de San Martín y que sin duda alguna fue consultado con Manuel Belgrano, los meses que se trataron personalmente en su estancia en Tucumán, desde Febrero a Mayo de 1814, donde coincidieron sus destinos.


San Martín tenía claro que Tucumán era un bastión natural de la Revolución Americana. Para los realistas la sola mención de las jornadas de septiembre de 1812 los llenaba de dudas y temores. 


¿Cómo se podía perder una batalla en esas circunstancias? Un ejército poderoso de 3500 hombres, armados, regimentados y perfectamente adiestrados para la guerra, contra una turba de 1700 gauchos
armados de lanzas precarias, con una rudimentaria instrucción militar. Sin embargo, esos hombres curtidos demostraron una ferocidad inaudita cuando de defender su tierra se trataba.



Estaba claro que el respeto ganado en batalla les daba a los tucumanos un sitial preponderante en el plano estratégico continental. Sobre ello San Martín basaba su plan: el Norte Argentino era esencial para plasmar sus tácticas de guerra. Confiaba en la probada destreza del campesino norteño acostumbrado a lidiar con el espeso monte, que había que “pechar” con los guardamontes; que había que dominar con coraje y determinación pues era allí donde se guarecía el puma. Donde anidaba
el cóndor. Donde se forjaban los hombres y mujeres fuertes, templados en la adversidad que nos darían la Patria.


Gral. Manuel Belgrano

Tucumán entonces debía convertirse en el límite septentrional de la Revolución, como lo manifestaba Manuel Belgrano. Era allí donde debían ser detenidos una y mil veces los avances españoles…si Tucumán caía, el corazón del país quedaba a merced de la furia vengativa de los realistas.



La frontera Norte debía mantenerse “caliente”, la guerra de guerrillas se hacía entonces esencial. Se debía contar con una “plaza fuerte” y además con grupos guerrilleros que hostilizaran a las tropas realistas que amenazaban ingresar por el actual territorio boliviano. Tucumán nutriría asimismo de combatientes, armamentos y vituallas a los gauchos de Jujuy y Salta, quienes conformarían la
primera línea de batalla.



TUCUMÁN PROVINCIA AUTÓNOMA




San Martín y Belgrano se afanaron entonces en la construcción de una fortaleza próxima al Campo de las Carreras, a la que luego los tucumanos llamarían“Ciudadela”. Allí se apostarían tropas en permanente adiestramiento. La idea se centraba en impedir que se conociera el número total de los soldados apostados allí. Se conoce que para tomar una fortifi cación se requieren al menos cinco veces más hombres que los que la defienden. Jamás los españoles supieron a ciencia cierta cuantos reclutas había en su interior. El general Paz relata en sus memorias que cada mañana salía un grupo de soldados marchando con un número de regimiento en el estandarte al que supuestamente pertenecían. Esos mismos hombres regresaban al anochecer, disfrazados de paisanos e ingresaban a escondidas en la fortificación ya a oscuras. A la mañana siguiente, volvían a marchar, con otro número diferente de regimiento. Los espías españoles no podían así calcular el número aproximado
de tropas apostadas. Sus informes hablaban de una cantidad muy superior a la real.



Para que Tucumán pudiera efectivamente constituirse en la plaza fuerte que la revolución requería, necesitaba imperiosamente ser autónoma de Salta, de quién hasta entonces dependía. 



La vecina provincia tenía en su clase dirigente a demasiados simpatizantes del Rey, quienes creaban recelos e inquinas permanentes. Por tanto no eran confiables para los líderes revolucionarios. Así mismo su capital era continuamente asediada por los realistas que tomaban por las armas su ciudad cabecera, para luego ser repelidos en una contradanza mortal.



Claramente San Miguel de Tucumán debía fortalecerse. No sólo en el orden militar sino también institucionalmente, actuando con independiencia de las decisiones del cabildo salteño. Las urgencias debían ser atendidas con la inmediatez que el caso requiriese. 



Fortalecida Tucumán, esta debía ser comandada por un líder cívico y militar probado, de prestigio y ascendencia social. Ese hombre providencial fue sin duda alguna Bernabé Aráoz, a quién tanto Belgrano como San Martín no dejaron nunca de reconocer, a pesar incluso de algunas disensiones posteriores.



Fue Aráoz y su poderosa familia de comerciantes y hacendados, quienes convencieron a Manuel Belgrano a presentar batalla en Tucumán, en Septiembre de 1812. Ellos aportaron hombres, bastimentos y armas que fueron determinantes para vencer en una batalla imposible. También contribuyeron y marcharon en Febrero de 1813 a Salta, donde combatieron valientemente contra las fuerzas españolas que fueron batidas el 20 ese mes y expulsadas defi nitivamente del actual territorio argentino.



Fue este el motivo por el que Bernabé Aráoz estaba llamado a convertirse en el primer gobernador de la provincia autónoma. No había en Tucumán un hombre de talla superior. Su patriotismo y compromiso con la causa independista eran innegables.



Quedaba asimismo la determinación acerca de quién sería el hombre fuerte en Salta y Jujuy. Fue entonces cuando el genio militar de José de San Martín se fijó en un salteño que no había tomado parte de las batallas de Tucumán y Salta, pues había sido enviado castigado por Belgrano a Buenos Aires por faltas de conducta… Ese hombre, también providencial, fue Martín Miguel de Güemes. 
Güemes ya había demostrado su valor durante las invasiones inglesas, siendo un joven militar por entonces. Luego, durante la primera campaña al Alto Perú, quedó envuelto en el pandemonio que fue la retirada del ejército abatido durante aquella desastrosa campaña.



Belgrano al tomar a su cargo esas tropas, puso férrea disciplina y castigó la más mínima falta. El salteño, quién andaba en amores con una mujer casada, fue sancionado y enviado primero a Santiago del Estero y luego a Buenos Aires, al reincidir en su falta…pero San Martín, en la ciudad portuaria había advertido el innato don de mando y la ascendencia de Güemes sobre los gauchos de tierras
adentro. Entonces le encomendó la difícil tarea de conformar escuadrones de paisanos para hostilizar a las tropas realistas apostadas en la frontera norte.



La idea era desgastarlos con ataques sorpresa, nunca confrontarlos en batallas campales. Incendiar sus vituallas, capturar sus ofi ciales, distraer sus tropas, desorganizándolas. Aquellos montes espesos debían convertirse en el colchón donde se amortiguaría cualquier impulso invasor. 





Martín Miguel de Güemes cumplió cabalmente el cometido de su jefe, convirtiéndose en un engranaje importante del plan sanmartiniano. 



Así las cosas, Aráoz desde Tucumán y Güemes desde Salta, consumaron a rajatabla la tarea encomendada, convirtiéndose en baluartes revolucionarios que la posteridad juzgó de manera muy distinta.



En las batallas de Tucumán y Salta las fuerzas revolucionarias habían afianzado los territorios del actual Noroeste Argentino; pero la situación en el Alto Perú, la actual Bolivia, era muy diferente. Las ideas liberales no habían echado raíces en el pueblo llano, que desconfi aba de esos generales “porteños” quienes habían cometido todo tipo de excesos durante la primera campaña del Ejército del Norte. 


Los desastres de Vilcapugio en octubre de 1813 y Ayohuma en noviembre del mismo año, descalabraron las posibilidades de penetrar desde el norte hasta el corazón mismo de la dominación española.


Nuevamente la frontera norte estaba en llamas y Salta era amenazada por un poderoso ejército español. Tan expuesta había quedado esa provincia, que el nuevo Gobernador Intendente de Salta del Tucumán, Francisco Fernández de La Cruz, debió asumir su cargo ante el cabildo de la ciudad de San Miguel de Tucumán.



Incluso, cuando éste dejó sus funciones, Bernabé Aráoz su reemplazante, juró ante el cabildo tucumano, puesto que la ciudad de Salta y su jurisdicción estaban controladas por el Ejército Realista. Por dos veces consecutivas, el gobernador debía asumir ante un cabildo extraño a la sede de la gobernación.



A estas alturas resultaba indispensable reestructurar la administración de gobierno de tan extensas jurisdicciones. La realidad de la guerra hacía imperiosa la necesidad de sentar una plaza fuerte, no sólo en lo militar, sino también en lo institucional.



Manuel Belgrano y José de San Martín influyeron mucho en la designación de Aráoz como primer gobernador de Tucumán. Lo que refuerza la idea que era “el hombre elegido” por ellos en Tucumán. En carta al Director Gervasio Antonio de Posadas, fechada el 2 de Marzo de 2014 San Martín escribía: “… don Bernabé Aráoz, sujeto el más honrado y el más completo que se conoce en toda la provincia.” 



Por entonces la fortifi cación de la Ciudadela comenzaba a ser operativa y se convertía en un serio peligro para los realistas apostados en el norte. Se había echado a correr la versión que un poderoso ejército se preparaba en Tucumán para arremeter definitivamente sobre el Alto Perú. Para ello, en la visión castrense de San Martín y práctica de Belgrano, no había mejor candidato que Aráoz. Un hombre probado en la guerra, caudillo popular, hábil político y efi caz administrador. Es por ello que refresca su anterior carta del 23 de Febrero de ese año a Posadas, donde San Martín le manifiesta: “Aráoz es un sujeto que me atrevo a asegurar no se encuentran diez en América que reúnan más virtudes…” Estos conceptos fueron decisivos para su nombramiento. 



El Director Posadas finalmente dicta el Decreto de fecha 8 de Octubre de 1814 que crea la Provincia del Tucumán, desmembrando definitivamente la jurisdicción de Salta, por entonces bajo el poder realista. Santiago del Estero y Catamarca quedaron asimismo bajo la jurisdicción de Tucumán, con asiento de gobierno en la ciudad de San Miguel.



Coincido y hago mías las palabras del Dr. Félix Alberto Montilla Zavalía al respecto: “Sin lugar a dudas el argumento de mayor trascendencia para crear Tucumán era facilitar la administración de un territorio de frontera que permitiera una eficaz contención a las tropas realistas, y así garantizar que la jurisdicción virreinal del Perú no siga extendiéndose hasta el centro de las Provincias del Río de la Plata.”



Finalmente, el 14 de Noviembre de 1814, el Director Posadas designó Gobernador Intendente de la Provincia del Tucumán al coronel de dragones Bernabé Aráoz, quién tomó su juramento de rigor el 1º de diciembre del mismo año ante el cabildo provincial.



Con el tiempo Tucumán adquiriría un estatus político, económico y cultural único en las Provincias del Norte. La Industria Azucarera Tucumana se convirtió en el eje económico gravitacional de la región. Asimismo la Universidad Nacional de Tucumán fue el foco de irradiación de educación superior, un modelo a seguir.



Grandes hombres, forjadores de nuestra nacionalidad fueron tucumanos, desde
siempre al servicio del engrandecimiento de la Patria.


Autor: Dr. José María Posse

martes, 7 de octubre de 2014

El puerto del que partió Colón, al descubierto

Excavación
En el siglo XV el antiguo puerto de Palos de la Frontera (Huelva), hoy desaparecido, constituyó un punto neurálgico para las relaciones comerciales de Castilla, que atraía la atención de mercaderes, navegantes y marinos de muchas partes del mundo. No es casualidad que Cristóbal Colón y los Reyes Católicos eligieran este activo enclave para preparar la expedición hacia el Nuevo Mundo. Desde finales del siglo XIX la recuperación del castillo de la localidad y del puerto histórico ha sido un anhelo de investigadores y representantes públicos, pero dificultades de tipo burocráticas y económicas lo han impedido. Sin embargo, un grupo de expertos arqueólogos de la Universidad de Huelva, con el apoyo del Ayuntamiento de Palos, ha sacado a flote en los últimos dos meses, gran parte de los restos arqueológicos que constituyen el original puerto, desde donde el almirante Colón preparó la aventura colombina y zarpó con las tres carabelas.


El puerto histórico de Palos se encontraba en la ensenada de la localidad, hoy colmatada, al pie de la Fontanilla, la fuente pública donde se abastecieron de agua las naves de Colón. En 1992 se descubrió que las estructuras portuarias estaban localizadas en una zona conocida como la vaguada próxima a la orilla del puerto. En aquel año las investigaciones se paralizaron y ha sido ahora, 22 años después cuando se han retomado los trabajos de excavación del antiguo puerto y del castillo, dos emblemas arqueológicos de los lugares colombinos.



Juan Campos, investigador principal del proyecto, ha explicado cómo el enclave portuario gozaba de suficiente calado para el atraque de barcos. Esta teoría desmonta argumentos anteriores que sostenían que las naves se quedaban en el río sin adentrarse en el puerto: “Los análisis geotécnicos empleados demuestran que hay un calado más que suficiente para que las naves se adentraran al interior. Estamos ante un puerto natural a salvo de los vientos y protegido por las corrientes, además de económico porque permitía con un esfuerzo mínimo cargar y descargar las mercancías en el trasiego existente en este espacio”. 

Entre los restos arqueológicos hallados se encuentra un alfar, un conjunto de hornos donde se cocía la cerámica y para la elaboración de alimentos además de una lota, ubicada al sur, que era la aduana, donde se localizan claramente los espacios de una taberna, una fonda y almacenes para guardar la mercancía. El puerto contaba con los astilleros, donde se construyó la carabela Niña, pero al ser de “carpintería de ribera y una actividad al aire libre” no ha dejado huella arqueológica.


En los dos meses de excavaciones, los investigadores han sacado a la luz hasta siete hornos que componen el alfar “único en España” por sus características, señala Juan Campos. Este experto ha precisado que la proliferación de hornos en el puerto explica la “necesidad de proveer de ladrillos a la próspera Villa de Palos. Son los mismos ladrillos con los que está construida la Iglesia de San Jorge, la casa de los Pinzón o la Fontanilla. Los hornos revelan el trasiego comercial de la época” .


Sin embargo, lo más significativo para Juan Campos es el hallazgo de la lota, el lugar donde se producían todas las transacciones comerciales. “Era un lugar multifunción que albergaba la fonda, la taberna y unos almacenes para guardar el material con el que se comercializa”, ha subrayado Campos. La lota fue el espacio “donde supuestamente Colón conversó con muchos de los marineros y donde efectuó los tratos necesarios para preparar la expedición al Nuevo Mundo”, ha precisado el investigador. "El complejo revela lo que las fuentes históricas nos dicen que estamos ante un puerto extraordinariamente próspero”, ha remarcado Juan Campos.


El objetivo del proyecto quedará como un símbolo arqueológico que fue testigo de la gesta del descubrimiento y para ello se prevé hacer un recreación que haga ver al visitante cómo fue el puerto en aquella época. Paralelamente, los arqueólogos han concluido las excavaciones del castillo que han permitido definir la planta y desarrollar una recreación virtual de la fortaleza.



El alcalde de Palos, Carmelo Romero, ha subrayado el hito histórico que para la localidad supone este hallazgo y ha propuesto la idoneidad de trasladar, una vez esté culminado el proyecto, las tres naves del Descubrimiento, que hoy están en la Rábida en el Muelle de las Carabelas, al puerto de Palos. “El objetivo es recrear el antiguo puerto incorporando la lámina de agua y ubicando las carabelas para hacer verdad histórica, porque fue desde este lugar donde emprendieron el rumbo al Nuevo Mundo”, ha concluido.

viernes, 3 de octubre de 2014

La Leyenda de Carballito

La leyenda de Carballito está muy difundida en Tucumán y en Santiago del Estero. La versión más frecuente dice que Manuel Carballo era un anciano peón del ingenio Esperanza en la década de 1880. 

Estaba encargado del cuidado de los mulares, en el campo que distaba un kilómetro y medio de la fábrica. Tenía, al parecer, asombrosos poderes curativos. Quitaba migrañas, dolores de muela, culebrilla y hemorroides, “de palabra”, como solían decir los hombres de campo, de los curanderos. 

También desgusanaba a los animales con heridas infectadas y los desparasitaba. Era una persona bondadosa y de gran corazón, siempre de buen humor, irradiaba cierta sensación de paz a quienes se le acercaban, y estaba presto a dar un consejo certero o a llevar consuelo a los necesitados. Por ello y por su condición de ermitaño, el viejo pasó a ser un personaje venerado por la peonada.

Un día el capataz observó que unos buitres volaban en círculo por encima del rancho de Carballo. 


Mandó unos peones a investigar. Al llegar se encontraron con el cadáver del anciano salvajemente asesinado por unos cuatreros, que lo habían atado a un alambrado. Su cuerpo estaba semidevorado ya por las alimañas. El patrón del ingenio ordenó que lo sepultaran allí mismo, junto a su casita. El día del entierro, una multitud de trabajadores acudió a despedirlo. Entre ellos estaba una mujer viuda, que tenía a su hijito gravemente enfermo. Entre sollozos pidió al alma del difunto que intercediera y salvase la vida de su único vástago. Al volver a la casa, se encontró con el chico milagrosamente restablecido. Desde entonces, numerosos creyentes rinden culto a Manuel Carballo, frente al austero monolito que lo evoca.


Existen varias versiones en cuanto a la personalidad de Carballo. Para algunos, era un hombre malo (al estilo de Bazán Frías) y habría terminado sus atormentados días en ese lugar, víctima del cólera en 1887. Para otros, era un viejo ciego y rodeado de un halo de misterio, fallecido en esa epidemia. 


Cualquiera sea la verdadera historia, lo cierto es que Manuel Carballo constituye el santo más venerado de la región sureste de la provincia de Tucumán. Hasta su santuario llegan peregrinos de otras provincias, en continua visita. En el monumento se observan cientos de pequeñas ofrendas, en agradecimiento por favores recibidos. Alrededor, la tierra exhibe varios agujeros. Según los lugareños, de allí brota agua, en determinada época del año.




Autor: José María Posse